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El sablazo que valió la pena: majestuoso concierto de los Rolling Stones en Madrid
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EL RECITAL QUE NADIE ESPERABA

El sablazo que valió la pena: majestuoso concierto de los Rolling Stones en Madrid

Sus Satánicas Majestades inician su gira europea en Madrid con un estado de forma envidiable y una actuación que quedará para el recuerdo

Foto: The Rolling Stones en el inicio de la gira 'Sixty' en Madrid. (EFE/Juanjo Martín)
The Rolling Stones en el inicio de la gira 'Sixty' en Madrid. (EFE/Juanjo Martín)

Nadie se esperaba lo que sucedió la noche de este miércoles en el Wanda Metropolitano. Los Rolling Stones escogieron el estadio madrileño para abrir su gira europea, 'Sixty', que conmemora los 60 años de la banda. Sí, llevan en esto desde el 62 y la gran duda planeaba sobre todos los asistentes: ¿en qué estado de forma aparecerán los octogenarios que más tralla se han metido de la historia del 'rock'? Muchísimo mejor de lo que podía esperar cualquiera de las 54.000 personas que acudieron al recital. Ninguno vio venir un conciertazo a estas alturas. Lo mejor de todo es que ni siquiera necesitaron tirar de espectáculo, hinchables o fuegos artificiales para dar la talla. No hubo nada más que un escenario y las pantallas. Solo era "rock 'n' roll", ¿y a quién no le gusta?

A mucha gente, pero el precio de las entradas fue totalmente desorbitado. Un sablazo no tiene comparación con sus anteriores visitas o la de otros gigantes del directo. Quienes vieron el concierto desde el gallinero del fondo se dejaron 100 euros, la entrada más barata. De ahí, el precio se disparaba hasta los 300 euros por verlos en la zona más próxima al escenario, ya que la pista fue dividida en cuatro partes. Se acabaron aquellas colas en las que la paciencia era la que te daba una buena posición para ver a un grupo. Ahora eso lo decide el tamaño del bolsillo. Así se explica que, muchas veces, hubiera más ambiente en otras zonas del estadio que en las más cercanas a la pasarela. De hecho, las entradas no se agotaron hasta el último minuto, algo bien raro en un concierto de este tamaño.

Foto: Charlie Watts (d) con Mick Jagger en 2014. (EFE)

Aun con todo, es difícil pensar que alguien haya podido salir mínimamente decepcionado. Quizás lo único a lamentar fueron los 16 minutos que hicieron esperar al público. Una vez apagadas las luces, las pantallas mostraron imágenes de Charle Watts, el icónico batería que falleció el pasado verano con 80 años. La banda ya había tomado el escenario y Keith Richards abrió fuego con el crujiente 'riff' de 'Street Fighting Man' y su explosiva letra protesta. "Es nuestro primer 'tour' por Europa sin Charlie, le echamos mucho de menos", apuntó Jagger, que habló en castellano gran parte de la noche. Después, llegaron '19th Nervous Breakdown' y 'Sad Sad Sad', donde el sonido no fue muy allá, pero mejoró hasta dar en el clavo en el momento oportuno. Fue con 'Tumbling Dice', que consiguió que el estadio se viniera abajo por primera vez. La sensación se repitió casi tantas veces como canciones tuvo el 'setlist', de 19 cortes.

Con el público ya en el bolsillo, Mick Jagger sacó el primer as de la manga para los fans de siempre: tocaron 'Out Of Time' por primera vez en directo. La canción pertenece a 'Aftermath', el primer disco de la banda que solo se nutría de composiciones propias, allá por 1966. El piano y la marimba, los dos elementos clave del tema, llevan el sello de identidad del Brian Jones, el fundador de los Rolling Stones y creador de gran parte de su sonido, que murió en extrañas circunstancias en el verano de 1969, al poco de ser expulsado de la banda. Frente a los homenajes que se suelen rendir otros a miembros fallecidos, aquí se le dejó caer en el olvido.

A continuación llegó el momento de la canción que había elegido el público, que fue 'Beast of Burden'. Se desató la locura en el estadio y, sin casi tempo para respirar, llegó 'You Can't Always Get What You Want'. Esta vez no apareció ningún coro multitudinario para presentar la canción, ni falta que hacía: el concierto cada vez iba mejor. "Esperaba que fuese a estar bien, pero no que sonarían así", comentan dos amigos de unos 30 años. Tras ello, bajan revoluciones con 'Living In A Ghost Town', el 'single' más reciente de la banda, lanzado en 2020, que no levantó tantas pasiones como los clásicos, aunque el 'frontman' se marcó un solo de armónica para el recuerdo. Fue de los pocos temas nuevos que sonaron. El siguiente más 'nuevo' que tocaron era de 1989, pero el 'setlist' estuvo dominado por las canciones de la época dorada de la banda, que va de 'Beggar's Banquet' (1968) a 'Exile on Main st.' (1972).

placeholder Foto: Reuters/Susana Vera.
Foto: Reuters/Susana Vera.

El ecuador llegó con otro trallazo sesentero, 'Honky Tonk Woman', que volvió a levantar al público antes de la presentación de la banda. En esta gira, Steve Jordan se encarga de la batería, que ofreció más contundencia y rapidez de la que acostumbraba Watts, aunque nadie pueda imitar su toque ni su presencia. El resto de la formación era familiar para quien los hubiera visto antes en directo, como Darryl Jones en el bajo y Chuck Leavell —ex de Allman Brothers— a los pianos, ambos con varias décadas de vinculación al grupo.

Después llegó la que seguramente fue la parte más floja del concierto, con Richards interpretando 'Happy' y 'Slipping Away' mientras Jagger se tomaba un más que merecido descanso. A un mes de cumplir los 79, el cantante llevaba ya una hora recorriendo escenario y pasarelas de punta a punta y volviendo loco al personal con sus bailes. Su voz sigue en un nivel impensable a esa edad, pero eso no es nada comparado con las carreras y bailes que se marcó durante las más de dos horas de actuación. Es, sencillamente, impresionante.

No se puede decir lo mismo de Richards, que ha llevado peor el paso de los años, y seguramente también sea el 'stone' que mejor se lo ha pasado. Sus arreglos bluseros emocionaban a los asistentes, pero apenas hizo tres solos de guitarra en todo el concierto, algunos memorables y otros con cierta distancia de lo que dejó grabado hace décadas. También pareció haber algún momento en el que se perdía y su guitarra sonaba demasiado secundaria. El peso de la guitarra solista lo llevó, una vez más, Roonie Wood, que consigue crear un muro en el que disimula las carencias del compañero de seis cuerdas. Y eso pese a que, aun con que todos los seguidores lo consideran un 'stone' más, lo cierto es que llegó a la banda en 1975, cuando la mayoría de canciones que están tocando en directo ya habían sido grabadas.

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Foto: Reuters/Susana Vera.

La recarga de pilas de Jagger dura lo justito para volver con la guitarra al cuello y pasarse al funk con el 'riff' de 'Miss You'. A partir de ahí, llegó la artillería pesada con una versión de 'Midnight Rambler' que superó los 10 minutos y a la que siguieron 'Start Me Up', 'Paint It Black', 'Sympathy for the Devil' y 'Jumpin Jack Flash'. Todas fueron explosivas, si bien en algún momento la banda no pareció empastar al completo.

La media noche había pasado y los londinenses abandonaban el escenario de nuevo, pero todo el mundo sabía que les faltaba algo. Fue ahí cuando cayó 'Gimme Shelter', icónico tema antibelicista en el que aprovecharon para mostrar imágenes de la guerra de Ucrania mientras Jagger se agenciaba una chaqueta con los colores de la bandera del país. El dúo entre Jagger y los coros fue colosal. Y, por fin, llegó la habitual guinda en sus conciertos: una extendida 'Satisfaction' desató la locura final. Ni siquiera hubo bis. Todo el mundo sabía que ya no se podía pedir más.

Así fue como acabó el que fue el concierto número 24 de los Rolling Stones en España. Muchos dudan de que vuelvan a salir a los escenarios después de la gira estadounidense y su continuación europea de este verano. Fue parte del reclamo para pagar unas entradas con precios disparatados por ver a Jagger y compañía, sobre cuyo fin se lleva especulando desde finales del pasado siglo. Todos tenían en mente aquella canción que decía "this could be the last time". Las 54.000 almas que llenaron el Wanda ya están rezando a quien haga falta para que no lo sea.

Nadie se esperaba lo que sucedió la noche de este miércoles en el Wanda Metropolitano. Los Rolling Stones escogieron el estadio madrileño para abrir su gira europea, 'Sixty', que conmemora los 60 años de la banda. Sí, llevan en esto desde el 62 y la gran duda planeaba sobre todos los asistentes: ¿en qué estado de forma aparecerán los octogenarios que más tralla se han metido de la historia del 'rock'? Muchísimo mejor de lo que podía esperar cualquiera de las 54.000 personas que acudieron al recital. Ninguno vio venir un conciertazo a estas alturas. Lo mejor de todo es que ni siquiera necesitaron tirar de espectáculo, hinchables o fuegos artificiales para dar la talla. No hubo nada más que un escenario y las pantallas. Solo era "rock 'n' roll", ¿y a quién no le gusta?

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