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Almudena Cid: "El escenario no me intimida. Más desnuda que en el deporte no he podido estar"
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Almudena Cid: "El escenario no me intimida. Más desnuda que en el deporte no he podido estar"

La conocida gimnasta decidió plasmar todo lo que le supuso el deporte en la actuación. Al principio, dice, la recibieron como intrusa. Cosa que entiende, porque hay en sus palabras mucho reposo, mucha paciencia y mucha terapia

Foto: Entrevista a Almudena Cid. (Isabel Blanco)
Entrevista a Almudena Cid. (Isabel Blanco)

Almudena Cid (Vitoria, 1980) camina como si en vez de acera pisara el tapiz. Va ligera después de aparcar su coche en la madrileña calle de Conde Duque y se dirige al Café Siniestro, donde tendrá lugar la entrevista. La que fue gimnasta lleva años siendo actriz. Un trabajo el suyo, el de reconvertirse, rehacerse y aprender que define como "reciclaje". El 1 de diciembre estrenó en los Teatros del Canal de Madrid la obra 'Una historia de amor', de Alexis Muchalik, donde comparte escenario con intérpretes como Aura Garrido y Félix Gómez.

Está nerviosa, dice, por la responsabilidad y por el vértigo que le da la capital. Aunque ya ha pasado tiempo desde que debutó de la mano de Sergio Peris-Mencheta —"un genio"— en 'La cocina' y continuó con series diarias como 'El secreto de Puente Viejo', una experiencia que recuerda como "gran escuela".

placeholder Foto: Isabel Blanco.
Foto: Isabel Blanco.

Cid es la única gimnasta rítmica que ha disputado cuatro finales olímpicas (Atlanta, Sidney, Atenas y Pekín) y tiene recuerdos tan dulces como amargos de esos 21 años en los que fue deportista profesional. Por eso cuando se retiró decidió no ser entrenadora, sino escribir libros. "En vez de una autobiografía, preferí contar a los jóvenes lo que pasa cuando, por ejemplo, te sale el pecho. Consejos que yo no tuve y habría necesitado", explica.

Pero quería más. Así que decidió plasmar todo lo que le supuso el deporte en la actuación. Al principio, dice, la recibieron como intrusa. Cosa que entiende porque hay en sus palabras mucho reposo, mucha paciencia y mucha terapia. También mucha risa cuando recalca que se ha pasado media vida en maillot, así que vergüenza, poca.

Aunque de vez en cuando asomen los monstruos. "Recuerdo ir al supermercado y que la cajera, mientras cogía mi compra, me preguntaba que para cuándo los niños. [Está casada con el presentador y escritor Christian Gálvez] Tuve pesadillas terribles con la maternidad, porque estas preguntas me pillaban en pleno proceso de reciclaje, sin haber encontrado aún mi nueva identidad. ¿Cómo se les ocurría pedirme que trajeran a alguien a este mundo con esta inestabilidad interna? Nadie se pone en tu sitio. En mi caso, además, resulta más difícil porque se hace público", dice.

Se emocionó varias veces en la charla. De alegría.

Foto: Almudena Cid, en 'MasterChef Celebrity'. (TVE)

PREGUNTA. Echando un vistazo a anteriores entrevistas, hay una palabra que repite con cierta frecuencia: "resistencia". ¿Es porque le encaja o porque la necesita?

RESPUESTA. Ahora prefiero hablar de reciclaje, pero durante mi etapa deportiva tuve que resistir a circunstancias y situaciones que van más allá de lo deportivo y creo que ahora estoy en un punto en el que no hay resistir ni aguantar las cosas que no me permiten avanzar. Uno no puede resistir todo lo que le viene, tiene que saber que hay cosas que no tiene por qué sostener. Me ha ayudado la distancia y la perspectiva, y me he ido construyendo así, hablando mucho conmigo misma.

Verás, yo no sabía en mi época deportiva que era una persona sensible porque entendía que había que ser fuerte. Tenías una lesión, un menisco roto, ciática, y salías a competir. Como si formara parte de la visión que tienen los demás del deportista. Luego me di cuenta de que no todo vale. No paré nunca, conseguí ser un referente para las mujeres en mi deporte, pero luego dije: "Ostras, me he sentido tan sola en este camino que he abierto para otros, tan rechazada…".

P. ¿Hasta qué punto hizo mella en usted el rechazo?

R. Eso lo viví en el año 2000, cuando decidí continuar compitiendo y me llamaron la abuela de la gimnasia. "No tiene nada que hacer, si le ha cambiado el cuerpo", me decían. Mi referente entonces en la gimnasia tenía caderas y se expresaba de una manera muy especial. Yo pensaba que al llegar a esa edad ocurriría igual, sacaría todo mi esplendor. Pero me reprochaban que no dejaba dar el paso a las jóvenes, pero yo no ocupaba ese espacio. Eran dos gimnasias distintas. Yo trabajaba más con la cabeza y ellas con el cuerpo.

Y sentí prejuicios cuando empecé en la actuación.

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Foto: Isabel Blanco.

P. Es que va usted provocando: actriz, escritora…

R. (Sonríe) Lo que algunos ven como intrusismo, insisto, yo lo veo como reciclaje. Ocupo un lugar en el cual todo lo que he aprendido del deporte lo quería aplicar a otras disciplinas. Cuando me pidieron hacer una autobiografía, preferí escribir para los jóvenes que empiezan en este deporte porque yo no lo tuve. Si alguien me hubiera explicado en un libro lo que te pasa cuando te sale el pecho, lo que ocurre cuando algo no te sale y la entrenadora no te entiende, que los celos existen entre las compañeras de equipo, que tienes que convivir con todo eso… Eso no te lo enseñan, así que decidí poner esas ideas en un libro para poder reconciliarme con personas y con momentos que no había podido curar.

Luego está la idea de llegar nueva a un sitio y que se vea como una amenaza, eso fue horrible. Parece que eres la guay que han traído para quitar el sitio de alguien. Yo tendía a aislarme bastante porque como desde pequeña no iba a los cumpleaños siempre estaba fuera de las conversaciones de mis amigas, así que jugaba con los chicos al fútbol. Siempre he sentido la mirada por ser diferente.

Por ejemplo, cuando hice 'La cocina', de Arnold Wesker, dirigida por Sergio Peris-Mencheta, un chico escribió en twitter: "Ya es lo último, que Almudena Cid actúe en el Centro Dramático Nacional". Y yo pensé: "¡Pero si es que no se ha estrenado ni la obra!", le di un "me gusta" y al tiempo me escribió un correo pidiéndome disculpas. Le ofrecí una invitación para ir al teatro y me dijo que no hacía falta porque ya había ido a verme. Fue un gesto muy honesto.

"Luego está la idea de llegar nueva a un sitio y que se vea como una amenaza, eso fue horrible"

Hay gente que no analiza de dónde viene uno antes de hablar, y yo vengo de enfrentarme en maillot a escenarios de 8.000 espectadores sin contar los que estaban frente al televisor, de enseñar mi trabajo y jugármelo todo en un minuto y medio. Es la misma responsabilidad e incluso más que cuando se levanta el telón. Porque en el tapiz, si yo fallo, no hay nadie que siga por mí y tampoco tengo repetición. Pierdo mis cuatro años de trabajo. En el teatro el compañero puede retomar un error y nadie se da cuenta. Ahora en la interpretación tengo que rebajar mi nivel de exigencia, porque cuando me trabo en un texto siento como si se me cayera la pelota en un ejercicio.

He sentido que mis compañeros vienen con un prejuicio evidente e inevitable, pero cuando trabajan conmigo el 'feedback' es muy bonito (se le humedecen los ojos). Ay, es que me emociono. Acaban entendiendo que esté ahí con ellos.

P. Ese prejuicio inevitable puede que también lo tuviera el propio Peris-Mencheta, al que conocimos por series de TV y desde hace tiempo encabeza proyectos diferentes y arriesgados. ¿Cómo fue el encuentro con él?

R. Le conocía porque empecé a ver sus obras y me encantaban. Creo que tiene una forma distinta de contar, siempre con riesgo, y con cada producción se va complicando más la vida. Es un genio. Tenía que levantar una obra con 26 actores en un mes y dijo: "O tengo gente peleona o esto no lo levanta ni Dios". Él sabía que yo estaba en el mundo de la interpretación, y creo que me llamó porque sabía que no le iba a fallar. Tiene una forma brutal de entender todo como un equipo. Que le gusten los juegos de mesa no es una casualidad; es muy estratega y sabe muy bien cómo es cada actor y cómo colocarlo. Y siempre le funciona.

Iba conduciendo y me llamó. Me dijo: "¿Almu, estás sentada? Quiero que estés en 'La cocina'". Me puse a llorar y le di las gracias. Luego entendí que también él es fruto del reciclaje, porque fue campeón de España de rugby y después se metió a actor. Por eso el escenario no me intimida, porque más desnuda que en el deporte no he podido estar. Y eso que tengo muy poca cultura cinematográfica porque cuando estaba en activo, ver películas me debilitaba.

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Foto: Isabel Blanco.

P. ¿Por qué?

R. Porque si eran de llorar… recuerdo leer 'Flores en el ático' (escrita por Virginia Cleo Andrews) y no sabes lo que me influyó. No sé qué fue, pero no podía dejar de llorar. Por eso bloqueé todo tipo de estímulos que asociara a debilidad, como el cine y la lectura. Cuando me retiré empecé a retomarlo y aprendí que podía jugar con las emociones, que no había siempre que taparlas. Me metí año y pico en la escuela de Juan Carlos Corazza y aunque aquel no era el sitio en el que tenía que estar, tuve de profesor a Manuel Morón, que sacaba lo mejor de mí.

P. También ha trabajado en 'El secreto de Puente Viejo'. Cuando entrevistamos a Paula Usero, mencionaba con mucho cariño la escuela que supone estar en una serie diaria, a pesar de las miradas altivas de algunos compañeros…

R. Las diarias tienen una cosa, que es que tienes que conformarte con que las cosas no salgan perfectas. Tienes que aprender a aceptar que si tienes diez escenas y te equivocas en la segunda, el ritmo del rodaje es el que es, es borrón y cuenta nueva. Es algo que me costaba mucho comprender y aceptar cuando era gimnasta.

Una serie diaria es alto rendimiento, es intentar la excelencia sin conseguirla y no frustrarte. Eso es lo más complicado. Agudizas mucho la memoria, acabas sacándote unos superpoderes que no sabías que tenías. Si eres inteligente, lo aprovechas como escuela y como forma de batalla. Puente Viejo me dio fluidez y confianza. Por ejemplo, siempre pensé que nunca me saldrían arrugas sobre un tapiz, pero sí sobre un escenario. Si he tardado 21 años para sentirme competente como gimnasta, ¿no lo voy a tener que pasar para serlo como actriz? He aprendido a cultivar mucho la paciencia.

"Una serie diaria es alto rendimiento, es intentar la excelencia sin conseguirla y no frustrarte. Eso es lo más complicado"

P. ¿Cómo se enfrenta al estreno en los Teatros del Canal?

R. Estoy nerviosa, inquieta. Es normal, pero me pesa la felicidad. Hemos hecho una pregira y para mí fue muy importante el estreno en Vitoria, con todo el público en pie. Pero me hace mucha ilusión estar permanente en un lugar y ver lo que va ocurriendo día a día, porque tiendo a infravalorarme. Esta cosa de que la gente me vea siempre sonriente y muy fuerte, porque he hecho cosas imposibles, con un traje de licra de superheroína… pero no. Tengo mis inseguridades.

P. Verbalizarlo ayuda a los que no tenemos esos superpoderes y esa visibilidad.

R. Como deportista siempre he tenido ayuda psicológica, y he considerado que trabajar el cuerpo y la mente era igual de importante. De hecho tengo mis propios mecanismos y los aplico en el teatro. Si estoy muy nerviosa, intento cansarme, porque el cansancio es una sensación común y sé afrontarlo. Tengo técnicas para respirar, de relajación, pero eso no exime que pases una mala época. Lo importante es no callarlo, compartirlo.

P. De hecho, usted ha insistido en más de una ocasión en que no es bueno idealizar al deportista de élite…

R. Hay casos recientes como el de Simone Biles, pero recuerdo a Michael Phelps, que tuvo pensamientos suicidas, y otros como Yago Lamela, que en paz descanse. Creo que es necesario, si esta entrevista la leen deportistas u otras personas cuyo trabajo requiere mucha exigencia, que se escuchen. No hay nada más. A veces anteponemos nuestro trabajo y creemos que podemos aguantar, pero ese sobreesfuerzo mental y físico tienen consecuencias.

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