A Chris Froome siempre habrá que agradecerle su esfuerzo. Bien podría haber llegado a España con el freno de mano echado y pensando en las vacaciones, ya bien ganadas si se tiene en cuenta que desfiló por París como campeón del Tour. Podría, pero no lo hizo. No hay etapa en la que no se deje el resto, ni día en el que no se le vea en los ojos el hambre de la victoria. Y ni siquiera estar a más de tres minutos de Nairo Quintana a falta de solo de tres etapas fue suficiente para que Froome se rindiera. 

Llegaba la contrarreloj y el británico partía como favorito sobre Nairo. Es mejor en la especialidad, es, de hecho, uno de los mejores del mundo. Tiene mucho mérito Froome por todo, pero también porque vive en un tiempo en el que la crono se ha convertido en algo residual. Cada vez hay menos y son más cortas, para que los escaladores tengan espacio suficiente para ganar y no dejarse las carreras cuando van solo. Piensan que el espectáculo es solo subir, algo que es incorrecto.Ver a un ciclista del talento de Froome en una simbiosis total con su bicicleta también es un momento digno de ver. 

Froome, decíamos, llegaba a 3.37 de Nairo a la crono. La distancia entre ambos era así de amplia porque el del Sky no estuvo lo suficientemente listo camino de Jaca, en una etapa que sonaba a transición pero terminó siendo la clave de la carrera. Aquel día Contador y Nairo cogieron la moto y se fueron juntos, con gregarios de importancia, y dejaron a Froome detrás. Y eso, probablemente, le costará la Vuelta al mejor vueltómano del mundo. 

En eso no hay muchas dudas. Después de ganar en Francia con puño de hierro ha aparecido en España y en ningún momento se ha despegado de Quintana. El colombiano le sacaba, antes del Pirineo aragonés, poco menos de un minuto, insuficiente ventaja por lo que se vio en la CRI.

 

Froome se acopla a la bici

Froome demostró desde el primer instante que estaba con las piernas engrasadas para reinar. En los ligeros repechos del recorrido se ponía de pie en la bicicleta, cuando la pendiente era de bajada se acoplaba a la misma de una manera muy espectacular, obviando al sillín y situándose directamente en el cuadro de la cabra. Antes del Tour de este año había una creencia popular que decía que Froome no es muy habilidoso, que bajando no brillaba. Reventó las habladurías atacando en una bajada, claro, y en esta CRI ha demostrado una vez más que ese tampoco es su punto débil. Busquen alguno más, a ver si lo encuentran. Sobrepasó a Chaves y no estuvo muy lejos de hacerlo también con Contador. Iba a un ritmo diferente al resto, tanto que logró meterle 44 segundos a un buen especialista como es Jonathan Castroviejo. 

Mientras tanto Quintana intentaba ir a tope, no dejarse ni un gramo de energía en ese envite. Nairo no es un contrarrelojista, todo lo contrario. Es pequeño, ligero y poco potente, más cabra montesa que purasangre. No tiene fuerza suficiente para llegar a los desarrollos a los que aspiran corredores más altos y musculados, y eso se vio con toda claridad en la crono de la Vuelta. Quedó undécimo a 2.16 de Froome, desperdiciando así buena parte del tiempo que tenía a su favor. A pesar de todo lo probable es que gane, que vaya de rojo en la Castellana y consiga una nueva grande para su historial. 

La sierra alicantina será la juez final de la Vuelta. Es una etapa dura, con cuatro puertos de segunda enlazados y un final muy duro en el puerto de Aitana. Es un puerto extraño, lejano a las sierras más altas de la península pero en el que se suben 1.400 metros en 20 kilómetros, con rampas constantes y alguna de ellas muy dura. Hay terreno para hacer daño, pero Froome debe saber que pelea contra un enorme escalador, el que ha sido consistentemente mejor en las tres semanas de competición. El británico no puede dejar todo para el final, pues si lo hace así no logrará la distancia suficiente de ninguna manera. Debe confiar en su equipo -repescado en contra de su voluntad- para hacer de las carreteras alicantinas un infierno que consiga hacer daño a Nairo. A su favor está que el colombiano puede digerir peor la crono, recuperarse peor que él pues los escaladores tienen más dificultades para descansar después de las cronometradas. 

El primer puesto de la general era lo principal en esta etapa, pero no era ni mucho menos lo único que estaba en juego. También era importante saber lo que iba a pasar en el pódium, donde Alberto Contador aspiraba al tercer escalón del pódium. En los primeros metros ya se tenía claro lo que iba a ocurrir. Chaves demostró que tiene pavor a la contrarreloj, que no es capaz de dictar un ritmo constante a su bicicleta, y se dedicó a perder una minutada con todos. También con Contador, que solo estaba cinco segundos por detrás de él en la general. El de Pinto se afianzó en la última plaza del pódium y amenaza con montar una nueva fiesta en Aitana. Si así lo hace el beneficiado puede ser Quintana.