Charlie Watts, el Rolling Stone que no esperabas que muriera
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Charlie Watts, el Rolling Stone que no esperabas que muriera

No le veías ni en la pasta ni en los excesos ni en los escándalos ni en salir con chicas que pudieran ser sus nietas. Glamuroso sí era: de elegancia 'mod'. Y silencioso, discreto...

placeholder Foto: Charlie Watts (d) con Mick Jagger en 2014. (EFE)
Charlie Watts (d) con Mick Jagger en 2014. (EFE)

Al final los excesos no se pagan: se acaba de morir el único Rolling Stone que no te esperabas. Es cierto que la noticia —lanzada a principios de este mes— de que no formaría parte de la gira que el grupo comienza en septiembre llamaba a la sospecha: él no llevaba desde el primer día en la banda, pero casi —¿alguien se acuerda de los baterías previos, Tony Chapman y Mick Avory?— y, aunque no le divertía viajar, le encantaba tocar. Tú ya sabías que a los 80 años el buen Charlie Watts tendría sus achaques, ¿pero quién en tan longeva formación no ha superado su cáncer (Woods), su operación de corazón (Jagger), su caída de un cocotero (Richards)? Estamos hablando de los tipos que se inventaron la segunda juventud en el 'rock', que descubrieron el potencial de las transfusiones de sangre mucho antes de lo que lo hiciera el ciclismo profesional. Creías, además, que si fuera algo grave, sus compañeros no saldrían a tocar sin él. Qué ingenuidad: el espectáculo —más aún si está Mick Jagger de por medio— debe continuar. Aunque no haya empezado todavía. En el grupo de la lengua warholiana todo está calculado al centímetro y al céntimo.

De ahí la extrañeza que siempre causó la figura de Charlie Watts en la misma foto que Mick, Keith y Ron: no le veías ni en la pasta ni en los excesos ni en los escándalos ni en salir con chicas que pudieran ser sus nietas. Glamuroso sí era: de elegancia 'mod'. Y silencioso, discreto. ¿Qué le gustaba? Estar en su finca con su mujer Shirley Ann Sheperd, criar purasangres.

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La biografía que hoy se cierra nos habla del hijo de un camionero y de su esposa. Clase media, habitantes en una casa prefabricada en el barrio de Wembley. Como tantos músicos en el Reino Unido, arranca en una escuela de bellas artes, donde despunta como probable diseñador gráfico; de hecho, se dedica a ello un tiempo. A la música llega a partir de su amistad con un vecino con quien queda a escuchar discos de 'jazz' que aún giran a 78 rpm: Jerry Roll Morton, Thelonious Monk, Charlie Parker… Este último marcará su vida tanto o más que el 'rock ‘n’ roll': una de las escasas aventuras musicales de Charlie fuera de los Stones es una caja tímidamente memorable que contiene un disco, 'From One Bird', grabado en 1991 en homenaje a Parker, y un libro infantil, 'Ode To A High Flying Bird', ambos en clara alusión a Parker, aka Bird. Se dice que a los 13, Watts soñaba con ser su batería.

Su ingreso a los Stones, ya se ha dicho, viene tras el paso de un par de bandas temporales, una de las cuales, Blues Incorporated, le junta con el vigoroso 'bluesman' Alexis Korner. Ahí es captado por los Rolling, banda a la que llega cuando la leyenda empieza. Desde su taburete de batería va a ver el cadáver de su compañero Brian Jones flotando en la piscina de su casa en Hartfield; a organizar el Altamont Speedway Free Festival (que se las prometía el Woodstock californiano y se saldó con un altercado con homicidio a cargo de los Ángeles del Infierno); a participar en las grabaciones en el sur de Francia del mítico 'Exile on Main St.'; a inventarse la traslación de todo esto en conciertos de estadio en el mundo entero, un día de 1982 en Madrid bajo un aguacero memorable, otro día de 2016 en el malecón de La Habana, por mencionar solo un par de entre miles.

Flema y elegancia

Se va entonces un Stone al que no creías que le tocara todavía, uno sin el cual, aseguró en su día Keith Richards, “no podría haber Rolling Stones” (aunque ahora le va a reemplazar Steve Jordan, batería de la banda paralela de Richard, los X-Pensive Winos). Como Ringo Starr en los Beatles, siempre tendrá difícil que se reconozca su porcentaje de talento en la inmensa banda de la que fue parte (menor en 'royalties' que los de Jagger-Richards, por decirlo todo). Pero sobran momentos memorables en los que Watts está sentado frente a su instrumento. Uno de los más recientes fue cuando, en plena pandemia, el grupo se juntó —posiblemente, en su primera acción gratuita en medio siglo— para tocar un emocionante 'You Can’t Always Get What You Want' vía Zoom. Ahí le vimos, con su gran flema y elegancia, aporreando la tapa de un 'flight case' y algunos muebles de su casa.

Pese a que los periodistas hayamos dicho hasta la más pesada saciedad aquello de las “Satánicas Majestades”, es de justicia que a Charlie Watts se le reciba en el cielo. Consuela saber que Xavier Mercadé —el fotoperiodista del 'rock' que, adelantándose apenas unas horas al músico, murió ayer— tendrá su foto entrando por las puertas y, mejor aún, tocando, por fin, junto a su querido Charlie Parker.

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