La escuadra navarra, de celebración

Reynolds, Banesto... y Movistar 35 años de un equipo de leyenda

El equipo Movistar, la única escuadra española presente en esta ronda gala quiere aprovechar la carrera francesa para celebrar su 35 aniversario

La caravana del Tour de Francia cruzó ayer el Canal de la Mancha para comenzar hoy su andadura en suelo francés. Marcel Kittel, sin duda el mejor velocista del momento, era uno de los pasajeros más felices del TGV tras lograr su segundo triunfo en esta edición de la ‘Grande Bouclè’, pero no el único. Junto al sprinter alemán viajaba toda la comitiva del equipo Movistar, la única escuadra española presente en esta ronda gala y que quiere aprovechar la carrera francesa –la que le dio fama a nivel internacional- para celebrar su 35 aniversario.

David García, responsable de prensa del equipo telefónico, es el autor de la genial obra ‘Nuestro ciclismo, por un equipo’, en la que se narra la historia de la mejor escuadra de ciclismo que haya tenido España. Una leyenda que hunde sus raíces en 1972. Por aquellos años los niños querían ser Eddy Merckx o Luis Ocaña y el ciclismo se vivía con pasión. Unos cuantos kilómetros al sur de las carreteras francesas donde los dos colosos del pelotón mundial dirimían sus batallas por el maillot amarillo, en Irurzun (Navarra), nacía un equipo juvenil en cuyas filas militaba un joven de 18 años llamado Eusebio Unzué. Pronto supo que lo suyo no era dar pedales, pero leía las carreras como nadie y no tardó en colgar la bicicleta y pasar al coche del equipo, un Seat 124.

El Irurzungo, nombre del equipo, salía adelante a duras penas hasta que pidieron ayuda al mecenas de la zona, INASA, que con la condición de que aparezca Reynolds en el maillot se comprometió al patrocinio. Años después, José Miguel Echavarri desembarcó en el equipo que dirigía Unzué y ambos formaron un binomio casi perfecto. La Sociedad Abarca nacía en 1979 y viendo que los jóvenes que habían guiado desde juveniles estaban en edad de pasar al profesionalismo se plantean el salto a la primera división. “¿10 millones de pesetas? Anda, tomad 15 que no vais a tener ni para ruedas”, fueron las palabras de Juan García Barberena, Director General de INASA, en el momento de la firma del contrato del primer Reynolds profesional.

El equipo Reynolds ya estaba en la élite y ante la falta de presupuesto tiraron de ingenio para competir de tú a tú con el resto de escuadras. Implantaron las concentraciones en invierno, el preparador físico, la publicidad en el lateral del maillot y un largo etcétera de novedades. “Hace 35 años nunca imaginé que pudiéramos llegar hasta aquí”, cuenta Eusebio Unzué, manager del Movistar. “La verdad es que se nos fue un poco de las manos. Nacimos como una empresa pequeña llevando un equipo que parecía una familia y fíjate ahora lo que movemos”, rememora con nostalgia el navarro.

Reynolds debutó en la Vuelta a Mallorca en febrero y meses después disputó su primera Vuelta a España, donde logró el primer triunfo de los casi 800 que han venido desde entonces. El honor correspondió a Dominique Arnaud. Después llegarían más victorias y el equipo del papel de aluminio comenzó a labrarse un nombre. Se fichó a Ángel Arroyo o Suárez Cuevas para el presente más inmediato y a Pedro Delgado y Julián Gorospe para el futuro. El salto de calidad fue enorme y en 1982 se cerró el año con una treintena de triunfos. “Antes las victorias se saboreaban más. Las disfrutabas durante casi un mes. Ahora, sin embargo, ganas un día y 48 horas después casi nadie se acuerda. El ciclismo de ahora es más efímero que el de los 80”, señala Unzué, que recuerda con especial cariño el año 1983. El del debut en el Tour de Francia, la carrera que lanzó al estrellato internacional a Reynolds, a Arroyo y a Delgado.

El debut en la ronda gala hace 31 años recuerda en algunos detalles al Tour que afrontan desde el pasado sábado los Valverde, Rojas y compañía. En esa edición también había un temido día de pavés, como el que se encontrarán el miércoles los ciclistas camino de Arenberg. También ese año Reynolds era el único equipo español en la salida de la ‘Grande Boucle’, como lo es en este 2014 el Movistar y, las ganas de los nueve componentes tanto en 1983 como ahora es desbordante. Se esperaba mucho de Pedro Delgado, pero Ángel Arroyo resultó más regular y logró una victoria muy especial en la cronoescalada al Puy de Dome para acabar segundo en París. “La primera vez que consigues un logro es muy especial. Esa primera victoria, ese primer podio… El resto es maravilloso, pero esas primeras veces son especiales”, reconoce Eusebio.

El equipo navarro se erigió en un referente nacional e internacional. Los triunfos se sucedían y de su cantera no paraban de surgir joyas para el futuro. Una de ellas, Miguel Indurain, tenía un lugar reservado en la historia del ciclismo y del deporte español y en 1986 ganó el Tour del Porvenir, la carrera donde se forjan los campeones del futuro. Sin embargo, no todo eran alegrías en el seno de Reynolds, que también pasaba por  baches deportivos. Comenzó 1988 inmerso en dudas. Perico Delgado ganó el Tour, el mayor logro hasta ese momento de la escuadra de Unzué y Echávarri, pero había que buscar un relevo a Reynolds, que dejaría de patrocinar al equipo ciclista a finales de ese año. “En estos 35 años hemos tenido momentos difíciles, pero nunca he tirado la toalla. Siempre hemos devuelto la confianza a nuestros patrocinadores, pero las etapas se cumplen y hay que dar paso a otras nuevas”, apunta el manager navarro.

A Reynolds le sucedió Banesto y con el patrocinio del banco llegaría la época dorada del ciclismo español. Miguel Indurain, ya maduro para grandes gestas, comenzó a marcar una época en el inicio de los años 90. Las buenas maneras que apuntaba ese chicarrón de Villaba se hicieron realidad en 1991 cuando ganó su primer Tour de Francia. Sólo habían pasado tres años del entorchado de Delgado, esa vez no hubo que esperar 25 veranos como transcurrieron entre el triunfo de Ocaña y el del segoviano. Tras esa conquista de Indurain llegarían muchas más. Lo inimaginable: cinco Tours de Francia, dos Giros de Italia, medallas olímpicas, Campeonatos del Mundo, record de la hora y un sinfín de carreras. Pero todo tiene su fin y en 1997 Miguel puso pie a tierra para siempre.

Banesto aprovechó la inercia del ciclón Indurain y siguió cosechando éxitos, aunque le faltaba el líder carismático que hiciera olvidar a Miguel -algo que era imposible-. Se cambió de siglo y el equipo navarro siguió siendo una referencia a nivel mundial, aunque en esa época todos vivían bajo el yugo de Lance Armstrong. Además, la fatalidad se cruzó en el camino del equipo. José María Jiménez, el Chava, una de las joyas de la cantera de Banesto, se fue prematuramente por su adicción a las drogas. “Los momentos más duros han sido cuando se nos han ido alguien antes de tiempo. Pasó con el Chava, con Galvez y con Tondo. Ahí caes derrotado ante lo inevitable”, se lamenta Eusebio, que quiere mirar hacia delante y pensar en el legado que cada uno dejó.

El relevo de Banesto fue de los más difíciles de encontrar. A finales de 2003, cuando parecía que Air Europa sería el elegido se truncó la negociación y tuvo que ser el Gobierno balear el que diera el paso al frente. “Cuando Banesto decidió dejarlo tuvimos muchos problemas para encontrar su sucesor. Nos vimos más fuera que dentro, pero por suerte nació Illes Balears y pudimos seguir”. Con los mejores ciclistas de la isla en sus filas, el equipo necesitaba un jefe que liderara el proyecto y ese no era otro que Alejandro Valverde, que venía de arrasar en categorías inferiores. Tras mucho pelear -el murciano tenía 14 ofertas sobre la mesa-, Unzué se llevó el gato al agua y encontró a su ganador con carisma. A Illes Balears le sucedió Caisse d’Epargne, un potente equipo cuyo logro más importante lo consiguió en 2006 con Óscar Pereiro. El gallego era un segundo espada de lujo, pero aprovechó su oportunidad como nadie. Tras una fuga bidón en el Tour de Francia y la descalificación de Landis por dopaje, se llevó la victoria en la ronda gala.

Valverde, quien este año parte con más convencimiento que nunca de asaltar el podio de los Campos Elíseos, alternaba grandes gestas con grandes dosis de infortunio. Ganó una etapa en el Tour en las narices del todopoderoso Armstrong, que ese día en la cima de Courchevel señaló al murciano como el ciclista del futuro. Pero lesiones, caídas y despistes dejaban al de Las Lumbreras sin esa gran vuelta, sin ese gran triunfo. Sin embargo, su calidad infinita le llevó a derrotar al mal fario, a las lesiones y a sus rivales para conquistar cotas antes impensables, como la Lieja-Bastoña-Lieja que ha ganado hasta en dos ocasiones. En 2009, además, ganó la Vuelta a España.

Pero ni las victorias ni el rendimiento publicitario del equipo impidieron que el banco francés también tomara las de Villadiego. Y como ocurrió en 2003, encontrar un relevo costó sangre, sudor y lágrimas. Finalmente, Movistar decidió apostar por el ciclismo y desde 2011 es el equipo de Unzué. Su exigencia de honrar la marca como principal lema se ha visto más que satisfecha, pero, además, la escuadra telefónica se ha convertido en una de las mejores del mundo –ganó en 2013 la clasificación por equipos del World Tour-. “Este deporte es cada vez más profesional. Cuando echas la vista atrás y ves que en Reynolds el staff eran tres masajistas, dos mecánicos, un doctor y un director y que ahora tenemos nutricionistas, gabinete de prensa, de marketing, osteópatas… Casi ni te lo crees. Hemos crecido y no se pueden comparar épocas porque cada una tiene su parte buena y sus momentos de romanticismo”, señala Eusebio, que camino de Francia, bajo el Canal de la Mancha, recuerda sus 35 años en el pelotón con nostalgia, pero con las mismas ganas con las que se inició en su pasión: el ciclismo.

“Cada día amanezco con la ilusión de llevar adelante este equipo y de seguir logrando nuevas gestas”, apunta. Quizás la siguiente sea conquistar su primer Tour de Francia con una de sus debilidades, Alejandro Valverde. “He conocido grande ciclistas que me han impresionado. No doy nombres por si me dejo a alguno que no se moleste, aunque también he conocido algunos no tan buenos y tampoco voy a decir quiénes eran”, se refiere con humor antes de comenzar la que puede ser una de sus últimas batallas en Francia. “Todavía no me he planteado la retirada, pero no cabe duda de que mi momento llegará y en el equipo ya veo gente capacitada para tomar mi relevo”, admite Eusebio. Mientras, toca seguir disfrutando del ciclismo, del Movistar y de Alejandro Valverde, que espera su momento para seguir los pasos de Arroyo, Delgado, Indurain… leyendas de un equipo de leyenda.

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