'Nuevo orden': un filme bestial sobre la guerra final entre ricos y pobres que no ganará nadie
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'Nuevo orden': un filme bestial sobre la guerra final entre ricos y pobres que no ganará nadie

La última película del mexicano Michel Franco tiene intención profética: si no afrontamos urgentemente los problemas que nos acechan, estamos abocados al desastre

placeholder Foto: Naian González Norvind y Fernando Cuautle, en 'Nuevo orden'. (A Contracorriente)
Naian González Norvind y Fernando Cuautle, en 'Nuevo orden'. (A Contracorriente)

Cuando Michel Franco empezó a trabajar en él, no podía imaginar qué relevante llegaría a ser su sexto largometraje en el momento de su estreno, casi siete años después, cuando por todo el mundo se agranda la distancia entre los ricos y los pobres y los movimientos autoritarios ganan adeptos promoviendo el odio. El riesgo de colapso social es especialmente acuciante en su México natal, un país infestado de racismo en sus estructuras y sus instituciones, pero, en todo caso, ‘Nuevo orden’ plantea cuestiones de alcance internacional. Y lo hace con una intención profética: si no las afrontamos urgentemente, advierte la película, estamos abocados al desastre.

A través de ficciones como ‘Después de Lucía’ (2012) y ‘Chronic’ (2015), Franco siempre se ha mostrado especialmente preocupado por los brutales efectos de los desequilibrios de poder, pero nunca antes lo había hecho de forma tan explícitamente política. ‘Nuevo orden’ es asimismo una obra excepcionalmente ambiciosa, en la que la austeridad estilística típica del mexicano es reemplazada por el tipo de movimientos de cámara y de montaje nervioso a que un relato protagonizado por disturbios, saqueos y derramamientos de sangre invita. Y también es su película más impactante y provocadora —decir eso es decir mucho—, desde esas imágenes que la abren, en que se muestran paisajes urbanos alfombrados de cadáveres aún calientes, enfermos violentamente evacuados de los hospitales y un misterioso líquido que fluye por la ciudad y lo va tiñendo todo de verde.

Tráiler de 'Nuevo orden'

La película transcurre mayormente desde la perspectiva de los poderosos, personificados en una familia rica que al principio de la narración celebra un banquete de boda mientras, al otro lado de los muros de su mansión, las protestas contra la desigualdad económica y racial están provocando atascos y cortes de calles. Los organizadores del evento y sus invitados se comportan como si nada estuviera sucediendo ahí afuera, al menos hasta que alguien abre el grifo del baño y descubre que el agua se ha vuelto verde. Inmediatamente, la casa es invadida por los subversivos y los muertos empiezan a apilarse. Y la brutalidad, lo comprobamos poco después, se ha extendido más allá de las paredes de la vivienda hacia toda la ciudad.

Franco contempla el estallido de violencia con mirada clínica, detallando cómo la venganza de los pobres contra los ricos se convierte rápidamente en un golpe de Estado de signo muy distinto. Los helicópteros se apoderan del cielo y los tanques avanzan por el asfalto, las líneas telefónicas son cortadas y se impone el toque de queda, los muertos y los heridos son retirados de las calles. Y lo que viene después es un infierno de secuestros, torturas y ejecuciones, que en buena medida suceden fuera de nuestro campo de visión, pero aun así causan pavor, y en el que las víctimas son los pobres y los ricos por igual. El viejo orden es sustituido por un Estado militarizado, aún más inhumano y opresor.

La venganza de los pobres se convierte en un golpe de Estado de signo muy distinto

Mientras todo eso sucede, la narración avanza admirablemente concisa y urgente, generando un clima de tensión sostenida y detallando con claridad los sucesivos pasos que conducen al horror nacional. En el proceso, Franco no toma partido. Por un lado, deja clara la arrogancia de la clase pudiente, inconsciente de sus propios privilegios, pero resiste la tentación de caricaturizarla. Por el otro, asume que el espectador empatizará con los revolucionarios, pero no les proporciona verdaderas identidades; no son más que presencias hostiles carentes de conciencia social. Su único objetivo es destruir a sus opresores.

Entre la sucesión de escenas de cataclismo colectivo, ‘Nuevo orden’ contiene la historia de una joven —la novia— que es abducida por el ejército y de los esfuerzos de sus allegados por asegurar su liberación. La película, sin embargo, se muestra tan ocupada en mostrar el alcance global del crimen y la corrupción —la bandera mexicana se deja ver en varias escenas, ondeando a cámara lenta— que poco a poco va perdiendo interés en los personajes individuales, hasta tal punto que los reduce a la condición de meros arquetipos. Del mismo modo, Franco inicialmente plantea varios dilemas morales complejos que, desafortunadamente, quedan enterrados bajo el pandemonio. Y la acumulación de episodios brutales llega a tener un efecto dramáticamente contraproducente, porque hay un punto a partir del que el espectador deja de ser sensible a ellos.

Sea como sea, ‘Nuevo orden’ tiene potencial para cabrear a todo el espectro ideológico. Habrá quienes la consideren una incitación al alzamiento contra el sistema y un insulto a la institución castrense, y quienes por otro lado la verán como una reaccionaria advertencia acerca del desastre al que nos conduciría todo intento de cambiar el ‘statu quo’. Quizás esa sea la mejor prueba de la aterradora eficacia con que la película demuestra que, frente a los problemas que azotan Occidente, no hay soluciones claras.

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