los riesgos de ascender un pico inexplorado

La incógnita tras los 8 muertos del Himalaya en la misteriosa montaña sin nombre

En mayo, una expedición decidió ascender un pico virgen en la parte de la India del Himalaya —junto al Nanda Devi— y las consecuencias fueron fatales: toda la expedición muerta

Foto: Últimas imágenes de los alpinistas desaparecidos en la montaña sin nombre.
Últimas imágenes de los alpinistas desaparecidos en la montaña sin nombre.

“Abrir una ruta y ascender una montaña virgen llama la atención de cualquier alpinista. Lo veo bien… En cierta manera, lo comprendes”, reflexiona Alberto Ayora, coronel del Ejército de Tierra, uno de los mayores expertos de España en seguridad y en gestión y prevención del riesgo en montaña… y alpinista, entre otras muchas cosas. En junio se constató la muerte de ocho alpinistas (recuperaron siete cadáveres) en una montaña del Himalaya —de la parta de la India— que nunca había sido coronada y ni tan siquiera tenía nombre, junto al pico de Nanda Devi (7.816 m). Un desafío tan atractivo y misterioso como peligroso. ¿Qué lleva a un alpinista a llegar a ese límite?

[Las imágenes de cómo rescatan los siete cadáveres]

Ayora trata de hacer ver que lo que en principio parece una locura o estupidez, tiene una raíz lógica en la que se asientan algunos de los principios del alpinismo, como la superación o la exploración de nuevos territorios. Eso sí, el primer objetivo de un alpinista es regresar a casa, y esto debe estar presente en cada paso que se da a una altura y en unas condiciones en que el riesgo es un compañero más de viaje. Cuanto más se minimice dicho riesgo, mejor. ¿Cómo de 'controlada' tendrían esta ascensión los ocho alpinistas que decidieron embarcarse en esta aventura mortal cuando ni siquiera tenían permiso para ello? Esta es la mayor incógnita del trágico episodio.

El Nanda Devi, con permiso

Al parecer, y tal y como informó el magistrado del distrito de Pithoragarh, los ocho alpinistas desaparecidos formaban parte de un equipo mayor de 12, cada uno de los cuales tenía un permiso para escalar el Nanda Devi Este. Cuatro de los escaladores fueron a escalar el mencionado Nanda Devi Este y regresaron al campo base, mientras que los otros ocho intentaron subir el pico sin nombre, para el cual no se les concedió permiso, y una avalancha les habría sorprendido en el descenso.

“Cuando estuvimos en Patagonia para intentar el Cerro Ladrillero, pico que no había subido nadie, realizamos fotografías aéreas, establecimos una ruta previa, vuelos de reconocimiento, intentamos identificar todos los peligros haciendo una evaluación de los mismos. Y, aun así, sabes que tienes riesgos”, comenta Ayora, quien ha experimentado el placer de llegar donde nadie antes había llegado, y con éxito.

“Por definición técnica, cualquier situación nueva hay que evaluarla con mucho detenimiento. Preparar un plan alternativo y situaciones en que se posibilite una ruta de escape de descenso. Lo primero es identificar los peligros y el estudio detenido de la ruta, sin esta labor habrá más exposición a peligros y mayor probabilidad de accidente”, indica Ayora, que añade el hecho concreto de esta expedición: “Si no te dan permiso, será por algo. Si van de 'piratas', luego no te darían el reconocimiento de la cima ni nada”.

El Nanda Devi, de 7.816 metros. (Reuters)
El Nanda Devi, de 7.816 metros. (Reuters)

Quedan muchos picos sin ascender

Hacia finales de mayo, se calcula que sobre el día 24, los británicos Martin Moran —líder de la expedición y guía experto, del cual no se ha recuperado el cadáver—, John McLaren, Rupert Whewell y Richard Payne, la australiana Ruth McCance, los estadounidenses Anthony Sudekum y Ronald Beimel y el guía indio Chetan Pandey tomaron la decisión mortal de abandonar el campo base del Nanda Devi —segunda montaña más alta de la India— en dirección a esa cima virgen y sin nombre. Acudieron a la atracción fatal de —en estos días en que se venden tantas experiencias fabricadas— ser pioneros en caminar por donde antes nadie ha pisado y vivir una emoción nunca antes explorada.

Ayora concluye que “quedan más picos sin ascender de los que la gente se cree. En el Tíbet hay muchas posibilidades y rutas espectaculares a 5.000 metros. El alpinismo puro no pasa por la altitud, sino por las rutas difíciles”, y en ninguna de ellas está aceptada la heroicidad y la improvisación, por mucho misticismo que emane una cumbre.

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