La cruzada de las personas con Síndrome de Down para ir a los Juegos Paralímpicos
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Un currículum para enmarcar

La cruzada de las personas con Síndrome de Down para ir a los Juegos Paralímpicos

El Comité Paralímpico Internacional decidirá si el esfuerzo de Mikel, bilbaíno de 25 años, sirve para algo: para participar en los Juegos de París en 2024

Foto: Mikel, durante una prueba. (Cedida)
Mikel, durante una prueba. (Cedida)

En Taipei, a 10.535 kilómetros de la ciudad donde vive Mikel, unos doscientos miembros del Comité Paralímpico Internacional (PCI) iban a decidir entre los días 11 y 12 de diciembre si el esfuerzo de este bilbaíno de 25 años edad con síndrome de Down tiene su recompensa y puede acudir a los Juegos Paralímpicos de París 2024. El ómicron, la última variante conocida del coronavirus, ha sido el motivo por el que se clausurado el encuentro, así que ahora tendrán que tomas una decisión desde sus despachos mediante vía telemática. El currículum deportivo de Mikel es para enmarcar. Pese a todo, estos últimos días le cuesta conciliar el sueño. Sólo en el ámbito internacional, ha sido campeón en las modalidades de 400, 800 y 1.500 metros lisos en los mundiales celebrados en Brisbane (Australia) en 2019. Estos éxitos, sin embargo, no le proporcionan un pasaporte para estar en la cita parisina. Los datos demuestran que los atletas con su grado de discapacidad intelectual nunca han acudido a unos Juegos Paralímpicos. Por tanto, salvo que los mandatarios den un giro de 180 grados en su política deportiva, Mikel, y otros como él, no podrán cumplir su sueño.

En su hoja de méritos aparecen otras dos medallas de oro en los mundiales de pista cubierta celebrados en 2020 en la ciudad polaca de Torún en sendas pruebas de velocidad pura: 60 y 200 metros lisos. Los éxitos mundialistas alcanzados en el hemisferio sur se repitieron en junio de este mismo año en Bydgoszcz (Polonia), donde habría que añadir una medalla de plata en lanzamiento de peso. A nivel de marcas, Mikel es en la actualidad plusmarquista europeo en 800 y 1.500 metros. Vamos, que la carrera de este deportista apodado en su barrio 'La bala de Irala' se aproxima mucho a lo que viene siendo la de un atleta de elite.

Y entonces, con todo este bagaje, ¿a qué obedece la inquietud del chaval? Pues todo es bastante sencillo de explicar. En los Juegos Paralímpicos no existe una prueba específica para las personas con síndrome de Down. "Todos los atletas con discapacidad intelectual están metidos en el mismo saco", explica Gotzon García, padre de Mikel. Esto es, cualquier hombre o mujer que presente una discapacidad intelectual superior al 30% ya puede ser deportista paralímpico. Con esta premisa, esta clase de atletas parte con una clara desventaja, sobre todo en cuestiones físicas, como la estatura. Si la media en España es de 1,76 metros, en el caso de las personas como Mikel no suelen alcanzar más allá de 1,55 metros. Eso, sin olvidar los problemas cardiacos que sufren la mitad de los niños que nacen con esas alteraciones en su cromosoma que pueden derivar en una cardiopatía congénita.

placeholder Mikel, durante una prueba. (Cedida)
Mikel, durante una prueba. (Cedida)

La petición de su padre

Lo que pide el padre de 'La bala de Irala es que su hijo pueda acudir a los Juegos Paralímpicos de París "una vez se incluya una categoría específica para las personas con síndrome de Down". No es que sea una ocurrencia o un antojo. Es algo que ya existe. 'La World Intellectual Impairment Sport' (Virtus) es la encargada de organizar los campeonatos del mundo del atletismo para atletas con alguna discapacidad. “Y es donde Mikel ha conseguido todas esas medallas de oro", precisa García. La competición se divide en dos categorías: T20 (aquellos que presentan cualquier tipo de discapacidad intelectual) y la T21 (las personas con síndrome de Down). "Y lo que queremos –añade-, es que los Juegos Paralímpicos den ese salto porque la diferencia mínima entre unos y otros a la hora de establecer récords es de un 35%". Por ejemplo, la mejor marca mundial en 800 metros lisos está en poder del keniano David Rudisha con 1.41.09. El récord en categoría T20 obra en manos del polaco Miroslaw Formel con 1.49.91, mientras que la marca de Mikel en T21, que es récord de Europa y segunda mejor marca mundial, se va a los 2.51.06. O sea, más de un minuto de diferencia.

La política más persistente para que los gerifaltes de los organismos estatales e internacionales no hagan oídos sordos a las peticiones de los padres de Mikel es la senadora del PNV Almudena Otaola. Fue la primera en interpelar al exministro de Cultura y Deportes, José Manuel Rodríguez Uribes, para que intercediera ante el Comité Paralímpico Español de cara a reclamar al máximo órgano a nivel internacional la creación de una categoría específica donde tuvieran cabida los deportistas con síndrome de Down.

A raíz de dicha interpelación, presentó una moción que fue aprobada en el Senado por unanimidad y, ya en agosto, cuando se celebraban en Tokio los Juegos Paralímpicos, formuló una pregunta por escrito que llevó al primer pleno de control al Gobierno. El encargado de responder fue Miquel Iceta, el sucesor de Uribes. Según Otaola, ambos ministros se mostraron "receptivos" a la hora de abordar la cuestión, aunque quien tiene que plantearla en Taipei es el CPE. Tampoco puso reparos al tema el presidente del Consejo Superior de Deportes (CSD), José Manuel Franco, "a quien comunicamos que teníamos conocimiento de que existen otros comités paralímpicos nacionales como Italia, Argentina o Colombia interesados en la misma cuestión y le pedimos que trasladara la idea de sumar fuerza para no llegar a Taipei solo con una propuesta española".

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Mikel en plena acción. (Cedida)

El foco en los casos de Mikel

La senadora del PNV pone el foco en los casos de Mikel, en el de la atleta onubense de 26 años Blanca Betanzos, "y en los de otros más" que no están reconocidos como deportistas de alto nivel. Por tanto, "no pueden acceder a ninguna beca". Es como la pescadilla que se muerde la cola. Si las personas con síndrome de Down tienen casi imposible participar en unos Juegos Paralímpicos, tampoco pueden alcanzar ese reconocimiento de atletas de alto nivel. "Desde luego, eso es algo absolutamente injusto”. Otaola subraya que personas con la discapacidad de Mikel están en poder de unas marcas que les tendrían que servir para acudir a la cita olímpica de París. "Lo que ocurre es que parten con una desventaja que es discriminatoria porque lo que están viendo es que pueden competir, pero no como deportistas de alto nivel, lo que a mi juicio, es injusto", añade.

Mikel recuerda que hace cinco años empezó en el atletismo porque quería hacer amigos. "Entonces me apunté, y ahora estoy contento". ¿Y amigas?: “También, también”, dice entre risas. A este joven atleta no le quita nadie la ilusión para machacarse de lunes a jueves desde las 18.30 a las 20.00 horas con su técnico Javier Conde, "que es un tío supermajo",a pesar de que tiene que desplazarse casi a diario hasta Basauri, una localidad próxima a Bilbao. Y también suele hacerlo algunos sábados si hay una competición de por medio. A veces, "cuando pueden", le acompañan sus padres, y si no, "me voy solo en metro y luego cojo el autobús".

Gracias a sus éxitos deportivos ha visitado varios países como Francia, Polonia o Australia. Fue allí donde después de conseguir tres medallas de oro le llevaron a un parque "supergrande" donde pudo ver de cerca canguros y koalas. "¡Hasta me dejaron tocarlos!", exclama con cierta satisfacción. Ahora su meta es poder estar presente en los próximos Juegos Paralímpicos. De forma muy esquemática, y a la vez contundente, es capaz de explicar lo que ocurre. "En París no hay mi categoría y no puedo ir. Pero yo quiero que haya una porque quiero ir". Si consigue acudir a la cita olímpica, y además traerse para casa una medalla, "sería algo muy especial". El carácter afable de Mikel le lleva incluso a confesar que ahora es "un poco famoso" porque los periodistas "me dan la lata" con este asunto, pero eso no le distrae de su objetivo: competir en París en la misma categoría que otras personas con síndrome de Down.

placeholder Mikel, durante una prueba. (Cedida)
Mikel, durante una prueba. (Cedida)

El Gobierno estará en la lucha

Desde el Ministerio de Cultura y Deporte se limitan a reiterar lo que ya han dicho en sede parlamentaria. "El Gobierno va a estar en esa lucha y la vamos a ganar", tal y como aventuró Iceta en el Senado. Así, sin dar más explicaciones ni entrar en más detalles. No obstante, un documento con membrete del Consejo Superior de Deportes ya deja entrever que las aspiraciones de Mikel rozan la utopía. El texto recuerda que entre el COI y el IPC existe un acuerdo para que los Juegos Paralímpicos tengan un máximo de pruebas y deportes. Y, claro, la inclusión de la Clase VIRTUS II2 (Síndrome de Down) "implicaría la necesidad de sacar otras pruebas y clases del programa paralímpico". Es más, se escuda en que los Juegos Paralímpicos acogen 22 deportes de verano y siete de invierno y que "por tanto, son muchas especialidades deportivas las que se quedan fuera de los programas olímpicos y paralímpicos".

Si había pocas esperanzas, hay más párrafos dentro del escrito que sirven para enterrarlas todas casi de forma definitiva. "Dentro de los deportes hay muchas pruebas que se programan en Campeonatos de Europa y del Mundo, y que no se programan en los Juegos Paralímpicos. Por ejemplo: en triatlón, la prueba de duatlón; en atletismo, las pruebas de cross; en atletismo paralímpico, el lanzamiento de martillo”, añade. Por tanto, la situación por la que atraviesan los atletas con síndrome de Down, a juicio del CSD, no puede entenderse como una "discriminación" porque, a fin de cuentas, se trata de un problema originado por el número limitado de días, un total de 12. La última oportunidad pasa porque la clase II2 ('Intellectual Impairment' 2) no responda como hasta ahora solo a criterios puramente médicos, lo que impediría la creación de una nueva categoría, sino también a un 'aditional impairment' (discapacidad adicional). Esa sería la clave para que el IPC diera su brazo a torcer.

Toda esta política de meter a todos los deportistas con discapacidad intelectual en el mismo saco arranca en los juegos Paralímpicos de Sidney 2000. España había obtenido 106 medallas y estaba en el cuarto lugar en el medallero. En baloncesto ganaron el oro. Arrasaron a todos sus rivales. Sin embargo, algunos regresaron a la Península Ibérica parapetados tras una barba, una gorra y unas gafas de sol. Todo camuflaje era poco para intentar pasar desapercibidos mientras que el grueso de la expedición española posaba en el aeropuerto para los fotógrafos. Dos publicaciones, las revistas 'Gigantes y Dinero', habían desvelado días antes que diez de los 12 jugadores habían ayudado al éxito de la Selección sin tener ninguna discapacidad intelectual. El bochorno fue mayúsculo al comprobarse la veracidad de las informaciones.

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Mikel, durante una prueba. (Cedida)

La Fiscalía consiguió sentar en el banquillo de los acusados a los máximos responsables de aquel despropósito y pidió dos años de prisión por un delito de falsedad documental. Finalmente, solo resultó condenado a una multa de 5.400 euros el ex presidente de la Federación Española de Deportes para Discapacitados Intelectuales (FEDDI), Fernando Martín Vicente. Pero el daño ya estaba hecho. Hurgando en la herida se descubrió que otros países también habían hecho trampas; un eufemismo para tapar la palabra fraude o estafa. Esa falta de rectitud motivó que las personas realmente diagnosticadas con discapacidad intelectual fueran apartadas durante doce años de los Juegos Paralímpicos. "Campeones", que obtuvo el premio Goya a la mejor película en 2019, recuerda un poco este triste pasaje.

Jorge Abellán Hernández, un profesor del departamento de didáctica de la Educación Física, Artística y Música de la universidad de Castilla-La Macha, se preguntaba en un artículo publicado en 'Theconversation.com' por qué existen ocho clases diferentes de discapacidad para los deportistas en función de sus discapacidades y deficiencias, y tan sólo una para los que presentan distintas discapacidades intelectuales. Esta circunstancia le parecía "incomprensible" y de ahí que, en su opinión, sería "lógico" pensar que las personas con síndrome de Down tuvieran su propia categoría.

El profesor se lamentaba de que el año 2021 no haya aún evidencias científicas para determinar en qué medida afecta la discapacidad intelectual en el rendimiento de los deportistas. Es precisamente esa falta de evidencias lo que obliga a que las pruebas de clasificación se reduzcan casi en su totalidad a los parámetros físicos, "cuando deberían evaluarse las capacidades de toma de decisiones, especialmente importantes en los deportes de equipo". Abellán culmina su artículo con una petición al Comité Paralímpico Internacional para que dedique más fondos a la investigación en deporte y discapacidad porque "solo a partir de evidencias científicas sólidas conseguiremos que los deportistas con discapacidad intelectual vuelvan al lugar de relevancia que se merecen, en el mayor escaparate del mundo, los Juegos Paralímpicos".

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