ESTRENOS DE CINE

'Yo, mi mujer y mi mujer muerta': pero, ¿conoces realmente a tu pareja?

El sevillano Santi Amodeo dirige a caballo entre Argentina y España esta dramedia que arranca con la muerte de la mujer del protagonista, interpretado por Óscar Martínez

Foto: Ingrid García Jonsson y Óscar Martínez en 'Yo, mi mujer y mi mujer muerta'. (ConUnPack)
Ingrid García Jonsson y Óscar Martínez en 'Yo, mi mujer y mi mujer muerta'. (ConUnPack)

Una persona puede ser ella misma y la contraria. Depende del tamiz de la mirada del otro. Depende de la imagen proyectada. Porque cómo somos en realidad no lo sabemos ni nosotros mismos. En 'La caja de música', Costa-Gavras planteó la construcción y posterior destrucción de la identidad de su protagonista, un inmigrante húngaro que inmigró a Estados Unidos a finales de la Segunda Guerra Mundial, se integró en la sociedad como buen ciudadano de provecho y, muchos años después, se enfrenta a un juicio en el que lo acusan de ser un criminal nazi. Su familia, sus vecinos, su entorno, de pronto, se encuentran cara a cara frente a un extraño. ¿Cómo digerir la desaparición repentina de lo que presuponemos certezas fundamentales?

Salvando las distancias, 'Yo, mi mujer y mi mujer muerta' también plantea el seísmo que supone ese derrumbe de la verdad, de la identidad de un ser querido. En clave de dramedia —aunque el titubeo tonal es constante—, el director sevillano Santi Amodeo coloca a Bernardo, un arquitecto y catedrático de la Universidad de Buenos Aires psicorrígido y ensimismado, ante la dicotomía de honrar la memoria de su esposa recién fallecida o aceptar que su falta de interés y de cuidado han provocado que la persona a la que ha creído amar es más bien una extraña.

Óscar Martínez en 'Yo, mi mujer y mi mujer muerta'. (ConUnPack)
Óscar Martínez en 'Yo, mi mujer y mi mujer muerta'. (ConUnPack)

Bernardo, tan intransigente hasta para cumplir la voluntad de su mujer, que pidió que incinerasen su cuerpo y arrojasen sus cenizas en Las Marinas, un enclave en la Costa del Sol española cercano a Marbella del que él desconoce la relación con su esposa. Sin embargo, su viudo decide enterrarla en Argentina para que sus cuerpos puedan descansar juntos cuando él muera. Pero después de que unos vándalos profanen su tumba y de un 'accidente' doméstico provocado por la tristeza de haber perdido a su mujer, el hombre decide averiguar por qué Las Marinas fueron tan especiales para ella, Pero en ese viaje descubre mucho más sobre su esposa, pero también sobre él mismo.

Como si de 'Hurra' de Ben Brooks se tratara —pero sin ketamina ni sexo adolescente—, 'Yo, mi mujer y mi mujer muerta' proponen una especie de 'road movie' intercontinental en la que el protagonista descubre que su mujer tuvo una segunda vida secreta. El viaje le lleva primero a casa de su cuñada, que guarda unas cartas en las que la fallecida reconoce el vacío y desencanto que ha supuesto su vida junto a Bernardo. Después a un centro nudista y a una agrupación en la que una vez al año encontraba el consuelo emocional que no le proporcionaba su marido. Y a partir de aquí, Bernardo irá además conociéndose a sí mismo.

Carlos Areces y Óscar Martínez en otro momento de la película.
Carlos Areces y Óscar Martínez en otro momento de la película.

Si el título de la película les recuerda a 'Yo, yo mismo e Irene', no crean que van a encontrar una comedia negra del estilo de la 'gervaisiana' 'Me ha caído el muerto' —otra traducción de título de película desincentivador, por cierto—, sino una mezcla entre drama existencial con moraleja final de superación personal y una cinta de enredos en la que se concatenan situaciones delirantes aspirantes al gag a las que contribuyen secundarios cómicos que, en este caso, interpretan Carlos Areces, un promotor inmobiliario superviviente nato, e Ingrid García Jonsson, una relaciones públicas que aporta la sensibilidad femenina a esta 'buddy movie'.

Cartel de la película.
Cartel de la película.

Ni Carlos Areces ni Óscar Martínez consiguen explotar su incontestable genio para el humor ni Ingrid García Jonsson toma el pulso a un guion en tierra de nadie, que aspira a cubrir tantos frentes que al final no defiende ninguno. 'Yo, mi mujer y mi mujer muerta' busca al mismo tiempo la trascendencia y la banalidad, pero al final se queda en un intento de comedia que se ve arrastrada por los tópicos y lugares comunes y que no acaba de aprovechar las ideas frescas y originales que tiene, porque las tiene.

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