'Mandíbulas': esta locura divertidísima es la película del verano
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'Mandíbulas': esta locura divertidísima es la película del verano

Quentin Dupieux es un genio del absurdo. A la misma distancia de lo sublime y lo estúpido, el director francés más estrambóticamente divertido vuelve con esta comedia descerebrada

placeholder Foto: La mosca gigante que protagoniza 'Mandíbulas'. (Karma Films)
La mosca gigante que protagoniza 'Mandíbulas'. (Karma Films)

Consulto en mi 'María Moliner' recién estrenado y me sorprende, con la cantidad de gente estúpida que existe, los pocos sinónimos y lo sucinto de las definiciones de la palabra 'idiota'. 'Anormal', 'bobo', 'lelo', 'corto', 'majadero', 'mentecato' se quedan cortas para definir el catálogo y la diversidad de imbéciles disponibles, sobre todo tras toparse con Manu y Jean-Gab, los entrañables gilipollas protagonistas de 'Mandíbulas', la última película de ese genio demente que es Quentin Dupieux, el artista anterior y paralelamente conocido como Mr. Oizo, el creador de Flat Eric —aquel peluche amarillo que fumaba salchichas en los anuncios de Levi's—, el padre natural de Rubber, el neumático asesino, y del homicida falso director de cine obsesionado con poseer todas las chaquetas del mundo en 'La chaqueta de piel de ciervo' que tan magistralmente interpreta Jean Dujardin, en una de sus mejores interpretaciones para la que no necesitó mover un músculo de la cara.

Tráiler de 'Mandíbulas' (Karma)

Dupieux es maestro del humor posmoderno equidistante entre lo sublime y lo ridículo, Dupieux es un autor con un sello inconfundible y cada una de sus películas es un milagro de la producción. Piénsenlo, ¿quién de ustedes estaría dispuesto a soltar la pasta para financiar una película cuyo protagonista es una mosca gigante diseñada por ordenador? Porque 'Mandíbulas' es una comedia absurda y maravillosamente idiota sobre dos pazguatos que se buscan la vida dando pequeños palos a diestro y siniestro hasta que en el maletero de uno de los coches que roban encuentran esa mosca gigante de la que hablábamos y sus dos mentes brillantes pergeñan un plan maestro para enriquecerse a su costa: la amaestrarán para poder utilizarla en sus robos, como un dron teledirigido, pero alimentado con latas de comida de gato en vez de baterías eléctricas.

placeholder Adèle Exarchopoulus exprime su pequeño e incómodo papel al máximo. (Karma)
Adèle Exarchopoulus exprime su pequeño e incómodo papel al máximo. (Karma)

Obviamente, es un plan sin sentido. Pero una vez que aceptamos la existencia de una mosca del tamaño de un perro —habrá alguna interacción con un can que marcará uno de los momentos hilarantes del filme—, el director tiene bula para que cualquier cosa pueda ocurrir en su mundo. El díptero representa la única ruptura de la realidad en una historia repleta de personajes estrambóticos, pero posibles. En 'Mandíbulas', Dupieux traslada a Francia los códigos de las películas de 'red necks' y de frontera y lo mezcla con la sofisticación de la clase alta europea para crear un universo propio en formato panorámico en el que los colores deslavados y los planos con los aires cambiados avisan e invitan a la extrañeza.

El universo Dupieux es único porque es absolutamente propio: en 'Mandíbulas' el director también ha escrito el guion, ha diseñado la fotografía y ha montado el metraje y, aunque habitualmente ha compuesto las bandas sonoras de la mayoría de sus películas, aquí delega la responsabilidad en los electrónicos y festivos Metronomy. Habitual de las secciones paralelas de Cannes (Semana de la crítica, Quincena de realizadores), esta es, con diferencia, la película más accesible a un público no devoto y, desde luego, la que ofrece una estructura narrativa más ortodoxa, pero sin abandonar la repetición, los meandros y las divagaciones a los que somete a sus personajes, que habitualmente actúan fuera de la ley, aunque de forma chapucera.

placeholder Los protagonistas son dos idiotas interpretados por Grégoire Ludig y David Marsais. (Karma)
Los protagonistas son dos idiotas interpretados por Grégoire Ludig y David Marsais. (Karma)

Como en una cinta de acción de gánsteres venidos a menos, todo arranca con una misión aparentemente sencilla que llevar a cabo: Manu (Grégoire Ludig), un tipo desaliñado que duerme en la playa porque, probablemente, no tenga dónde caerse muerto recibe el encargo de llevar un maletín a una persona anónima que le pagará 500 euros por el traslado. Dupieux juega con las presunciones del espectador para timarle con una comedia de colegas sin demasiada agilidad mental. Para que le ayude a llevar a cabo el encargo, Manu roba el primer coche que encuentra —que se cae a pedazos— para visitar a su amigo Jean-Gab (David Marsais), otro tipo sin mucho mundo que trabaja para su madre en una gasolinera. Y en su encuentro chocan los nudillos con el índice y el meñique estirado al grito de: "¡Toro!", un saludo que se repetirá con variaciones —"¡Toro de noche!"— a lo largo de la película y que se ha convertido en la clave secreta para identificar en los cinefórums a los fans de Dupieux.

Después de robar el coche y de encontrar la mosca gigante en el maletero, la importancia del maletín y de su contenido desaparece y Dupieux se centra en imaginar todas las posibles decisiones sin sentido que esta pareja de burros puede tomar para que su nuevo plan para enriquecerse con el moscón llegue a buen puerto. Cada una de las propuestas es más aleatoria que la anterior: secuestrar a un hombre para robarle una caravana y disponerla como campo de entrenamiento o aceptar la invitación a pasar una temporada en la casa de campo de un grupo de niños bien que han confundido a Manu con un antiguo compañero de colegio. Las etapas de esta 'road movie' son a cada cual más demenciales a raíz de la estupidez de quienes elaboran un plan con todas las fisuras del mundo. Abocados a que todo les salga mal, mezquinos en sus intenciones, los personajes y su torpeza no pueden sino provocar simpatía y ternura.

placeholder La mosca sedienta bebe de la piscina. (Karma)
La mosca sedienta bebe de la piscina. (Karma)

Y es en una de esas etapas del viaje donde aparece una Adèle Exarchopoulos como uno de esos personajes (todavía más) incorrectos de la filmografía del francés. La actriz de 'La vida de Adéle' interpreta a una de esas niñas bien que acogen a los dos tarambanas en su casoplón familiar y la única en el grupo que desconfía de ellos. El problema: que nadie la cree porque después de sufrir un accidente esquiando su cerebro no se recuperó de las secuelas y, en consecuencia, habla a gritos, no tiene filtro a la hora de decir cualquier incomodidad y tampoco es capaz de reprimir sus impulsos sexuales. Sin duda, el personaje cómico más extremo de la actriz francesa, que ha demostrado en su carrera preferencia por proyectos de riesgo.

Después de pasar por el Festival de Venecia y por Sitges, casi un año después de su presentación al público festivalero, 'Mandíbulas' llega por fin a la cartelera española destruyendo convenciones a base de subnormalidades que esconden un trabajo autoral profundo y elegante y muchas ganas de reírse de uno mismo y de los demás en el mejor de los sentidos posibles. ¡Larga vida al otro Quentin, que es este!

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