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Irene Montero quiere normalizar la pederastia, Vox quiere que maten a los gais
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Irene Montero quiere normalizar la pederastia, Vox quiere que maten a los gais

Niego la mayor: Irene Montero no se lo merece. O más bien: el debate público no se lo merece. Si un jugador es tramposo, esto no justifica que se pongan a hacer trampas todos los demás

Foto: Irene Montero. (EFE/Javier Lizón)
Irene Montero. (EFE/Javier Lizón)

Con su tono de estudiante universitaria a la que le suben las tasas y su mareante batería de lugares comunes, Irene Montero cometió un desliz el otro día en la Comisión de Igualdad, y pareció que decía lo que no estaba diciendo. Quería expresar, en respuesta a una pregunta de Vox, que los críos tienen derecho a una educación sexual que les haga conscientes del abuso, para evitarlo en su vida sexual (futura). Sin embargo, a base de yuxtaposiciones y golpes de pecho, acabó Montero dando a entender que los niños tienen derecho a follar con adultos siempre que haya consentimiento.

Sus palabras textuales: "Todos los niños, las niñas, les niñes de este país tienen derecho a conocer su propio cuerpo, a saber que ningún adulto puede tocar su cuerpo si ellos no quieren, y que eso es una forma de violencia. Tienen derecho a conocer que pueden amar o tener relaciones sexuales con quien les dé la gana, basadas, eso sí, en el consentimiento. Y esos son derechos que tienen reconocidos, y que a ustedes no les gustan".

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En fin. Eso es lo que dijo, sí, pero era evidente que Montero no estaba queriendo decir que los niños pueden tener relaciones consensuadas con adultos, y para entenderlo bastaba aplicar a su declaración dos cosas que ella y sus seguidores jamás han aplicado a las de sus adversarios: la contextualización y la caridad interpretativa, máximas que debieran regir las discusiones racionales. Lo de la "caridad" no es limosna ni buenismo: se trata de aplicar la interpretación más positiva de las posibles, para no convertir el debate en una serie de difamaciones y tergiversaciones.

La caridad interpretativa es, por tanto, condición necesaria para establecer cualquier debate sin trampas. Es eso que tanto adulan algunos de aquel viejo programa, La Clave, donde podías ver sentados, discutiendo civilizadamente, a un prisionero de guerra de Franco y al comisario que lo vigiló cuando purgaba su condena a base de trabajos forzados en las obras del Valle de los Caídos. Sin caridad interpretativa no es posible ningún intercambio de ideas entre contrarios, sino que tenemos Twitter, las arengas de Pablo Iglesias en La Base, Giorgia Meloni en Marbella o los debates de La Sexta.

Montero ha convertido debates necesarios sobre la violencia en la pareja o la identidad de género en auténticos autos de fe

En fin. En cuanto se publicó el fragmento de vídeo con las palabras de Montero, las redes hicieron lo suyo, y venga a peticiones de dimisión. ¡Como si no hubiera suficientes motivos reales que justifiquen la dimisión de la Ministra de Igualdad! Mirad, sin salir del tema del abuso sexual a los niños, esta señora indultó a María Sevilla, activista que acusó falsamente a su expareja de abusar de los hijos. He aquí un motivo de dimisión. Pero nada: que si estaba defendiendo a los pederastas, que en qué manos depravadas están nuestros niños, que vaya bruja lasciva, etc. Banal.

Supongo que la necesidad de alejar el foco del cisma entre Vox y Olona tenía aquí cierta importancia. Las huestes de Abascal estaban en posición de agarrarse a cualquier clavo ardiendo, porque de lo contrario no se entiende tanta hiperventilación. Salió ella a decir que vaya campaña de la ultraderecha, pero lo cierto es que entraron también algunas feministas radicales para señalar que ellas ya habían advertido que se empieza legalizando la hormonación de niños que dicen ser transgénero y se termina abrazando la pederastia, con lo que estábamos todos.

Bien. Hay quien piensa que Irene Montero se lo merece, porque ¿cuándo fue la última vez que ella aplicó la caridad interpretativa a unas declaraciones que pudieran servir de pincelada para el fresco macabro que pinta sobre la situación de las mujeres y ciertas minorías en España? ¿Acaso no acusa a cualquiera que vote contra sus leyes, o las cuestione en un artículo, de estar deseando que maten a más mujeres y que apaleen por la calle a los LGTB?

Foto: El presidente de Vox, Santiago Abascal. (EFE/Toni Galán)

Montero ha convertido debates necesarios sobre la violencia en la pareja o la identidad de género en auténticos autos de fe. Con ella, o contra el bien. Asintiendo con mansedumbre a sus interpretaciones trasnochadas, sus planteamientos adanistas y sus soluciones quiméricas, o en el bando de unos cavernícolas violentos y depravados. Sí, así es como ella y su gente plantean la política.

Sin embargo, niego la mayor: Irene Montero no se lo merece. O más bien: el debate público no se lo merece. Si un jugador es tramposo, esto no justifica que se pongan a hacer trampas todos los demás.

Lo que se estaba debatiendo en esa comisión es cómo tiene que ser la educación sexual de los niños. Y este debate está polarizado por los extremos y lleno de agujeros. A la visión apocalíptica de Montero, que pinta la vida de las niñas españolas como una yincana repleta de posibilidades de violación y a los niños como agresores en potencia, se opone la visión apocalíptica de Vox, que considera al Estado una suerte de depravador de las infancias, y tacha cualquier elemento de educación sexual mínimamente claro como una rampa de acceso rápido al aborto y las orgías.

Seamos honestos. No: Irene Montero no quiere normalizar que los niños tengan relaciones sexuales consentidas con los adultos

Ambos planteamientos deben ser discutidos con rigor, y en particular han de serlo los que proceden de una persona con un cargo ministerial y una gran capacidad legislativa: lo mismo digo para esa ley trans que Montero manda por la vía de urgencia para que no se debata, o con la ley de libertades sexuales que ha logrado hacer pasar por el BOE bajo amenaza de señalar a cualquier detractor o crítico como cómplice de una supuesta cultura de la violencia sexual.

Seamos honestos. No: Irene Montero no quiere normalizar que los niños tengan relaciones sexuales consentidas con los adultos. Claramente no lo quiere. No es eso lo que dice. No es eso lo que desea. Se puede ganar un debate sin necesidad de pintar al otro como la encarnación de las siete plagas de Egipto.

Ahora que hemos roto la trampa, le pregunto a ella: ¿quiere Vox que maten a gais por la calle y que violen a las mujeres? ¿Lo quiere el PP?

Con su tono de estudiante universitaria a la que le suben las tasas y su mareante batería de lugares comunes, Irene Montero cometió un desliz el otro día en la Comisión de Igualdad, y pareció que decía lo que no estaba diciendo. Quería expresar, en respuesta a una pregunta de Vox, que los críos tienen derecho a una educación sexual que les haga conscientes del abuso, para evitarlo en su vida sexual (futura). Sin embargo, a base de yuxtaposiciones y golpes de pecho, acabó Montero dando a entender que los niños tienen derecho a follar con adultos siempre que haya consentimiento.

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