La doble vida de Walt Disney
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estreno de 'al encuentro de mister banks'

La doble vida de Walt Disney

Una película revisa la relación entre Walt Disney y la creadora de Mary Poppins. Una visión amable tras una sucesión de obras sobre su lado oscuro

Foto: Fotograma de 'Al encuentro de Mister Banks'
Fotograma de 'Al encuentro de Mister Banks'

Atención, pregunta. ¿Hay algo que dé mejor rollo que una coreografía de deshollinadores en los tejados de Londres? ¿Algo que deje mejor cuerpo que ver a una niñera llamada Mary Poppins volando con un paraguas sobre el cielo británico? No, ¿verdad? ¿Quién no ha cantado alguna vez Supercalifragilisticoespialidoso con una corbata en la cabeza? ¿Y a quién le debemos eso? Pues al tío Walt Disney (Chicago, 1901-California, 1966).

De acuerdo, es cierto que la creadora del personaje de Mary Poppins fue la escritora australiana P.L. Travers, así que el mérito es suyo, pero fue Walt Disney quien la engatusó para llevarlo al cine. Esa es precisamente la trama de Al encuentro de Mister Banks, que se estrena hoy, donde Walt Disney (Tom Hanks) se desvive para convencer a una desconfiada y arisca P.L. Travers (Emma Thompson) de las bondades de las adaptaciones hollywoodienses.

El resultado de las gestiones personales de Disney no deja lugar a muchas dudas: Mary Poppins (Robert Stevenson, 1964), la película, es un clásico indiscutible. Un estupendo musical a prueba del paso del tiempo.

Otra cosa es dilucidar si el Disney que aparece en Al encuentro de Mister Banks era el Disney real o una versión edulcorada del mismo.

Aunque el proyecto del filme surgió en Australia, resulta que ha sido el estudio Walt Disney el encargado finalmente de llevar una parte de la vida de su creador a la gran pantalla.

Para colmo, la visión amable del mito llega meses después de que una serie de libros, películas y hasta óperas hayan ofrecido imágenes poco favorecedoras del padre de Mickey Mouse. Coincidencia o no, el caso es que Al encuentro de Mister Banks viene a completar el retrato de un hombre con luces y sombras.

Es muy raro que hasta que Peter Stephan Jungk escribió el libro nadie hubiera hecho ni una obra de teatro ni una película sobre Walt Disney

Hace ahora un año, el Teatro Real estrenó una ópera sobre Walt Disney firmada por Phillip Glass. Se llamaba El americano perfecto, lo que daba idea desde su mismo título de su rol de obra desmitificadora. Lo extraño es que, pese a que Disney murió hace medio siglo, las miradas críticas hacia su vida siguen levantado resquemores. "Es muy raro que hasta que Peter Stephan Jungk escribió el libro en el que se basa el libreto nadie hubiera hecho ni una obra de teatro ni una película. Nada. La razón, creo, es que la empresa Walt Disney es muy fuerte y han querido proteger la vida privada de su creador", señaló Gerard Mortier en la presentación de El americano perfecto.

"¿Quién es realmente Disney: una imagen corporativa, un ser humano, un equipo de trabajo? Eso es lo que quiere exponer esta obra, el debate sobre la identidad múltiple y singular del genio de los dibujos animados", contó entonces el director de escena Phelim McDermott.

Mortier negó cualquier tipo de presión o censura por parte del estudio durante la preparación de la ópera. No obstante, el libro de Stephen Jung, publicado en España por Turner, contiene material potencialmente inflamable.

placeholder Portada del libro

Se trata de una biografía novelada que transita muy lejos de las idealizadas fantasías de parque temático: Walt Disney como empresario hecho así mismo. Walt Disney como capitalista sin escrúpulos. Walt Disney como megalómano que digiere su fama de un modo extraño.

"'Soy un líder, soy un pionero, soy uno de los grandes hombres de mi época'; en su interior, a Walt estas palabras le resuenan como un eco. Esta oración de alabanza de sí mismo se la repite todas las mañanas, mientras está tendido despierto, antes de que salga el sol, desde Blancanieves, desde 1937. 'Mi nombre está en boca de más personas que el de Jesucristo. Millones de personas conocen, por lo menos, una de mis películas. Soy un mito. Mi ratón gusta más que el Niño Jesús y Papá Noel juntos. Es algo que no existía antes de mí: un género artístico, una idea, un concepto, que llega a toda la humanidad, que gusta y deleita a todos. He creado un universo. Mi fama durará siglos'", se lee en el libro. La megalomanía del amigo de los niños.

Igualmente ácida, pero en otro registro, se mueve Escape from Tomorrow, película estadounidense de serie B estrenada hace unos meses en el festival de Sitges. Se trata de un viaje clandestino al corazón de la bestia (y la bella): la película se rodó sin permiso en Disney World, el parque temático de Disney en Orlando (Florida).

“Es una película influenciada por mis circunstancias familiares y por la relación con mi padre. Entonces vivíamos en Orlando. Escape from Tomorrow es mi intento por dar sentido a una infancia artificial marcada por la obsesión con ese falso mundo de fantasía”, contó a El Confidencial el director del filme, Randy Moore.

Tras darle muchas vueltas, los abogados de Walt Disney decidieron no demandar a los creadores de la cinta. Consideraron que era mejor no dar publicidad gratuita a este filme de bajo presupuesto. Si alguien quiere buscar basurilla bajo las alfombras de los mundos de fantasía de Disney, que lo haga desde las mazmorras del underground.

Ahora se cierra el círculo con el estreno de Al encuentro de Mister Banks. Los nubarrones que perseguían los últimos meses al padre de Mickey Mouse se volatizan ahora de la mano de Tom Hanks, ese hombre bueno incapaz de romper un plato. Resumiendo: Walt Disney también tenía su encanto y su corazoncito.

Ahora cojan ustedes sus paraguas mágicos, salgan a volar y olvídense de todo lo dicho en este artículo, pero antes escuchen esto:

Hace unos días Meryl Streep entregó un premio a Emma Thompson (el de la Asociación de Críticos Norteamericanos) por su papel en Al encuentro de Mr. Banks. A Streep se le calentó la boca y, ante el estupor general, calificó a Walt Disney de "misógino, racista y antisemita". Jarro de agua fría al cuento de hadas. Así están las cosas.

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