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Blerta Basholli: "¿Está esperando el mundo a que ocurra una gran masacre como en Kosovo?"
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Entrevista

Blerta Basholli: "¿Está esperando el mundo a que ocurra una gran masacre como en Kosovo?"

La directora de cine kosovar, que sufrió la guerra en su país, acaba de estrenar su primera película, 'Colmena', la premiada historia de un grupo de mujeres tras el conflicto bélico

Foto: Blerta Blasholli, durante el rodaje de 'Colmena'. (Alex Bloom)
Blerta Blasholli, durante el rodaje de 'Colmena'. (Alex Bloom)
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A los 16 años, Blerta Blasholli (Kosovo, 1983) vio cómo su ciudad, Pristina, se deshacía bajo las bombas, los controles y el miedo. Después de años de ocupación serbia, en febrero de 1998 había comenzado la guerra en Kosovo, el último coletazo, pero también brutal, de la guerra de los Balcanes de los noventa. Para Blasholli, el ojo de todo aquello era la ventana de la cocina de la casa en la que vivía toda la familia, que no mucho después decidió separarse. La idea era que ella, dos hermanos, la madre y un primo abandonaran la ciudad y un día después les siguieran el padre y otras dos hermanas. "La familia pensó que si estábamos separados quizás alguien de la familia podría sobrevivir", cuenta Blasholli a El Confidencial. No pudo ser. Estos últimos se quedaron atrapados en Pristina cuando el tren en el que iban a partir fue parado por las fuerzas militares y tuvieron que regresar a la casa. Saben que podía haber sido peor, pero aquello significó meses en los que la familia estuvo separada… y con el terror a no verse nunca más.

Aquella adolescente que vivió la guerra de Kosovo es hoy una mujer de casi 40 años que acaba de rodar su primera película, 'Hive' ('Colmena'), que se puede ver estos días en los cines, que ya cautivó en el último Festival de Sundance: ganó el gran premio del jurado, el gran premio del público y el premio a la mejor dirección, y que también ha entusiasmado a la actriz Elisabeth Moss ('El cuento de la criada') y la cantante Dua Lipa, que le han mostrado su apoyo. Es una película que también habla de la guerra en su país, pero desde un punto de vista hermoso, humano y de muchísima solidaridad y sororidad entre mujeres. Y está basada en hechos reales.

placeholder La verdadera Fahrije Hoti en la actualidad. (Artan Korenica) ,
La verdadera Fahrije Hoti en la actualidad. (Artan Korenica) ,

La protagonista es Fahrije, una mujer en torno a los 40 que, como tantas otras en su pueblo, Krusha, ha perdido a su marido, que marchó a la guerra. No sabe si está muerto o desaparecido. Krusha fue uno de los lugares en los que se vivió una horrible masacre durante la guerra. El 25 de marzo de 1999, la policía mató a más de 100 hombres y adolescentes mayores de 13 años. Muchos de los cadáveres acabaron en el río Drini. Fahrije no sabe si su marido fue uno de ellos.

Algunos años después, ya con los euros en circulación, Fahrije decide hacer frente a la situación y montar un negocio de venta de salsa de pimientos —'ajvar', en kosovar—. Al principio empieza sola, enfrentándose a prejuicios y a una misoginia casi insoportable por parte de los vecinos del pueblo que la critican incluso por conducir; pero poco a poco va reclutando a otras mujeres que, como ella, quieren dejar de sentirse viudas encerradas en casa sin nada más que hacer que echar de menos a sus seres queridos. Y el resto, sí, es una historia feliz.

Prejuicios y misoginia

Blasholli escuchó hablar de Fahrije y de todo lo que había conseguido con su negocio de pimientos hace unos años en un reportaje en la televisión. En ese momento vivía en Nueva York, pero ya quería volver a Kosovo. Y aquello, además, le pareció una excelente historia para una película. Así que regresó a su país, llamó a la actriz Yllka Gashi y se reunieron con Fahrije. "La primera vez que me encontré con ella fue algo muy inspirador porque es una persona realmente interesante, tiene una gran personalidad, cómo se expresa, cómo cuenta cómo lo superó todo… Fue 'entusiasmante' escucharlo y aprender de ello", cuenta la directora.

placeholder La directora (izquierda), junto a la actriz Yllka Gashi. (Astrit Ibrahimi)
La directora (izquierda), junto a la actriz Yllka Gashi. (Astrit Ibrahimi)

De toda la historia, lo que más impacta al espectador son los prejuicios a los que se tuvieron que enfrentar todas estas mujeres para intentar seguir adelante después de las masacres. Mientras ellos, la mayoría ancianos, estaban en el bar, ellas recibían insultos por ponerse a trabajar. "Kosovo es todavía una sociedad patriarcal. Especialmente en los pueblos y sobre todo para las mujeres de la generación de Fahrije, que estaban destinadas a pasar el día como amas de casa y quedarse en casa, principalmente aquellas que habían perdido a sus maridos, las viudas. Creo que mucha gente lo que pensaba es que tanto ella como las otras mujeres se habían olvidado de sus maridos y de todo, aunque eso no era verdad", sostiene Blasholli. Por eso cree que su película es un buen ejemplo para mostrar cómo todavía hay sitios en el mundo —y no tan lejanos— "donde todavía no es común que las mujeres conduzcan y trabajen. Es una película para que la gente entienda que las mujeres deben tener los mismos derechos".

La película es un buen ejemplo para mostrar cómo hay sitios en el mundo "donde todavía no es común que las mujeres conduzcan o trabajen"

En una guerra muchos hombres mueren. Son llamados a filas y en la mayoría de las ocasiones no pueden abandonar el país y refugiarse en un lugar seguro. Pero también es verdad que muchas mujeres sufren el horror de la guerra no solo con la muerte, sino con violaciones y con el dolor de perder a sus hijos, sus padres, sus maridos, sus hermanos, sus amigos. O sus casas. Volver a una vida, pero que está completamente arrasada, como ocurrió en Krusha. En este caso, ellas decidieron vencer todos esos miedos e intentar pasar página —sin olvidar— todo lo que había ocurrido. "No sé si se unieron por la guerra o porque quizá tuvieron a una gran líder", reflexiona hoy Blasholli, "pero lo que sí fue fascinante fue la comunidad que crearon entre todas. Ver a las mujeres de Krusha trabajar juntas y ver cómo hablaban entre ellas y cómo se reían… Yo creo que ellas entendieron que tenían que hacer algo para ellas mismas y hacer algo por sus propios hijos".

placeholder La directora, en el centro, junto a todas las actrices de la película. (Astrit Ibrahimi)
La directora, en el centro, junto a todas las actrices de la película. (Astrit Ibrahimi)

Otra guerra en Europa... otra vez

Después de haber vivido ella misma una guerra, no sorprende que las imágenes de las mujeres y los niños huyendo ahora de Ucrania la remuevan. "Es algo muy, muy triste para mí. No me puedo creer que la guerra en Ucrania esté sucediendo realmente enfrente de nuestros ojos", manifiesta. Vuelve a Kosovo y todos los sentimientos que tuvo cuando empezaron a caer las bombas. En realidad, toda su adolescencia está sumergida en el conflicto bélico, ya que desde antes de que empezara la parte más cruda había vivido bajo la ocupación de los serbios, lo cual había traído multitud de protestas. En los noventa, Kosovo era un verdadero polvorín. "Y nosotros veíamos cómo arrestaban a la gente enfrente de nuestro apartamento", añade Blasholli.

Al iniciarse los bombardeos, la hoy directora de cine pensó que aquello nunca iba a acabar. Que aquello iba a ser una guerra eterna. Por eso su sentimiento de felicidad fue enorme "cuando Kosovo fue liberado y vi todas aquellas organizaciones internacionales y a todas las fuerzas militares internacionales ayudando a Kosovo. Y entonces pensé que nunca jamás volvería a ver una guerra otra vez".

placeholder La directora, durante el rodaje de la película. (Astrit Ibrahimi)
La directora, durante el rodaje de la película. (Astrit Ibrahimi)

Y, sin embargo, ha sucedido. Vuelve a haber riadas de coches, autobuses y trenes intentando huir de las ciudades de un país europeo. Blasholli no puede evitar pensar en todos esos adolescentes y niños que están abandonando sus casas. "Están siendo testigos de lo mismo que yo. Están experimentando lo que muchos de nosotros experimentamos", asegura alzando un poco el tono de la voz. "Realmente no sé a qué está esperando el mundo. ¿Está esperando a que ocurra una gran masacre como la de Paracin, en Kosovo, o como la Srebrenica, en Bosnia? No sé a qué estamos esperando todos nosotros. Para mí es realmente algo muy triste. Es que no me puedo imaginar que esto esté ocurriendo en Europa en estos momentos", añade.

"Realmente no sé a qué está esperando el mundo [con Ucrania]. ¿Está esperando a que ocurra una gran masacre como la de Paracin, en Kosovo?"

Su próxima película abordará, precisamente, sus años de adolescencia en Pristina y cómo vivió el conflicto. Cree que su país, aunque tiene una industria cinematográfica muy pequeña —el Estado financia únicamente tres o cuatro películas al año— y se tiene que recurrir a financiación exterior —en su caso, le ha ayudado bastante Suiza—, tiene muchas historias que contar. También hay cada vez más voces de jóvenes directoras. "Ojalá se puedan hacer más películas porque creo que tenemos asuntos muy importantes de los que discutir y contarles al mundo", culmina.

A los 16 años, Blerta Blasholli (Kosovo, 1983) vio cómo su ciudad, Pristina, se deshacía bajo las bombas, los controles y el miedo. Después de años de ocupación serbia, en febrero de 1998 había comenzado la guerra en Kosovo, el último coletazo, pero también brutal, de la guerra de los Balcanes de los noventa. Para Blasholli, el ojo de todo aquello era la ventana de la cocina de la casa en la que vivía toda la familia, que no mucho después decidió separarse. La idea era que ella, dos hermanos, la madre y un primo abandonaran la ciudad y un día después les siguieran el padre y otras dos hermanas. "La familia pensó que si estábamos separados quizás alguien de la familia podría sobrevivir", cuenta Blasholli a El Confidencial. No pudo ser. Estos últimos se quedaron atrapados en Pristina cuando el tren en el que iban a partir fue parado por las fuerzas militares y tuvieron que regresar a la casa. Saben que podía haber sido peor, pero aquello significó meses en los que la familia estuvo separada… y con el terror a no verse nunca más.

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