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No quiero volver a encontrarme con mis padres en el cielo
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No quiero volver a encontrarme con mis padres en el cielo

La autora Vigdis Hjorth disecciona con crudeza la relación madre-hija en su nueva novela, '¿Ha muerto mamá?' (Nórdica)

Foto: Una madre y su hija en el parque del Retiro de Madrid. (EFE/Manuel Carretero)
Una madre y su hija en el parque del Retiro de Madrid. (EFE/Manuel Carretero)

Una forma fascinante de vender libros es compararlos con otros libros que la gente tampoco ha leído, pero que le suenan vagamente. Para presentarnos ¿Ha muerto mamá? (Nórdica), se emplea una faja donde puede leerse: "Al igual que Knausgard, Hjorth escribe contra la represión, contra el tabú de contar las cosas como realmente son". Esto lo dice un crítico del New Yorker, que únicamente sabe dos cosas de literatura: que Knausgaard y Hjorth son ambos noruegos y que puedes comparar escritores noruegos sin temor a equivocarte.

Knausgard mismo ha sido comparado con Proust. Y Proust mismo ha sido incluido en la comparación justificativa del Premio Nobel de Literatura de este año, concedido a Annie Ernaux. La realidad es que Knausgaard, Hjorth, Proust y Ernaux hacen literaturas completamente diferentes, pero el marketing literario es como cuando contratas famosos para vender un queso. Da igual si al famoso le gusta ese queso. Da igual si Ernaux y Proust no tienen nada que ver. Solo estás poniendo a Proust a vender quesos.

placeholder '¿Ha muerto mamá?'. (Nórdica)
'¿Ha muerto mamá?'. (Nórdica)

Vidgis Hjorth, de la que ya comentamos aquí su excelente novela La herencia (Nórdica), hace una literatura muy superior a la de Knausgard, pero es difícil que la gente se dé cuenta si la comparas precisamente con Knausgard y sus obras maestras sobre ponerse camisetas, escritas en seis semanas. O si tu cupo de feminismo lo satisfaces leyendo dos novelas de Annie Ernaux para quedar bien en Twitter, que también pasa mucho.

Hjorth hace una literatura abrasiva, donde asoma la brutalidad psicológica de Elfriede Jelinek, la prosa obsesiva de Thomas Bernhard o la reiteración acorralada de Samuel Beckett, por darles referencias sensatas. Leemos: "No puedo reabrir el silencio, tengo que reabrir el silencio, no me puedo meter en esto, tengo que meterme en esto".

Si en Extinción Bernhard dedica 500 páginas a ir a un entierro, en ¿Ha muerto mamá? Hjorh dedica más de 300 a dar vueltas alrededor de la casa de una madre. La hija y la madre rompieron hace 30 años, y la madre no quiere saber nada de su hija. Esta vuelve a Noruega buscando reconciliación, y aparca el coche enfrente de la casa de su madre, a ver si la ve, día sí, día no. También imagina qué estará haciendo su madre en ese momento, en la otra punta de la ciudad. Básicamente, eso es toda la novela.

Escalofriante

Leemos: "Marguerite Duras escribe en alguna parte que cualquier madre en cualquier infancia representa la locura. Que la madre es y seguirá siendo la persona más extraña que uno ha conocido".

La relación madre-hija va explorándose mediante recuerdos y elucubraciones, citas y cuadros, dando lugar a frases cada vez más escalofriantes (Jelinek): "No quiero volver a encontrarme con mis padres en el cielo". "Es más fácil inventarse a una buena madre muerta que a una viva". "Llevo una vida secreta en la conciencia de mi madre". La narradora viene a decirnos, con menos gracia, pero con más peso, lo mismo que Woody Allen: "Ya es difícil sobrevivir a una madre".

En la novela de Hjorth, una hija merodea la vivienda de su madre sabiendo que su ausencia es por completo deseada

¿Ha muerto mamá? puede definirse también como una versión sadomasoquista del famoso relato Wakefield, de Nathaniel Hawthorne. En el cuento, un hombre escapa de su vida familiar y observa, desde la casa de enfrente, los sucesos que provoca su ausencia. En la novela de Hjorth, una hija merodea la vivienda de su madre sabiendo que su ausencia es por completo deseada. Su madre no quiere verla, su hermana la detesta y harán todo lo posible porque ella siga fuera de la casa. La hija, pintora de profesión, merodea en realidad no un domicilio, sino un dolor.

La novela da a entender que tener madre tampoco es para tanto, por mucho que llegue Navidad; que el tiempo es capaz de destruir todas las relaciones humanas, incluidas las de consanguinidad, a nada que dejemos de vernos y ya no relacionemos sangre con simpatía. Hay momentos en ¿Ha muerto mamá? en los que la protagonista parece Norman Bates, el de Psicosis, porque piensa tanto en su madre que se transforma en ella.

Que los hijos decidan romper con sus padres se mide en el libro con la ruptura contraria: que sean los padres los que rechacen el contacto. La Biblia parece decir que hay más delito en esto último, algo que la narradora aprovecha para acuchillar otro poco la figura materna, hasta convertirla en el esperpento de la mala madre.

Una forma fascinante de vender libros es compararlos con otros libros que la gente tampoco ha leído, pero que le suenan vagamente. Para presentarnos ¿Ha muerto mamá? (Nórdica), se emplea una faja donde puede leerse: "Al igual que Knausgard, Hjorth escribe contra la represión, contra el tabú de contar las cosas como realmente son". Esto lo dice un crítico del New Yorker, que únicamente sabe dos cosas de literatura: que Knausgaard y Hjorth son ambos noruegos y que puedes comparar escritores noruegos sin temor a equivocarte.

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