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'Érase una vez en... Hollywood': el inmejorable principio del fin de Tarantino

Si Tarantino realmente está pensando en serio en retirarse en unos años, esta película es una forma inmejorable de empezar a despedirse

Foto: 'Érase una vez... en Hollywood'.
'Érase una vez... en Hollywood'.

Si pregunta usted a 10 voces autorizadas acerca del momento en que Hollywood perdió definitivamente la inocencia, seguro que nueve de ellas mencionan la noche del 8 de agosto de 1969, cuando cuatro miembros de la Familia Manson irrumpieron en una lujosa mansión de las colinas de Hollywood y asesinaron salvajemente a un grupo de personas entre las que estaba la actriz Sharon Tate, novia de Roman Polanski, embarazada. Y por eso es comprensible que el asunto fascine a un cinéfilo como Quentin Tarantino, y que el de Tennessee haya decidido recrear el acontecimiento antes de que sus días de cine lleguen a su anunciado fin. Si sus propias palabras son de fiar, recordemos, se retirará después de su décima película. Esta es la novena.

Por supuesto, no es la primera vez que Tarantino convierte realidad y ficción en sanguinolentos compañeros de cama, ni la primera en la que en el proceso sugiere que el cine, como forma artística y como industria, es capaz de remediar algunas de las imperfecciones de la vida. Aquí, en concreto, encuentra varias maneras —algunas epatantes, otras rotundamente conmovedoras— de hacer que dejemos de considerar a Tate un mero cadáver icónico y la veamos como el bello ser humano que sin duda fue. Dicho esto, ni ella ni Manson son el principal asunto de 'Érase una vez en... Hollywood'.

Situada en 1969, la película acompaña a Rick Dalton y Cliff Booth o, dicho de otro modo, a Leonardo DiCaprio y Brad Pitt —exponentes ambos de un tipo de estrellato en vías de extinción—. El uno es un actor televisivo cuyos días de gloria parecen estar contados; el otro, además de su mejor amigo, es su doble en las escenas de acción y, en realidad, algo parecido a su asistente. Mientras los contempla pasear por la ciudad de Los Ángeles, entre neones y cócteles al borde de la piscina y barras de bar y 'sets' de rodaje, 'Érase una vez en... Hollywood' captura un momento de transición en que el Nuevo Hollywood se preparaba para destruir al viejo. Sin embargo, la historia podría servir perfectamente como metáfora de la industria del cine de principios de los noventa, cuando Tarantino se consagró como una voz nueva e increíblemente estimulante, o de la actual, invadida por superhéroes. Después de todo, recordemos, el director ha dicho que se retira.

La certeza de que al final de la película acabará muriendo gente envuelve toda la historia de un aire siniestro pero, a decir verdad, durante buena parte de su metraje 'Érase una vez en... Hollywood' transcurre afable y relajada, llena de sol y color y humor. Pero lo más relevante de ella es que, mientras lo hace, también ofrece conmovedoras reflexiones sobre el oficio de actor, la condición efímera de la fama y la mala costumbre que la industria tiene de crear ídolos para destruirlos poco después. Resulta irónico que, si todo el cine previo de Tarantino hablaba esencialmente de las películas, la primera de sus obras ambientada en el mundo de Hollywood sea también la primera que sobre todo habla de la vida.

Cartel de 'Érase una vez en... Hollywood'. (Sony Pictures)
Cartel de 'Érase una vez en... Hollywood'. (Sony Pictures)

Y para ello adopta un tono irresistiblemente nostálgico, revelándose como el intento de su autor de entender el mundo que vislumbró filtrado a través de la bruma de la infancia cuando era niño, y de lidiar con todos los cambios que el mundo del cine ha experimentado desde que él se reveló como uno de sus niños prodigio en los noventa. Eso explica que, si por un lado la película maneja algunos elementos típicos en la obra tarantiniana —la batería de referencias pop, el interés fetichista por los pies femeninos—, por el otro aporta novedades cruciales. La narración es enteramente lineal, los personajes se pasan menos tiempo hablando y más pensando y, aunque cada aparición en escena de la Familia Manson logra helarnos la sangre, los momentos de violencia son contados. Además, 'Érase una vez en... Hollywood' es la obra más tierna y cariñosa del director desde 'Jackie Brown' (1997). Por primera vez desde aquella película —¿su obra maestra?—, Tarantino nos propone no solo un mundo en el que él mismo se quedaría a vivir sino uno en el que también hay acomodo para nosotros.

Dicho de otro modo, 'Érase una vez en... Hollywood' podría ser un nuevo principio de no ser porque sabemos que, en realidad, es el principio del fin, y sin duda esa naturaleza elegíaca se refleja en cada uno de sus planos, y de todas esas escenas que nos invitan encarecidamente a pensar en la naturaleza efímera de la vida y en esa capacidad mágica que el cine tiene de permanecer a pesar de todo. Si Tarantino realmente está pensando en serio en retirarse en unos años, esta película es una forma inmejorable de empezar a despedirse.

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