'Cool World': un Brad Pitt veinteañero y una chica animada demasiado sexy
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CRÍTICAS VIEJUNAS

'Cool World': un Brad Pitt veinteañero y una chica animada demasiado sexy

El Confidencial recomienda clásicos ocultos en el mar de las plataformas. 'Cool World' (1992) es un experimento extraño e irreverente que merece un rescate del olvido

placeholder Foto: Brad Pitt y el dibujo inspirado en Kim Bassinger, en 'Cool World'. (Amazon Prime)
Brad Pitt y el dibujo inspirado en Kim Bassinger, en 'Cool World'. (Amazon Prime)

Eran los años noventa y Hollywood abría sus puertas al talento 'friki'. Cineastas hoy tan consagrados como Tim Burton, Kevin Smith y Todd Solondz pasaron de ser los marginados del colegio a dirigir proyectos en una industria en que la imagen y el éxito constituyen el permiso de residencia. Los estudios independientes se arriesgaban a levantar proyectos sin un público objetivo claro y de esa irreverencia creativa, de ese inconformismo desnortado, nacieron películas como 'Cool World' (1992), una ópera pop psicodélica e impredecible dirigida por Ralph Bakshi, pionero de la animación adulta en 1972 con la adaptación al cine del cómic 'El gato Fritz', de Robert Crumb, la primera cinta de animación que recibió la clasificación X en Estados Unidos. A pesar de dichos antecedentes, el productor Frank G. Mancuso Jr. produjo este 'noir' erótico que mezcla imagen real y dibujos animados y que reunió a un Brad Pitt recién salido de 'Thelma y Louise', a Kim Bassinger de carne y hueso y tinta y boli, y a Gabriel Byrne, quien dos años antes había protagonizado 'Muerte entre las flores', de los hermanos Coen.

Tráiler de 'Cool World (Una rubia entre dos mundos)'

Catorce años antes del estreno de 'Cool World', Bakshi epató con su versión animada de 'El señor de los anillos' de J.R.R. Tolkien, la película de animación más larga y ambiciosa que se había hecho hasta el momento, y en la que participó un jovencísimo Burton en uno de sus primeros trabajos como animador. Después del éxito cuatro años antes de '¿Quién engañó a Roger Rabbit?', de Robert Zemeckis, Bakshi consiguió luz verde y un presupuesto desmesurado de 30 millones de dólares de la época, un disparate para una propuesta de dibujos no apta para la familia y, sobre todo, excéntrica, oscura y punk. 'Cool World', por supuesto, se estrelló en taquilla y tuvo unas críticas mayoritariamente negativas y enterró la carrera de Bakshi, que no ha vuelto a dirigir un largometraje para el cine desde entonces.

placeholder Otro momento de 'Cool World'. (Amazon Prime)
Otro momento de 'Cool World'. (Amazon Prime)

Incomprendida en su momento, casi 30 años después, 'Cool World' se reivindica como un clásico imperfecto y libre, una muestra de experimentación —utilizó la animación por rotoscopía, la precursora del CGI— y de un trabajo descarado lejos de cualquier convención, sin atenerse a más reglas de las necesarias para construir una narración cinematográfica. La cinta de Bakshi entra en la categoría de películas nacidas del LSD: filmes psicotrópicos y psicotrónicos que rebosan su propia naturaleza, estridentes, insolentes y mágicos. Quizás hoy, en el imperio de la animación familiar clínicamente estudiada para complacer a los públicos más amplios, este desbarre concebido porque sí y para sí se ha convertido por oposición en una joya en bruto. Ahora puede verse en Amazon Prime.

Como '¿Quién engañó a Roger Rabbit?' —mucho más naíf y contenida que la de Bakshi—, 'Cool World' presume la coexistencia de dos mundos: la realidad, en la que el dibujante Jack Deebs (Byrne) cumple condena por haber asesinado al amante de su mujer, y Cool World, el mundo de dibujos salidos de la mente —las visiones— del propio Deebs. Ambos mundos encuentran un punto de interconexión, una especie de túnel intercomunicador por el que los personajes pueden pasar de una realidad a otra, porque Cool World existe mucho antes de que Deebs comenzase a dibujar a sus habitantes animados.

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Otro momento de 'Cool World'. (Amazon)

El filme también salta hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, cuando el veterano de guerra Frank Harris (Pitt) vuelve a casa de su madre y la sorprende con una vuelta en moto que acaba en un accidente mortal y con Harris teletransportándose al universo animado. La propuesta de Bakshin es mutante y heterodoxa, recurriendo a todo tipo de animación, incluso a personajes conocidos de los grandes estudios de animación en su versión 'top manta'. Su universo es sucio y exagerado, una especie de Las Vegas (todavía más) decadente, donde el crimen, el juego, la mafia y la perversión representan el modo de vida oficial. Los dibujos se transforman, cambian de color, de tamaño, de contorno, en una irrealidad líquida e inasible. Bebés alcohólicos, drogadictos y monstruosos, mujeres enanas, deformes y ninfómanas y, entre ellos, Holli Would, una rubia neumática interpretada por Kim Bassinger —en ella se inspiran los trazos— que actúa como bailarina en un club y que representa todas las fantasías de su dibujante, ¿o fue ella la que entró en los sueños del ilustrador para que la dibujase? La trama es tan simple como el intento de romper la prohibición de que los humanos y los 'doodles' —algo así como 'garabatos'— mantengan relaciones sexuales. El caos llegará a ambos mundos, al pasar sus habitantes de uno al otro promoviendo la anarquía.

Y la música electrónica y machacona de Mark Isham (nominado al Oscar por 'El río de la vida') acompaña este delirio fantástico en inmersivo. 'Cool World' podría considerarse un heredero de Tex Avery pasado de rosca y hasta arriba de alucinógenos y hormonas. Es cierto que la narración es disoluta y que a la animación le falta sofisticación, pero la idea de Bakshi es tan única que los defectos se le perdonan. La osadía, hoy, se vende cara. O no se vende, mejor dicho. El erotismo y el buen mal gusto de la cinta beben de títulos como 'Heavy Metal' (1981), otra genialidad de la animación ochentera, una antología de ciencia ficción salida de la revista homónima. Lejos de la perfección, 'Cool World' merece una reivindicación como una 'rara avis', un filme fascinante por marciano. Ojalá más fracasos como este.

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