estreno de la última parte de 'el hobbit'

Peter Jackson y el clímax eterno

El director concluye, por ahora, sus adaptaciones de las novelas de J.R.R Tolkien con 'El Hobbit. La batalla de los cinco ejércitos'

Foto: Peter Jackson y el clímax eterno

A sus 53 años Peter Jackson todavía no se ha enterado cómo debe ser un buen clímax. Que dure el tiempo justo, intenso, placentero, que deje saciado pero con ganas de más, con la sensación de haber vivido algo irrepetible. Da lo mismo que sea sexo o cine. El clímax debe ser la culminación concreta y perfecta de lo que ha venido antes, y el clímax, por mucho que el señor Jackson quiera, no puede durar dos horas y media.

Porque eso es lo que se ha propuesto con esta última parte de su trilogía sobre El Hobbit, entregar un largo y apoteósico final que deje extasiado y sin aliento al espectador. La batalla de los cinco ejércitos es, de las tres partes, la que más acusa su condición de filme fracturado. Comienza sin introducción ni calentamiento. Entra a saco. Es la traca final y hay que aprovechar cada segundo.

Peter Jackson cierra su trilogía de ''El hobbit' con un tercer acto tan espectacular como agotadorPero lo poco agrada y lo mucha enfada, y es imposible mantener siempre el nivel de atención y espectacularidad en lo alto. Lo único que se conseguirá es hastío y que el espectador deje de sentirse asombrado por los fuegos artificiales de esta superproducción y mire el reloj constantemente.

Algo lógico, ya que Peter Jackson se ha tomado dos horas y media para contar 50 páginas de libro, sin embargo es en este último acto en el que más acontecimientos ocurren. La acción nunca se detiene. Hay dragones, batallas, muertes, amor, emoción y, por desgracia, sigue habiendo aburrimiento.

La acción continúa donde quedó el filme anterior, con Smaug amenazando la Ciudad del Lago y con una batalla por la Tierra Media a punto de comenzar. El desarrollo de ambas son el centro de una película de un único acto.

La megalomanía del director ha echado por tierra todo lo que consiguió con su primera trilogía sobre El señor de los anillos, conseguir un blockbuster tan espectacular como adulto y entretenido. Conjugaba los momentos íntimos con el derroche visual. Algo que no ha existido nunca en El hobbit.

Aquí solo hay derroche visual, tanto que nunca sabes cómo Jackson va a ser capaz de sorprender al espectador, qué decisión visual será la próxima o qué increíbles set pieces vendrán después. En eso sigue en plena forma. Nadie puede negar que es único rodando grandes batallas de una forma tan pomposa como efectiva y que concibe el cine como espectáculo de una forma única.

Sin nada que contar, sin una historia detrás, las imágenes que uno ve quedan muchas veces más cerca de un videojuego que de un filme con alma y entidad. Y eso que lo intenta poniendo la nota dramática con la historia de amor imposible entre un enano y una elfa, o en la trama paternal de Bardo, el héroe improvisado que ya se dejó entrever en La desolación de Smaug.

Todo mezclado con la atronadora música de Howard Shore, efectiva y machacona. Una montaña rusa con varios picos y muchos valles. Como la propia carrera de Peter Jackson, que pasó de la frescura de sus inicios, a la estabilidad del blockbuster de autor y ahora ha caído a la explotación comercial de los éxitos del pasado.

Todavía tiene tiempo (y mucho dinero) para enderezar una carrera que puede quedar lastrada por la Tierra Media, lugar que paradójicamente le dio la fama y muchos premios Oscar.

 

El Hobbit: La batalla de los cinco ejércitos

Duración: 144 min

Género: Fantasía

Nacionalidad: Estados Unidos Director: Peter Jackson

Intérpretes: Martin Freeman, Ian McKellen, Richard Armitage, Luke Evans, James Nesbitt, Aidan Turner, Evangeline Lilly

Cine
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