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La borrachera monstruosa de un juerguista llamado Vigalondo

El director español se alía con Anne Hathaway para rizar el rizo: 'Colossal' es una tragicomedia romántica con jarana nocturna e invitado sorpresa: una prima de Godzilla

Foto: Anne Hathaway en una escena de 'Colossal'.
Anne Hathaway en una escena de 'Colossal'.

Ir al cine a ver una película de Nacho Vigalondo es como ir de farra con tu amigo más fiestero: no ya es que sea imposible saber cómo acabará la cosa, es que el disparate está garantizado. ‘Colossal’, presentada en el Festival de San Sebastián, es el equivalente nocturno a salir a tomarte una copita y acabar 48 horas después haciendo congas desnudo en un descampado: un auténtico desparrame, la madre de todas las juergas cinematográficas. Eso sí, como en todo fiestón sin red, no sienta igual de bien a todo el mundo: hay quien sale del cine echando pestes por la resaca, y hay quien sale eufórico y dando saltos de júbilo (mi caso).

‘Colossal’ -producción internacional, rodada en inglés y encabezada por una gran Anne Hathaway- es una vuelta de tuerca al vigalondismo, religión cinematográfica unipersonal que podríamos definir así: coja usted una coctelera y mezcle el espíritu lúdico de la serie B con el del cine de género de derribo, añádale un chorrito de chufla, romance y fantasía, y agítelo con las ideas más extravagantes, delirantes y sofisticadas que se le ocurran.  Bébase usted este brebaje y le garantizamos que aparecerá usted en una dimensión paralela, una de las obsesiones de Vigalondo, que en ‘Colossal’ vuelve a cortocircuitar el espacio/tiempo como ya hizo en su debut, la estupenda (y extremadamente de culto) ‘Los cronocrímenes’.

A tope y sin frenos

Vigalondo cruza en esta ocasión la comedia romántica con el cine asiático de monstruos haciendo dinamita por el camino el Efecto Mariposa: si el aletear de una mariposa en Pitis puede provocar un terremoto en Chiquitistán,  las borracheras de Anne Hathaway en ‘Colossal’ son capaces de resucitar criaturas monstruosas y destructivas a miles de kilómetros de allí, en una bonita metáfora de muchas cosas; por ejemplo: de los estropicios que puede generar un pedo cuando se te va de las manos. El caos, el caos. 

Nacho Vigalondo a su llegada a San Sebastián
Nacho Vigalondo a su llegada a San Sebastián

 

En la presentación del filme, Vigalondo defendió su obra con su habitual chispa y elocuencia. "Amo la comedia romántica porque siempre me ha hecho disfrutar, pero también la odio por su dimensión política controvertida: las películas que me gustaban de joven hacían un poco apología del acoso, algo con lo que he ido chocando con el tiempo. En todo caso, ‘Colossal’ es una comedia romántica que acaba destruyendo el género", cuenta el director sobre su relación amor/odio con el romance cómico.

 "En mis películas siempre he hablado sobre la masculinidad tóxica, pero esta vez lo he hecho desde la mirada de una mujer", explica sobre el feminismo del filme.  
Sobre la polarización con la que (one more time) ha sido recibida ‘Colossal’, Vigalondo sube la apuesta:  “Para un director es un deber hacer películas en el filo que generen discusión. Desear que tus películas gusten a todo el mundo es como desear comer comida rápida”. 

Para un director es un deber hacer películas en el filo que generen discusión

Como en toda buena farra, las películas de Vigalondo suelen exigir que el espectador suspenda drásticamente la incredulidad para disfrutar del viaje, y en ‘Colossal’, con sus conexiones temporales imposibles, esto es más necesario que nunca.

Es cierto que ‘Colossal’ peca del mismo defecto que otras películas de Vigalondo, que podríamos bautizar como el Síndrome del Capitán Schettino: el comandante Vigalondo hace piruetas inverosímiles durante el viaje, pero le cuesta llegar a destino y suele tirarse en marcha justo antes de que la nave se estampe con todos nosotros dentro.  En otras palabras: la primera parte de ‘Colossal’ es un antológico rodillo de humor surrealista, pero la película tiene caídas en la deriva dramática final, un poco como cuando te baja todo el pedo en medio de la rave (y tu amigo fiestero se ha ido cinco minutos antes a la francesa).

Para la historia quedará la última gran gamberrada de Vigalondo: meter un chiste desternillante sobre el fin del reinado de Juan Carlos I  que solo el público español podrá entender. "Lo siento mucho, me he equivocado, no volverá a ocurrir". Lo dijo Juan Carlos I, pero bien podría haberlo dicho Nacho Vigalondo, el director español que ha perpetrado las películas más disparatadas del siglo XXI. Sombreros fuera (y que no pare la party). 

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