Los Furtivos, en la gala del cine español

La Academia del Cine no sabe de televisión

Lo sentimos, pero la fiesta de los Goya fue un coñazo. Ya se lo advertimos.

Foto: Ignacio Gonzalez, presidente de la CAM, la secretaria de Estado de Educación, Montserrat Gomendio, junto a su pareja y jefe, el ministro José Ignacio Wert (gtres)
Ignacio Gonzalez, presidente de la CAM, la secretaria de Estado de Educación, Montserrat Gomendio, junto a su pareja y jefe, el ministro José Ignacio Wert (gtres)

Algunos lectores de El Confidencial nos han afeado el artículo del sábado. Nos acusan de sectarismo, exageraciones, mentiras y un montón de cosas más. Así es que como testigos presenciales que hemos sido, nos vemos obligados a contar las cosas que sucedieron y alguna consecuencia. Con datos absolutamente comprobables. Y lo sentimos, pero la fiesta de los Goya fue un coñazo. Ya se lo advertimos.

La fiesta se celebró cerca del aeropuerto Adolfo Suarez-Barajas, en el Centro de Congresos del hotel Auditorium. Pese a no haber boca de metro cercana, manifestantes de la Hepatitis C y afectados por el ERE de Coca-Cola allí estaban, recordando a políticos e invitados que ellos siguen en graves dificultades mientras nosotros paseábamos por alfombras rojas virtuales.

El Auditorio albergó a 2.200 invitados sentados; 412 personas relacionadas con el back y front stage; 323 relacionadas con la seguridad, relaciones públicas y prensa. Los académicos somos 1.182, aunque con derecho a voto 1.169. No todos van. Tener película nominada es a veces determinante. Entregaron premios 65 actores y actrices, aproximadamente 3 por cada categoría y Penélope Cruz, que como gran estrella apareció sola en el escenario para entregar el Goya de Mejor película a La isla mínima.

GALARDONADOS GOYA 2015

Vídeo: Los actores hablan sobre el gran año del cine español

 

La ceremonia comenzó puntualmente a las 10  de la noche, aunque desde las 8 andaban perdidos los dos mil asistentes por los pasillos del hall del gran hotel y los diferentes bares, propios de un establecimiento de carretera. Además, personal relacionado con el evento y unos 500 vecinos caza-autógrafos, selfies y similares, todos ellos de Barajas y Coslada. El glamur no se podía resistir y las posibilidades de una copa eran imposibles, si no acompañabas a González Macho, al ministro Wert, Antonio Banderas, Almodóvar o Penélope.

Larga y aburrida

La fiesta, inevitablemente larga y aburrida, tuvo un arranque deslumbrante y un primer acto (de 90 minutos) espectacular, con un Dani Rovira inspiradísimo. En las pantallas una sucesión de besos de todas las categorías. Besos como sacados del armario de asignaturas pendientes de nuestras películas. El espectáculo era ralentizado por las insufribles dedicatorias de los premiados. Una pena que esa apoteosis, como suele suceder, no se guardara para el final. ¿Por qué los premios a los técnicos no se los dan en el curso del año, en fiestas familiares, donde asistan madres, padres, hermanas, cuñados? Incluso se podría ver la cara de rabia de los perdedores, por la mañana y sin maquillar.

Estatuillas repetidas y agradecimientos interminables. Los más largos, los de los cortos. El más lento, el productor de la película premiada: necesita un montador que le quite las infinitas pausas. Poco generoso Cuerda al desvelar el premio al mejor director del año: "Y el premio de 'esto' es para..."

Alex de la Iglesia, Jose Luis Cuerda y David Trueba.
Alex de la Iglesia, Jose Luis Cuerda y David Trueba.

Por otra parte, ninguna mención a Podemos. Ni a los reyes, que no pudieron asistir por razones de agenda soberana, sabia agenda. El vestuario de las actrices, propio de desechos de un show room. Nada que ver con los espectaculares modelos de antaño, donde cada una de ellas lucía lo mejor de su modisto-creador preferido. Sorprendentemente, hemos bajado el nivel de calidad comparable, con alguna excepción, al de las estrellas de Alemania del Este en los ochenta.

La mayoría de los chicos correctos, con esmoquin. Pero esta profesión luce más cuando cada uno va a su aire. Las chicas tienen más osadía. Los del cine, cuanto más desarrapados, parecen más artistas. Los esmóquines para los camareros. Los invitados tenían más aspecto de funcionarios y secretarias que de escritores o directores de cine. Pero, en cualquier caso, la belleza media del cine superior a la del Congreso de los Diputados.

La pandilla que nos hunde

En una de las pausas, que no descanso del espectáculo, pudimos a ver un agalanado Pedro Sánchez, que no obtuvo Goya. Como tampoco lo obtuvieron otros de su oficio que andaban por allí: Cayo Lara, Tony Cantó y Rosa Díez, Ignacio González, José María Lasalle... Bueno, una larga lista de embajadores (los  preferidos del presidente de la Academia), directores generales y, sobre todo, decenas de altos cargos, funcionarios, secretarias de los Ministerios de Cultura, Hacienda y Vicepresidencia del Gobierno, sentados todos entre el público. Una pandilla que nos está hundiendo, que trata de despedazar al cine, que nos culpa de subvencionados, de rojos, de morosos.

Nos miran con menosprecio. Ellos, que no han hecho la ley de desgravaciones fiscales que anunciaron, ni la de mecenazgo; que no pagan en sus ventanillas lo que deben. Que no arreglan lo de la piratería. Y ellos venga a aplaudir a Antonio Banderas, que se nos ha convertido en filósofo optante a sillón de la RAE.

Los actores españoles contentos por este 2014

Vídeo: Los actores opinan: ¿Montoro o Wert?

 

Estos invitados de procedencia administrativa no nos odian, nos envidian. Todos esos políticos de primera, segunda e incluso tercera quisieran ser como nosotros. Tienen hijos que quieren trabajar en cine o televisión. Nos tienen envidia y además ellas sueñan con poseer a X y ellos con besar a Y.

El desastre

A los 120 minutos la irrupción en el escenario de Alex O’Doherty, con su piano eléctrico y varios otros  instrumentos difíciles de identificar, inició un homenaje a la música, y el evento, que marchaba razonablemente, comenzó a desbarrar. En palabras del gran Dani, se perdieron los estribos y empezaron a pesar y contar, sobre todo, las malditas dedicatorias, el discurso vacío obligado y blando del presidente, los números musicales innecesarios y algunos presentadores/as salidos de la Parada de los Monstruos.

A partir de este momento, el público se mantuvo en sus butacas por ver el resultado final del partido, pero jurando no volver a ver una gala en directo. Con una duración de 3 horas 45 minutos, habiendo hecho una antesala de 1 hora y media en pasillos y bares invisibles de un hotel de carretera parece lógico que no queramos repetir.

Pedro Sánchez, ¿a qué ha venido? ¿No decía que 'a trabajar'? Pues trabaja, mamón!

 Al salir abundaba el cabreo y los comentarios sobre los políticos. “Pedro Sánchez, ¿a qué ha venido? ¿No decía que "a trabajar"? Pues trabaja, mamón!”. “¿Y Cayo Lara? ¿Y Rosa Díez? ¿Qué pintan en los Goya unos políticos que nada tienen que ver con nuestro hacer?”.

Gente que no pronuncia la palabra cultura ni durante periodo electoral. ¡Que vayan a las salas! Que paguen sus entradas, como hasta hacen los reyes. Que no se pavoneen en lugares públicos y acontecimientos lúdicos de los que no son parte. Hay mucha hambre, miseria y desesperación en el país, y mucha gente esperanzada en que vuelva a gobernar gente honesta que cumpla sus compromisos. También con la cultura. No deseamos ver a gente como Pedro Sánchez en alfombras rojas. O es posible que creyera que era un casting para encontrar trabajo de galán.

Habrán observado que apenas hemos hecho mención del ministro Wert. Y esa misma actitud fue la que se mantuvo a lo largo de la ceremonia. Esta vez no nos pueden tildar de rojos antisistema. Casi, casi estuvimos educados.

Palabra de televisión

Los triunfadores de la noche resultaron José Antonio Sánchez, presidente de RTVE, por los muchos agradecimientos pelotas que desde el escenario recibió y Enrique Cerezo, que, después del 4-0 de su Atleti al Madrid de Pérez y Fefé, fue quien más felicitaciones recibió, haciendo a muchos pensar que ya era el dueño de La isla mínima.

Soraya Saénz de Santamaría, vicepresidenta del Gobierno, y José Manuel Lara. (EFE)
Soraya Saénz de Santamaría, vicepresidenta del Gobierno, y José Manuel Lara. (EFE)

Premiamos muchas películas comerciales coproducidas por las televisiones privadas en las que los productores reales quedan relegados a la condición de meros ejecutivos. Recordamos con melancolía tiempos en los que había buenas películas innovadoras y de gran calidad artística no sometidas al imperio de lo mercantil.

Después de sus exitosas apariciones en las últimas ediciones, tampoco estuvo Santiago Segura. Hay quien dice que prepara  nueva secuela en la que Torrente se hace cargo de la seguridad de Bárcenas.

Todos los años, ¡ay!, se recuerda a los profesionales desaparecidos. El obituario, naturalmente, provoca un silencio general. Y uno reflexiona. Por ejemplo, en esta ocasión no hubo mención ninguna a José Manuel Lara, accionista mayoritario y capo de Atresmedia –televisión que por fin le gana el gran premio de la noche a Telecinco–, además de fundador y expresidente de Lolafilms. Ni hizo mención de su muerte acaecida hace ahora una semana ninguno de los verborreicos participantes, incluida la representante de Atresmedia, última en tomar la palabra para agradecer a todo y a todos. Menos a él.

Descanse en paz el excelente colaborador del cine español José Manuel Lara.

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