ESTRENO DE 'DIOS MÍO, ¿PERO QUÉ TE HEMOS HECHO?'

Ocho apellidos gabachos

Llega a las salas 'Dios mío, ¿pero qué te hemos hecho?'. el nuevo éxito del cine francés

Foto: Fotograma de 'Dios mío, ¿pero qué te hemos hecho?'
Fotograma de 'Dios mío, ¿pero qué te hemos hecho?'

El argumento de Dios mío, ¿pero qué te hemos hecho? se resume en un chiste de cuñados. Un judío, un árabe y un chino casados con un trío de hermanas francesas de pura cepa se alían para que la cuarta de ellas, todavía soltera, no contraiga matrimonio con su novio de origen marfileño. ¿Su objetivo? No matar de un último disgusto a sus suegros, Claude y Marie. Los Verneuil son una pareja de mediana edad, “gaullistas” de toda la vida, según se describe el propio Claude, que encarnan cierto prototipo de francés. Clase-media alta, vida en provincias en un precioso caserón en el campo, católicos practicantes y adhesión a los principios sagrados de la República desde el conservadurismo de derechas.

El director Philippe de Chauveron presenta a la pareja en las sucesivas tres bodas de sus hijas por lo civil con que arranca el film: los Verneuil ponen cara de estar tragándose un sapo cada vez que oyen al funcionario de turno pronunciar los apellidos de sus futuros yernos: Benichou, Ben Assem, Ling... A pesar de todo, deciden “tolerar” el hecho de que sus hijas hayan escogido a franceses con raíces en otros lugares del mundo para casarse. Pero los tres cuñados y sus respectivas esposas consideran que un cuarto matrimonio mixto rompería el frágil equilibrio familiar que tanto ha costado conseguir.

La película más taquillera del año en Francia, 'Dios mío, ¿pero qué te hemos hecho?' se ha convertido en su país de origen en un fenómeno similar al que en España se vivió con 'Ocho apellidos vascos'La película más taquillera del año en Francia, Dios mío, ¿pero qué te hemos hecho? se ha convertido en su país de origen en un  fenómeno similar al que en España se vivió con Ocho apellidos vascos. En ambos casos nos encontramos ante grandes éxitos comerciales de comedias autóctonas que explotan el choque de estereotipos culturales a partir de una boda entre miembros de diferentes comunidades. Aunque, al contrario de lo que sucede en este país, el triunfo del cine nacional en Francia no es ninguna noticia. El estado vecino ha sabido configurar un modelo de cinematografía donde conviven films de todo tipo que además cuentan con su público fiel.

Dios mío ¿pero qué te hemos hecho? además entronca con una tradición de comedia popular gala que poco tiene que ver con cierta idea de cine de autor con que se asocia la cinematografía francesa. No por casualidad, a lo largo del metraje se cita un par de veces a Las aventuras de Rabbi Jacob (Gérard Oury, 1973), un clásico con Louis de Funès donde también se jugaba con los tópicos culturales sin ningún tipo de sofisticación.

Para su exitoso quinto largometraje, Philippe de Chauveron se ha basado en una experiencia propia que extrapola a la realidad de Francia.  El director estuvo casado con una mujer de origen africano en uno de los países  con mayor número de matrimonios mixtos del mundo. Su idea consistía en  plasmar en la pantalla y desde el humor los enredos, prejuicios y conflictos que, como él, han vivido millones de franceses.

Dios mío ¿pero qué te hemos hecho? ofrece el retrato de una Francia multicultural muy poco conflictiva. En una secuencia crucial, los tres cuñados entonan La Marsellesa de cabo a rabo y mano en pecho ante su suegro. Es la demostración definitiva que, a pesar de sus apellidos, pueden considerarse tan franceses como el que más.

En el film, la aceptación se lleva a cabo a través de la adhesión patriótica, mientras que las particularidades culturales resultan casi decorativasEn el film, la aceptación se lleva a cabo a través de la adhesión patriótica, mientras que las particularidades culturales resultan casi decorativas: los cuñados apenas practican sus respectivas religiones, no se muestran especialmente ligados a sus comunidades y conservan ciertas costumbres por mera rutina.

Las diferencias entre ellos se limitan a los cuatro tópicos: Ling es puntual, responsable y pelota, además de un rico emergente; Ben Assem no puede ver a los franceses de origen marroquí (sus raíces son argelinas) y está harto de trabajar como abogado de oficio en una banlieue; y a Benichou todo el mundo le reprocha que no consiga tirar adelante su negocio siendo judío.

Si los tres personajes masculinos son meras caricaturas de las culturas que representan, sus respectivas esposas apenas tienen personalidad propia (excepto por la artista depresiva, para seguir con los lugares comunes) y se limitan a funcionar como “mujeres de”. Solo el matrimonio Verneuil, interpretados con solvencia por Christian Clavier y Chantal Lauby, dispone de cierta entidad dramática.

De Chauveron reserva su arsenal humorístico para la cuarta boda y el encuentro entre los Verneuil y sus futuros consuegros, los Koffi, provenientes de Costa de Marfil. Koffi padre resulta ser tan poco proclive a los matrimonios mixtos como Claude, lo que le permite al director desarrollar la idea base de la película: nadie, sea de donde sea, está libre de prejuicios. Un argumento tan indiscutible de base como tramposo en su desarrollo. El director equipara el racismo de un francés de toda la vida con la susceptibilidad de quien ha vivido la ocupación francesa en su país. Para que Koffi resulte simpático al público, el director lo presenta como un hombre gruñón que en el fondo está enamorado de Francia...

Con una puesta en escena plana y poco imaginativa, y un guion al que le cuesta aportar alguna idea original, Dios mío ¿pero qué te hemos hecho? es tan recomendable como una comida en familia donde los cuñados se dedican a contar ocurrencias llenos de prejuicios.

 

Dios mío ¿pero qué te hemos hecho?

Duración: 97 min

Género: Comedia

Nacionalidad: Francia

Dirección: Philippe de Chauveron

Christian Clavier, Chantal Lauby, Ary Abittan, Medi Sadoun, Frédéric Chau

Cine
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