RODADA EN BLANCO Y NEGRO EN CIUDAD DE MÉXICO

Arturo Ripstein retrata en 'El diablo entre las piernas' el sexo y el deseo en la vejez

El director mexicano, nacido en 1944, recibe la Biznaga Retrospectiva en el Festival de Málaga y estrena en Europa una intensa película de una pareja que lucha contra su ocaso

Foto: Arturo Ripstein (EFE).
Arturo Ripstein (EFE).

Un matrimonio que apenas se comunica convive en Ciudad de México en una casa destartalada, enorme, antigua, que se cae a pedazos; un hogar que ya no lo es y que durante algún tiempo fue un lugar bello; un refugio que ahora solo huele a polvo y mueble viejo. Los viejos son ellos. Ambos fueron seres carnales y se niegan a dejar de serlo, sobre todo él, que fotografía las nalgas de su mujer y de su amante.

‘El diablo entre las piernas’ es el nuevo filme del mexicano Arturo Ripstein (1944), “un director fundamental del cine contemporáneo, dueño de un territorio personal en el que sobresalen la minuciosidad de los guiones, la expresividad de los planos secuencia, un ritmo pausado y a la vez preciso, y que analiza las emociones”, subraya Juan Antonio Vigar, director del Festival de Málaga.

El sexo y el deseo son los motores de esta acción rodada en blanco y negro, como casi toda la filmografía de Ripstein, con una escenografía más propia del teatro que de una película, pero que no deja de ser cine. “La velocidad es el gran enemigo del lenguaje cinematográfico”, resaltó el director desde su casa de México en una rueda de prensa virtual con el Teatro Cervantes de Málaga, sede del certamen.

El cineasta tenía triplete en el festival andaluz. Al mediodía, la proyección para los medios de comunicación. Por la tarde, encuentro informativo y por la noche recibía (a distancia) la Biznaga Premio Retrospectiva por la noche. Promete estar en el encuentro cinéfilo de 2021. La pandemia no lo ha hecho posible en esta edición.

"El corazón de la mirada es cómo se miran las cosas, una mirada unívoca donde la cámara sea el elemento fundante"

"Alguien me ha dicho que mis películas son lentas. Cuando yo las he hecho no tenía prisa. El corazón de la mirada es cómo se miran las cosas, una mirada unívoca donde la cámara sea el elemento fundante. Me gusta que la cámara fluya. Una de las definiciones del sentido del arte es la fluidez. Eso es lo que más me ha guiado siempre”.

Su cine no se puede entender sin la guionista Paz Alicia Garcíadiego, su pareja. Llevan 35 años juntos. Cuentista de prestigio, siempre buscan primero de qué va el tema para que el proyecto se convierta en inevitable. En ‘El diablo entre las piernas’ los genitales cobran un gran interés, pero sobre todo los olores, la vigencia de atraer y sentirse atraído. La realidad del próximo ocaso.

Un momento del homenaje de ayer en el Teatro Cervantes.
Un momento del homenaje de ayer en el Teatro Cervantes.

Aquí la imagen inicial es la de un hombre mayor que se despierta en su casa con andares pesados y que va a la cama de su mujer y toma la imagen de sus nalgas. Las prendas íntimas resultan ingredientes claves y también la cámara y la empleada de hogar, dos elementos que son testigos directos de ese “reflejo de un reflejo” que arrastra una “profundidad de conceptos”, como detalla Ripstein.

160 días confinado

Garcíadiego, que lleva 160 días encerrado con su pareja en su casa de Ciudad de México por el coronavirus, quería hablar en su guion de “los viejos” en tiempo presente, del rechazo del personaje a ser quien es, con un ritmo deliberadamente lento en el arranque. “Ahonda en el encierro, porque los viejos se encierran”, explica la escritora en una película que no para de dar vueltas, que encuadra y desencuadra a una mujer examinada por su pasado y que se rebela.

Ripstein toma la frase de Picasso (“el color debilita”) para reivindicar otra vez el blanco y negro. “Tiene una belleza infinita de la que carece el color. El blanco y negro es la vida y también la belleza. Los grandes de las fotografía fija toman sus imágenes en blanco y negro. Siempre pienso en blanco y negro”.

El director continúa envuelto en un “laberinto de enigmas”, aquel en el que se adentró cuando su tía le dijo en una reunión familiar: “Ahora que eres grande vas a encontrar tu voz. Fue muy perturbador”. Y en esa perturbación, ese desasosiego (para muchos será sordidez; para otros será arte), se fija esta película construida sin prisa, con sabor añejo; un rabioso amor a contar una historia.

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