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'Día de lluvia en Nueva York': otra película olvidable de Woody Allen

Entre todas las ficciones que el de Brooklyn ha escrito a lo largo de su carrera, esta es la que más desfasada parece estar respecto de la época que describe

Foto: Timothée Chalamet y Elle Fanning son los protagonistas de 'Día de lluvia en Nueva York'. (A Contracorriente)
Timothée Chalamet y Elle Fanning son los protagonistas de 'Día de lluvia en Nueva York'. (A Contracorriente)

En junio del año pasado, después de que Woody Allen volviera a ser acusado por su hija adoptiva Dylan Farrow de haberla agredido sexualmente cuando era niña —son los mismos cargos, recordemos, que ya fueron desestimados por un juez en 1993—, Amazon decidió cancelar el acuerdo de cuatro largometrajes que había firmado con el director a causa del daño que aquel escándalo podría causar a su reputación —entonces él demandó a los estudios y les exigió una indemnización de 68 millones de dólares—; por entonces, Allen ya había completado la primera de esas películas, que inevitablemente se vio atrapada en un limbo. Primero desapareció de las agendas de estrenos de Estados Unidos y Reino Unido y después, poco a poco, se fue vendiendo a varios distribuidores europeos. Como resultado, 2018 fue el primer año desde 1981 en el que no llegó a los cines ninguna película de Woody Allen.

Sin duda, pues, 'Día de lluvia en Nueva York' se ha visto dañada por la polémica pero, en todo caso, al verla es inevitable tener la sensación de que el limitado estreno que está recibiendo es más generoso del que por méritos artísticos merece. Después de todo, no es sino otra más de esas películas supremamente olvidables que Allen lleva tanto tiempo rodando a su manera y que hemos llegado a aceptar en sus propios términos, por inaceptables que estos nos resultaran en relación con cualquier otro director. Y, entre todas las ficciones que el de Brooklyn ha escrito a lo largo de su carrera, esta es la que más desfasada parece estar respecto a la época que describe. En ese sentido, conviene recordar que sus dos películas inmediatamente anteriores, 'Café Society' (2016) y 'Wonder Wheel' (2017), eran relatos de época en los que el potencial para los anacronismos era relativamente menor; aquí, en cambio, se nos ofrece un retrato alternativo de 2019 en el que los jóvenes 'millennials' adoran a Irving Berlin y citan habitualmente a Grace Kelly y Maurice Chevalier, y en el que una cabina telefónica tiene más sentido que un móvil.

Según su premisa argumental, Ashleigh (Elle Fanning) es una estudiante de periodismo sureña que viaja a Manhattan para entrevistar al famoso cineasta Roland Pollard (Liev Schreiber). La acompaña su novio pijo, Gatsby (Timothée Chalamet), decidido a impresionarla con comidas elegantes y cócteles nocturnos y sesiones de pianistas de jazz. Pollard, inmerso en una crisis existencial, se siente fascinado por la joven, que también causa sensación entre un guionista (Jude Law) y un actor (Diego Luna). Como personaje, Ashleigh no tiene ningún sentido: es retratada como una chica con mundo y a la vez como una ingenua patológica, y como una intelectual pero a la vez una cabeza hueca. Por lo que respecta a su chico, es el típico 'alter ego' de su creador: un neoyorquino esmirriado, neurótico y petulante. Su nombre, además de ser ridículo, resulta inapropiado a pesar de las alusiones que la película llega a hacer a la obra magna de F. Scott Fitzgerald; el muchacho trata más descaradamente de parecerse al Holden Caulfield de 'El guardián entre el centeno', que fue educado entre lujos y trata de rebelarse contra su familia.

Dado que el mal tiempo y las crecientes obligaciones de Ashleigh mantienen a los jóvenes separados, un Gatsby cada vez más enfadado y suspicaz pasa la mayor parte del tiempo recorriendo las calles de la ciudad evitando a sus seres allegados, hasta que se entrega a un coqueteo con Shannon (Selena Gomez), la hermana menor de una antigua amiga.

'Día de lluvia en Nueva York' refríe una plétora de clichés allenianos: un trillado triángulo sentimental y reflexiones filosóficas de saldo

Mientras nos cuenta todo eso, 'Día de lluvia en Nueva York' refríe una plétora de clichés allenianos. Incluye, decíamos, un protagonista que perfectamente podría llamarse Woody, y un trillado triángulo sentimental que lo sitúa en medio de una mujer rubia y otra morena, y una serie de reflexiones filosóficas de saldo, y temas como el sinsentido de la vida y las complicaciones del amor, y muchas dosis de cochambrosa nostalgia tanto por una versión de la ciudad titular que ya no existe —y que quizá nunca existió más que dentro de la burbuja en la que siempre ha vivido Allen— como por una cultura en la que los avances románticos de hombres maduros sobre mujeres exageradamente más jóvenes siguen siendo considerados algo jocoso.

En general, la película no es suficientemente seria para funcionar como drama ni posee la gracia necesaria para hacerlo como comedia, y se ve lastrada por todos los esbozos de chistes metidos con calzador en un relato que por lo demás rezuma melancolía y oscuridad. Aunque no solo por eso: buena parte de sus personajes permanecen indefinidos e inconsecuentes y, como es habitual en las películas recientes de Allen, parecen haber sido diseñados por un visitante de otro planeta que ha leído una descripción de los seres humanos pero en realidad nunca ha visto ninguno.

'Día de lluvia en Nueva York'.
'Día de lluvia en Nueva York'.

Es lógico que las interacciones entre ellos sean incapaces de generar la más mínima química. Como resultado de esos y otros problemas —la incongruente fotografía de Vittorio Storaro, por ejemplo—, si 'Día de lluvia en Nueva York' hubiera visto la luz hace dos décadas, sin duda habría sido considerada una de las peores de la carrera de su director. Sin embargo, desde entonces, Allen ha dirigido tantas obras mediocres que por comparación esta es solo una más, en una carrera que vista en conjunto cada vez es menos.

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