entrevista al director de la vuelta a españa

"Tenemos que ser todo lo humanos que podamos, pero el ciclismo necesita épica"

Una de las cabezas visibles del ciclismo español, Javier Guillén, analiza el estado del mismo, la positiva evolución de la Vuelta en los últimos años y la necesidad de buscar patrocinios

Foto: Javier Guillén, en la redacción de El Confidencial (Ernesto Torrico).
Javier Guillén, en la redacción de El Confidencial (Ernesto Torrico).

Durante los últimos años no hay edición de la Vuelta a España que no haya motivado contra ella una lluvia de comentarios negativos. Algunos dicen que hay demasiada montaña, otros que si los finales en muro son inhumanos, que hay partes del territorio español que se dejan sin visitar... Pero por algunos motivos, la Vuelta interesa cada vez más, no solo al aficionado, sino al propio corredor. Rara es la edición que no cuenta con tres o cuatro de los mejores ciclistas del mundo. Javier Guillén, el director de la tercera grande de la temporada, cree que esta mejora se debe, en buena medida, a que la Vuelta ha encontrado su propia personalidad dentro del calendario ciclista. "No somos ni el Giro ni el Tour", comenta durante una amplia entrevista en la redacción de El Confidencial.

Pregunta. ¿Cuál es la salud actual de la Vuelta a España?

Respuesta. Finalizado el año 2016, goza de buena salud después de haber sufrido un periodo largo en el que, sobre todo por la crisis económica, se debieron sortear las mismas dificultades que todo el mundo. No solo tenemos buena salud, sino que creo que para los próximos cuatro años, la Vuelta tiene un buen estado físico para superar una carrera de fondo. Hemos sabido trabajar en nuestra identidad, somos más identificables.

P. ¿Es esa identificación lo que ha hecho a la Vuelta crecer en el último lustro?

R. Cuando nosotros entramos, queríamos crear un producto exclusivo y excluyente. ¿Qué quiere decir excluyente? Pues que no somos ni el Giro ni el Tour. El Giro está muy identificado con el rosa y el Tour con el amarillo. Nosotros estábamos identificados con una cosa que era el jersey oro, que ni era oro, ni era amarillo... Necesitábamos algo propio. Y exclusivo en el sentido de que la gente sepa lo que se va a encontrar: primero, un territorio maravilloso como es España, un recorrido explosivo y una carrera que quiere innovar con propuestas distintas.

Nos centramos en potenciar los finales, que son muy discutidos y no soy ajeno al debate. Queríamos ir a la Bola del Mundo, el Cuitu Negro, cambiar los sprints por una cuesta. Si a eso le sumas que en los últimos años hemos conseguido una buena participación y que ha llevado la emoción hasta el final, encuentras lo que ha propiciado el cambio. De nosotros depende el recorrido, no la participación, pero haciendo atractivo lo primero, convences a los corredores de que hay grandes posibilidades de tener un palmarés más allá del Tour. Ganar el Tour es lo más grande, justifica no un año, sino una carrera deportiva, pero ganar el Giro, la Vuelta o los cinco monumentos es también muy importante, y ahí tenemos que jugar nosotros: después del Tour, Giro y Vuelta somos los más valioso.

Estamos teniendo a los mejores y esto sucede porque los corredores necesitan palmarés y la Vuelta tiene un foco mediático mundial

P. Además del recorrido, ¿ha hecho algo más la Vuelta para mejorar una participación que hace unos años era bastante pobre?

R. Son ellos los que eligen venir, nosotros no les pagamos ni nada parecido para que vengan, lo cual podría ser algo legítimo, pero no lo hacemos porque no tenemos capacidad económica para ello y abriríamos un mercado que se podría disparar. Y si analizamos el ciclismo de finales del siglo XX y principios del XXI, había dos corredores que eclipsaban a los demás: primero Indurain, que lo ganaba todo, y luego Armstrong, que después nos enteramos que no ganaba, sino que hacía trampas. Entre ellos se llevaron doce años de ciclismo. Pero a la Vuelta siempre han venido buenos ciclistas, pero es verdad que la mejor participación siempre se la llevaba el Tour. Sí que estoy muy contento de que en los últimos años hayamos tenido a los mejores ciclistas. Eso sí, siempre faltando alguno de ellos. Nunca hemos tenido a todos. El año anterior los teníamos a todos en la línea de salida, pero a Nibali tuvimos que echarle y Froome tuvo una lesión en Andorra. En 2014, Contador se la gana a Froome... Y esto sucede porque los corredores necesitan palmarés y la Vuelta tiene un foco mediático mundial, lo cual interesa a los ciclistas.

P.¿El Giro es competencia directa para la Vuelta?

R. El Giro es una grande, una cita histórica que yo miro con envidia por la identificación que existe entre el público y la carrera. Hoy por hoy, el ciclismo no es competencia. Cuanto más grande sea el Giro, más tejido ciclista haremos. La competencia con el Giro se puede medir más en cuestión de participación. Lo que yo creo que debe hacer el ciclismo es que casi todos los grandes estén en todas las grandes, y con esto me refiero a Giro, Tour, Vuelta y los cinco monumentos. Partiendo de la base de que es imposible que un mismo ciclista pueda estar en las tres grandes con opciones de victoria en cada una de ellas, lo que yo pido es que esté en dos de las tres. Como en el Tour siempre van a estar, estaría bien que se turnasen entre el Giro y la Vuelta. Si eso lo miramos a largo plazo, es bueno para todos: que un mismo corredor gane siempre la misma grande está bien, pero no es lo deseable. Ahora bien, que un corredor gane muchas de las grandes eso ya es diferente.

Quintana luchando por sacarse de rueda a Froome en la pasada Vuelta (Movistar Team).
Quintana luchando por sacarse de rueda a Froome en la pasada Vuelta (Movistar Team).

P. Esa elección de Quintana no es algo contra lo que la Vuelta luche, ¿correcto?

R. No. ¿Que si quiero que Nairo venga a la Vuelta? Pues claro, pero entiendo que después de ganarla, ahora quiera hacer el Giro, porque ese es el juego. Y que gane el Giro sería muy positivo. Lo que yo le diría es que si el año pasado hizo Vuelta y este año hace Giro, que en el 2018 le toca Vuelta. En los últimos años se está dando un mensaje positivo, y es que hay dos corredores como Contador y Froome que están rompiendo el estigma de que solo se puede hacer una gran vuelta al año a buen nivel. Y de hecho, todos los componentes del podio de la Vuelta 2016 hicieron dos grandes. Eso es lo importante, repartir el juego a lo largo del calendario.

P. ¿Espera que la Vuelta sea una referencia a seguir en cuestión del recorrido, es decir, que las demás grandes puedan seguir la tendencia de optar por la montaña y minimizar el sprint?

R. Nosotros tenemos que hacer una propuesta y cada año podemos hacer una diferente. Es verdad que nosotros tenemos un modelo, pero también es verdad que los nueve finales en alto de este año no son rampas, sino que hemos metido llegadas en puertos, lo que yo denomino una montaña 'de calidad', es decir, que puede crear algo más de diferencia. En este sentido, el Tour será más montañoso, ha metido menos crono, pero solo tiene cuatro finales en alto, algo distinto a nuestro modelo. El Giro podría ser una combinación de las dos, pero este año ha añadido muchos finales en alto. La Vuelta está pendiente de lo que le dice el espectador, nuestro termómetro es la audiencia y por ahora nos está funcionando. Si en un momento determinado detectamos que se está produciendo un agotamiento del producto, habrá que ajustarlo. El problema será encontrar la alternativa, porque ¿tendríamos que volver a las llegadas en sprint? No creo, mucho tendría que cambiar la ideosincrasia del espectador español para eso. La montaña no es un dogma, pero funciona. Tenemos audiencia, esponsors, visibilidad...

La Vuelta está pendiente de lo que le dice el espectador, nuestro termómetro es la audiencia y por ahora nos está funcionando

Hay que reconocer una cosa: el modelo de la Vuelta es discutido. Hay un sector de la prensa que lo empieza a criticar ahora un poco más que antes, pero las audiencias nos dicen que aún podemos aguantar con este modelo. España es un país muy rico y se puede aprovechar muy bien, y eso es algo que no pueden hacer Francia e Italia, donde la montaña se concentra en dos puntos muy concretos .

P. La reducción de finales en muro para este 2017, ¿es autocrítica?

R. No, porque al final son nueve finales en alto. Y se criticó solo un muro, el de Mas de la Costa, que, curiosamente, el otro día ofreció un tremendo espectáculo en la Vuelta a la Comunidad Valenciana. Mas de la Costa fue una etapa muy seguida. Quizá si hubiéramos puesto ese muro en la primera semana en vez de en la tercera no habría creado esa polémica. Para mí, el final en muro tiene sentido: viene a sustituir un final al sprint. Prefiero que haya batalla durante seis o siete minutos en esos dos últimos kilómetros Y se necesitan esos porcentajes de más del 20%, ya que si no, no hay tiempo para nada.

¿En qué se sustenta la fama, la pasión y la historia del ciclismo? En la épica. Tenemos que ser todo lo humanos que podamos, por supuesto que sí, pero venimos de etapas históricas de 450 kilómetros, y esas las hacía Bahamontes, que está como una rosa a su edad y nos lo puede contar. Venimos de un montón de puertos de montaña, veníamos de unas condiciones de descanso malas para los corredores. Afortunadamente todo eso ha evolucionado, pero la épica la debemos seguir conservando. Para mí, este tipo de muros es enfrentar a un corredor con su máquina a una pendiente de más del 20% y el hecho de que no solo no eche pie a tierra, sino que encima gane a otro ciclista tiene un componente épico, y por eso lo introducimos.

Guillén se mantiene firme en la defensa de los finales en muro (Ernesto Torrico).
Guillén se mantiene firme en la defensa de los finales en muro (Ernesto Torrico).

P. La próxima edición está muy repartida por todo el territorio, lo cual obliga a los traslados del convoy. ¿Cinco grandes desplazamientos de la carrera no son muchos?

R. Es un déficit de la carrera. La Vuelta ha puesto en valor el hecho deportivo y hay etapas que si no están cerca, las tienes que unir. Tenemos una especial sensibilidad con el corredor, para el que lo más importante después de la competición es el descanso. El año pasado hicimos una Vuelta sin grandes traslados, pero se nos hizo la pequeña crítica de que hubo siete etapas en Galicia. Pero si yo quiero hacer una Vuelta sin traslados, me tengo que meter en seis o siete etapas en un mismo territorio. En Galicia hicimos siete etapas porque vimos que la propuesta deportiva era buena.

No es fácil hacer una Vuelta. Tenemos que pasar el primer fin de semana, en la primera semana queremos que haya montaña, en el segundo fin de semana debe haber montaña, en la tercera semana se debe concentrar la montaña y en la penúltima etapa también queremos montaña. Y mete una crono por equipos, otra individual, media montaña, llegadas al sprint (que tenemos que hacer guiños al sprint porque todo el mundo nos dice que no se los hacemos). Mete todo eso junto y al final te sale esto. Pero todo lo hacemos pensando en el interés común de todos, que es que haya espectáculo.

P. ¿Cómo está actualmente la posibilidad de ir a alguna de las islas?

R. Igual que siempre. Lo que la Vuelta actual quiere es acabar en Canarias. Hacer cuatro etapas, dos en una isla, dos en otra y obviamente se debe incluir el Teide porque es el referente que queremos. Pero claro, logísticamente es complicado porque hay que hacerlo el día previo al descanso, hay que mover toda la masa de material y de personal que mueve la Vuelta... y todo eso lleva un coste, ese es el problema. Y yo a las instituciones públicas no puedo darle más que las gracias por el apoyo que me dan, no les puedo pedir más. Si hoy la Vuelta no va a Canarias no es porque haya alguien que se oponga, es porque hay circunstancias que no lo permiten. En cuanto se pueda ir porque económicamente sea viable, estaremos ahí para hacerlo. Hoy es un sueño, el reto está escrito, a ver si podemos pasar del papel a la realidad, porque también puedo decir que desde el gobierno canario hay voluntad.

Cuando la Vuelta regresó al País Vasco en 2011 hicimos algo histórico y me convencí de que no podían pasar otros 33 años sin volver

P. ¿Qué valoración hace de la relación de la Vuelta con el País Vasco?

R. Es muy buena. La Vuelta volvió al País Vasco en 2011 después de 33 años. Como director, es la etapa que he vivido con mayores y mejores emociones, ese día tuve la sensación de que estábamos haciendo algo importante y me convencí de que no podían pasar otros 33 años sin que la Vuelta estuviese cerca de lo que es una de las mejores aficiones del mundo, si no la mejor. A partir de ahí, fuimos capaces de que no se quedara en una anécdota y la Vuelta ha ido más veces al País Vasco. Hoy por hoy, si no se va a Euskadi es por circunstancias del recorrido, igual que con cualquier otra comunidad autónoma.

P. En este sentido, ¿notáis algún tipo de problema cuando la Vuelta pasa por Cataluña?

R. Para nada. Nosotros tratamos con instituciones públicas, no con partidos políticos. La Vuelta no hace política y las veces que nos han querido utilizar para hacer política hemos dado un paso atrás. Hemos demostrado que vamos a los sitios porque nos llaman y porque queremos. Cataluña siempre ha estado en la Vuelta, no es solo que sea un territorio importante, es que también lo es Andorra y eso nos hace pasar por allí. No tenemos ningún tipo de impedimentos, más allá de gestionar cuestiones de seguridad, ya que País Vasco y Cataluña tienen su propia policía. Este año nos gustaría hacer una muy buena promoción de los Juegos del Mediterráneo 2018, que es la razón por la que vamos a Tarragona.

P. ¿Qué le parece la situación de la cantera española? Después de la generación de oro que está acabando, no hay un relevo claro.

R. Es una extraordinaria preocupación. Unipublic es ciclismo y dentro del ciclismo, es ciclismo español, por tanto debemos estar muy atentos a todo lo que pasa en él. Nos preocupa no solo que Contador, Purito, Valverde o Freire no tengan un relevo a su altura, sino también que no haya casi equipos. Si no hay equipos, no hay oportunidades para los jóvenes. Yo creo que el talento al final sale, el que tenga que tener la gracia de ser un número uno, lo será. Pero no solo necesitamos números uno, también necesitamos números dos, números tres... El problema es que hemos asistido a la mejor generación de la historia en grupo. Individualmente estuvieron Bahamontes, Ocaña, Perico, Indurain... Seguidamente surgieron Sastre, Pereiro, Freire, Contador, Purito, Valverde... Son muchos en un periodo muy reducido. No hacen falta tantos, me conformaría con uno, pero la evolución histórica puede hacer que tengamos que descansar de ídolos. Sin embargo, hay futuro. Creo que Mikel Landa es un extraordinario corredor al que hay que dejar evolucionar y no presionarle.

La celebración de la penúltima etapa de 2016 (Javier Lizón/EFE).
La celebración de la penúltima etapa de 2016 (Javier Lizón/EFE).

P. ¿Qué puede hacer Unipublic para ayudar en ese sentido?

R. Lo que venimos haciendo hasta ahora, que es hacer crecer la Vuelta, que sea un producto demandado. En el terreno estamos haciendo la Vuelta Junior, que, desde un punto de vista didáctico, nos estamos acercando con la Asociación de Ciclistas Profesionales, con el Consejo Superior de Deportes y a través de la Asociación de Deporte Joven con Cofidis, a muchos chavales de muchas escuelas para que les vaya calando el ciclismo. Entiendo que si yo hago bien lo mío y, a partir de ahí, ayudar en lo que pueda. ¿Cómo? Aportamos nuestra experiencia a otras carreras, ayudamos logísticamente... Pero yo lanzo un mensaje: hoy solo hay un equipo continental español, que es el Caja Rural, si se crease algún otro equipo español, aunque sea difícil entrar en una grande, nosotros veríamos con buenos ojos ese nacimiento y les debemos facilitar la entrada siempre y cuando el proyecto sea creíble y a medio-largo plazo. La Vuelta está abierta desde el minuto uno a cualquier proyecto español.

P. ¿Qué tal es su relación con la Federación Española de Ciclismo y qué le parece su labor?

R. Es extraordinaria. Tenemos una federación pacífica, que no es poco. Tenemos un gran presidente que ha mamado el ciclismo como corredor, como organizador, como director de equipo. Pero ahora la RFEC vive la situación de todas las demás y ha debido gestionar la crisis. Yo personalmente estoy muy contento de que José Luis López Cerrón sea el presidente y me alegra que todo el ciclismo español lo vea así tras haberlo reelegido hace poco por un amplísimo apoyo.

Yo critico eso de que 'no subsisto porque no me apoyan'. Hagámoslo al revés: 'Yo soy esto y hago esto y por esto te interesa apoyarme'

P. Hablando de la situación económica, ¿cree que próximamente se puede recuperar la inversión en el ciclismo? Es decir, que crezca el número de patrocinadores, el número de equipos...

R. Creo que sí, y la Vuelta es el mejor ejemplo. Debemos entender que la política de patrocinio actual no es la que se seguía hace quince años. Las motivaciones del patrocinador son otras, todo está mucho más medido. Por ello, los operadores del ciclismo debemos comprender qué busca el patrocinador. Debemos dejar de creer que todo es poner el nombre en la camiseta, sino hacer una política de marketing de 360 grados. Es decir, asociar la marca a valores, acercarnos a un determinado público, involucrar al equipo en sus políticas sociales... Considero que un equipo ciclista es una de las mejores plataformas publicitarias que existen en cualquier sentido ya que, cuando hablamos de patrocinio, hablamos de valores, y donde más valores hay es en el ciclismo.

P. El ejemplo de la vela en España es significativo: hay talento, pero faltan grandes marcas que puedan ayudar a desarrollar ese talento. Y en el ciclismo pasa lo mismo, faltan esas grandes firmas que se puedan llegar a asociar con este deporte.

R. Yo soy muy crítico con un planteamiento: 'no subsisto, o no nazco o no crezco porque no me apoyan, porque no tengo tele, no me subvencionan...'. Hagámoslo al revés: 'Yo soy esto, puedo hacer esto y a ti te interesa esto es por lo que tienes que estar conmigo'. La cuestión no es que si tengo tele, tengo patrocinadores; si tengo audiencia porque mi producto interesa, tendré tele, y no al revés. Tengo la sensación de que siempre culpabilizamos al otro. Por supuesto que el apoyo a las bases es importante y hay que potenciar las políticas de mecenazgo, pero tenemos que ser nosotros capaces de expresar todo lo positivo que podemos aportar. No creo en el deporte subvencionado ni en el deporte a pan y agua, es decir, en un deporte en el que el dinero viene y no vuelve. El dinero tiene que volver: un patrocinio es una inversión y necesita un retorno, y eso es lo que yo tengo que garantizar. Un equipo ya no es solo un equipo, es una plataforma de marketing. No es casualidad que las grandes empresas mundiales sean deportivas, como es el caso del Real Madrid y el Barcelona, como es la NBA... Es mérito de los equipos, cierto, pero han sabido tener un bagaje profesional, no uno bucólico y sentimental, y en el deporte muchas veces hay más lo segundo que lo primero.

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