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'El blues de Beale Street': otra genial historia de amor y racismo del director de 'Moonlight'

Jenkins parte de la novela 'Blues de Beale Street', de James Baldwin, el autor y activista por los derechos civiles cuya última e inacabada obra, 'Remember This House', también fue llevada al cine

Foto: Stephan James y Kiki Layne, en un fotograma de 'El blues de Beale Street'. (EOne)
Stephan James y Kiki Layne, en un fotograma de 'El blues de Beale Street'. (EOne)

'Moonlight', segundo largometraje de Barry Jenkins y el título que le dio a conocer internacionalmente, se estrenó en un momento más que propicio. Estábamos en 2016, en el punto álgido de la era Obama, y el cine y las series afroamericanas cobraban por fin un protagonismo que apenas habían tenido en la escena hollywoodiense. Además, la campaña #OscarsSoWhite allanó el camino para que más títulos dirigidos y protagonizados por profesionales no blancos entraran en la carrera hacia los Oscar. Finalmente, el filme de Barry Jenkins acabó llevándose la estatuilla a mejor película en el giro de guion más chistoso de la historia de los premios de la Academia de Hollywood. Resulta paradójico que en este año en que la presencia del cine afroamericano entre las candidatas a los Oscar ya no resulta una excepción, 'El blues de Beale Street', la nueva película del director de 'Moonlight', solo haya recibido tres nominaciones a pesar de que reafirma y aumenta las cualidades de la anterior.

En este caso, Jenkins parte de la novela 'Blues de Beale Street', de James Baldwin, el autor y activista por los derechos civiles cuya última e inacabada obra, 'Remember This House', también fue llevada al cine en 2016 por Raoul Peck con el título 'I Am Not Your Negro'. 'El blues de Beale Street' se sitúa en un entorno muy específico y connotado, el barrio neoyorquino de Harlem en los años setenta. Como ya sucedía con 'Moonlight', uno de los atractivos de 'El blues de Beale Street' reside en cómo transita desde otra mirada, la del melodrama romántico, por este territorio que asociamos a un imaginario concreto forjado en el cine por la 'blaxploitation'. La película se centra en la historia de amor entre Clementine 'Tish' (KiKi Layne) y Alonzo 'Fonny' (Stephan James), dos vecinos que convierten su amistad desde pequeños en un sólido romance. Su relación, sin embargo, se ve truncada cuando Fonny es acusado injustamente de violación justo cuando Tish descubre que está embarazada. Con la ayuda de su familia, sobre todo de la madre, Sharon (Regina King), Tish intentará sacar a Fonny de la cárcel.

Al inicio del filme, la voz en 'off' de Tish nos adentra en la historia de su relación con Fonny, un romance vivido con la pureza e intensidad propias de la primera juventud. Desde esta perspectiva evocadora, con esos movimientos de cámara flotantes que recuerdan el cine de Wong Kar-wai y los primeros planos frontales de los rostros de los protagonistas que escrutan al espectador más allá de la diégesis cinematográfica, Jenkins inscribe la historia de amor entre Tish y Fonny en una dimensión espacio-temporal propia. Hay una clara intención de presentar el vínculo entre Tish y Fonny desde la ternura y la belleza en que hemos visto envueltos tantos otros romances cinematográficos, con la peculiaridad de que casi nunca estaban situados en el Harlem de los setenta. La película celebra así la posibilidad del amor en un entorno 'a priori' hostil que, a pesar de todo, acabará marcando a los protagonistas.

'El blues de Beale Street'.
'El blues de Beale Street'.

La estructura no lineal que adopta 'El blues de Beale Street' permite al director regresar a los escenarios evocados en primera instancia desde otra perspectiva a medida que su relación se ve afectada por el racismo estructural en que viven instalados. Uno de los mejores momentos del filme sucede fuera de la narración de Tish, cuando Fonny se encuentra con su amigo Daniel (el gran Brian Tyree Henry de la serie 'Atlanta') y este le explica su experiencia como negro en la cárcel, en un relato en el que pivota en más de un sentido el futuro de Fonny. En breve, él también va a pasar por esta experiencia y lo hará en parte porque no puede utilizar esta charla —que tiene lugar en el mismo momento en que violan a la mujer que le acusará del crimen— como coartada.

El encierro en prisión de Fonny abre las puertas al drama social, pero Jenkins no abandona el registro que ha adoptado hasta el momento. Al contrario de las aproximaciones blancas al tema, aquí no hay lugar para uno esos 'thrillers' judiciales en que un abogado blanco concienciado intenta con más o menos éxito demostrar la inocencia de un joven negro.

'El blues de Beale Street'.
'El blues de Beale Street'.

'El blues de Beale Street' confirma a Barry Jenkins como un cineasta capaz de desarrollar una estética cinematográfica propia desde la que aborda desde otra perspectiva la experiencia afroamericana. A pesar de su claro anclaje en el melodrama romántico, el director evita el remilgo o la ampulosidad emocional. Jenkins se sitúa en la tradición de los grandes maestros del melodrama clásico y contemporáneo, y maneja con destreza los tropos del género, como en ese otro momento en que los jóvenes por fin encuentran un vecino sin prejuicios racistas que les ofrece alquilarles un 'loft' y proyectan una idea de felicidad futura imaginándose cómo van a habitar ese espacio. Al igual que en 'Moonlight', Jenkins templa con maestría el tono de un filme que en su último tramo podría haber desembocado tanto en el triunfalismo buenista (“el amor vence al racismo”...) como en el dramón excesivo (“el racismo vence al amor”...). La escena final resulta un prodigio de emoción estoicamente contenida en un escenario de bruto realismo.

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