ESTRENOS DE CINE

'Un traidor como los nuestros': el mafioso que escapó del frío

Ewan McGregor protagoniza una eficaz aunque un tanto sosa adaptación de una de las últimas novelas de John le Carré

Foto: Fotograma de 'Un traidor como los nuestros', de Susanna White.
Fotograma de 'Un traidor como los nuestros', de Susanna White.

La nueva traslación al cine de una novela de John le Carré arranca, tras un prólogo en Rusia, con una situación de lo más hitchcockiana. Perry (Ewan McGregor), un profesor universitario de literatura que se encuentra con su esposa, Gail (Naomie Harris), de vacaciones en Marrakech (donde tenía lugar también la segunda versión de 'El hombre que sabía demasiado'), entabla amistad con un ruso misterioso, Dima (Stellan Skarsgård).

Perry y Gail son una pareja de lo más normal y corriente que han organizado esta escapada romántica para remontar una crisis matrimonial. Incluso así, cuando Gail se ausenta por una llamada de trabajo, él acepta la invitación de Dima a una fiesta. En la velada de lujo, Dima queda impresionado por una muestra de valiente caballerosidad por parte del profesor británico. A los pocos días, el ruso acude a Perry para pedirle un favor. Así, Gail y Perry acaban metidos en un embrollo que implica al Gobierno de Londres, a sus servicios secretos y a la mafia rusa...

'Un traidor como los nuestros': el mafioso que escapó del frío

En otra adaptación de Le Carré, 'El sastre de Panamá' (2001), el director John Boorman fichó como protagonista a Pierce Brosnan, por aquel entonces todavía el James Bond cinematográfico. La jugada permitía marcar las diferencias entre la ficción de espías mixtificada a la manera de Ian Fleming y la visión mucho más realista, desglamurizada y escéptica del autor de la saga de George Smiley. En 'Un traidor como los nuestros', el protagonismo corre a cargo de ese hombre corriente involucrado en una situación extraordinaria.

En 'Un traidor como los nuestros', el protagonismo corre a cargo de ese hombre corriente involucrado en una situación extraordinaria

Pero, al contrario de lo que sucede en el cine de Hitchcock, no han sido solo las circunstancias las que han forzado a Perry a participar en una trama de espionaje. Aquí juega también una decisión libre y responsable por parte del protagonista, que asume las consecuencias de echarle una mano al tipo que blanqueaba el dinero a la mafia rusa y ahora quiere abandonar el negocio. Los motivos que mueven a Perry no son los habituales: no hay beneficio económico ni amor de por medio, tampoco ninguna amenaza o coacción. Perry actúa por responsabilidad y confianza en otra persona.

Este insólito factor humano, un elemento al que Le Carré sabe otorgar la importancia debida y libre de cinismos gracias a la herencia de su maestro Graham Greene, se convierte en la base de la historia. 'Un traidor como los nuestros' se apoya sobre todo en sus personajes y los vínculos que se establecen entre ellos. De aquí que el trabajo de los intérpretes resulte clave. Mientras que Ewan McGregor y Naomie Harris cumplen en su papel de pareja protagonista que asume un riesgo insospechado, Stellan Skarsgård se lleva la función de calle en su rol de mafioso cansado que ofrece una imagen extrovertida de cara a sus colaboradores mientras organiza la fuga con su familia a Reino Unido.

Stellan Skarsgård se lleva la función de calle en su rol de mafioso cansado que ofrece una imagen extrovertida de cara a sus colaboradores mientras organiza la fuga con su familia a Reino UnidoTambién apetece ver a Damian Lewis ('Homeland') como el agente del MI-6 dispuesto a desenmascarar al traidor en el Gobierno británico que se dedica a los negocios con la mafia rusa. En el siglo XXI, queda claro, las traiciones tienen el color del dinero y no el de la ideología. Pero la película desaprovecha al personaje de Lewis y su poso de tristeza y obsesión, a la hora de imprimir un mayor tono de desquicio existencial al conjunto.

En lo que a adaptaciones de John le Carré se refiere, la reciente 'El topo' (2011), créditos acompañados de Julio Iglesias cantando 'La mer' incluidos, dejó el listón muy, pero que muy alto. Atmosférica, morosa, críptica y desencantada, y con un estilo a la par sobrio y envolvente, la película de Tomas Alfredson se situaba en las antípodas del cine de espías de 'blockbuster'. 'Un traidor como los nuestros' resulta más impersonal en su puesta en escena. Por momentos, la directora Susanna White abusa de los movimientos de cámara ampulosos, al tiempo que se apoya en la espectacularidad de las localizaciones (Marrakech, París, Londres, las montañas suizas...) para otorgar carisma a las escenas.

Cartel de 'Un traidor como los nuestros'.
Cartel de 'Un traidor como los nuestros'.

Pero el filme asume esa característica tan definitoria de las ficciones de Le Carré de sumergirnos en una historia de espías despojada de acción espectacular. Los ropajes (escenarios emblemáticos, agentes implicados, tramas rocambolescas...) son los habituales del género, pero el tono resulta muy diferente.

La película en ningún momento se encamina hacia la acción ruidosa, el romance peligroso o el heroísmo individual. Por el contrario, la tensión se juega la mayor parte de las veces de puertas adentro. Y aunque el pesimismo ante la situación en el mundo es evidente (aunque esta debe ser una de las visiones geopolíticas menos trabajadas por parte de John le Carré), se mantiene cierta fe y optimismo en lo que a la buena voluntad de algunos individuos se refiere. 

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