Más allá de Enigma (III): Aleksander 'Max' Demyanov o el horror del engaño de Stalingrado
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Historia Secreta de la II GM

Más allá de Enigma (III): Aleksander 'Max' Demyanov o el horror del engaño de Stalingrado

En el invierno de 1943 los soviéticos perpetraron una gigantesca operación de espionaje con la red Max que confundió al III Reich para encerrar por sorpresa a su VI ejército y enviar a la muerte a 70.000 compatriotas rusos

Foto: A la derecha, Aleksandr Demyanov, Max, espía soviético.
A la derecha, Aleksandr Demyanov, Max, espía soviético.
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La mejor forma de engañar a alguien es contándole la verdad. Es una contradicción y también exactamente lo que ocurrió en el invierno de 1943 en el frente ruso por decisión de Stalin cuando decidió valerse de la intrincada operación Monasterio. Algo así como el dilema de los dos guardianes que custodian la salida del laberinto: uno dice siempre la verdad y el otro siempre miente. El resultado fue el mayor revés de la guerra para los nazis con la crucial contraofensiva sobre Stalingrado. Si se pierden, culpen al guionista de la sutil y perversa historia que cambió el curso de la Segunda Guerra Mundial.

Aleksandr Demyanov, un espía ruso con el nombre en clave alemán Max se convirtió en la mejor solución del Kremlin para confundir al Tercer Reich de la mayor ofensiva de infantería de la historia. Solo que para perpetrar una mentira de tal envergadura, el dictador soviético tuvo que convertirlo en una verdad que le costó la vida a más de 70.000 hombres. No sale en casi ningún manual de historia ruso. Incluso sería posible que todo lo que sigue ahora fuera una ficción. Pero no lo es, o al menos es lo más consensuado dentro de la obtusa historiografía de todo lo que tiene que ver con la URSS. Un cubo de Rubik antes de Rubik.

Cuando los nazis dieron con la red la vieja nobleza rusa el júbilo se desató en el NKVD

Todo comenzó en diciembre de 1941 cuando los oficiales de inteligencia de la Abwehr del Tercer Reich se encontraron con una red de opositores soviéticos de la antigua nobleza rusa insertada en el corazón de la URSS. La oportunidad perfecta para infiltrar al enemigo tras la mastodóntica operación Barbarroja que no había tenido todo el éxito esperado. El Tercer Reich estaba lejos de haber doblegado a los eslavos, Leningrado, Moscú y Stalingrado seguían sin caer, Hitler no tenía su 'Lebensaraun' —el espacio vital germano al este— y la guerra se alargaba. Era el escenario perfecto para que un ambicioso general en los servicios de inteligencia nazis, Reinhard Gehlen creyera poder escalar puestos y alcanzar los objetivos militares con ayuda de las filtraciones de inteligencia.

Cuando los nazis dieron con la red de opositores rusos, el júbilo se desató en el NKVD y el GRU —la inteligencia militar soviética— porque Gehlen había picado el anzuelo con un falso movimiento de Resistencia antisoviética y proalemana en el núcleo del alto mando ruso, con el nombre en clave de 'Trono' que había sido inventado por el NKVD. Según el historiador británico Max Hastings —'Historia secreta de la Segunda Guerra Mundial' (Crítica)— la denominada operación Monasterio se fundamentaba en una red de agentes dobles procedentes de la vieja nobleza rusa: los que aún vivían tras décadas de persecuciones. "Monasterio" explica Hastings, "reactivó las inveteradas dotes rusas para la conspiración".

placeholder El general Reinhard Gehlen.
El general Reinhard Gehlen.

Entre ellos se encontraba Aleksandr Demyanov nieto del oficial cosaco Demyanov bien conocido en los círculos de los 'rusos blancos' exiliados que habían combatido sin éxito la Revolución Bolchevique en los años 20. Fue la clave porque Reinhard Gehlen que desconfiaba de 'Trono' y 'Monasterio' sí se tragó al personaje de Demyanov. Así, en el caos del contraataque soviético de la URSS, tras la operación Barbarroja de Hitler para invadir Rusia, apareció tras las líneas enemigas el agente que cautivó al jefe de la Abwehr en el frente este, quien comprobó que efectivamente Demyanov formaba parte de una de las familias más antisoviéticas rusas.

Gehlen le puso el nombre clave de Max y con él comenzó la operación de doble agente más polémica de toda la Segunda Guerra Mundial. Si Juan Pujol, Garbo, fue la operación del MI5 para engañar a los nazis sobre el verdadero lugar del desembarco en Europa de las tropas angloamericanas —que al final fue en Normandía—, Max constituyó la operación de más largo alcance del NKVD y el GRU soviéticos de toda la guerra, que culminaría con éxito en la crucial contraofensiva de Stalingrado.

La inteligencia soviética, el NKVD había instruido a Max para proporcionar información a los nazis

Mientras, el MI5, que tenía su porpia operación XX, o doble cruz, no daba crédito a lo que estaba ocurriendo. Interceptaron con Enigma las filtraciones rusas que llegaban a Alemania y el entonces oficial de inteligencia británico Trevor-Roper —que se convertiría tras la guerra en uno de los expertos historiadores del periodo— avisó a sus superiores para alertar a Moscú. Sin embargo, no hicieron el menor gesto por desmoontar una red que a todas luces proporcionaba información valiosa.

El rompecabezas se complicó porque el hecho de que no quisieran hacer caso a sus aliados indicaba que era una operación falsa, pero al mismo tiempo y a diferencia de Fortaleza, eran operaciones reales: ¿Stalin podía proporcionar información real que costaba vidas a costa de tener un canal amañado con Berlín? La confusión fue total incluso después de la guerra: sencillamente los aliados occidentales no podían concebir que una tapadera como Monasterio pudiera suponer derrotas tan graves como la de la operación Marte por lo que contra el criterio de Trevor-Ropr concluyeron que Max era realmente un espía infiltrado por los nazs en Moscú: comprobarían ya en la Guerra Fría que jugaban a otro nivel pero entonces fue inconcecible.

Lo que ocurría es que la URSS, con la posterior participación directa del mismo Stalin había diseñado —sin por supuesto avisar a sus aliados— de su propia red de dobles agentes, la denominada operación Monasterio que culminaría con la operación militar Urano, para encerrar el VI ejército del general Von Paulus en el invierno de 1943 en Stalingrado. A partir de ese momento el Tercer Reich había perdido la guerra.

Engaño real

Tal y como relata el historiador británico Antony Beevor en 'La Segunda Guerra Mundial' (Crítica) a través de la fuente del maestro de espías ruso, el general Pavel Sudoplatov, el plan del NKVD, una vez que Max convenciera a Gehlen e que fuera lanzado en paracaídas detrás de las líneas rusas con órdenes nazis para montar una red de informadores con una radio que les transmitiera los planes. Al igual que en la operación Fortaleza —Más allá de Enigma II— de dobles agentes de los aliados, desde el principio toda la información de espionaje fue un camelo. La diferencia es que cuando tomó las riendas Stalin sí que se comunicaron a través de Max

placeholder Iosif Stalin.
Iosif Stalin.

Básicamente, el NKVD había reclutado a Demyanov, quien efectivamente había formado parte de la oposición antisoviética, pero que tras amenazas de todo tipo primero y los agasajos después se había convertido en un doble agente. Para mantener contento a su mejor espía el NKVD de hecho le compró caballos, le dejaron tener propiedades y le permitieron todos los caprichos incluso con su amante del Hollywood ruso.

Así, en febrero de 1942, Demyanov, Max, falsamente reclutado por el Abwehr, regresó a la URSS en donde el NKVD comenzó a proporcionarle información lo suficientemente plausible y también poco precisa para que sus informes radiados fueran creíbles. Al igual que ocurría con Garbo en Londres, todo era inventado, la diferencia con el espía español al servicio del Reino Unido sería que su engaño sería real en parte: solo Stalin pudo diseñar una operación falsa pero en la que combatieran y murieran sus soldados de verdad, operación Marte para cubrir a Urano, es decir, la bolsa sobre Stalingrado. Max, es decir el NKVD jugaría un papel crucial.

Operación Fall Blau

Después de la ofensiva de 'Fall Blau', la conquista nazi de Stalingrado en el verano de 1942, el VI cuerpo de Ejército del general Friedrich Von Paulus se había quedado atascado al llegar el terrible invierno. Aun así, dominaban gran parte de la ciudad y para la URSS suponía una dificultad extrema: atacar de frente en lo que se había convertido ya en una ratonera de escombros en los que no había posibilidad de usar tanques y donde la infantería y los francotiradores hacían estragos.

En Moscú se preparó una doble ofensiva: la falsa Marte y la real Urano

En Moscú se comenzó a preparar una doble ofensiva que debía acabar con la invasión nazi. Por una parte se preparó una operación 'falsa', Marte, cuyo objetivo era confundir a la Wehrmacht del verdadero ataque que sería en Stalingrado, es decir Urano, la operación que se ejecutó apenas unos días después. Los oficiales soviéticos plantearon un delicado y brutal montaje que respondía a un perverso plan: engañar a los nazis contándoles la verdad. La ofensiva sobre el frente de Moscú se iba a producir realmente y Max se lo iba a contar todo a Gehlen, quien pudo comprobar el movimiento de tropas, solo que con eso ocultaban que la gran ofensiva sería al sur, en Stalingrado.

placeholder Batalla de Stalingrado.
Batalla de Stalingrado.

Todavía se discute si pudo realmente ocurrir así, pero Max comenzó a proporcionar informes a Gehlen sobre una ofensiva en la zona del Rhzev, a miles de kilómetros de Stalingrado, en un saliente al oeste de la capital Moscú. Fue el mariscal Zhukov quien, terminada la guerra, explicó en sus memorias el gigantesco fracaso de la operación de diversión que, a diferencia del inventado desembarco aliado en el Paso de Calais que perpetró Garbo, fue real. En Rzhev se inició una ofensiva, la operación Marte que estaba destinada a fracasar, puesto que el agente Max informó a los nazis de los planes. Una mentira con una verdad que le costó la vida a 70.000 hombres que fueron a luchar contra el muro de la Wehrmacht que conocía sus planes de antemano.

Carne de cañón

Así Stalin a través del espía envió prácticamente a la muerte a sus hombres. Sin embargo, de esa forma la NKVD había engañado a Gehlen y la Wehrmacht que, en cambio, no esperaban en ningún caso que el ejército rojo estuviera acumulando una verdadera fuerza detrás de Stalingrado. Con el ataque y todas las divisiones nazis pendientes de Rhzev, las tropas de la URSS cruzaron a ambos lados del río Don para ejecutar una pinza que encerró a los 90.000 hombres de Von Paulus. Se ha discutido a menudo si es posible que la información que proporcionó el mariscal Zhukov era real o si se trataba de un farol ruso: la operación no había sido de diversión sino que fracasó. Aun así, se sabe que Max, que sí era un agente doble, trasladó los planes a Richard Gehlen, que creyó siempre que esa era la verdadera ofensiva. Con la derrota total y la rendición de Von Paulus en Stalingrado la Wehrmacht comenzó su declive en el frente este.

La mejor forma de engañar a alguien es contándole la verdad. Es una contradicción y también exactamente lo que ocurrió en el invierno de 1943 en el frente ruso por decisión de Stalin cuando decidió valerse de la intrincada operación Monasterio. Algo así como el dilema de los dos guardianes que custodian la salida del laberinto: uno dice siempre la verdad y el otro siempre miente. El resultado fue el mayor revés de la guerra para los nazis con la crucial contraofensiva sobre Stalingrado. Si se pierden, culpen al guionista de la sutil y perversa historia que cambió el curso de la Segunda Guerra Mundial.

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