contador se queda sin podio y ataca a valverde

A la sexta, Quintana consigue ganar una gran vuelta contra Froome

Este rojo sacia, sin duda, mucho más su apetito que aquella 'corsa rosa', porque esta vez ha ganado a Froome, precisamente al hombre que le ha alejado ya tres veces del sueño amarillo

Foto: Ya nadie le quitará el rojo a Quintana (Javier Lizón/EFE).
Ya nadie le quitará el rojo a Quintana (Javier Lizón/EFE).

Quintana ha ganado la Vuelta 2016. Aún no le han entregado el trofeo, lo cual harán este domingo en Madrid, pero Nairo ya puede por fin saborear el dulzor que desprende una grande. El regusto del Giro de 2013 se perdió hace mucho entre tantas decepciones, tantos 'casi' que le habían otorgado el estigma del Jan Ullrich del ciclismo actual, es decir, el segundón de turno que siempre se plegaba ante la superioridad de un ciclista de otra galaxia (como se demostró después, Armstrong no era un ciclista normal). Este rojo sacia, sin duda, mucho más su apetito que aquella 'corsa rosa', porque esta vez ha ganado a Froome, precisamente al hombre que le ha alejado ya tres veces del "sueño amarillo"    .

Así queda el top-10 de la Vuelta (La Vuelta).
Así queda el top-10 de la Vuelta (La Vuelta).

El colombiano venía del susto de la contrarreloj de este viernes, pero el miedo que le recorrió las piernas durante los 37 kilómetros de la prueba anterior no se presentó cuando tenía que defender lo que le quedaba de renta, un margen suficiente pero peligroso. Tener algo menos de minuto y medio puede generar autocomplacencia, el sentimiento que mata al ciclista. Contador tenía diez segundos menos de ventaja sobre Chaves de lo que tenía Quintana sobre Froome, y el segundo sí la dilapidó. Es decir, se podía hacer, otra cosa es la manera de hacerlo y el rival que te proponga el reto.

En Aitana ganó Pierre Latour, un chico de 22 años que podría estar corriendo en sub-23, pero que en vez de eso ganó la otra gran etapa de montaña de esta Vuelta. Apareció con la fuerza y el aguante que da la juventud por detrás de Luis León Sánchez, el ciclista que, sin ser uno de los favoritos, más hemos visto en estas semanas y que volverá a casa sin el premio que tanto se ha merecido. Latour es el enésimo 'anónimo' que aparece en la Vuelta para apuntarse una etapa y lo hizo, con un mérito enorme, al ganar a otros grandes como Gesink o Atapuma. Una carrera que acaba de despuntar.

Latour a su llegada a la meta (Javier Lizón/EFE).
Latour a su llegada a la meta (Javier Lizón/EFE).

Una victoria sin complicaciones

A Nairo se le planteó una carrera sencilla de principio a fin. Cinco puertos, mucha subida y bajada, es decir, nada a lo que no haya acostumbrado el cuerpo en estas tres semanas de sufrimiento en el estío español. La ventaja era que él tenía cogida la sartén por el mango y hasta que otros no hicieran su esperable movimiento, Quintana no tenía por qué alejarse del cobijo de sus compañeros, donde se encontraba arropado, cómodo y yendo en volandas hacia la meta y el triunfo final. Solo le quedaba a Froome una bala, una opción de romper la carrera y alejar a Nairo a casi minuto y medio para vestirse de rojo por primera vez en esta edición: el ataque desde lejos. Sin embargo, el keniata eligió la opción moderna, la de la espera tensa hasta el último puerto.

Ha quedado bien demostrado en esta Vuelta que las diferencias importantes son las que se crean cuando se producen ataques a una distancia considerable de la última raya. En esas cimas finales tan complicadas que gestó la organización de la ronda española era imposible abrir un hueco de más de 20 segundos, porque no hay espacio literalmente para que la distancia temporal sea mayor. Lo hicieron los Orica con Yates en el Aubisque, lo hicieron Contador y Quintana en Formigal y lo repitió Chaves en Aitana. El viejo método se demuestra actualizado y todavía práctico, indudablemente más que el actual.

Froome no tiene esas capacidades, o no cree tenerlas, o no quiere tenerlas. El ciclista moderno por excelencia, el que regula sus esfuerzos según se lo va recomendando una máquina y no sus propias piernas, estableció que hasta que las rampas de Aitana no empezaran a complicarse, él no iba a separarse de su enemigo. Una vez alcanzó el punto indicado, aun a sabiendas de que iba a resultar imposible, atacó incontables veces con la decepción continua de ver al de rojo siempre a su rueda, pegado como si estuviera siendo remolcado. Lo fue haciendo hasta pasada la pancarta del último kilómetro, más por orgullo y honor propio que por pragmatismo. Froome supo desde ayer (mejor dicho, desde Formigal) que no iba a ganar la Vuelta. Solo quería hacer una demostración de fuerza que se quedó en intento.

Contador siempre se quedó en el grupo de los favoritos. (Javier Lizón/EFE).
Contador siempre se quedó en el grupo de los favoritos. (Javier Lizón/EFE).

Un final con malos rollos

Mientras eso pasaba, Quintana iba restando kilómetros hasta el paseo triunfal por la capital. Pero le rondaba una idea por la cabeza, un ínfimo resquemor que le revolvía el alma desde hace años. Tenía que ser de una vez por todas superior a Froome. En algún momento de su vida debía serlo. Entendió él también que tenía la Vuelta ganada, que no peligraba en absoluto el rojo, pero como un adolescente que quiere quedar de fortachón ante sus amigos, vaciló al 'machote' de la clase y le ganó hasta en los últimos metros, arrancándole dos míseros segundos más y un aplauso irónico, confirmado por el gesto de disgusto del británico. Ya victorioso, quiso ser más chulo que el más chulo y se prestó a ser juzgado por la opinión pública por ello.

La Vuelta acaba y los malos rollos entre los ciclistas que la han disputado no han hecho más que comenzar. Quizá se olviden con el tiempo, pero a Contador, sin ir más lejos, le costará no recordar que un día prestó (colateralmente) sus servicios a todo el Movistar, a su líder y su segundo de abordo, para que se lo pagasen ignorándole en su lucha por ser tercero. Contador le hizo el trabajo a Quintana en Formigal, pero esta vez, cuando reclamó la devolución del favor para no dejar escapar a Chaves, recibió una rotunda negativa, una pasividad que no esperaba. "He pecado de confianza, pensaba que el Movistar me iba a echar una mano a cambio de lo del otro día, pero han hecho su carrera y no estaba por la labor", dijo en la meta alicantina, apenado por perder un podio que a él no significaba nada, según sus propias palabras.

Y si se va la Vuelta, se marcha con ella la dureza, las carreteras empinadas y el calor. Ni una cosa ni otra fue lo que causó que José Joaquín Rojas tuviera la peor caída de toda la ronda. El ciezano perdió el control de su bici mientras negociaba una curva y se deslizó, para su fortuna, por debajo de un quitamiedos hacia un pequeño terraplén, sin evitar, eso sí, romperse la tibia a la altura del tobillo. Y aun con el increíble dolor que sufrió, podemos decir que tuvo suerte. Otros que han chocado con quitamiedos así lo podrán confirmar.

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