"Alguien debe defender los derechos de mujeres y niñas, por eso sigo en Afganistán"
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20 años de progresos socio-culturales

"Alguien debe defender los derechos de mujeres y niñas, por eso sigo en Afganistán"

A pesar de no poder revelar su localización para proteger su vida, la activista Pashtana Durrani no se plantea abandonar Afganistán. Desde el terreno y la diáspora comparten un mensaje: salvar lo que queda

Foto: La activista por la educación, Pashtana Durrani.
La activista por la educación, Pashtana Durrani.

“Estoy preocupada, pero no tengo miedo”, repite constantemente Pashtana Durrani, fundadora de LEARN, una ONG afgana dedicada a fomentar la enseñanza a niños en zonas en conflicto. A pesar de no poder revelar su localización dentro de Afganistán por razones de seguridad, Durrani no se plantea abandonar el país.

“Las mujeres aquí ni siquiera pueden defender sus carreras profesionales, ¿cómo van a poder luchar por sus derechos educacionales? Alguien tiene que hacerlo y por eso sigo aquí”, señala la activista a El Confidencial. “No soy la única que está hablando, hay muchas mujeres que como yo intentan que se entienda que la educación de las niñas es algo muy importante”.

Mientras tanto, al otro lado del planeta, en Los Ángeles, las cineastas Miriam Arghandiwal y Ariana Delawari se esfuerzan por mantener el contacto con los afganos en el terreno tratando de hacer llegar sus mensajes al mundo, porque “ya no pueden protestar a través de sus redes sociales sin la amenaza de una reacción violenta”.

Foto: Una mujer frente a un mural en Herat, Afganistán. (EFE)

Miriam y Ariana se conocieron en 2013 en Kabul en un momento que ambas coinciden en tildar como el “resurgimiento del arte” en Afganistán. Miriam trabajaba como reportera para Reuters y, junto a su marido Qais, estaba participando en la organización del Sound Central, el festival de 'rock' de Kabul en el que Ariana tocaba su música.

“Creo que se ha dado poca cobertura al inmenso progreso que se dio en aquellos años”, señala Ariana. “La mitad de los estudiantes de la Universidad de Herat eran mujeres, y ahora exigen que todas las alumnas y profesoras se vayan a punta de pistola”.

"Cuando la música, la educación y los derechos se han visto amenazados en las primeras 48 horas, no puedo imaginar lo que vendrá después", lamenta Miriam.

placeholder Sound Central Festival en Kabul. (Cedida)
Sound Central Festival en Kabul. (Cedida)

Al inicio de la década de los 2000 la presencia militar estadounidense y la consecuente derrota de los talibanes sobre el control del territorio se tradujeron en un desarrollo significativo de la educación. En la actualidad más del 80% de las niñas dentro de este territorio estaban inscritas en estudios de Primaria, según los últimos datos registrados por la UNESCO.

La victoria de los talibanes y su regreso al poder en Afganistán se presenta como un momento de incertidumbre para ellas, en especial en lo referente a su formación: “Se está usando la palabra ‘educación’ de una manera muy ambigua. Los talibanes están diciendo que la educación es aceptable, ¿pero a qué tipo de educación se refieren?”, se pregunta Durrani. “Estoy intentando entender qué están dispuestos a admitir”.

Pese a sus dudas, a Pashtana no le quedan esperanzas de que el conflicto no suponga un retroceso sobre lo logrado en los últimos 20 años; sin embargo, sus palabras lo dejan muy claro: “Estoy dispuesta a luchar de todos modos”.

Desde el terreno, la activista demanda que los ciudadanos del resto del mundo presionen a sus representantes para que se esfuercen en que los talibanes acepten los derechos de las mujeres y el derecho a la educación. “No creo que sea seguro ser mujer ahora mismo en el país. Pero no es la seguridad, sino los derechos humanos, lo que está en juego”, insiste.

A Pashtana no le quedan esperanzas; sin embargo, sus palabras lo dejan muy claro: "Estoy dispuesta a luchar de todos modos"

En la diáspora afgana estadounidense le cogen el recado. “Estamos tratando de reunir abogados de inmigración y presionar a Occidente para que no abandone la moral y los principios que afirman defender”, explica Miriam. “Llamaron a los afganos aliados durante 20 años, ahora es el momento de demostrarlo”.

La petición más recurrente desde el terreno durante las últimas horas es en relación con los visados de emergencia para poder escapar del país. “Hay muchas personas que se quedan para ayudar, pero ¿qué pueden hacer cuando el mundo entero les ha dado la espalda?”.

Sin embargo, los mensajes hablan también de lo que se ha perdido: “Hoy han quemado instrumentos en Logar, las escuelas se están despidiendo de sus alumnas, la Universidad de Herat está rechazando sus matrículas, los bancos están reemplazando a trabajadoras con sus familiares varones, las chicas que jugaban fútbol internacionalmente están arrancando sus fotos de las paredes de sus dormitorios y ocultando todo rastro de la vida que vivieron durante los últimos 20 años”, lamenta Miriam basándose en sus conversaciones más recientes.

Foto: Talibanes en Jalalabad (Afganistán). EFE

En su documental, ‘We Came Home’, Delawari muestra sus viajes a Afganistán cuando su padre y el que fuera gobernador del Banco Central de Afganistán Noor Delawari ayudaban a reconstruir el país tras la caída de los talibanes. Su obra refleja un territorio que celebraba la llegada de la democracia y volvía a disfrutar de la música y la danza, hasta entonces prohibidas por los talibanes.

“En 2002 Kabul estaba lleno de escombros y agujeros de bala”, recuerda hoy Delawari. “Las mujeres dudaban mucho antes de salir a la calle. Las niñas finalmente regresaban a la escuela. Afganistán pasó de contar con cero artistas o creadores a todo un renacimiento cultural”. Pero fue durante una visita en 2015 cuando de verdad pudo apreciar un avance real: “Había parejas de la mano en Baburs Garden, familias afganas jóvenes haciendo pícnic junto al lago Carga. Tenían literalmente un parque de atracciones…”.

La cineasta recalca los esfuerzos que se hicieron durante todos estos años para “abandonar los días oscuros de los talibanes” y reconoce que todo se hizo con esmero y cuidado para lograr el resurgir de una generación de jóvenes afganos que hoy podrían “emerger como las estrellas de la región”.

“Pashtana es exactamente todo esto”, indica refiriéndose a la activista. “Lo que ella ha construido es nada menos que notable. Es sobresaliente y heroico. Y el mundo debería saberlo”.

En un momento de su documental, Ariana señala como la situación en el país ha vuelto a empeorar y la vida ya no es tan segura; es en ese instante cuando su madre dice: “Tal vez algún día pensemos que estos fueron los buenos tiempos”. Hoy Ariana explica cómo esa frase se repite constantemente en su cabeza.

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