Películas: ¡Me encanta este desastre! Las cinco peores películas de la historia y por qué nos fascinan. Noticias de Cine
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¡Me encanta este desastre! Las cinco peores películas de la historia y por qué nos fascinan

En 'The Disaster Artist', James Franco homenajea al responsable de la película apodada como el 'Ciudadano Kane de las películas malas'. ¿Por qué rendimos culto a los bodrios cinematográficos?

Foto: Imagen de 'The Disaster Artist', la galardonada película de James Franco. (EFE)
Imagen de 'The Disaster Artist', la galardonada película de James Franco. (EFE)

'Ed Wood' sigue siendo uno de los títulos más populares de Tim Burton. El director estadounidense rendía con ella un sentido homenaje a uno de los nombres más denostados de la historia del cine, el paradigma del director de serie Z cuya pasión para producir películas es inversamente proporcional a su habilidad para rodarlas. El film de Burton despertó el interés por la filmografía de Wood, conformada sobre todo por cintas de terror y ciencia-ficción llevadas a cabo con cuatro duros más alguna insólita muestra de cine 'queer' 'avant-la-letre' como 'Glen or Glenda'. Antes de que Burton convirtiera su culto en masivo, Wood había sido uno de los protagonistas de 'Películas malas', el imprescindibles ensayo del estadounidense J. Hoberman publicado en la revista 'Film Comment' en 1980, cuando por primera vez se conceptualiza y al mismo tiempo se reivindica desde el mundo de la crítica este tipo de films.

¿Qué entendemos por película mala? Por supuesto, no se trata de dilucidar el valor estético más o menos relativo según épocas, tendencias y puntos de vista de una obra. Hablamos de películas evidentemente mediocres según las normas estándares de la sintaxis y la producción cinematográfica. Films que no respetan la continuidad narrativa, no por subversión autoconsciente (como llevan a cabo los cineastas de la modernidad) sino por simple inoperancia de sus directores. Películas que hacen evidente sus condiciones de rodaje precarias con sus decorados cutres e inacabados, vestuarios reaprovechados que no se ajustan a los actores, efectos especiales caseros, iluminaciones escasas, localizaciones exiguas...

Historias que rompen con el mínimo simulacro de verosimilitud narrativa necesaria en cualquier film convencional. Actores y actrices que se escapan del registro interpretativo habitual o por demasiado histriónicos y forzados o por una inexpresividad más propia de un cadáver... Las películas malas contravienen todas y cada una de las reglas que enseñan ahora mismo en cualquier escuela de cine. Y sus responsables no son conscientes que el público es más que capaz de detectar todos estos errores.

Lo contrario al buen cine

Hoberman sitúa el inicio del culto a estos films entre los surrealistas, que celebraban cualquier subversión al cine narrativo dominante como una posibilidad para adentrarse en ese más allá de la imagen realista. Pero hay que esperar hasta finales de los años setenta, en pleno inicio de la era posmoderna, para que el fenómeno cobre dimensiones masivas. En Estados Unidos, en ese momento se popularizaron las "midnight movies", las sesiones golfas que otorgaban un estatus de culto a films realizados dentro de los parámetros del underground y la contracultura. El ataque frontal al buen gusto de 'Pink Flamingos' de John Waters o la alucinada disgregación narrativa de 'El topo' de Alejandro Jodorowsky eran, al contrario de lo que sucede en las películas malas, actitudes buscadas. Pero las 'midnight movies' normalizaron la experiencia espectatorial basada en el goce consciente de ver un film en las antípodas de lo que se entiende como "buen cine" o "cine de calidad".

En 1978, los hermanos Michael y Harry Medved junto a Randy Dreyfuss, publicaron 'The Fifty Worst Films of All Time', una compilación de desastres cinematográficos que combinaba películas malas, con grandes fracasos en taquilla y obras simplemente heterodoxas. Los Medved contribuyeron a categorizar el cine también desde la perspectiva de su mediocridad, a partir de libros, clasificaciones, 'rankings', premios y festivales de malas películas. En parte anticiparon la moda de los contrapremios, de los Razzies a los Yoga, unas ceremonias que a día de hoy poco tienen que ver con la celebración de las películas malas en tanto resultan más conservadores que los premios oficiales en su castigo continuo (y no reivindicación) a todo film que se desvía del canon de calidad más estereotipado.

Abrazar el desastre

Posiblemente, en las primeras proyecciones de películas malas como tales había más recochineo arrogante que celebración. Pero el culto a la vez divertido y respetuoso por este tipo de films fue extendiéndose y normalizando en los festivales de cine de terror, fantástico y demás géneros habitualmente también condenados a cierto ostracismo por parte de las mentes bienpensantes del cine, y por películas como 'Ed Wood', que rezumaba un cariño contagioso por el mejor peor director de la historia del cine. 'The Disaster Artist' sigue en esta línea de aparcar cualquier atisbo de burla en el retrato de Tommy Wiseau, este hombre misterioso que encarna en cierta manera la idea de sueño americano: no se rinde ante la misión de cumplir su sueño de rodar una película, por desastrosa que esta acabe siendo.

En la actualidad incluso hallamos certámenes como el Festival Internacional de Cinema de Merda, que se celebra desde 2013 en la localidad valenciana de Sueca, y ya desde su nombre e imagen corporativa (un estilizado zurullo) defiende sin complejos las películas malas. Porque, como esos experimentos de la tele, no es aconsejable ver 'The Room' o 'Plan 9 from Outer Space' a solas en casa. Así no suelen trascender su mera naturaleza vulgar y aburrida. La experiencia de las películas malas pasa porque sean disfrutadas en compañía, en tanto el resto de espectadores se convierten en la caja de resonancia de la ironía autoconsciente ante los errores del film y la simpatía que despiertan las figuras de sus directores, emociones que no cristalizan en los visionados en solitario. Las películas malas recuperan así el cine como experiencia colectiva.

Las 5 mejores peores películas de la historia

'The Room' (Tommy Wiseau, 2003)

La última incorporación al culto a las películas malas es esta producción de Tommy Wiseau cuyo accidentado rodaje resigue James Franco en 'The Disaster Artist'. Como sucede con la obra de Wood, la adoración por 'The Room' proviene en buena parte de la figura de su director, un hombre cuya pasión por el cine resulta enternecedora, y las leyendas en torno a su filmación. El film puede presumir de una estética propia de una cinta erótica cutre de los noventa o de una telenovela también de aquella época. Además cumple con la mayoría de características del cine malo: actores recortados sobre el croma, diálogos baratos, entradas y salidas de escena como de función teatral de colegio... Aunque el principal gancho lo supone el propio Wiseau. Con la apariencia de haberse escapado de la versión barata de 'Entrevista con el vampiro', encarna a un banquero (?) cuya novia le engaña con su mejor amigo. El rasgo más significativo del personaje es una ingenuidad narcisista que se expande por todo el film.

'Plan 9 from Outer Space' (Ed Wood, 1959)

El clásico por excelencia de las películas malas firmada por el director incapaz más famoso de la historia del cine. La utilización de metraje reciclado de otros títulos de Bela Lugosi, la reencarnación del personaje de este actor por parte de otro que no se le parecía demasiado cuando Lugosi falleció, los decorados propios de un taller infantil de trabajos manuales, los ovnis pintados de plata y sostenidos por alambres visibles, los diálogos apenas audibles, la mezcolanza de estilemas de diferentes géneros, los sustos irrisorios... y el encanto de todo ello, la han convertido en el paradigma de mala película.

'El hombre que salvó el mundo' (Çetin İnanç, 1982)

Más conocida popularmente como 'La guerra de las galaxias' turca, esta 'space-opera' se hizo notoria por depredar sin ningún tipo de pudor buena parte del metraje y la banda sonora del blockbuster de George Lucas, además de por las caracterizaciones delirantes de los personajes (esos esqueletos guerreros) y la ininteligibilidad de los diálogos y la narración en general. Estas estrategias de relectura y apropiación son habituales en cinematografías alejadas de Hollywood que bien tienen que combatir con sus escasas armas la enorme competencia que supone para ellas el cine estadounidense o bien quieren replicar unos taquillazos mundiales que por motivos políticos o religiosos no llegan a estrenarse allí. Los 'remakes', versiones coste cero, adaptaciones nacionales o remontajes 'sui generis' de títulos famosos a la manera de Nollywood (Nigeria), Bollywood (India) o Nothingwood (en el reciente Festival de Gijón se pudo ver el documental homónimo dedicado al Ed Wood de Afganistán) dan para una categoría propia dentro de las películas malas.

'Sharknado' (Anthony Ferrante, 2013)

Al popularizar la idea de 'high concept', 'Jurassic Park' trasladó al cine de gran presupuesto lo que había caracterizado durante décadas al cine fantástico de serie Z: venderse a partir de una idea loca que justifique todo el film. Por ejemplo, ¿por qué no una película de catástrofes donde el tornado que arrasa una ciudad esté compuesto de tiburones vivos? Sharknado demuestra que el cine de bajo presupuesto encontró un nuevo hogar en la televisión (canales como SyFy son una mina para los amantes de las malas películas), desde donde sigue entroncando con el legado de dos de las grandes productoras de buen cine malo: la de Roger Corman, el elegante patriarca del cine 'high-concept' de bajo presupuesto, y la Cannon, el estudio fundado por dos primos israelíes que en los ochenta pobló las carteleras con algunos de los títulos más delirantes de la época.

'Supernova' (Juan Miñón, 1992)

La contribución española a la lista nos permite hablar de otra subcategoría de las películas malas: el cine 'camp'. Aquellos títulos que se desvían del canon normativo no por defecto sino por exceso, de 'The Rocky Horror Picture Show' a 'Flash Gordon'. Este vehículo a más gloria de Marta Sánchez en el momento en que aspiraba a ser la Madonna ibérica lo tiene todo para ser degustado como una golosa película mala: un delirante argumento inspirado en la clásica 'Metrópolis', un 'mad doctor' a quien Javier Gurruchaga encarna con su habitual lubricidad inquietante, un erotismo entre naíf y sofisticado, un abanico de referentes a la cultura pop que va desde la ficción gótica al cómic, un culto sin paliativos a la figura de la diva musical y un tono entre el homenaje y la parodia no sabemos hasta qué punto autoconsciente.

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