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Veteranos y noveles: Evenepoel gana en Lieja por delante de tíos que podrían ser su padre
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Su primer triunfo allí

Veteranos y noveles: Evenepoel gana en Lieja por delante de tíos que podrían ser su padre

El belga se estrenó en La Decana. A sus 22 años, es respetado por el pelotón, que lo ven como el ciclista del futuro. La participación española, por su parte, no fue desastrosa

Foto: Evenepoel, tras ganar en Lieja. (EFE/Olivier Hoslet)
Evenepoel, tras ganar en Lieja. (EFE/Olivier Hoslet)

Cuando yo era joven (tiempos en los que Iñaki Gastón ganaba la montaña del Giro, Benito Floro entrenaba al Albacete y Jesús Gil salía en tetas dentro de un jacuzzi) la Lieja era esa clásica que esperabas con más ansiedad. Sí, la Lieja. Lieja-Bastón-Lieja, le decíamos, mezclando castellano, francés, dos solysombra y calippo de lima limón. Ahora ustedes pueden leerlo como Lieja-Bastoña-Lieja o como Liège-Bastogne-Liège, si se las dan de cultos. Como aquí somos tirando a catetos vamos a unificar en "lalieja".

Y eso, que siendo chavalín, "lalieja" era lo puto más mejor. Entre carreras de un día la única que esperabas con cierto interés. Bueno, Mundial aparte. Y Donostia, porque queda aquí al lado. Roubaix, a veces, si en la tele ponían más de media hora, que en los noventa tú podías ver una Roubaix sin adoquines a poco que estuviese jugando Emilio Sánchez Vicario. Influía para lo de "lalieja" que allí destacaban, a veces, españoles. Perico hizo cuarto (y pudo mejorarlo, pero llevaba desarrollo para subir el Tourmalet en la última bajada), Indurain también hizo cuarto (el Indurain 'machacaTours' solo esprintaba en condiciones allá por fines de agosto). Claro que con Miguel llegaron Argentin, Sørensen y Criquielion, que es una caterva de maleantes, bandoleros y tipos sin vergüenza alguna. Bueno, eso y Claude, oigan. En fin, para qué seguir.

De aquella, y hasta un poco después, este asunto se decidía en La Redoute, que es uno de esos sitios familiares para el aficionado. Bueno, a ver, Eddy ganó una Lieja atacando en Stockeu, pero aquí no venimos a hablar de Merckx (o no mucho, porque siempre es bueno hablar de Merckx, y en Stockeu tiene una escultura Merckx). Así que La Redoute. Clásica de fuerza, muchos metros de desnivel, mal tiempo, alternativas para gran variedad de tíos. Pero todo eso... puf, se fue perdiendo en el aire, como los besos de adolescencia y los siete Tours de Armstrong. Las Ardenas se convirtieron en terreno de ciclismo conservador, atacucos cerca de meta y resoluciones al sprint. Vamos, una mierda gorda, para entendernos (sé que aprecian la claridad). Mientras Cancellara y Boonen se repartían mandobles sobre adoquines, por el campo del Standard tú veías pasar a los Schleck lanzando besos al público; a Contador diciendo que llevaba la rueda pinchada, el cambio roto y calambres en la falange del dedo meñique; o a Valverde contando chistes con acento murciano para luego asaetear el sprint. Que vale, que bien, pero meh. Vamos, pasó de ser cita ineludible a una de esas que casi-ves-obligado.

placeholder Perico Delgado también compitió en Lieja. (EFE/Rodrigo Jiménez)
Perico Delgado también compitió en Lieja. (EFE/Rodrigo Jiménez)

Nada llega a lo de Roubaix

La cosa es que ahora habían vuelto las cositas. No llega a lo de Roubaix, claro, pero es que nada llega a lo de Roubaix. Con todo... entretenida. Buena generación, la que tenemos. Gente con mixtura entre valiente y megalómano que le hace mucho bien al deporte, porque los macarras (tengan cara de macarra o miradita de niño bueno) son lo mejor para ir trenzando historias.

Uno de ellos es el actual ganador, Tadej Pogačar, algo así como Bernard Hinault con sonrisa y mechón pelirrojo. Solo que Tadej no podía participar. Por asuntos personales. Si quieren detalles los buscan por ahí en periodistas e influencers de la carroña, yo no soy de zambullirme a estas cosas. Desde aquí un abrazo, aunque no vaya a leerlo. Y punto.

Cabía el peligro de que tal ausencia bloquease la prueba, porque una característica de Pogačar es que va mejor cuanto más duro es el tema, así que siempre intenta llevar juego hasta nivel agónico, donde tiene las de ganar. Y, ahora... quién podría hacer eso. Tampoco estaba Roglič, que anda con lo de su rodilla y su primavera irregular. Veremos...

placeholder Roglic, en La Vuelta al País Vasco.(EFE/Jesús Diges)
Roglic, en La Vuelta al País Vasco.(EFE/Jesús Diges)

Sí que había favoritos

Entonces... hombre, no vamos a decir que edición sin favoritos, porque sería osado. Que hay ganadores (y un tetracampeón) pero sí parecían subir las incógnitas. Una de ellas, quizá la mayor, era el papel de Wout van Aert. Seamos claros, un tío que ha ganado etapa subiendo dos veces el Ventoux no debe demostrar que puede con esto, porque trae el diploma de casa. Pero a veces Wout corre demasiado a la expectativa, y eso podía perjudicarle, porque nadie (pero absolutamente nadie) quería llegar al sprint con él. De todas formas... test interesante. Equipo tiene, con hasta otros tres tíos que podían estar entre los primeros (Benoot, Vingegaard y Kuss), pero a lo mejor eran muchos generales para poca soldadesca, porque alguno de esos no trabaja ni al descuido (cof, cof, Sepp, cof, cof). Sumen que Benoot ni llegó a salir, que Vingegaard se quedó faltando casi cien kilómetros a Lieja, y...

En condiciones normales un tío con cuatro entorchados debería ser favorito indiscutible, ¿no? Pasa que ese tío es Alejandro Valverde, y cumple 42 años mañana lunes, y a esa edad ya debería estar comentando partidos de Liga por la tele, como cualquier jubilado, y pillando sus buenas lorzas. Pero no, ahí sigue. No puedes descartar a quien hizo segundo en Flecha (que menudo truño la Flecha, nunca está de más ponerlo), pero se hace complicado. Eso sí, por Huy funcionó bastante bien el equipo, y eso resulta noticiable (fundamentalmente porque lo normal es que el asunto tienda a desastroso). Alaphilippe también debería andar cerca (como los dos últimos años) pero es que lleva una primavera... rara. Atacante, sin fuelle al final, desbordado por parajes donde antes ejercía dominancia. Vamos, que parece un ciclista distinto (extensible a todo el conjunto de Lefevere). También anda por ahí Evenepoel, que siempre da salsilla, y debería atacar de lejos, así que es buena rueda para seguir. Si la puedes seguir, claro...

Y más, vaya. Fuerzas comunes, como los Ineos, que tienen pequeñajos arrogantes con patas (Pidcock), tipos lagunares que uno ya pensaba retirados y ventilan victorias por sorpresa (Kwiatkowski) y a Daniel Felipe Martínez, que ojalá le dejen escoger su foto para salir en pantalla, porque menudo amo a Daniel Felipe Martínez escogiendo fotos, colegas. Y otros conjuntos en plan ejército de Esparta (o de Pancho Villa, depende la tarde), rollo Bahrein, con antiguos vencedores aquí (Poels), el ganador de Valona (Teuns), chicos de la curva a punto de saltarte sobre el cuello (Caruso, Haig), Matej Mohorič recién llegado del Gran Premio de Cheste, categoría Moto GP. Y Landa, Mikel Landa. Que no tiene pinta de entrar brazos en alto, Mikel Landa, pero con derrochar carisma basta y sobra, ya saben ustedes. Las fuentes del Nilo caen por Italia, y a ellas se dirige...

placeholder Mikel Landa, en una etapa de La Vuelta a España. (EFE/Rodrigo Jiménez)
Mikel Landa, en una etapa de La Vuelta a España. (EFE/Rodrigo Jiménez)

Así que eso, mil alternativas, hasta para lo que son estas pruebas.

En la práctica... pues tostón, oigan. Al menos al principio. La clásica escapada. El pelotón que sestea. Luis León en plan pastor murciano (¿existe esa raza de pastores?), el equipo de Lefevere que también aguanta. Stockeu a trote cochinero, Haute Levée a trote de chonuco. Trantrán. 60 hasta Lieja y hay una montonera gordísima, allá por el puesto veinte del pelotón, aproximadamente. Pidcock baja a por setas, Alaphilippe parecido, Valverde y todo el equipo quedan ahí, encerrados. Por delante no esperan, pero es que ni siquiera es necesario que esperen, porque van tan despaciuco que por pura inercia se vuelve a hacer pelotón bien grandote. Faltaba ver el parte de daños. El parte de daños puede ser negativo (porque te impide ganar) o positivo (porque te da excusa perfecta), así que esperamos de todo. Entre unas cosas y otras falta solo una hora para el final y todo sigue (casi) como empezó...

(Bueno, Alaphilippe abandona, y concluye primavera para olvidar. Podía ser máximo favorito hoy, pero es que entre unas cosas y otras lleva sin encontrar inspiración desde Lovaina).

En la tele dicen que hay un equipo muy fuerte, y que por eso no se ataca, pero es que en la tele encuentran excusas siempre para lo de no atacar. Antes decían que la llegada chula, chula era la anterior, la del parking en un supermercado. En fin, qué sabrá un juntaletras gordito y con pelazo, ¿no? Eso sí, ojito siempre en "los nuestros", no vaya a ser... Y bueno, que esperamos a La Redoute, que no serán capaces de pulirse La Redoute, que mira qué de historias La Redoute, oiga. Cuando... ojo, porque ataca Mikel Landa. Ataca Mikel Landa, colega. Olviden todo lo escrito antes, pasa a ser la puta mejor carrera de todos los tiempos. 40 kilómetros y ataca Landa. Latigazos buenos. Menuda pedazo de Lieja, menudo espectáculo. Sale a por él Kuss, corredor del 'Team Kuss', que siempre parece subir muy fácil, hasta que deja de subir muy fácil. También llega Verona, que ha preparado el asunto con mimo desde el Principado. Luego entran otros, poquito a poco, mientras Landa acelera y se sienta, porque esto es como bailar en una verbena, Mikel Landa, esto es como bailar en una verbena, que la clave no es llevar ritmo coherente, sino darlo todo cuando resulta necesario, que tú manejas el rollo, joder, que tú sabes de lo que hablo...

placeholder Marc Soler, en una etapa en Suiza. (EFE/Gian Ehrenzeller)
Marc Soler, en una etapa en Suiza. (EFE/Gian Ehrenzeller)

Mikel Landa, el heraldo del caos

Y, después... el caos. Mira, Mikel Landa como heraldo del caos resulta idea atractiva, apúntenla para el Giro. Ataque, parón, unos, otros, brota este, saluda el de más allá. Mikel hace series, Thomas tira besitos a la cámara, Marc Soler asoma como hace casi siempre Marc Soler. Más tarde se va Poels, y abre un poco de hueco, y ojo que Poels ya ganó aquí, pero no le dejan irse, y, mira, al final parece que La Redoute va a estar chula, si es que soy un impaciente, colega, soy un impaciente.

Eso sí, van Aert en carroza. Por decirlo todo...

Y no. Redoute tranquilita, para que no se queden descolgados los escritores de ciclismo. Hasta casi la cima, más o menos, cuando ataca Evenepoel, y a su rueda salen un montón de tíos, pero todos se van abriendo, y cuidado, porque Evenepoel es de los que no para (entre otras cosas porque esprinta menos que Carlos Sastre), y la apuesta es grandota. Acopladito, pedaleo y mover desarrollos. Quedan menos de treinta y ya era tiempo de lanzar la carreruca, ¿no? Quizá es buena idea para él adelantarse a la Roche-aux-Faucons, también les digo. Vamos, que fuerza y estrategia. Pinta a exhibición.

Y lo es. Continúa con la misma idea Remco, y pilla a Bruno Armirail (el último que aguanta desde la fuga) antes de empezar subida. Lleva medio minutito sobe el pelotón. Vamos, que pinta bien, ¿eh?, pinta bien, porque vuela en los llanos (cuanto más falsos sean, mejor) y subiendo va a tener segundines suficientes para contemporizar. Escala bien, cogido a las gomas de freno, atrás hay parones, la carrera se está marchando, Evenepoel, 22 años de arrogancia en cuerpo pequeñajo, va camino de su primer Monumento. Parece que ha tardado una eternidad en llegarle, pero es que había tantas esperanzas con el chico... Relean. 22 años. Anda que no le quedan Clásicas para ganar (unas) y cagarla (otras).

placeholder Enric Mas, durante una prueba en 2022. (EFE/Enric Fontcuberta)
Enric Mas, durante una prueba en 2022. (EFE/Enric Fontcuberta)

En el pelotón tira Enric Mas, que ha trabajado muy bien a Valverde por las Ardenas, pero es inútil. No, él no, digo que es inútil la intentona, que Evenepoel corona Roche-aux-Faucons con medio minuto y en la planicie anda más que nadie. Sentenciado. Patas y oportunidad. Merecidísimo. Solo que igual no. Vlásov prueba (con esa cara hierática que tiene siempre), luego Teuns, van Aert cede, están Martínez, también Woods, incluso Valverde. Teuns reincide, Daniel Felipe va con él, Higuita enlaza. Veinte segundines, diez a Lieja, tres contra uno. Emoción... que dura poco. Evenepoel abre algo más de hueco, vuela en el llano, por detrás se unen más ciclistas, y eso provoca que nadie vaya con todo, porque están así, en plan reojillo. Vlásov marcha en solitario, pero una batalla en solitario contra Vlásov aparece en los sueños húmedos de Evenepoel. Nada, vuelvan a leer el principio del párrafo. Sentenciado. Loas y aplausos.

Remco entra solo en Lieja, negando con la cabecita, sin creérselo, brazos en alto. Cuesta ver ganadores tan jóvenes aquí (olviden a Pogačar, que es otro mundo). Buen anclaje para que corra más tranquilo, con menos presión. Tiene todo el futuro ante él, no necesita ir saltando escalones... Por detrás a Vlásov lo pillan justo antes de meta. Vlásov ha exhibido patas siderales esta primavera, pero transmite regular. El carisma, que lo tienes o no. Segundo (en un sprint de trece) hizo Quinten Hermans, que tampoco es Roger de Vlaeminck, pero, oye, se lo curró. Van Aert tercero, Valverde al final fue séptimo. No está mal si piensas que tiene edad para ser el padre de Remco Evenepoel...

Gloria al flamenco que ganó en Lieja.

Cuando yo era joven (tiempos en los que Iñaki Gastón ganaba la montaña del Giro, Benito Floro entrenaba al Albacete y Jesús Gil salía en tetas dentro de un jacuzzi) la Lieja era esa clásica que esperabas con más ansiedad. Sí, la Lieja. Lieja-Bastón-Lieja, le decíamos, mezclando castellano, francés, dos solysombra y calippo de lima limón. Ahora ustedes pueden leerlo como Lieja-Bastoña-Lieja o como Liège-Bastogne-Liège, si se las dan de cultos. Como aquí somos tirando a catetos vamos a unificar en "lalieja".

Remco Evenepoel
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