El infierno de secuestrar a Houellebecq
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El escritor se autoparodia en un filme

El infierno de secuestrar a Houellebecq

El escritor francés protagoniza una película que simula su propio rapto

Foto: Houllebecq interpretándose a sí mismo en el filme
Houllebecq interpretándose a sí mismo en el filme

Atención, pregunta: ¿quién no ha tenido alguna vez fantasías homicidas pensando en Michel Houellebecq (1958)? Aunque al escritor francés se le suele aplicar el calificativo deenfant terrible de las letras europeas, lo correcto sería hablar de grano en el culo o mosca cojonera. Houellebecq, en definitiva, es un personaje antipático (nótese que hablamos de personaje, no de persona, aunque en su casono sea fácil diferenciar).

Houellebecq resulta irritante muchas veces, lo que enerva a sus enemigos y enardece a sus seguidores, quepueden ser incluso la misma persona: el escritor es un mago de la polarización y no es raroencontrar lectores que aman intensamente parte de su obra y odian profundamente el resto.

Hay quien cree, por ejemplo, que su literatura ha ido perdiendo profundidad y espontaneidad desde que debutó con la deslumbrante Ampliación del campo de batalla y se transformó en una polémica estrella literaria (Las partículas elementales) que acabó volcando sus opiniones sobre el mundo (la sexualidad y sus carencias, los límites de la política, los conflictos de la inmigración) en sus últimos libros (Plataforma, La posibilidad de una isla, El mapa y el territorio). Y hay quien cree todo lo contrario...

A Houellebecq, por tanto, dan ganas de premiarle, pero también de abofetearle, según tenga uno el día.

Quizás consciente de que no puede evitar generaruna mezcla deadulación y animadversión, Houellebecq ha decidido coger el toro por los cuernos y autosecuestrarse antes de que lo haga una turbamulta de lectores ofendidos...

Hablamos de una película (¿falso documental?) llamada El secuestro de Michel Houellebecq, protagonizada por el autor, que describe cómo su vida cotidiana se ve alterada tras ser secuestrado por unos torpes maleantes.Aunquequizás no seacorrectodecir que es su vida la que resulta "alterada": esmás bien Houellebecq el que, haciendo gala de su fama de persona arisca y cargante,acabaperturbando la paz de sus secuestradores.

Todo narrado en una sucesión de encontronazos costumbristasno exentos deescenas desternillantes:Houellebecq logra sacar de quicio a sus secuestradores en variasdiscusionesliterarias desobremesa queacaban prácticamente a guantazos...

Resumiendo: ¿hay algúnsecuestrador en la sala? Puesdebería escuchar esto: si tiene usted previsto secuestrar a algún escritor famoso próximamente, evite a Michel Houellebecqsi no quiere que convierta su vida en un infierno. Le acosará reclamándole tabaco y vino cada dos por tres, le hablará sobre su obra sin parar y le atormentará con reproches sobre su modo de gestionar el secuestro. Un auténtico tocapelotas, vaya, aunque acabe ganándose el corazoncito de sus secuestradores por su manera franca de tocar las pelotas...

De eso va, en efecto, El secuestro de Michel Houellebecq, película en la que el escritor no sólo va un paso más allá en la fusión persona/personaje, sino que hace algo mucho más importante: tomarse a sí mismo a chirigota, algo que quizás impulsela recta final de su carrera literaria, dado que todo el mundo (incluido él mismo) parecía empeñado en los últimos años en tomarse demasiado a pechosus escritos...

Pero, ay, con Houellebecq es imposible escapar de la polarización. Otra manera de tomarse el filme es así: estamos anteel enésimo egotrip de un autor encantado de conocerse.

No obstante, el hallazgo fundamental de El secuestro de Michel Houellebecq quizás seael siguiente:

Resulta que detrás del filósofo literario del malestarcontemporáneo había unmaestro de la comedia posmoderna, deesos que hacen reír a base de poner malacara, queno es poco.

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