Patrick Lefevere, el caudillo de la primavera ciclista
  1. Deportes
  2. Ciclismo
40 años de carrera

Patrick Lefevere, el caudillo de la primavera ciclista

Lefevere tuvo una retirada temprana como ciclista antes de convertirse en uno de los mánagers más respetados del panorama, con su pelo blanco y sus inconfundibles gafas de sol

placeholder Foto: Patrick Lefevere, como director del Quick Step. (Efe)
Patrick Lefevere, como director del Quick Step. (Efe)

Llueve en Pucela. Que ya es mala suerte, oiga, pero vaya, los ciclistas son seres desafortunados. Nunca les da el viento a favor. Siempre pillan ese bache tan incómodo. Llevan cuatro días seguidos con agua. Por Asturias tiene su pase, pero enganchar también León y Valladolid... En fin. Perra vida.

Aquel día hay abanicos. Eso sí es típico por la meseta. O lo era antes, cuando los conjuntos se dedicaban a hacer estas cosas. En fin. Como siempre que hay vientos los españoles acaban en Parla (es una metáfora, ojo, pero sí que perdieron varios minutos). Cima, que había ganado una etapita, descartado. Belda igual, que con ese cuerpo de niño a punto de hacer la primera comunión tampoco nos van a exigir que metamos codos a belgas y neerlandeses, ¿no? Ese nivel.

Foto: Gonzalo Marín, conocido como Chalo, ganador del Cruce de los Andes

Quedan un puñado de kilómetros para meta y salta un corredor. Equipo Marc Zeepcentrale-Superia-ISC, que es uno de los nombres más molones que puedan existir. Maillot liso de color verdemarino. Muy retro, muy chic. Llevan una temporada brillante. Parciales aquí y allá. Y luego clásicas, que es lo suyo. Le Samyn para Van Springel, Dwars door Vlaanderen para Jos Schipper, Gante-Wevelgem a la buchaca de Ferdi van den Haute. La Kuurne-Bruselas-Kuurne que tiene como vencedor al chavalín ese que va escapado ahora. Patrick Lefevere, se llama, y tiene solo 23 años. Una promesa. Fuerte y duro, especialmente dotado para la campaña primaveral. Hay que amar esas pruebas. Adoquines, barro, viento y frío. Él lo hace. Perfecto. Gana en Valladolid. Va a ser, quizá, la victoria más llamativa en un palmarés corto.

“Estaba perfectamente previsto por los directores del equipo belga Superia que uno de sus hombres subiera hoy al pódium de vencedores de etapa”, escribía Javier de Dalmases entonces. “Todos los días, antes de comenzar la etapa correspondiente, los técnicos de la escuadra belga se reúnen en comisión a estudiar cómo va a ser el trazado de la jornada y ver qué posibilidades tienen de colocar alguno de sus corredores lo más adelante posible”. Para Valladolid le correspondía esa labor a Van Katwik, pero Lefevere anticipó su movimiento. Quien se decida a intentarlo antes cuenta con el beneplácito de los demás. ¿Les suena? Van Katwik fue segundo, Lefevere ganó.

placeholder Patrick Lefevere, como director del Quick Step, junto a Tom Boonen. (Efe)
Patrick Lefevere, como director del Quick Step, junto a Tom Boonen. (Efe)

Patrick Lefevere colgará la bici solo un año más tarde, cuando cuente veinticuatro. Muy pronto, ¿no? En 2007 el diario belga Het Laatste Nieuws escribió que Lefevere era, en aquel entonces, adicto a las anfetaminas, y que tal fue la causa de su retirada. En fin, un día hablamos de esos años, que tienen miga, se lo prometo. El interesado reconoció haberse dopado cuando era profesional, pero negó cualquier reincidencia en su segunda carrera. La más exitosa. La de mánager.

(Como los de Het Laatste Nieuws acusaban a Lefevere de dopar a sus ciclistas éste decidió llevarlos a juicio. Dos años más tarde los periodistas le tuvieron que pagar medio millón de euros en concepto de indemnización. Igual no tenían muy amarrado el asunto...)

Porque ustedes a Patrick Lefevere le conocen por otras cosas. Como director, más que nada. O mánager, que ahora los equipos son mastodontes con mil mandos intermedios, no como antes, que un mismo tío conducía el coche, reservaba hoteles y hasta daba masajes en los gemelos de sus estrellas si se terciase. Otros tiempos, esos. Distintos.

Foto: Juan José Moral, entrando en el estadio de Gera.

Mánager, dijimos. Según la web Cyclingranking.com el más exitoso de todos los tiempos, solo que esa clasificación tiene a Saronni segundo, Lavenu cuarto y Pablo Antón sexto, por poner algunas chorradas. En fin, que a mí por victorias me salen con más palmarés que Lefevere, como poco, Eberardo Pavesi y Guillaume Driessens. Pero oye, qué sabré yo. En cualquier caso... historial de aúpa. Poca broma, como con el colesterol.

Digamos que sus ciclistas han ganado más de mil carreras. A veces bajo dirección directa, otras con otros tipos gritándoles cosas por el auricular. No importa, la lista se hace mayor. Lefevere debuta “de largo” en 1980, a los mandos de un equipo con nombre de bautizo. El Marc-Carlos-V.R.D.-Woningbouw. Continuación, en realidad, de su última casita como routier, que hay confianza. Luego pasó por sitios míticos, pero menores. Capri Sonne-Koga Miyata (joder, qué nombres más chulos tenían los equipos antes, amigos), Lotto, TVM, Domex-Weinmann. Y por fin, a principios de los noventa, el gran cambio. A GB-MG. Fusión en 1995 con Mapei. El resto, historia...

Lo de Mapei fue curioso, porque vino de un pufo, como algunas de las mejores historias del mundo. Ya ven. Marco Giovanetti, ciclista duro y muy alto, corría para el Eldor en su último año como pro. Como era de natural emprendedor decidió meterse en gerencia y gestión del conjunto, con tan mala suerte de que aquello... oigan, un poco Forum Filatélico, no sé si me entienden. ¿Dineros? Yo no sé dónde hay dineros. Perdón Marco, se escucha fatal, kkkrrjjjsss. Te tengo que colgar. Ciao. Vamos, que Giovanetti iba a camino de poner todas sus bicis en Wallapop para pagar la inscripción de Bicicleta Vasca. Así que anduvo aquí y allá, pidiendo ayuda. Un tal Giorgio Squinzi picó. Vale, te pago todo eso, pero a partir de ahora os llamaréis Mapei. Ya ven, así se escribe el futuro.

"Desde 1995 hasta abril de 2021 Lefevere ha conquistado treinta y seis monumentos"

Desde entonces... apisonadora en las Clásicas. Veamos, a ver si no se me escapa nada. Desde 1995 hasta abril de 2021 Lefevere ha conquistado (con las piernas de otros, eso es cierto) treinta y seis monumentos. Que no está mal, oigan (piensen que Meckx solo llegó a diecinueve). ¿Quieren un dato? Su ratio de aplaudir como un energúmeno en el velódromo de Roubaix es una sobre cada dos. El cincuenta por ciento. Tripletes incluidos, que saben riquísimos. En Flandes parecido, por establecer bagaje. Más otras carreras “menores”. Mundiales, etapas del Tour, cosas así. Una auténtica locura. Si ustedes no han oído hablar más de él, si no tiene libros, y blogs, y cuatrocientos treinta y cinco frikis con cuentas personalizadas en twitter es porque aquí respetamos las Clásicas regular. Que luego sí, te sale un Freire y todos lo flipamos fuertemente llegando al Italo Calvino, pero... En fin, no hay cultura. Se irá cogiendo, pero no hay cultura. Demasiados años de escaladores pequeñajos y chifladetes, de apreciar más un duodécimo en el Tour que un pódium en Lieja.

placeholder  Eddy Merckx, Patrick Lefevere y Pieter Vansyghel, en el 2009. (Efe)
Eddy Merckx, Patrick Lefevere y Pieter Vansyghel, en el 2009. (Efe)

A ver, él tampoco ayuda, ¿eh? Digamos que a veces el bueno de Patrick no resulta demasiado... simpático. Es flamenco hasta decir basta, con todo lo que eso significa. Orgullo desmedido por lo suyo, en un sentido y otro. Boquita por la que salen declaraciones sin cedazo alguno que las frene. Cierta actitud de qué me vas a contar tú, chavalín, que conducía detrás de Museeuw cuando te comías los mocos. Ese tema. No vino a hacer amigos, sino a ganar carreras. Y eso... mejor que nadie.

¿Instrucciones? Bueno, el domingo tuvimos ejemplo de los buenos. De Ronde van Vlaanderen, cosa seria. Allí los Deceuninck eran mayoría en cada corte. Siempre. Roles perfectamente dibujados, además. Alaphilippe para intentar ofensivas, en solitario o con otros. Asgreen pegado a la rueda trasera de Van der Poel. Y luego el resto. Que aparecían por allí. Mirases donde mirases, uno de azul y blanco. Como ocurre desde hace décadas, solo que con otros nombres. Mapei, Domo (estos iban de gris), Quick-Step (o “cuiestés”, si usted gusta de referencias pop). Idéntica estructura. Y las cosas suelen ir bien.

La misma De Ronde. Van der Poel ataca en el Oude Kwaremont. Zapatazos violentos, adoquines que salen volando por la tracción de los neumáticos, dos o tres granjas cercanas que amanecen con piedrecitas en mitad del huerto. Un pourparler, ustedes me entienden. Latigazo fútil. Tras él, Asgreen. Luego se vería que estaba tan o más fuerte que el holandés, pero de aquella parecía otro más del ejército Deceuninck. Es importante. Si tienes alguien en cabeza siempre van a llegar opciones de ganar. Y eso es lo único que desea Lefevere.

placeholder Van der Poel, en una imagen reciente. (Efe)
Van der Poel, en una imagen reciente. (Efe)

Porque el objetivo último es la victoria. El jaque mate. Lo mismo da que sea con reina, torre o peón. Por eso Terpstra, y Devolder, y hasta Tafi a veces. Sacrificar opciones propias por las de un compañero es, siempre, señal distintiva en los equipos de Lefevere. De acuerdo, a veces no sale del todo bien, y se te juntan varios delante y no acaba de salir el asunto. Tripletes con cierta mala hostia. Ataquitos en Ans. Stannard que nos levanta Omloop de la forma más incomprensible. En fin. Detalles. Gordos, pero detalles. Quién no tiene borrones en su cuenta, ¿no? Lo importante es el conjunto, y ahí ganamos por goleada. Por aplastamiento. No es baladí. Somos más. Para cada gallo ajeno tenemos un secante propio. O dos. Así es fácil. O, al menos, lo hace parecer. Muchas veces quien lo intenta antes tiene las de ganar. Ataques lejanos. A cuarenta, cincuenta kilómetros. Por detrás, dudas. Nadie quiere perseguir, porque lleva descansados a un montón de compañeros de ese que va en cabeza. ¿Les suena lo que dijimos de aquella Vuelta 1978? El ciclismo es un deporte tan viejo que nada puede resultar novedoso en extremo...

¿Qué hay detrás? Una mezcla de aciertos y tradición. Digamos que la estructura de Lefevere lleva décadas siendo el gran equipo flamenco. Y eso suma en esto de las bicis. Cierta cultura, cierta forma de entender el deporte. Amar las clásicas por encima de todas las cosas, entrenar esas sendas, haber competido en adoquines y bergs desde antes de echar bigotillo. Trascendental. Es necesario tener pasta, porque los buenos suelen cobrar, pero también necesitas conocer el campo amateur. Más aun... el particular campo amateur de estas pruebas. Que no es (no tiene porqué ser) igual al de las grandes vueltas. Ya saben. Luego... disciplina. Aprendizaje poco a poco. Cojan ustedes galones, sí, no hay problemas. Pero, sobre todo, obedezcan. Acostúmbrense a nuestra formad e correr y nosotros les acostumbraremos a ganar. En su momento. Aquí (casi) todos tienen opciones. Grandes o pequeñas, pero las tienen. Claves.

Foto: La increíble historia de Dieter Wiedemann en la Carrera de la Paz.

Hay pinchazos, ojo. El bueno de Patrick nunca ha podido extender su dominio a las Grandes Vueltas. Solo dos pódiums en lo que llevamos de siglo, ninguno llegando a París. En fin, no se puede tener todo Hace un par de años estuvieron a punto de perpetrar un butrón de proporciones colosales en el mismísimo Tour de Francia, pero Alaphilippe no pudo con los Alpes... Eso sí, el ahora pinta bien, con tipos como Almeida y, sobre todo, Evenepoel (a expensas de cómo vuelva tras su lesión) que pueden aspirar a cosas grandes. Veremos. De cualquier forma el asunto parece más esperanzador que con Pecharromán o Peter Velits...

No importa. Seguiremos mirando a las Clásicas, sea como sea. La primavera, toda la primavera, es propiedad de nuestros chicos. Allí, donde mandamos. Donde somos los putos jefes. Donde un viejo con pelo blanco y gafas de sol, uno a quien llaman Patrick, sabe moverse como nadie...

¿Quieren un consejo? No apuesten nunca en contra de Deceuninck en cualquier carrera que se disputa más al norte de Luxemburgo...

Ciclismo
El redactor recomienda