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Roures salva a Woody Allen, el apestado de Hollywood: "Me moriré en un plató rodando"

Este miércoles, con motivo del comienzo del rodaje de su último largometraje en San Sebastian, el gran director de cine, que vive un momento convulso, ha presentado 'El festival de Rifkin's'

Foto: Woody Allen, junto a Jaume Roures en San Sebastián. (EFE)
Woody Allen, junto a Jaume Roures en San Sebastián. (EFE)

Woody Allen no tiene quien publique sus memorias. Ni quien estrene en Estados Unidos 'Día de lluvia en Nueva York', que se ha quedado en el limbo de los proyectos de Amazon después de que su hija Dylan Farrow volviese a acusarle en televisión de haber abusado sexualmente de ella en 1992. En Europa se estrenará en otoño. En España, en concreto, el 4 de octubre. Sin el respaldo de la industria estadounidense —muchos de los actores y actrices con los que había trabajado admitieron públicamente arrepentirse de haberlo hecho— y sin financiación en la industria que en el pasado lo aupó a la categoría de genio, el neoyorquino ha encontrado en San Sebastián y en The Mediapro Studio de Jaume Roures la oportunidad de seguir rodando. Como ya predijo en 'Un final made in Hollywood', siempre le quedará Europa.

Para Allen, el movimiento #MeToo, el contexto político y social o las reivindicaciones dentro de la industria son algo, si no ajeno, indiferente. "Mi filosofía siempre ha sido que no importe lo que ocurra, siempre me he centrado en mi trabajo. No importa lo que haya ocurrido en mi vida, con mi familia y mis hijos o las condiciones políticas. Trabajo siete días a la semana y dedico todo mi tiempo a ello. No pienso en movimientos políticos ni sociales, me centro en las relaciones humanas. Probablemente me muera en medio de montar una toma o en el plató rodando", advierte. "No he pensado en jubilarme porque no pienso en jubilarme nunca. No es algo que se me haya ocurrido".

Woody Allen, en San Sebastián. (EFE)
Woody Allen, en San Sebastián. (EFE)

A un día de comenzar el rodaje de 'El festival de Rifkin's' —el título es provisional— en el centro de Donostia, Allen ha presentado el proyecto a la prensa en compañía de Roures y algunos de los actores que encabezan el reparto de esta comedia cinéfila, el quincuagésimo primer largometraje de su filmografía. Entre los protagonistas españoles: Elena Anaya y Sergi López. Del otro lado del charco: Gina Gershon, quien trabaja por primera vez con Allen, y Wallace Shawn, que se estrenó en la gran pantalla junto al director de 'Manhattan' allá por 1979.

Allen llega arrastrando unos zapatones marrones. Viste su habitual combinación de pantalón de pinza caqui, jersey de pico gris y gorro de pescador. Ha permanecido un tiempo mirando su móvil, prácticamente chocando su nariz con la pantalla. A los 83 años, la vista y el oído fallan. En varios momentos durante el encuentro con la prensa pide que le repitan las preguntas. Uno no sabe cuándo no ha escuchado y cuándo no quiere escuchar, pero la realidad es que al terminar su intervención se recoloca unos audífonos.

Roures: "Ya habéis oído que Woody cree que el presupuesto es bajo, yo creo que es alto, pero nunca hablamos de cantidades"

Como siempre, alrededor de la trama de su nueva película hay un silencio férreo. "No puedo contar la historia de la película porque siempre lo mantengo en secreto. Solo puedo adelantar que es una comedia romántica con personas de Estados Unidos que llegan a San Sebastián", adelanta. En teoría, la sinopsis escueta que circula por los medios especializados apunta a un filme de enredo protagonizado por una pareja estadounidense que visita el Festival de San Sebastián y que acaba enamorándose, él de una española —¿Anaya, quizás?—, y ella de un director de cine francés —¿podría ser Louis Garrel?—. Ninguno de los actores presentes abre la boca sobre sus personajes. "Es una bomba", resume Sergi López. "Leí el guion y me parece una de las historias más bonitas que he leído jamás", añade Anaya. "Ayer lo conocí y me parece una persona entrañable, un genio, una leyenda, y me parece un placer ponerme en sus manos". Sobre el presupuesto, tampoco Roures ni Allen adelantan nada. "El presupuesto es el que es", zanja el administrador único de Mediapro. "Ya habéis oído que Woody cree que el presupuesto es bajo, yo creo que es alto, pero nunca hablamos de cantidades".

Después de Barcelona, Allen vuelve a España y cambia la costa mediterránea por el Cantábrico. ¿Por qué? Primero, porque Allen y Mediapro querían volver a hacer otro proyecto conjunto en España. “No me gusta marcharme de Nueva York durante demasiado tiempo, pero pensé en algún sitio en el que pasar un tiempo en verano y recordé San Sebastián de tres o cuatro veces que he venido a festivales”, admite. “Aquí podía disfrutar, y mi familia también, y los meses de rodaje serían placenteros, así que escribí la historia pensando en el Festival de San Sebastián y estructuré una comedia. Vivir aquí es una experiencia y un placer absolutos. El paisaje es hermosísimo y muy pintoresco”.

Woody Allen, en su encuentro con la prensa en San Sebastián. (EFE)
Woody Allen, en su encuentro con la prensa en San Sebastián. (EFE)

"Por necesidad va a haber un cierto homenaje al cine, porque ahí es donde los festivales de cine comenzaron a formar parte del cine", prosigue. "A veces me preocupa que ahora los festivales tienen más que ver con estrellas rutilantes y publicidad, pero antes eran películas especiales y los directores, actores y actrices podían mostrar en ellos su trabajo al mundo y quizá no eran comerciales. Este es un aspecto que se destaca en mi película. Está enmarcada en un ambiente cinéfilo y no quiere evitar este homenaje enorme a los grandes directores y las grandes películas que gracias a los festivales pudieron hacer historia".

Tanto López como Anaya han llegado el proyecto a través de 'castings'. "Quien me acompaña en el proceso hizo una lista de personas que encajaban bien en lo que llevaba escrito", revela. "Sugirió algunos nombres; algunos los había visto. Lo que hicimos fue visionar muchos vídeos y llegamos a la conclusión de que ambos eran los mejores para los papeles que había escrito. Así harán que parezca mejor director de lo que soy".

Gershon: "Estados Unidos ahora mismo es una locura. Son tiempos salvajes. Soy consciente de ser mujer y estoy encantada de estar en la película"

Tanto Anaya como Gershon agradecen la oportunidad que les ha brindado Allen. "A mí me llega una llamada de este señor, que para mí es uno de los mejores directores de este mundo, con un guion maravilloso", explica Anaya cuando le preguntan sobre la controversia que puede provocar trabajar con Allen. "Creo en la vida, creo en la justicia y como actriz soy responsable de los trabajos que elijo. Y esta vez también lo he hecho por quién lo dirige, por los actores que participan y por el guion. A mí como actriz y como mujer me parece una suerte muy grande".

Gershon la apoya. "Estar en Estados Unidos ahora mismo es una locura. Son unos tiempos salvajes. Uno tiene que analizar cada una de las situaciones y pensar y decidir cómo se siente uno respecto a la situación. Yo soy muy consciente de ser mujer y estoy encantada de estar en la película. Hay muchas cosas buenas que están saliendo de este movimiento, pero también hay que mirar los casos concretos".

Imagen de la presentación en San Sebastián. (Mediapro)
Imagen de la presentación en San Sebastián. (Mediapro)

Una reacción muy diferente a la que mostraron intérpretes como Rebecca Hall, Selena Gomez o Timothée Chalamet, que donaron el sueldo percibido por su trabajo en 'Día de lluvia en Nueva York' al fondo de defensa de las víctimas de abusos de Time's Up. "En realidad, no me siento decepcionado", se resigna Allen. "Desde luego yo soy un producto de los grandes actores y actrices con los que trabajo. Siempre he trabajado con grandes actores a los que he dirigido de forma espartana. Hacen grandes interpretaciones y luego me llevo yo todos los piropos", ha esquivado.

En el rodaje, participará un equipo de más de 100 personas y desde el comienzo hasta la fecha de estreno pasarán, como mínimo, “10 meses”, según Allen. “Internacionalmente, vamos a distribuir con Filmnation, y nacionalmente no hemos cerrado nada”, explica Roures. “Tampoco tenemos urgencia; primero queremos terminar de rodar”. De momento, Allen al menos puede felicitarse de haber conseguido rodar su película número 51. Que consiga llegar a los cines, el tiempo lo dirá. Porque por mucho que Allen ignore los cambios que se producen a su alrededor, los movimientos sociales a él no le ignoran.

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