Bullock y Clooney desafían a la gravedad
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Bullock y Clooney desafían a la gravedad

Tras pasar por Venecia y San Sebastián la película de Alfonso Cuarón llega a los cines españoles convertida en un acontecimiento cinematográfico

Foto: Presentación de Gravity en Venecia (EFE)
Presentación de Gravity en Venecia (EFE)

Dos únicos actores, noventa minutos de metraje casi en tiempo real y el silencio del espacio. Sí, Gravity es lo más parecido a un tour de force que nos puede llegar desde Hollywood y uno de sus grandes estudios (Warner Bros.), más cuando esos actores son dos grandes estrellas como Sandra Bullock y George Clooney y éstas se pasan buena parte de la película enfundadas en su traje espacial, sobre todo Bullock, auténtica protagonista de la función.

Gravity, que inauguró la edición 70 del Festival de Venecia [se estrena hoy en España], es lo que se espera hoy en día de cualquier película inaugural de un gran festival: un director de prestigio, una producción de cierto empaque comercial y una garantía de calidad (mejor lo escribimos entrecomillado: “calidad”, por las dudas). A estos tres principios habría que añadir quizás el 3D, moda a la que este año se han sumado Cannes (El gran Gatsby) y San Sebastián (Futbolín), paradójicamente cuando el cine tridimensional ya casi se daba por muerto.

placeholder Presentación de 'Gravity' en Venecia (EFE)

Gravity la dirige el mexicano Alfonso Cuarón que, tras Hijos de los hombres, se ha convertido en uno de esos cineastas mimados por los grandes estudios, de los pocos directores a los que se les toleran (y financian) propuestas tan arriesgadas como ésta. No quiere esto decir que Gravity sea la típica película realizada a contracorriente, a espaldas de los gustos del público. Más bien al contrario, no parece muy arriesgado pronosticarle una más que probable exitosa carrera, en particular cuando lleguen las nominaciones de los Oscar para las que tanto Cuarón como Bullock ya han presentado sus credenciales.

Falso minimalismo

En cualquier caso, Cuarón no es ajeno a múltiples contradicciones, pero quizás ahí radica su talento. Es indudable el riesgo que asume con su planteamiento. Un grupo de astronautas se encuentra en una misión espacial, reparando el Hubble, cuando son sorprendidos por una lluvia de basura espacial procedente de la desintegración de un satélite ruso. Su nave queda destrozada y nuestros dos protagonistas, la Dra. Ryan Stone (Bullock), en su primera misión, y el astronauta Kowalsky (Clooney), en la que es su última, como únicos supervivientes, vagando por el espacio, intentando alcanzar la Estación Espacial Internacional.

'Gravity' atrapa desde el primer minuto y nadie puede reclamar, tras hora y media escasa, que se le ha hecho perder el tiempo

Este es el escenario de Gravity: el espacio, allí donde reina el silencio y la ingravidez (el título de la película no es ninguna contradicción, pero no quiero desvelar en final de la película), dos personajes de los que apenas oímos sus voces, pero de quienes poco más que intuimos sus rostros tras sus cascos y, al fondo, majestuosa, la Tierra. Hay películas filmadas en un escenario teatral minimalista con muchos más elementos escenográficos.

Pero el minimalismo de Gravity es algo aparente, más un punto de partida que una conclusión o una forma de entender el cine. La película de Cuarón se presenta en 3D, síntoma de una espectacularidad que un mero resumen argumental podría no dejar entrever. A partir de un determinado momento Cuarón acelera el ritmo de su película, incrementando el suspense y enfrascando a su protagonista en un carrusel de peripecias subrayadas por una música atronadora.

¿No se vanagloriaba Gravity en su rótulo inicial del silencio que imperaba allí donde, sin atmósfera, es imposible la transmisión del cualquier sonido? Bueno ya sabemos desde Star Wars que la ciencia ficción tiene sus propias reglas físicas. Como sea, la elegancia inicial, esa que propicia la danza de unos cuerpos ingrávidos flotando en el espacio, es pronto sustituida por la aparatosidad de toda producción de Hollywood que se precie. Es el peaje que seguramente ha tenido que pagar el director, y quién sabe si también la garantía de su éxito comercial. Pero es un peaje menor pues Gravity atrapa desde el primer minuto y nadie puede reclamar, tras hora y media escasa, que se le ha hecho perder el tiempo.

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