Así es el último novelón de Michel Houellebecq: una enmienda total al mundo moderno
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Así es el último novelón de Michel Houellebecq: una enmienda total al mundo moderno

Poco escritores levantan tanta expectación como el francés por su capacidad de trascender el limitado marco contemporáneo de su profesión para incidir en la sociedad actual

Foto: El escritor francés Michel Houellebecq. (EFE/Juan Herrero)
El escritor francés Michel Houellebecq. (EFE/Juan Herrero)

'Anéantir' en francés es liquidar, aniquilar, destruir. El título de la última novela de Michell Houellebecq golpea al lector desde antes de abrir el libro, formulándole preguntas sobre el verdadero significado del verbo dentro de este tejido de más de setecientas páginas que acaba de llegar a las librerías de Francia y Anagrama publicará en nuestro país a finales de agosto. Pocos escritores levantan tanta expectación como el francés por su capacidad de trascender el limitado marco contemporáneo de su profesión para incidir en la sociedad, una prosa capaz de pintar con precisión frescos de nuestro tiempo y su anticipación al futuro tanto por situar allí la acción de la trama como por jugar con una serie de hipótesis basadas en su análisis de la realidad. Pero esto es solo un mero punto de partida, tal como advierte en el misterioso epílogo al volumen.

'Anéantir' tiene, no podía ser de otro modo, múltiples niveles de interpretación. Un somero resumen hablaría del protagonismo de Paul Raison, confidente de Bruno, ministro de Economía francés y muy bien dispuesto para con su presidente, hasta el punto de aceptar ser el segundo de a bordo de un candidato presidencial mediático. Una estratagema envenenada por los riesgos colaterales, pues tanto su hombre de confianza como Sarfati, reclamo en las urnas por su ascendente televisivo, pueden crecer durante el siguiente quinquenio político, hasta arruinar sus planes.

Esta base es un hilo magnífico para desbrozarlo hasta crear más líneas hacia una polifonía, habitual en el autor, trenzada desde la fórmula de la Historia con mayúscula como marco para la historia mínima, la de los protagonistas del libro, con hechos ajenos al gran magma, útiles para intentar aprehender el estado de la Humanidad Occidental en el siglo XXI.

placeholder 'Anéantir', de Michel Houellebecq.
'Anéantir', de Michel Houellebecq.

En este sentido, la existencia de Paul contiene suficientes problemáticas de la cotidianidad como para ser un vehículo perfecto para desgranarlas y empapar la evolución de la novela. Su padre ha enfermado y se halla en estado vegetativo. Su mujer vive con él, pero la relación es distante, con ambos durmiendo en camas separadas. El ocaso paterno juntará a los hermanos en el ámbito rural, con la herencia futura en boca de todos. Cécile es un paradigma del fracaso de nuestra época, aquí datada entre 2026 y 2027. Cocina platos nacionales, una rareza, en eventos privados de ricos y tiene a su marido, notario, en paro, causa de su apego a ideas siempre más reaccionarias. Aurélien, el benjamín, es restaurador, malvive con su esposa, una periodista de segunda con demasiadas ínfulas derivadas de la frustración profesional, y quizá nunca ha dispuesto de un mínimo resquicio de felicidad, entregado a su labor en templos y museos sin imponer su criterio, a expensas de decisiones ministeriales más enfocadas a los visitantes chinos que a la preservación del patrimonio como valor intrínseco.

Francia y Occidente en la picota

El sistema francés se sostiene en 'Anéantir' desde una mascarada democrática donde los electores depositan sus votos en las urnas y el presidente, arropado por el ejecutivo, gobierna por decreto, con el Parlamento como comparsa para mantener el simulacro de opereta.

En el decenio de 2020, la producción gala ha aumentado, el PIB alcanza niveles prodigiosos y la industria se ha centrado en campos muy específicos con tal de poder plantar cara a las grandes potencias. Las encarnarían China desde su opacidad, Estados Unidos como faro medio decrépito de Occidente, Rusia como gigante geográfico y el Papa a través de la asunción de un conformismo por la poca prestancia de estilos alternativos de vida. Al fin y al cabo, la familia y la pareja continúan como alfa y omega de la convivencia, no tan digitalizada y en el abismo por el dilema de cómo solucionar el envejecimiento demográfico, con los ancianos siempre más solos en su otoño.

Internet tiene un peso fuerte en el entramado. En el día a día su uso es muy básico: descargar porno y criticar desde el anonimato

Internet tiene un peso fuerte en el entramado. En el día a día su uso es muy básico: descargar porno y criticar desde el anonimato. Sin embargo, la potencia de la red es otra tangente dentro de la novela, un despiste muy genuino por plantear cómo un grupo de terroristas siembra el pánico mediante nuevos códigos casi indescifrables y unos objetivos de carácter global con ramificaciones ambiguas por carecer de un absoluto clásico en la ideología y diseminar el mal sin manifestarse. Vídeos falsos con ejecuciones de Bruno, ataques a cargueros chinos o la explosión de una fábrica de semen en Dinamarca serían algunos de sus jalones.

¿Qué pretenden? Eso debe investigarlo el espionaje galo, con la inestimable ayuda de sus colegas norteamericanos. Las pesquisas propician desarrollar el estado de los extremismos, muy refinados en su manipulación de la tecnología pese a rechazarla al no considerarla como una auténtica fuente de progreso. La radicalidad forma parte del paisaje de la centuria diseccionada por Houellebecq. En Francia, los islamistas viven en la periferia, medio hacinados, solo en el candelero si la prensa, nada leída aunque influyente con chispazos cada vez más esporádicos, los emplea como chivo expiatorio.

Foto: Michel Houellebecq, al presentar en Barcelona su último libro, "Sumisión". (EFE/ Andreu Dalmau)

La decadencia del periodismo se denota asimismo por el nivel de los programas televisivos. Cuando toca hacer mención a los márgenes aún se recurre a los ensayos de Christophe Guilluy, silenciándose facetas más espinosas para el circo de las discusiones.

Entre ellas figurarían los movimientos contrarios a la eutanasia, implantada en todo el Viejo Mundo, o las gravosas comparaciones entre los núcleos urbanos y los rurales, una de las materias predilectas de Houellebecq, si bien aquí, no como en 'Serotonina', no se intuye una rebelión a lo Chalecos Amarillos, solo un hastío por lo imposible de conservar un piso en las capitales, expulsándose sus ciudadanos a los márgenes, más dignos pese a su desguace.

Tres grandes formaciones se reparten el pastel: la oficialista, una réplica del Frente Nacional y los ecologistas

Todo ello se produce por la tesitura del mapa político. La izquierda existe en lo residual al ser una reliquia sin arrestos ni inteligencia. Tres grandes formaciones se reparten el pastel. La oficialista, con la ventaja de manejar las estructuras a su antojo, una réplica del Frente Nacional y los ecologistas, adalides de la metamorfosis verde y sucesores de ese progresismo invisible, entre otras cosas porque los programas de gestión gubernamental cada vez son más similares a los de una empresa. Paul tiene esperanzas en Bruno por su sapiencia histórica y razonamientos 'a priori' menos cínicos pese a su nula preocupación por la tasa de paro.

El 'statu quo' es casi inalterable por la supeditación al presente y su concepción del pasado. El nombre de François Mitterrand solo huele a cronología escolar, un eco infinito, casi inaudible, por el triunfo de la ignorancia. Los presidentes de antaño sirven para bautizar buques de guerra, mientras el arte es otro extra para incrementar los fondos estatales de esta potencia mediana más calmada en lo social que España, puerto para los inmigrantes y enmarañada por la cronificación de la violencia con los recién llegados, víctimas de un odio minoritario y estruendoso.

La 'Comedia Humana'

Desde hace unos años existe una tendencia a paragonar a Michel Houellebecq con Honoré de Balzac. A su manera, sin lo frenético de su antecesor, sí podemos calificar el conjunto novelístico de nuestro protagonista como una 'Comedia Humana' de la contemporaneidad, siempre bañada de una atmósfera congelada en un aire insalvable de decrepitud, helado al no estallar hasta, precisamente, la atendida aniquilación.

En 'Anéantir', una frase podría englobar toda esta sensación. Cada nueva etapa de la vida no deja de ser otro prolegómeno más hacia la muerte. Los motivos resaltados, como la campaña electoral de las presidenciales o el enigma terrorista, son distracciones para apuntalar el dramatismo, sin estridencias de ningún tipo, del día a día, una batalla entablada con garantías si se asume la inutilidad de la razón en el contexto adulto y el sucumbir de la dignidad.

En 'Anéantir' cada nueva etapa de la vida no deja de ser otro prolegómeno más hacia la muerte

A partir de esto, la humanidad flota en unas condiciones excepcionales con escasas aristas. El fallecimiento de las personas sin apenas dolor es un automatismo más, pues autómatas somos en la autopista presente, con todo accesible y acotado hasta lo inhumano, poco presentido al integrar cada segundo de la jornada. Entre las reflexiones de Paul existe un leve atisbo de revuelta. La sanidad pública puede vender una moto, pero sus coordenadas empresariales la desacreditan. ¿No es más bello exhalar el último suspiro en casa? La ciencia y la técnica disponen un ámbito de milagros eficaz y gélido.

En esta perspectiva de lo individual podemos ubicar una filosofía de Houellebecq nada ajena a lo pregonado por Michelangelo Antonioni en los años sesenta del siglo pasado, cuando afirmó aquello de que el hombre ahora puede pisar la luna y la duración de su tiempo se ha acelerado, pero los instintos primarios no han variado desde la Prehistoria. Necesitamos comer, reír, besarnos, hacer el amor, dormir y desarrollarnos como especie desde la sencillez de ese dos más dos es cuatro, desquiciado por la estructura sistémica, arruinadora del Amor por fundirnos una inestabilidad permanente, paradójica por la aspiración duradera de los parámetros estipulados desde las alturas.

¿Liquidar? El proceso de descomposición es irrefrenable. Su lentitud es ese ambiente de antesala al adiós

Y así es como irrumpe un leitmotiv muy del autor. La desesperación de cada uno de los personajes, con la salvedad de Bruno como viga del poder, sin sentimientos no utilitarios, es consecuencia de la debacle de lo amoroso, único motor para voltear la tortilla de nuestro destino por ser una fuente universal de redención y el camino para vivir sin ser pateado por la Historia, aquella pesadilla de la que Dedalus quería despertar en el Ulises. No es un amor de morralla emocional, tan arquetípica desde la sobredosis de dulce de la centuria, sino una apuesta por una pureza primigenia.

¿Liquidar? El proceso de descomposición es irrefrenable. Su lentitud es ese ambiente de antesala al adiós. ¿También de Michel Houellebecq? El epílogo termina con 'Il est temps que je m’arrete'. ¿Qué quiere decirnos? Tras toda la bomba melodiosa esa frase suena a burla para alimentar más la leyenda, repleta de estima hacia el prójimo incluso en su metodología, crítica con sus colegas por no prestar atención a documentarse, una absurdidad porque a todos nos gusta explicar cómo desarrollamos nuestras profesiones. El francés ha conversado sobre todo con especialistas médicos sin recurrir a la Pandemia, no por infravalorarla, sino por cavilar cómo el mañana acrecentará nuestra dependencia por la ciencia desde el anhelo de ser longevos en condiciones con costes impredecibles a causa de la mercantilización de la vida, la misma que el francés se niega a tomar como otro producto más de la estantería.

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