Festival de Cannes: Lars Von Trier manda a Cannes al infierno: la gente huye en masa de su película
regresa el hijo pródigo con nueva polémica

Lars Von Trier manda a Cannes al infierno: la gente huye en masa de su película

Declarado persona non grata hace unos años, regresa con 'The House That Jack Built', una cinta de terror extremo que deviene una forma de autojustificación y condena del artista como monstruo

Foto: Lars Von Trier en el festival de cine de Cannes 2018 presentando 'The House that Jack Built'. (EFE)
Lars Von Trier en el festival de cine de Cannes 2018 presentando 'The House that Jack Built'. (EFE)

Lars Von Trier era uno de los cineastas mimados del Festival de Cannes hasta que en 2011 fue declarado persona non grata por unas declaraciones en la rueda de prensa de la presentación de 'Melancholia' en que afirmó que “entendía a Hitler”. Siete años después, regresa a Cannes con una película de terror en torno a un asesino en serie que se erige también en una reflexión moral y filosófica sobre la naturaleza monstruosa del artista. 'The House That Jack Built' se estrena fuera de concurso, lo que supone que no cuenta con rueda de prensa. Así el certamen se evita más comentarios polémicos. Lo que no ha impedido que, a través de su película, Von Trier haya provocado la huida de docenas de espectadores de la premiere oficial (el pase de prensa ha resultado más tranquilo), siga intentado entender el nazismo y acabe arrastrándonos a todos a lo más profundo del infierno.

Buena parte de la filmografía de Lars von Trier otorga el protagonismo a mujeres que sufren. En 'The House That Jack Built' se centra por primera vez en un hombre que inflige sufrimiento. O, como él mismo declara, hasta el momento había filmado a mujeres buenas, esta vez se fija en un hombre malvado. Lo que supone para empezar un cambio de género. De las variantes actualizadas del melodrama que había llevado a cabo hasta el momento, pasamos al territorio del terror y a las películas de psycho-killers. El protagonista, Jack, entronca con toda una tradición de psicópatas que en el cine han sido, y así el film deviene en parte un ejercicio de revisión del género desde cierta ironía. A pesar del ruido que ha provocado su primer pase oficial, la película no resulta más perturbadora en su recreación en la violencia contra las mujeres o en la explotación del efecto shock que otras muestras del género, de 'Frenesí de Alfred Hitchcock a 'Henry, retrato de un asesino' de John McNaughton. El propio director lo reconoce a través de un comentario que el personaje de Verge le lanza al asesino protagonista: “no me vas a explicar nada que no haya oído ya”.

Extraordinario Mat Dillon

Como la mayoría de sus films, 'The House That Jack Built' se estructura en episodios, en concreto en “cinco incidentes” que abarcan 12 años de la vida de Jack, al que da vida un extraordinario Matt Dillon. El itinerario de sangre del protagonista se inscribe, a la manera de 'Nymphomaniac', en un metarelato expresado a través de la voz en off. El film arranca con una pantalla en negro sobre la que escuchamos al protagonista hablar con Verge (Bruno Ganz) sobre sus crímenes. Este diálogo entre la narrativa confesional, la dialéctica filosófica y la terapia psicoanalítica se desarrolla como un contrapunto sobre la historia criminal de Jack para construir un ensayo sobre la naturaleza monstruosa del artista. También como en 'Nymphomaniac', el seguimiento de la vida criminal de Jack está puntuado, además de por unas impagables y continuas paráfrasis del protovideoclip de 'Subterranean Homesick Blues' de Bob Dylan, por digresiones en torno a todo tipo de temas, desde las diferencias entre arquitectos e ingenieros hasta el concepto vitícola de la “podredumbre noble” pasando por referencias a Glenn Gould, William Blake y los genios anónimos de la arquitectura medieval.

El itinerario de sangre del protagonista se inscribe, a la manera de 'Nymphomaniac', en un metarelato expresado a través de la voz en off

Buena parte del discurso de Jack quiere justificar la supuesta naturaleza cruel de toda obra de arte, y por ello recurre, entre otros, a ejemplos ligados con el nazismo. Se permite reivindicar el diseño del avión Stuka, así como la visión de Albert Speer, el arquitecto del nazismo, cuando proyectaba sus edificios con el objetivo prospectivo de que devinieran al cabo de los siglos ruinas tan fascinantes como las clásicas. Y pretende trasladar el concepto de podredumbre noble a las masacres que se justificarían como un mal menor en aras de un bien mayor. El personaje de Verge opone toda una tradición humanista y filosófica al nihilismo y la fascinación por el mal de Jack, y desmonta su tendencia a la idealización del artista loco y/o cruel. También le cuestiona, aunque sin la contundencia necesaria, la misoginia inherente en su relato y en sus actos.

Porque, sobre todo, los dos primeros “incidentes”, la película se identifica con la mirada de Jack, un punto de vista por otro lado fundacional del cine de psicópatas. Durante el primer crimen, la víctima (Uma Thurman) parece darle todas las razones al protagonista para convertirse en un asesino. Mientras que el epílogo del segundo se convierte en un retrato del sufrimiento no de la segunda mujer cruelmente estrangulada sino del propio Jack, afectado de un trastorno obsesivo-compulsivo que le obliga a regresar una vez y otra a la escena del crimen para limpiar posibles rastros.

Los demonios del director

No hace falta ponerse muy psicoanalítico para leer en Jack una proyección de los demonios de propio director. Pero él mismo se encarga de hacerlo explícito en un momento en que ilustra con imágenes de sus películas el discurso del personaje, cuando éste rehuye la idea de que los artistas realicen en sus obras aquellos deseos oscuros que no se atreven a llevar en la práctica en la vida real, y defiende que el cielo y el infierno son una misma cosa. El epílogo o catábasis, como titula él mismo, de 'The House that Jack Built' supone el descenso literal a los infiernos que llevan a cabo Jack y Verge cuales Dante y Virgilio, en el segmento de mayor delirio visual de la filmografía del danés desde alguna escena de 'Anticristo'.

'The House that Jack Built' supone un paso más en la línea que ya habían marcado estos dos films anteriores, 'Anticristo' y 'Nymphomaniac', a la hora de visualizar la experiencia vital y artística como un calvario de tormentos que desemboca en una caída al oscuro abismo de la nada. También la demostración definitiva de que Lars Von Trier crea películas al mismo tiempo arriesgadas y autoindulgentes, provocadoras e infantiles, chocantes y morales, geniales e irritantes. Esta última deviene además un ejercicio explícito de autojustificación y al mismo tiempo de condena por parte de un cineasta que ha construido su carrera artística sobre el sufrimiento de las mujeres. Tras el último plano, solo cabe preguntarse qué película puede rodar Lars von Trier después de esta.

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