'La calle del terror': sobredosis adolescente de sangre y cuchilladas
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'La calle del terror': sobredosis adolescente de sangre y cuchilladas

La trilogía 'slasher' de Netflix es entretenida e ideal para el verano, pero también es excesiva, no tanto por las escenas propias del género como por su exagerado metraje total

placeholder Foto: Fotograma de 'La calle del terror'.
Fotograma de 'La calle del terror'.

Robert Lawrence Stine (más conocido como R.L. Stine) ha vendido 400 millones de novelas juveniles de terror, la mayoría de su larguísima serie 'Goosebumps' (traducida en España como 'Pesadillas'). 400 millones. Todos los números del llamado 'Stephen King de la literatura infantil' son tan espectaculares que en realidad no sorprende que Netflix haya decidido homenajear su universo en nada menos que tres películas estrenadas en semanas sucesivas y bajo el título colectivo de 'La calle del terror'. Y, sin embargo, disponible hoy mismo la segunda, y a falta de la tercera, podemos decirlo ya: son demasiadas.

Y no es que le falte frescura y gracia a esta trilogía 'slasher' con sobredosis de sangre y cuchilladas en la que cada entrega está situada varios años -¡y siglos!- por detrás de la anterior como precuelas encerradas en muñecas rusas que van desvelando poco a poco el origen y sentido de lo narrado. La primera parte nos situaba en 1994, la referencia evidente era 'Scream' y en ella un grupete estereotipado de chavales de Shadyshide una ciudad americana pobre y miserable debe enfrentarse a una fuerza maléfica al tiempo que compiten con otra ciudad vecina y pija. La segunda parte vuela hacia 1978 bajo el influjo de 'Viernes 13' y mejora a su predecesora con una intriga más novedosa, compleja y oscura. Para la tercera, que viaja al lejano 1666 con el fin de dar cuenta de los orígenes de la maldición de la bruja Sarah Fier, habrá que esperar a la semana próxima.

Tráiler de 'La calle del terror 2' (1978)

De la calle al campamento del terror. Este capítulo número 2 se desenvuelve en el mucho más estival marco de un clásico retiro estudiantil al término del curso escolar. Un montón de 'adoles' a punto de reventar de hormonas beben, se drogan y copulan alegremente en medio de la naturaleza hasta que aparece el inevitable asesino embozado que empieza a cepillárselos a hachazos. El 'a priori' paradisiaco campamento Nightwind se tornará rápidamente una trampa mortal sin escapatoria para todos estos chicos y chicas con tanta prisa por vivir... y por morir.

Leigh Janiak arriesga bastante más que en la primera parte y se la ve más suelta

Es cierto que aquí la directora Leigh Janiak arriesga bastante más que en la primera parte y se la ve más suelta jugueteando con la tensión, menos acartonada, pasándoselo indudablemente mejor. Pero tragarse otras casi dos horas de terror adolescente repetitivo y en ocasiones autoparódico justo después de habernos embuchado las otras dos horas primeras es demasiado. Y aún queda otro par de horas (aprox.). Y uno no puede dejar de pensar mientras pasan en fila india ante sus ojos los homenajes a los clásicos del género: ¿por qué no pasarse directamente a esos clásicos?

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