'Chaos Walking': cómo elegir un buen punto de partida... y lograr una mala película
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'Chaos Walking': cómo elegir un buen punto de partida... y lograr una mala película

El filme distópico acaba resultando intermitentemente pasable, aunque no lo suficiente como para justificar ni el tiempo ni el dinero invertidos en él

placeholder Foto: Un fotograma de 'Chaos Walking'.
Un fotograma de 'Chaos Walking'.

Los derechos para hacer una adaptación cinematográfica de ‘El cuchillo en la mano’, primera entrega de la serie de novelas juveniles creada por Patrick Ness, fueron adquiridos en 2011; en su día, el mismísimo Charlie Kaufman fue contratado para escribir el guion, y posteriormente vieron la luz una plétora de nuevos tratamientos a cargo de otros tantos escritores. El director Doug Liman completó una primera versión de la película en 2017, pero las reacciones que ese montaje provocó fueron tan negativas que, a lo largo de los años siguientes, se filmaron escenas adicionales y se llevó a cabo un proceloso trabajo de remontaje. El proceso fue tan largo y dramático que bien podría llevarse al cine, y el resultado seguramente sería mucho más interesante que ‘Chaos Walking’.

La película cuenta la historia de un mundo distópico futuro en el que unos adolescentes se enfrentan a un sistema corrupto; en otras palabras, representa un intento completamente obsoleto de explotar el éxito de la saga ‘Los juegos del hambre’, y para ello combina elementos de la ciencia ficción y del wéstern. Su acción arranca en Prentisstown, ciudad fronteriza de un planeta llamado Nuevo Mundo y colonizado por humanos. El lugar se parece bastante a la Tierra, al menos si no se tienen en cuenta ni su extraña fauna ni, sobre todo, la anomalía metafísica que allí tiene lugar: sus habitantes son víctimas de una infección, conocida como el Ruido, a causa de la cual todos sus pensamientos son audibles. Es un mal del que se dice que solo afecta a los hombres, aunque Todd (Tom Holland) no tiene forma de comprobar si eso es realmente cierto porque, al parecer, todas las mujeres de la colonia fueron aniquiladas por las criaturas del planeta.

Tráiler de 'Chaos walking'

A pesar de que la estrategia visual y sonora que Liman usa para representarlo es confusa, a ratos francamente fea y por momentos irritante, el Ruido es una premisa sin duda prometedora, y durante la primera parte de su metraje la película parece interesada en sacarle partido, planteando algún debate filosófico y explorando cómo los moradores del lugar llegaron allí y cómo algunos de ellos controlan sus pensamientos y los usan en su beneficio, escondiéndolos o deformándolos a su antojo —de hecho, esa facultad es la herramienta de poder esencial de David Prentiss (Mads Mikkelsen), el siniestro líder de la ciudad—; llegado el momento, sin embargo, todas esas consideraciones se dejan de lado.

Un día, un vehículo espacial protagoniza un aterrizaje forzoso en Nuevo Mundo. En ella, viaja Viola (Daisy Ridley), que forma parte de un nuevo movimiento de migrantes y que ha vivido toda su vida en el espacio; al ser una mujer, no se ve afectada por el Ruido. En cuanto la encuentra, Todd no solo se enamora al instante de ella, sino que es incapaz de ocultar ese sentimiento, y en ese sentido el Ruido funciona como metáfora de una efervescencia emocional típicamente adolescente. La llegada representa una amenaza para Prentiss, que hará todo cuanto sea posible para evitar que Viola contacte con su nave y ponga en marcha así una segunda ola colonizadora, y entonces el relato se convierte en una serie de persecuciones y escenas de acción que están orquestadas con eficiencia por Liman —en cuyo haber, recordemos, hay algunas películas de ciencia ficción muy buenas, como ‘Al filo del mañana’ (2014), pero también otras muy malas, como ‘Jumper’ (2008)—, aunque no resultan especialmente ingeniosas o sorprendentes.

Intenta abrir tantas líneas narrativas como una temporada completa de teleserie, y ninguna de ellas llega a explorarse adecuadamente

Pero ‘Chaos Walking’ trata de manejar varios elementos más. En menos de dos horas de metraje, de hecho, intenta abrir tantas líneas narrativas como una temporada completa de teleserie, y como resultado ninguna de ellas llega a explorarse adecuadamente. Liman debe manejar los secretos que Prentiss oculta —¿adónde fueron a parar las mujeres de la localidad? ¿Por qué la segunda ola de pobladores no llegó?—, y entretanto esboza no solo una reflexión sobre el fanatismo religioso sino también una crítica contra el colonialismo que, eso sí, se ve saboteada por el desinterés absoluto de la película en los nativos de Nuevo Mundo. Pero, sobre todo, ‘Chaos Walking’ pretende funcionar como condena del machismo y la misoginia, y como demostración de que promover visiones estereotipadas de la masculinidad tiene consecuencias destructivas, y lo deja claro de la forma inconfundiblemente tosca —incluir a un personaje que llevara escrita la frase 'el patriarcado es malo' en la camiseta habría resultado más sutil—; a efectos prácticos, en todo caso, usa el asunto como mero telón de fondo.

Quizá todos esos déficits resultarían menos flagrantes si los pensamientos de los personajes no fueran usados solo como vehículos para hacer avanzar el argumento sino también como oportunidades para la exploración psicológica, si los villanos no fueran tan unidimensionales o si alguno de los actores realmente diera la impresión de tener cierta idea de lo que significan las palabras que salen de sus bocas; en ese sentido, Ridley probablemente sale mejor parada que sus compañeros de reparto, más que nada porque la confusión que su rostro expresa al menos está en consonancia con las circunstancias de su personaje, aunque también por el aplomo con el que luce la terrible peluca rubia que algún desalmado escogió para ella. Pese a todo, ‘Chaos Walking’ acaba resultando intermitentemente pasable, aunque no lo suficiente como para justificar ni el tiempo y el dinero invertidos en ella ni, por supuesto, las secuelas que sus productores sin duda tenían en mente cuando se embarcaron en su producción.

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