victoria para el austríaco denifl

Las cuestas de cabras convierten en humano a Froome y despiertan al mejor a Contador

Una cuesta de cabras de las de verdad hizo sufrir más que nunca al líder de la general, que regaló un tercio de su ventaja con Nibali, y Contador se quedó con la miel en los labios por la victoria

Foto: Mikel Nieve permitió a Froome sobrevivir a Los Machucos. (EFE)
Mikel Nieve permitió a Froome sobrevivir a Los Machucos. (EFE)

"El final en muro tiene sentido: viene a sustituir un final al sprint. Prefiero que haya batalla durante seis o siete minutos en esos dos últimos kilómetros Y se necesitan esos porcentajes de más del 20%, ya que si no, no hay tiempo para nada". Las palabras de Javier Guillén son elocuentes y parecen hacer referencia indirecta a la etapa con final en Los Machucos que se ha vivido este miércoles en la Vuelta. La tendencia a las cuestas de cabras en la ronda española ha crecido en las últimas ediciones y nunca han sico aceptadas por los críticos más pesimistas y algunos de los de siempre. Los Machucos han sido un término medio entre las peticiones clásicas y la evolución que pretende la organización actual: una cuesta de cabra, pero muy larga e igual de dura.

Los nuevos tiempos en la clasificación de la Vuelta.
Los nuevos tiempos en la clasificación de la Vuelta.

¿Qué se le puede reprochar a esta 17ª etapa? Solo una cosa, quizás, y es un detalle probablemente banal, pero que dificulta el seguimiento de la misma: las rampas de gran porcentual, más del 20%, hacen a los ciclistas sufrir por seguir dando pedaladas sobre la bicicleta y su velocidad se reduce hasta prácticamente no avanzar y las motocicletas de televisión no pueden mantener esa velocidad tan baja y al seguir su camino, pierden de vista a los protagonistas que deben de enfocar. El resto de la carrera ha sido emocionante, épica, dolorosa solo de ver. Tal fue la dificultad de la batalla de Los Machucos que Froome le gritaba a Nieve que bajase el ritmo, que no le podía seguir.

Las cuestas de cabras convierten en humano a Froome y despiertan al mejor a Contador

Contador sigue creyendo en sí mismo

La Vuelta está siendo una exposición universal de la carrera de Alberto Contador concentrada en tres semanas de durísima competición. No se está escapando una característica que se esté pasando por encima esta edición de lo que define a Contador como corredor. Cada día, pueda o no, se sienta fuerte o con piernas pesadas, lo ha probado mostrando los dientes como un tigre en señal de un esfuerzo infatigable. Nunca ha sido un ciclista que conozca sus límites, disfruta sobre la bicicleta y antes de mirar los vatios que le marca su aparato, se fía de su corazón y se lanza al vacío, a veces cae sobre agua y se salva, otras veces no encuentra el final. Pero si algo es Contador es divertido. Jamás aburre, hace soñar a cualquiera con la voluntad de un ganador en el cuerpo de un viejo líder.

Y como diablo, sabe más por anciano y esta vez no se fue a lo loco en solitario. Esperó a que se moviera el que debía moverse, lo que se llama coger la buena rueda. Y no hay ahora una más potente y fiable en plena ascensión que la de Miguel Ángel López. El joven colombiano cambió el desarrollo y realizó el movimiento lógico y esperado. Contador se fue con él y gracias al esfuerzo del verdadero líder del Astana hizo lo más difícil, que es despegarse del grupo de los favoritos justo cuando se empinaba la carretera. Las piernas respondieron, como dijo en la meta y se desbocó por la etapa. Una victoria, quiere acabar así su carrera. Sabe que la general está casi imposible, pero un triunfo parcial en un día tan salvaje como Los Machucos le haría marcharse con una sonrisa. La Vuelta se la está negando.

Las cuestas de cabras convierten en humano a Froome y despiertan al mejor a Contador

No miró atrás, siguió hacia arriba escalando la pared que tenía delante, recogiendo los cadáveres de la escapada, a todos menos a un desconocido austríaco perteneciente a un equipo invitado, el AquaBlue. Con 29 años Stefan Denifl vivió en Cantabria lo mejor que le ha pasado en su vida deportiva, un héroe anónimo en un lugar de dioses griegos que le robó la gloria a Contador, convertido en un mortal.

Lo que nadie esperaba es que Froome fuera Aquiles. Tiene punto débil, no es una deidad. Nada que entre los buenos no sepan. Algunas voces en lo profundo del pelotón anunciaban a escondidas que no está tan fuerte como aparenta y que la Vuelta no la tenía asegurada pese a su ventaja de casi dos minutos sobre el segundo y la ausencia de desfallecimientos en dos semanas y media de carrera. "Para mí, sin duda, es mas difícil ganar la Vuelta que el Tour. Prueba de ello es que he ganado cuatro Tours y ninguna Vuelta", Froome siempre es claro. Hay días y días, momentos álgidos y otros no tanto producidos por la fatiga, la desdicha o simplemente el tiempo atmosférico. "A Froome le gusta más el calor y la carretera seca, pero hoy ha tocado lluvia y no pasa nada", recordaba Mikel Nieve, el hombre al que Froome le va a acabar debiendo medio jersey rojo si acaba con él en Cibeles.

Nibali lo va a seguir intentando. Si se mantiene ahí no es por su maravilloso estado de forma, sino porque es el único de los grandes que todavía no ha tenido un mal día. Siempre ha estado ahí, haciendo la goma a los que tiene alrededor, sea por delante o por detrás y, como tiburón que es, huele la sangre y va a por su presa. No era complicado apreciar que Froome estaba pasándolo canutas en la montaña de Cantabria y fue a por él a mandíbula abierta. El bocado no fue mortal, pero sí dejó una herida abierta. 42 segundos menos que quitarle al keniata. 1:16 para seguir soñando con repetir rojo, con mantener la maldición de Froome en nuestro país.

Este jueves se disputará la decimoctava etapa, entre Suances y Santo Toribio de Liébana, de 169 kilómetros. Un puerto de segunda y tres de tercera, el último en final en alto, para seguir haciendo trizas las piernas de los ciclistas.

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