Thon Maker, el dinka 'australiano' que sueña con mantener el poder africano en la NBA
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con 17 años y 2,13 le aguarda un futuro esperanzador

Thon Maker, el dinka 'australiano' que sueña con mantener el poder africano en la NBA

Nació en Sudán, se crió en Australia y ahora brilla en un High School de EEUU. Con 17 años y 2,13, las universidades se lo rifan. Al final, la NBA aguarda

placeholder Foto: Thon Maker durante una sesión de fotos en el pasado Adidas Nations celebrado en California. (Foto: ADIDAS)
Thon Maker durante una sesión de fotos en el pasado Adidas Nations celebrado en California. (Foto: ADIDAS)

Maker nació en Sudán del Sur en el seno de una familia dinka (como Manute Bol y Luol Deng), quienes, junto a los nuer, constituyen las dos principales etnias del país más joven del mundo, creado en 2011 tras un reguero interminable de víctimas inocentes por el camino. Los dinkas son célebres por ser unos de los grupos étnicos más altos del planeta. En el caso de Maker la norma se cumple al dedillo. Su padre mide 2,03 y su madre 1,90 y muchos de sus tíos superan los dos metros. De casta le viene al galgo. Cuando tenía cinco años su familia se mudó a la ciudad australiana de Perth para dar a sus hijos una educación occidental. Aunque pueda resultar extraño, en los sueños de Maker no había aros y balones naranjas, sino césped y botas con tacos. El baloncesto no podía perderse a una joya de ese calibre.

Con 13 años (ya medía 2,03) el joven sudanés fue descubierto por Edward Smith, un americano afincado en el país ‘aussie’. En 1996, Smith fundó en Sydney la Next Level Basketball Academy, un centro dedicado a explotar el talento de la prolífica colonia sudanesa residente en Australia. Majok Majok, uno de sus pupilos sudaneses le advirtió de la existencia de un chico al que todos conocían como ‘Longbody’. “Estaba muy verde pero era un chico duro. Era tierra mojada. No tenía malos vicios, así que pude construir su tiro, sus fundamentos y su juego de pies. Pese a sus carencias, tenía todos esos intangibles que tu quieres en un atleta”, recuerda. Pese a las reticencias iniciales acabó aceptando. “Dijé que no. No por él, sino porque no quería jugar al baloncesto. Pero después de hacerle caso y seguir adelante con el plan, me insistió: ‘confía en mí, confía en mí’”, comenta Maker en un reportaje publicado por la web estadounidense Bleacher Report.

Ese mismo año, con el permiso de sus padres, su descubridor no sólo se convirtió en su entrenador sino que también ejerció de tutor legal. Pensando que California sería un buen lugar para estudiar, le llevó a un centro de primer nivel en Southern California. Demasiado para el chaval, que declinó la propuesta. Del Oeste lo llevó hasta Louisiana, donde cursó su octavo y noveno grado, el equivalente a los dos primeros años de la ESO en el sistema educativo español. Un periodo de aclimatación donde focalizó todos sus esfuerzos en los estudios (los que le conocen dicen que es muy metódico), dejando la competición en el parqué en un segundo plano. Fue un buen momento para empaparse de unos fundamentos que hoy dejan con la boca abierta a los scouts que ven a un chaval que por altura es pívot pero que trata de enriquecer su juego con infinidad de recursos: bote, step-back, tiro exterior, juego de pies, etc. Un repertorio al que obviamente hay que añadir unas exuberantes cualidades defensivas: brazos kilométricos, plasticidad, 'timing'... una auténtica locura.

En 2012 llegó la hora de dar el salto. Smith se trasladó a Virginia para estar con su mujer y sus cinco hijos. No dudó en llevarse a Maker con él. En otoño, nada más aterrizar en Virginia, Maker se matriculó en el Carlisle School de Martinsville. A fnal de temporada, el influjo del sudanés era más que notable: el equipo alcanzó la final estatal. Un año después, con Maker en pleno proceso de adaptación se alzó con el título estatal. Este verano se ha dejado ver en varios eventos para jóvenes talentos en los que ha conseguido brillar con luz propia. En junio, Maker estuvo en Treviso como parte del equipo americano que participó en el ‘Adidas Eurocamp’. Poco después participó en el ‘Adidas Nations Camp’ que tuvo lugar en Los Angeles. Encuadrado en el equipo de la estrella de los Portland Trail Blazers, Damian Lillard, arrasó sin contemplaciones.

“Juega duro todo el tiempo. Posee una capacidad de liderazgo tremenda que fortalece con una gran actitud”, comenta Scott Garson, ex entrenador asistente en la Universidad de UCLA y encargado de entrenar al equipo representado por el base de los Blazers. En el evento estaba Tracy McGrady, que no dudó en aconsejarle. “Hay que ser humilde y tener hambre. Si eres humilde, todos los recortes de prensa y la atención que se te preste te harán más fuerte. Y hay que tener hambre porque siempre habrá alguien que esté entrenando igual de duro que tú”, relata uno de los mejores jugadores de la década pasada.

“Mi juego está hecho para ir de fuera hacia dentro. Tengo que atacar primero, debilitar la defensa y echar al equipo del partido por faltas. Básicamente es lo que estoy tratando de hacer. Entonces, una vez abiertas las líneas, la defensa se cierra hacia el centro y deja el perímetro libre”. Fácil, sencillo y para toda la familia. El ‘abc’ del baloncesto siempre, claro está, que haya un foco que ciegue al rival de forma tan insultante. Sólo con echar un vistazo a alguno de los dos vídeos que acompañan a este texto verán el infinito potencial que atesora el chaval.

Su dominio es insultante y su percha recuerda, salvando las distancias, a un Kevin Durant que hoy por hoy encarna el mayor talento natural del mundo. Dice su mentor que si le elijen los Spurs será All-Star. No nos cabe ninguna duda. Como australiano de pleno derecho, podrá optar a jugar con los ‘Bloomers’ en un futuro. Junto a Dante Exum (seleccionado en el puesto cinco del pasado draft por los Utah Jazz) y Ben Simmons, otra bloque de ébano listo para esculpir en la NBA en dos años, Maker puede dar a Australia muchas opciones en los próximos Juegos de Río.

El poder africano sigue más vivo que nunca

En los últimos tiempos, la NBA parece empeñada en rescatar fantasmas del pasado. El racismo, una de las muchas lacras que condena a la que dicen es la primera potencia mundial, florece en las calles y también en los parqués de la mejor liga de baloncesto del planeta. Tras el escándalo protagonizado por el abyecto y pueril expropietario de los Clippers, Donald Sterling, a principios de este mes salía a luz un episodio deleznable. Al parecer, en 2012 el propietario de los Atlanta Hawks, Bruce Levenson, escribió un email plagado de clichés y estereotipos que atentaban directamente a los seguidores de la franquicia de Georgia: animadoras negras por aquí, lo malos que son los amantes de la cultura hip-hop… Ante semejante aberración, tocó disculparse y dar todas las facilidades para que la NBA pueda vender el equipo, que pasaba a manos del presidente, Steve Koonin. Pero ahí no acaba la cosa.

Poco después, los desprecios xenófobos seguían en pleno auge. Danny Ferry, General Manager de los Hawks, volvía a estar poco afortunado. En un informe, aconsejaba no fichar al alero británico de origen sudanés Luol Deng por su condición de africano. "Tiene un poco de África dentro de él. No lo digo en el mal sentido. Es como si tuvieras una tienda muy bonita en el escaparate y por detrás fueras vendiendo mercancía falsificada", respondió al ser inquirido sobre una posible contratación del por entonces agente libre.

El nuevo jugador de los Heat respondió con una concisa misiva donde ponía de manifiesto lo orgulloso que está de sus orígenes. “Estoy orgulloso de decir que tengo mucho de África dentro de mí, no sólo un poco. Durante toda mi vida mi identidad ha sido motivo de orgullo y fuerza. Junto a mi familia y mis amigos, en el país de Sudán del Sur y a lo largo y ancho del continente africano, no puedo pensar en un privilegio mayor que hacer lo que amo mientras represento a mis raíces en lo más alto”. África, el continente con forma de corazón roto, sigue en pie, dispuesto a reclamar su sitio y seguir haciendo trizas la doble moral de semejantes impresentables. Un comportamiento anacrónico que nos retrotrae a épocas que debemos superar.

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