La cultura de la cancelación se ceba en las mujeres
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La cultura de la cancelación se ceba en las mujeres

Los casos de cancelación más recientes, y más ruidosos, han tenido lugar en el mundo académico y universitario. El pecado de todas ellas: cuestionar las leyes de autodeterminación del sexo legal

Foto: La escritora J. K. Rowling. (Reuters/Suzanne Plunkett)
La escritora J. K. Rowling. (Reuters/Suzanne Plunkett)

J.K. Rowling no fue la primera. Pero la notoriedad de la autora de la saga Harry Potter sacó la discusión de las redes sociales y la llevó a los grandes medios de prensa. Muchos supieron entonces que, por decir "solo las mujeres menstrúan" o "el sexo de las personas es algo real", Rowling entraba en la larga lista de feministas acusadas de transfobia.

A la acusación, de imposible defensa, siguieron los boicots a sus libros, las campañas para llevarlos a la hoguera e incluso la retirada de ejemplares en algunas bibliotecas públicas o la eliminación del nombre de la escritora de una escuela de Primaria de Londres. El último episodio es reciente: en diciembre, Warner Bros ocultó el nombre de Rowling del tráiler de la película Animales Fantásticos 3.

J.K. Rowling había sido "cancelada". O, al menos, lo habían intentado.

Foto: (Getty Images)

Como ella, y en sus propias palabras, "muchas, muchas mujeres han sido objeto de campañas de intimidación que van desde ser acosadas en las redes sociales o denunciadas ante sus empleadores, hasta sufrir 'doxing' (divulgación de información personal) y amenazas directas de violencia, incluida la violación. Ellas y sus familias se han visto sumidas en un estado de miedo y angustia por el único motivo de que se niegan a aceptar acríticamente que el concepto sociopolítico de 'identidad de género' debe reemplazar al de sexo" (tuit de J.K. Rowling del 22 de noviembre).

Mujeres, feministas, de todos los ámbitos, aunque los casos de cancelación más recientes, y más ruidosos, han tenido lugar en el mundo académico y universitario. El pecado de todas ellas: cuestionar las leyes de autodeterminación del sexo legal; defender que el sexo es real e inmutable, que no se puede elegir a voluntad y que el concepto "mujer" está en riesgo si se admite, como quiere el activismo trans, que para ser mujer es suficiente con sentirse mujer.

En noviembre, Kathleen Stock, catedrática de Filosofía, renunció a su puesto en la Universidad de Sussex tras las acusaciones de transfobia y de varios actos violentos protagonizados por activistas trans: el recinto universitario fue empapelado con pasquines exigiendo su despido y se quemó una figura con su nombre.

Las acusaciones se intensificaron tras la publicación de su libro 'Material Girls. Por qué la realidad es importante para el feminismo', en el que desarrolla una crítica de la idea de la "identidad de género".

Stock denunció haber sido víctima de un ostracismo "medieval" por escribir sobre el sexo biológico, la identidad de género, los derechos de las mujeres y las demandas transactivistas.

Denunciada como tránsfoba, la catedrática Jo Phoenix se ha pronunciado a favor de mantener las prisiones separadas por sexos

Pocas semanas después de la renuncia de Kathleen Stock, Jo Phoenix, catedrática de Criminología, abandonó su puesto en la Open University tras una campaña de acoso de varios meses y de no recibir ningún apoyo por parte de su universidad. Denunciada como tránsfoba por sus opiniones críticas con la doctrina transgenerista, se ha pronunciado a favor de mantener las prisiones separadas por sexos, señalando los problemas que se generan si se admite a varones biológicos en cárceles de mujeres.

La profesora Phoenix ya había probado unos meses antes la ira de los activistas en la Universidad de Essex. Su conferencia sobre las posibles tensiones dentro del sistema de justicia penal por la presencia de transfemeninos en pabellones de mujeres fue suspendida por las denuncias de los estudiantes.

Foto: J. K. Rowling, la escritora de 'Harry Potter', en el estreno de 'Animales fantásticos: los crímenes de Grindelwald' (EFE)

En esa misma Universidad, la profesora Michele Moore fue objeto de una campaña en junio de 2019 para que fuera expulsada de la dirección de la revista 'Disability and Society'. ¿La razón? Sus opiniones fundamentadas sobre las causas de la conocida como disforia de género de aparición rápida (ROGD), que afecta particularmente (en 7 de cada 10 casos) a las niñas. "Este ataque contra ella es un intento deliberado y concertado de callar e intimidar a Michele, pero también tendrá un efecto silenciador sobre cualquiera que quiera criticar o cuestionar las ideologías que afectan a nuestros jóvenes", declaró en su día la organización feminista Woman's Place UK.

En la Universidad de Oxford, un estudiante transgénero puso en marcha en octubre de 2020 una campaña, suscrita por unos 500 alumnos y exalumnos, pidiendo la expulsión de las profesoras Selina Todd y Senia Paseta. Fue la respuesta al nombramiento de las docentes para dirigir un nuevo programa sobre Igualdad y Desigualdad de la Mujer en la Oxford Martin School.

Foto: Imagen de Dimitris Vetsikas en Pixabay. Opinión

La campaña de los transactivistas no logró su objetivo, pero la profesora Todd ha solicitado protección a la Universidad debido a las amenazas que ha recibido y en 2020 fue excluida de las conmemoraciones por el 50 aniversario de la primera conferencia del Movimiento de Liberación de la Mujer en el Ruskin College de Oxford. Todd ha negado repetidamente las acusaciones de transfobia, y se describe a sí misma en su sitio web como una "feminista crítica de género". Sobre el tema de la autoidentificación del sexo, afirma que "meses de investigación" la llevaron a la conclusión de que "apoyar lo que exigen las personas trans (…) perjudicaría los derechos de las mujeres, porque muchas veces lo que se exige es el acceso libre de varones biológicos a los espacios de las mujeres".

Las campañas para impedir que las feministas hablen sobre los derechos de las mujeres en los campus han sido recurrentes en las universidades británicas.

Germaine Greer, autora de 'La mujer eunuco', fue vetada por el sindicato de estudiantes de la Universidad de Bristol en 2018. Los alumnos realizaron una votación para impedir hablar a cualquiera que argumente que identificarse como mujer no es lo mismo que nacer mujer. El sindicato de estudiantes de la universidad aprobó una moción para que las mal llamadas "feministas radicales transexcluyentes" no tuvieran plataforma alguna en el campus.

También en la Universidad de Bristol, Raquel Rosario Sánchez, estudiante de doctorado y presidenta del grupo feminista Women Talk Back, fue denunciada en septiembre de 2021 por el sindicato de estudiantes por negar la entrada de transfemeninos a una reunión solo para mujeres. Los activistas han exigido que Raquel Rosario dimita y le han prohibido formar parte del comité de cualquier otro grupo afiliado a la universidad durante dos años.

Los activistas han insistido en que todas las integrantes de Women Talk Back reciban una "formación sobre diversidad e inclusión"

Prohíben a Women Talk Back realizar actos exclusivos para mujeres y han insistido en que todas sus integrantes reciban una "formación sobre diversidad e inclusión" que se centrará en la importancia de permitir la presencia de hombres en actos que antes eran solo para mujeres.

El grupo feminista considera que sus reuniones están amparadas por la Ley de Igualdad de 2010, que permite espacios de un solo sexo siempre que se considere un medio proporcionado para lograr un objetivo legítimo. Con esta base, Women Talk Back demandará al sindicato y defenderá su derecho a realizar reuniones sin la presencia de varones biológicos.

Raquel Rosario presentó en 2018 una demanda por acoso ante la Universidad de Bristol por los reiterados ataques de los activistas trans que consideraron un gesto hostil la participación de la estudiante en un acto organizado por la organización feminista Woman’s Place UK en defensa de los derechos de las mujeres basados en el sexo. Raquel Rosario llegó a temer por la continuidad de su beca.

Despidos ejemplarizantes

Fuera de las universidades, las mujeres también han sido despedidas o han tenido que renunciar a sus trabajos por las acusaciones infundadas de odio o de transfobia.

El caso más conocido es el de Maya Forstater, que resume así su experiencia: "He pasado los últimos dos años atrapada en una pesadilla kafkiana. Todo comenzó a principios de 2019, cuando perdí mi trabajo en un grupo de expertos en desarrollo internacional por decir que el sexo importa: que ser hombre e identificarse como mujer no es lo mismo que ser mujer".

"Cuando busqué representación legal para presentar una demanda contra mi exempleador, dos importantes bufetes de abogados se negaron a aceptar mi caso y uno lo abandonó unos días antes de que yo lanzara una petición de financiación colectiva por su preocupación de ser acusados de 'transfobia'. Cuando me quejé ante la Autoridad de Regulación de Abogados, me dijeron que no era una violación de los estándares profesionales examinar y rechazar clientes. Mientras tanto, busqué otro trabajo en el sector del desarrollo internacional, pero me dijeron que era demasiado controvertida para contratarme".

Foto: Manifestación del Orgullo LGTBI. (EFE) Opinión

Maya perdió el juicio en el tribunal laboral pero posteriormente obtuvo una sentencia favorable que reconocía que su afirmación de que el sexo es real está respaldada por la Ley de Igualdad y por el derecho a la libertad de expresión.

La periodista y columnista Suzanne Moore, feminista, progresista, ganadora del prestigioso premio Orwell de periodismo político 2019, abandonó 'The Guardian' en noviembre de 2020. Ella misma explicó las razones: "Si escribir sobre los derechos de las mujeres y sobre las experiencias de las mujeres se califica como transfobia, si 338 colegas te denuncian, esta salida es en realidad una expulsión".

"Mi temor no es por las personas trans, sino por una ideología que supone el borrado de las mujeres"

Al explicar las razones de su renuncia, Moore señalaba en 'UnHerd': "La censura continúa y no puedo soportarla. Cada día, otra mujer pierde su trabajo y se produce una quema de brujas en Twitter. Mi temor no es por las personas trans, sino por una ideología que supone el borrado de las mujeres, no solo de la palabra, sino de nuestra capacidad para nombrar y describir nuestra experiencia. Ahora somos personas con cérvix, progenitores que dan a luz, personas que menstrúan".

Hoy, si no crees que el cambio de sexo sea algo real, puedes ser obligada a renunciar a tu propia empresa. Rosie Kay, presentó en diciembre de 2021 su dimisión como coreógrafa y directora de la Rosie Kay Dance Company tras la acusación de transfobia por parte de bailarines "no binarios" y después de meses de un proceso de investigación que ha calificado de "injusto, opaco y horrible" que aún está en curso.

Foto: Virginia Woolf y James Joyce. (Diseño: Raquel Cano)

Los bailarines consideraron transfóbico un comentario de Kay sobre el 'Orlando' de Virginia Woolf, en el que un aristócrata masculino se transforma en una mujer. La coreógrafa comentó ante su compañía "Woolf sabe que cualquiera puede cambiar de sexo en su imaginación, pero que no puedes cambiar de sexo en tu cuerpo real".

Kay ha perdido totalmente el control de su propia empresa e incluso no puede acceder a sus redes sociales y cuentas bancarias.

Dejar a las feministas sin trabajo y sustento es a menudo el resultado de las campañas de cancelación.

La abogada Allison Bailey es una de las fundadoras de la Alianza LGB, una organización que no incluye la "T" de trans en sus siglas

Desde 2019, la abogada Allison Bailey ha sido investigada y señalada por defender que el sexo biológico es innato y que solo las mujeres pueden ser lesbianas. Bailey, abogada en el bufete Garden Court Chambers, es una de las fundadoras de la Alianza LGB, una organización que promueve los derechos de lesbianas, gais y bisexuales y que no incluye la "T" de trans en sus siglas.

Como resultado de las denuncias que consideran transfóbica la postura de Bailey, sus empleadores anunciaron que iniciarían una investigación interna, y, unos meses más tarde, la abogada demandó a su bufete y a la organización LGTBQ Stonewall por sus intentos de "controlar la libertad de expresión y de silenciar y vilipendiar a mujeres como yo, que tienen preocupaciones genuinas sobre cómo su enfoque de la inclusión trans entra en conflicto con las protecciones, la seguridad y la dignidad de las mujeres, las niñas, los niños y las personas LGB". (Allison Bailey en su web).

Cuando Allison Bailey lanzó el 'crowdfunding' para su caso contra Stonewall, en junio de 2020, la plataforma CrowdJustice lo eliminó por las quejas de los activistas. En ese momento ya había recaudado más de 60.000 libras.

Foto: La ministra de Igualdad, Irene Montero. (EFE) Opinión

El trabajo de la artista Jess De Wahls fue retirado de la tienda de la Royal Academy, por sus puntos de vista "transfóbicos", según un comunicado de la institución conocido en junio de 2021.

Wahls opina que una mujer es una hembra humana adulta. Y esculpe figuras de úteros. Las críticas contra la decisión de la Royal Academy hicieron recular a la institución, que se disculpó y repuso en la exposición el trabajo de De Wahls.

La organización Sex Matters declaró en defensa de Wahls: "Esto es discriminación por creencias y viola los derechos de Jess Wahls bajo la Ley de Igualdad y el Convenio Europeo de Derechos Humanos".

Las que han hecho públicas sus preocupaciones sobre cómo afectan a los menores las políticas de autoidentificación han sido acosadas

También algunas profesionales que han hecho públicas sus preocupaciones sobre cómo afectan en los menores las políticas de autoidentificación han sido acosadas o despedidas por sus empleadores.

Sirva como ejemplo el caso de Sonia Appleby, trabajadora social y responsable de bienestar infantil en la cínica de identidad de género de la sanidad pública inglesa. Entre 2017 y 2019, Appleby trasladó a los responsables del fideicomiso Tavistock sus preocupaciones acerca de las prácticas de algunos médicos, demasiado rápidos a la hora de recetar hormonas a menores con disforia de género. Sus demandas incluían evaluar si los menores tenían problemas subyacentes —como abusos— antes de recetarles el tratamiento hormonal. La reacción de Tavisock fue ignorar estas advertencias y prohibir a los trabajadores que hablaran con Appleby. Finalmente, esta denunció a sus empleadores por bulliyng laboral y en septiembre de 2021 ganó en los tribunales y fue indemnizada. Según la sentencia, fue "tratada con hostilidad" y sometida a procedimientos "cuasi disciplinarios" después de plantear sus preocupaciones a los gerentes de Tavistock y Portman Trust.

Katie Alcock, fue despedida de GirlGuiding (la rama de los Scouts para niñas y jóvenes) por su denuncia de las políticas de la organización, que permiten a chicos que se autoidentifiquen como chicas usar los vestuarios y habitaciones de acuerdo no con su sexo biológico sino con el sexo con el que dicen que se identifican.

Mujeres frente a una neolengua de ocultación

En el ámbito medico-sanitario, la censura y el acoso se han dirigido a mujeres críticas con una neolengua que borra a las mujeres y los procesos biológicos exclusivos de las mujeres.

Milli Hill, autora de éxitos de ventas y fundadora del Positive Birth Movement, una red de base de grupos de apoyo para mujeres embarazadas, afirma que fue "cancelada" por sugerir que la violencia durante el parto se comete contra las mujeres y no contra las "personas que dan a luz" y que experimentó "intimidación extrema" después de hacer esos comentarios en las redes sociales.

El acoso comenzó en noviembre de 2020, cuando Hill afirmó en su cuenta de Instagram: "Son las mujeres las que son vistas como el 'sexo débil', y la violencia obstétrica (intervenciones médicas realizadas durante el parto sin el consentimiento de una mujer) es violencia contra las mujeres".

Foto: La atleta sudafricana Caster Semenya, tras una carrera en 2019. (Reuters)

Hill fue sometida a un torrente de mensajes de odio y campañas para que sus libros fueran boicoteados. Uno de los comentarios en redes decía: "No deberíamos comprar sus libros. No deberíamos regalarlos. No deberíamos seguirla. No deberíamos citarla. Tiene opiniones, creencias y puntos de vista peligrosos".

Como respuesta al acoso, Hill ha decidido cerrar la red Positive Birth, que contaba con 400 grupos de apoyo a nivel internacional.

Una serie de activistas feministas del parto han sido condenadas al ostracismo por expresar sus preocupaciones sobre el lenguaje inclusivo

Es la última de una serie de activistas feministas del parto que han sido condenadas al ostracismo por expresar sus preocupaciones sobre el lenguaje pretendidamente inclusivo que excluye a las mujeres.

En 2015, la comadrona estadounidense Ina May Gaskin, autora de libros, conferenciante y formadora, que ha sido llamada la partera más famosa del mundo, fue acusada de tránsfoba por firmar una carta en la que se pedía a la Alianza de Comadronas de Norteamérica que abandonara la terminología de "personas embarazadas" en su Guía de Competencias Básicas y que recuperara la palabra "mujeres". Una campaña en change.org pidió incluso que May fuera apartada de conferencias y debates.

"No soy 'dueña de cuello uterino', no soy 'persona menstruante', no soy un 'sentimiento'. No me define llevar un vestido. Soy una mujer"

En 2019, Lynsey McCarthy-Calvert, asistente de partos y portavoz del grupo de apoyo sin fines de lucro Doula UK, fue expulsada de su trabajo por afirmar que solo las mujeres pueden tener bebés.

McCarthy-Calvert publicó una foto en redes sociales que decía: "No soy 'dueña de cuello uterino', no soy 'persona menstruante', no soy un 'sentimiento'. No me define llevar un vestido o pintalabios. Soy una mujer: una hembra humana adulta".

Un grupo de activistas presentó una denuncia ante Doula UK, alegando que el post de McCarthy-Calvert contenía "comentarios de exclusión trans", como la afirmación de que mujer es "la hembra humana adulta".

Foto: Centenares de personas participan en la manifestación convocada por Orgullo Crítico Madrid. (EFE) Opinión

Es larga la lista de mujeres acosadas, denunciadas, canceladas por las campañas del activismo trans. Incluye, entre otros, nombres como los de Abigail Shrier, cuyo libro 'Irreversible Damage' ('Daño irreversible. La moda transgénero que seduce a nuestras hijas') fue vetado para publicitarse en Amazon; Julie Bindel, una de las pocas periodistas que escribía sobre el transgenerismo en la primera década de este siglo, ha sido comparada con Hitler, prohibida por varios sindicatos de estudiantes y agredida por un activista en la Universidad de Edimburgo; Kate Scottow, detenida en su propia casa por un tuit en que usaba el masculino en lugar del femenino, encarcelada durante horas y finalmente absuelta tras meses de acoso; Marion Miller, interrogada por la Policía bajo la acusación de haber amenazado en Twitter con una horca que era en realidad la imagen de un lazo sufragista. La cuenta de crowdfunding para sufragar la defensa de Miller fue cerrada por la plataforma.

No son las únicas: Rosa Freedman, profesora de derecho en la Universidad de Reading, señalada y amenazada de violación por pronunciarse contra la autodeterminación del sexo; las diputadas Rosie Duffield (estigmatizada en su partido, el Laborista, por decir que solo las mujeres tienen útero) o Joanna Cherry, desbancada como portavoz del Partido Nacional Escocés, entre otras razones, por su clara defensa de los derechos de las mujeres frente a las demandas del colectivo trans; y también las feministas Natasha Chart, Dominique Christina, Libby Emmons, Linda Bellos, Meghan Murphy y Posie Parker que fueron vetadas por la Biblioteca Pública de Nueva York en enero de 2020 y suspendida su conferencia 'Una velada con mujeres canceladas'.

¿Y en España?

En nuestro país, los intentos de cancelación de mujeres críticas con la doctrina que niega validez al sexo han llegado más tarde y se vinculan con la oposición de las feministas a las leyes de autodeterminación presentadas por el ministerio de Igualdad.

También en España tenemos ya casos de mujeres que han sido canceladas como colaboradoras en varios medios y también aquí han empezado las denuncias en los juzgados. Ninguna de esas denuncias —la mayoría interpuestas por organizaciones, pero no solo— ha prosperado. Como ya han señalado sentencias en Reino Unido, la libertad de expresión ampara a quienes defienden que el sexo es real e inmutable y a quienes denuncian que poner el cambio del sexo legal al alcance de toda la población, sin el requisito de ser transexual/padecer disforia de género, atenta contra los derechos de las mujeres. Las inglesas han ganado uno a uno todos los juicios, pero el castigo es el propio proceso y el estigma de ser acusadas de delito de odio.

*Lola Venegas es periodista y forma parte de la Alianza Contra el Borrado de las Mujeres.

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