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'Money Monster': el 'thriller' fallido de George Clooney y Julia Roberts
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'Money Monster': el 'thriller' fallido de George Clooney y Julia Roberts

Jodie Foster, en su cuarta película como directora, parece incapaz de decidir si su filme es una sátira locuela o una intriga atosigante con un tono da bandazos entre ambos registros

Foto: Fotograma de 'Money Monster'.
Fotograma de 'Money Monster'.

Sobre el papel, 'Money Monster' parece el tipo de película que Hollywood lamentablemente ya no hace: una en que dos estrellas carismáticas dan vida a seres adultos, y que transcurre en el planeta Tierra, y que no incluye explosiones ni superpoderes pero sí cierta dosis de conciencia política. Pero eso, decimos, es sobre el papel. Proyectada sobre una pantalla, en cambio, sin duda resulta ser la más absurda de cuantas películas hay actualmente en la cartelera, y eso sin duda tiene mérito si consideramos que entre ellas hay historias de gigantes que recolectan sueños de los árboles, dioses egipcios que se convierten en robots con cabeza de perro e invasores extraterrestres derrotados por el hermano de Thor.

Tráiler de 'Money Monster'

George Clooney interpreta a Lee Gates, un cínico sin escrúpulos que sale por televisión para dar consejos financieros mientras hace el payaso -las imágenes de sus patéticos bailoteos disfrazado de rapero prometen ser la única contribución de 'Money Monster' a la cultura popular-, sin pensar un solo instante en que sus palabras podrían hacer que los televidentes lo pierdan todo. Eso precisamente es lo que le pasó a Kyle Burdwell (Jack O’Connell), el tipo que al principio de la película, durante la emisión en directo del programa, irrumpe en el plató con una pistola y embute a Gates en un chaleco de explosivos. Así pues, la cuarta película dirigida por Jodie Foster quiere ser mucho más que un simple 'thriller'; también pretende exponer la obscena corrupción de Wall Street y la creciente brecha que separa a los que lo tienen todo de los que solo tienen deudas, y criticar la oportunista sed de espectáculo de la televisión.

¿Secuestros convertidos en circos mediáticos y batallas del hombre corriente contra el sistema? ¿Gente que aprieta el gatillo en un plató de televisión y con ello ejerce la sátira social? Todo eso ya lo hizo en su día Sidney Lumet en 'Tarde de perros' y 'Network'. Pero más que heredera de esos clásicos, 'Money Monster' podría definirse como una versión de 'Speed' adornada de alusiones a algoritmos y demás palabrería pseudofinanciera.

Tras la ruina del captor, no está solo la incompetencia de Gates sino sobre todo una compañía tecnológica que de la noche a la mañana perdió 800 millones de dólares procedentes de sus inversores a causa de lo que su director ejecutivo señala como un fallo informático -un MacGuffin como la copa de un pino que genera muchos diálogos del tipo "Ahora explíquemelo en cristiano"-. La respuesta al misterio de la pasta desaparecida es pasmosamente obvia, pero eso no evita que Foster trate de despistarnos escondiendo información vital hasta el tercer acto. No lo logra. Todo aquel que pasados cinco minutos de película no sea capaz de predecir con exactitud cómo se resolverá todo debería renunciar al cine y buscar otra forma de ocio.

Jodie Foster regurgita la esencia de las finanzas

El mensaje que la trama vehicula resulta tan simplista hoy como lo habría resultado antes de la crisis económica de 2008, y de la del 73 e incluso de la del 29: una y otra vez se nos repite que el mercado de valores está amañado -da igual que, en realidad, las climáticas revelaciones nada tengan que ver con eso-, y esa es toda la hondura con la que 'Money Monster' analiza el estado actual de la economía.

'Money Monster' es más sobre la avaricia de un individuo que sobre las miserias de todo un sistema

Foster y sus guionistas -tres, nada menos- toman las nociones esenciales del mundo de las finanzas, las hacen papilla y luego nos las meten en la boca con una cuchara de café mientras hacen el ruido de un avión con la boca. Con ello quieren encender nuestra indignación acerca de la crisis económica, pero el problema es que por otra parte usan como chivo expiatorio a un solitario villano cuyo hábitat natural sería un 'actioner' de los ochenta o una aventura de 007 de la época de Pierce Brosnan, y no el mundo real de los banqueros y los gestores de fondos de inversión. En última instancia, pues, 'Money Monster' es más sobre la avaricia de un individuo que sobre las miserias de todo un sistema.

placeholder Cartel de 'Money Monster'.
Cartel de 'Money Monster'.

Asimismo, Foster parece incapaz de decidir si su película es una sátira locuela o una intriga atosigante, y en consecuencia el tono da bandazos entre ambos registros. A ratos intenta burlarse de cómo los responsables de los noticiarios solo hacen verdadero periodismo cuando se les apunta con una pistola a la cabeza, o sobre la incestuosa relación entre los grupos mediáticos y los 'holdings' financieros.

Pero al mismo tiempo incluye una bomba, que es el truco más facilón que un guionista puede sacarse de la manga para generar tensión, aunque luego Foster parece empeñada en socavar esa tensión a base de chistes despistados y soluciones narrativas increíblemente idiotas -¿de verdad que un empresario corrupto usaría una barra de chocolate para demostrar que acaba de volver de Suiza?-. Cuando, avanzado el relato, Lee y Kyle deciden salir a la calle y se ven rodeados por centenares de curiosos que toman fotos, y a quienes parece importar un bledo que una bomba podría hacerles saltar por los aires en cualquier momento, la sátira y el 'thriller' logran finalmente destruirse por completo la una a la otra.

Foster parece empeñada en socavar la tensión a base de chistes despistados y soluciones narrativas increíblemente idiotas

Nada de todo eso sería tan grave si al menos los personajes lograran generar cierta empatía, pero no. Kyle no es el símbolo de la crueldad del capitalismo que la película pretende sino, simple y llanamente, un tonto; por mucha conciencia que se le despierte, Lee es tan despreciable al final de la película como lo era al principio; e incluso Patty (Julia Roberts), que da instrucciones a Lee a través de un pinganillo sobre qué decir y qué hacer y que es el personaje que más cerca está de funcionar como conciencia de 'Money Monster', demuestra estar más preocupada por convertir el secuestro en buena televisión que por resolver efectivamente la crisis. En realidad, algo parecido acaba haciendo la película misma: trata a la clase trabajadora como a un convidado de piedra, y ofrece el perdón y la redención a la clase célebre y privilegiada a la que, por cierto, Clooney, Roberts y Foster pertenecen.

Foto: Fotograma de 'Mi amigo el gigante'.
Foto: Fotograma de 'El verano de Sangaile'.

Sobre el papel, 'Money Monster' parece el tipo de película que Hollywood lamentablemente ya no hace: una en que dos estrellas carismáticas dan vida a seres adultos, y que transcurre en el planeta Tierra, y que no incluye explosiones ni superpoderes pero sí cierta dosis de conciencia política. Pero eso, decimos, es sobre el papel. Proyectada sobre una pantalla, en cambio, sin duda resulta ser la más absurda de cuantas películas hay actualmente en la cartelera, y eso sin duda tiene mérito si consideramos que entre ellas hay historias de gigantes que recolectan sueños de los árboles, dioses egipcios que se convierten en robots con cabeza de perro e invasores extraterrestres derrotados por el hermano de Thor.

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