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'La casa de Jack': ¿podrás soportar la película más espeluznante de Lars von Trier?

El director danés se supera en su gusto por la repulsión. Con la 'Divina comedia' como base, Von Trier habla de la naturaleza del mal y de los límites de la moral

Foto: Matt Dillon es Jack en 'La casa de Jack', la última película de Lars von Trier. (Golem)
Matt Dillon es Jack en 'La casa de Jack', la última película de Lars von Trier. (Golem)

'La casa de Jack' es sin duda el trabajo más desagradable de la filmografía de Lars von Trier, y eso, de alguna forma cruel, podría considerarse hasta un logro. Dos horas y media de amputaciones de pechos, estrangulamientos, rostros reventados y cráneos y piernas fracturadas. Dice en un momento la voz en 'off' de Verge, Virgilio (Bruno Ganz), que durante toda la película dialoga con Jack (Matt Dillon), el protagonista, que Jack —y Von Trier— está intentando manipularnos, "y encima con niños, el tema más sensible de todos". Mitad chanza, mitad aviso, el director danés subraya que es consciente de las sensaciones que despierta en el espectador. La cota de perversión de Von Trier en su último filme es difícilmente digerible, por mucho que quiera justificarse con una nueva aproximación a la naturaleza del mal, al sadismo, a las pulsiones, al arte, a la religión, a la fuerza castrante de una civilización egoísta y cínica.

Von Trier no da tregua. Lo que al principio empieza como una comedia negrísima pero efectiva —el diálogo entre Uma Thurman y Matt Dillon del comienzo es una clase magistral de suspense y humor retorcido—, acaba volviéndose una pesada bacanal de salvajadas truculentas sin más sentido que el de la provocación. Porque la forma en que el cineasta danés se acerca a la fascinación, por un lado, de la muerte y la degradación o transformación de la materia y, por otro, de la figura del asesino en serie y los mecanismos mentales que empujan a matar compulsivamente, es hueca e hipócrita, y lleva al público al extremo por simple divertimento.

Matt Dillon protagoniza 'La casa de Jack'. (Golem)
Matt Dillon protagoniza 'La casa de Jack'. (Golem)

Von Trier cimienta este festival de asesinatos en 'La divina comedia' de Dante y en el camino a través del purgatorio y hasta el infierno de la mano de Virgilio y, al igual que la primera está seccionada en cantos, 'La casa de Jack' sigue una estructura capitular. "Con cierta vacilación, dividiré mi narración en cinco incidentes escogidos al azar durante un periodo de 12 años", avisa la voz en 'off' de Jack al inicio, haciendo evidente la esencia de relato del filme, que no deja de jugar con las posibilidades del montaje —cortes de documental, imágenes en negativo, infografías, secuencias 'rebobinadas'— y de la expresividad de los elementos audiovisuales —el uso del 'zoom', de la cámara al hombro, de los planos estáticos, de los colores—.

Jack es un asesino en serie activo en los años setenta y con trastorno obsesivo compulsivo

Jack es un asesino en serie activo en los años setenta y con trastorno obsesivo compulsivo, una particularidad que Von Trier utiliza como recurso cómico: imaginen que descuartizar un cuerpo tiene que ser engorroso, y para un obseso de la limpieza todavía más estresante. Jack, además, es ingeniero y quiere construir su propia casa frente a un lago, diseñada por él mismo, que busca el material perfecto para acabar la obra magna de su vida. Jack es un perfeccionista, un artesano de la materia carnal, un hombre al que la naturaleza le robó la empatía pero le otorgó otro tipo de sensibilidad inusual.

Uma Thurman vuelve a trabajar con Lars von Trier en 'La casa de Jack'. (Golem)
Uma Thurman vuelve a trabajar con Lars von Trier en 'La casa de Jack'. (Golem)

En el primer tercio de la película, el director presenta a Jack casi como un hombre patético, un tipo que en realidad no quiere matar y que es bastante torpe haciéndolo, y que si lo consigue es porque las víctimas son tan sumamente estúpidas o insoportables que se ve abocado a ello. No solo las víctimas, sino también las autoridades: Jack admite que es un 'serial-killer' en varias ocasiones, pero la estulticia de la policía —y el favor del azar— permite que pueda seguir con su colección de cadáveres. El narrador —tanto el autor como el asesino— es consciente de que los personajes a los que mata Jack son imbéciles, y en otro momento del filme, como si quisiera regodearse de ir varios pasos por delante del espectador, su respuesta vuelve a romper la cuarta pared. "Sí, lo sé, he construido unos personajes idiotas", parece decir, "se lo merecían".

"Sí, lo sé, he construido unos personajes idiotas", parece decir, "se lo merecían"

Si Jack puede seguir con su ola de crímenes —como mínimo, 61— es también porque la sociedad se lo permite. "En esta ciudad infernal, en este país infernal, en este mundo infernal, ¡nadie quiere ayudar! Puedes gritar hasta Nochebuena y la única respuesta que vas a tener es el ensordecedor silencio que hay ahora mismo". Aquí, en su crítica hacia la deriva individualista y egoísta de la sociedad contemporánea, Von Trier encuentra algo de terreno sólido para esta nueva cavilación sobre el mal.

Otro momento de 'La casa de Jack'. (Golem)
Otro momento de 'La casa de Jack'. (Golem)

También, y cómo no, el danés se anticipa a las críticas previsibles por centrar el relato de Jack en los crímenes cometidos contra las mujeres que, en todos y cada uno de los casos, provocan más rechazo que empatía. Personajes irritantes que hacen que el espectador sienta cierto amago de justificación de los actos del asesino. Ese es el juego de Von Trier en 'La casa de Jack'. Habrá quien entre, habrá quien no. "Me toca mucho los cojones y lo llevo pensando mucho tiempo, ¿por qué es siempre culpa del hombre?", envida Jack. "Si tienes el infortunio de nacer, encima naces culpable. Piensa en la injusticia que representa. La mujer siempre es la víctima, ¿no?". Y todo eso con un cuchillo en la mano y una mujer amordazada enfrente.

Si eres hombre y tienes el infortunio de nacer, encima naces culpable. Piensa en la injusticia que representa. La mujer siempre es la víctima, ¿no?

Los juegos de palabras del inicio —"Your jack seems broken / no one can repair your jack"; "Tu gato [herramienta] parece que está roto/ nadie puede repararlo"—, el recochineo con la anticipación que hacen las víctimas de su propia suerte —"¿No serás un asesino en serie?"— y la 'slapstick comedy' —o cómo esconder y arrastrar un cadáver— se convierten en una reivindicación del arte como algo que trasciende la moral, una entelequia sublime que está por encima "del bienestar de los humanos", al menos desde el punto de vista del protagonista. Y el director parece estar de acuerdo.

Matt Dillon y Bruno Ganz, en 'La casa de Jack'. (Golem)
Matt Dillon y Bruno Ganz, en 'La casa de Jack'. (Golem)

Jack compara su obra, que es la magia de la construcción a través de la destrucción, con la de Albert Speer y sus construcciones diseñadas como futuribles ruinas y, yendo más allá, el asesinato y el mal como formas de arte extravagante. De nuevo, como provocación, Von Trier recurre a imágenes de archivo reales de fusilamientos, cadáveres y fosas comunes de los exterminios que marcaron el siglo XX.

Cartel de 'La casa de Jack'.
Cartel de 'La casa de Jack'.

Y del documental pasa directamente, sin posibilidad de aclimatamiento, a la pantomima de los 'tableaux vivants' a cámara lenta que ya utilizó en 'Melancolía' (2011), emulando entonces a 'Ofelia', de John Everett Millais, y ahora a 'La barca de Dante', de Delacroix. Y aunque Von Trier avise de que por mucho que uno haya conseguido esquivar a las autoridades terrenales es más difícil hacer lo mismo con las divinas, todo ese viaje filosófico no compensa el malestar y la náusea impregnados en la piel al levantarse de la butaca.

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