Cogorzas, lluvias doradas, strippers... el gran desmadre de las malas madres

La segunda entrega de 'Malas madres', que se estrena esta semana, certifica el buen momento de la comedia del desenfreno protagonizada por chicas. Las mujeres por fin pueden divertirse

Foto: 'El gran desmadre. Malas madres 2'
'El gran desmadre. Malas madres 2'

En el cine, la diversión ha sido siempre cosa de hombres. Las juergas locas, las escapadas a Las Vegas, las despedidas de soltero, las borracheras hasta perder la conciencia o las noches sin fin las han protagonizado grupos de amigos en los que raramente se invitaba a una mujer. Solamente en las comedias adolescentes o universitarias las fiestas son mixtas en tanto se trata de espacios propicios para el intercambio sexual.

Más allá de la comedia adulta, el cine de Hollywood ha perpetuado también en el resto de géneros la idea de que la vida concebida como algo excitante era un territorio vetado a las mujeres. Eran los personajes masculinos quienes se embarcaban en aventuras por territorios exóticos, vivían la tensión de atracar un banco a contrarreloj, cabalgaban a la conquista de nuevos horizontes o se enfrentaban a monstruos de todo tipo.

Las mujeres quedaban circunscritas al espacio doméstico y al ámbito de las emociones en lugar de la acción: ellas eran la esposa fiel que espera el regreso del marido oteando el horizonte desde el porche, el “descanso del guerrero”, la madre cuidadora, la novia que escribe cartas... En definitiva, el objeto de atracción sexual y/o la pareja de un amor romántico. Pero en casi ningún caso la compañera de la diversión. Excepto en la screwball comedy, ese género que aprovechó los últimos años de libertad moral en Hollywood, antes de que el código Hays impusiera su código de puritana conducta, para concebir unas parejas románticas en que hombre y mujer se atraían en relativa igualdad de condiciones y podían divertirse juntos. Es más, en ningún otro género la pasión entre los protagonistas viene sellada por el hecho de que comparten la excitación de la aventura, la juerga o el trabajo, como sucede en títulos como 'Luna nueva' o 'La fiera de mi niña'.

La Nueva Comedia Americana, la corriente más importante de cine cómico surgida en Estados Unidos en los últimos años, le daba una vuelta de tuerca a esta idea de la diversión como un territorio exclusivamente masculino. Títulos como 'Virgen a los 40' de Judd Apatow resumen la idea central de todas estas películas: el miedo del hombre a ser adulto. ¿Y quién representa en buena parte de la NCA la idea de domesticación, de vida estable, de renuncia obligada a las pasiones juveniles? La pareja o futura esposa. La mujer, en definitiva, no solo no está invitada a la fiesta. Además encarna la institucionalización de todo aquello que no es divertido, es el agente del orden de ese nuevo estado vital llamado madurez. Por eso, como demuestra una de las obras cumbres del género, 'Resacón en Las Vegas', las juergas se corren en la complicidad excluyente del grupo de amigos y lejos de las parejas estables. Las chicas tienen lugar en la farra como profesionales del ocio o como misteriosas desconocidas que despiertan la atracción sexual de los protagonistas. Las mujeres solo aparecen, por tanto, al servicio de la diversión de los chicos. No se divierten nunca para ellas mismas ni tampoco transgreden los límites de ese decoro que marca la obligación de complacer a la mirada masculina.

Secuencia de 'La boda de mi mejor amigo'.
Secuencia de 'La boda de mi mejor amigo'.

Solo quieren divertirse

Todo esto empezó a cambiar con 'La boda de mi mejor amiga' (2011) de Paul Feig, que contó con dos genias del humor en el guion, Annie Mumolo y Kristen Wiig, esta última también protagonista principal. Feig y compañía ponían patas arriba las rutinas de las comedias nupciales para demostrar que las chicas también querían y podían divertirse no solo a lo grande, también a lo bruto. Así, el film marca los tres pilares básicos de la comedia del desmadre femenino. El protagonismo recae en las mujeres y es colectivo: ellas se lo pasan bien juntas, y de paso dirimen los roces de sus propias relaciones, porque estas son también películas sobre la amistad entre féminas. El objetivo de la fiesta es la diversión en sí misma y no acabar casándote con alguien. Y la transgresión en el lenguaje y el comportamiento deja de ser un privilegio masculino. Por ello, el momento cumbre de 'La boda de mi mejor amiga' es la escena en que el grupo de amigas acaba cagándose, literalmente, en los vestidos de boda. El humor grosero como subversión de los códigos de las comedias de boda.

'Despedida de soltera' (Leslye Headland, 2012), 'Hermanísimas' (Jason Moore, 2015), 'Malas madres' (Jon Lucas y Scott Moore, 2016) y su reciente secuela, 'Una noche fuera de control' (Lucia Aniello, 2017), 'Girls Trip' (Malcolm L. Dee), pendiente de estreno en España, y las ya tres entregas de 'Dando la nota' si pensamos en clave de comedia universitaria, son ejemplos de este boom de la comedia de chicas que solo quieren divertirse.

Tina Fey y Amy Poehler dándolo todo en 'Hermanísimas'
Tina Fey y Amy Poehler dándolo todo en 'Hermanísimas'

'Despedida de soltera' y 'Una noche fuera de control' parten ambas de la típica fiesta prenupcial de amigas de la novia para moverse por momentos en territorios más oscuros. La primera muestra el lado menos complaciente de sus adineradas protagonistas. La segunda parece inspirarse en 'Very Bad Things' al girar hacia el humor negro tras la supuesta muerte accidental del striper invitado. En ambos casos parece que las películas resulten menos indulgentes con sus protagonistas que sus homólogas masculinas, lo que no las beneficia. Paradójicamente, en un género que por momentos juega a la inversión de roles, lo mejor de 'Una noche fuera de control' es como presenta al grupo de chicos como hombres sensibles que pasan sus horas juntos realizando actividades delicadas como degustar vinos.

'Girls Trip', donde un grupo de cuatro amigas se escapa a Nueva Orleans para divertirse juntas tras unos años sin apenas estar en contacto, es la más transgresora en lo que a escenas de desenfreno, humor grueso y sexual se refiere, con esos momentos en que dos de las protagonistas se mean encima de los transeúntes de la ciudad mientras practican con una tirolina o la clase improvisada de sexo oral con un pomelo. Mientras que 'Hermanísimas', protagonizada por dos jefas como Tina Fey y Amy Poehler, es la que más comulga con la filosofía de que una fiesta no es una fiesta si no desemboca en el más absoluto de los caos. Las dos entregas de 'Malas madres', por su lado, se centran en la necesidad de esas mujeres sometidas a la presión de ser madres ejemplares de desmarcarse de sus obligaciones. Pero también resultan las más conservadoras de todas ellas en tanto no les interesa liberar a las mujeres de sus roles impuestos como marcarles los límites de ese espacio y tiempo para el desfase.

Secuencia de 'Malas Madres 2'
Secuencia de 'Malas Madres 2'

El paréntesis del desmadre

Bienvenido sea el placer de escuchar cómo en las películas de Hollywood las mujeres se desatan haciendo chistes sobre la regla, la sequedad vaginal, el agujero del culo, la depilación púbica, el cunnilingus, el tamaño desproporcionado de algunos penes o el envejecimiento del propio cuerpo, así como el goce de verlas bailar hasta la locura, cagarse o mearse encima, vomitar en las situaciones más inadecuadas o hacer el más absoluto de los ridículos puestas hasta arriba de cualquier tipo de droga.

Algunas de estas películas, sin embargo, también dejan claro que estos momentos de desmadre que se les concede, por fin, a las mujeres en el cine no son tanto una arma de liberación como un paréntesis para recargar pilas antes de seguir con sus vidas tradicionales. Todavía falta que nos llegue el film donde, a la manera de ese clásico moderno que es 'Las margaritas' de Věra Chytilová, las protagonistas se diviertan hasta acabar con sus posibilidades de ser otra vez unas buenas chicas.

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