Más allá de Enigma (II): William Martin, un cadáver para doblegar al Tercer Reich
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Historia Secreta de la II GM

Más allá de Enigma (II): William Martin, un cadáver para doblegar al Tercer Reich

La inteligencia británica se jugó su farol más impresionante en España con la operación Carne Picada, una historia diseñada como un guion de Hitchcock que logró engañar a los nazis para el desembarco en Sicilia

placeholder Foto: William Martin, el oficial inexistente del Reino Unido.
William Martin, el oficial inexistente del Reino Unido.

El 1 de mayo de 1943 apareció flotando en la bahía de Huelva el cadáver de William Martin, un oficial británico que habría saltado de un avión de la RAF alcanzado por la Luftwaffe. Martin llevaba consigo unos documentos de especial relevancia sobre la guerra ya que se referían a los planes aliados para invadir Italia, la información más importante de ese momento para la guerra. Así comenzaba la operación de inteligencia militar más audaz de toda la Segunda Guerra Mundial. Martin llevaba consigo tres importantes cartas: una dirigida al almirante Andrew Cunningham, otra al general Harold Alexander y una última al general Dwight Eisenhower.

La atenta lectura de las tres permitían averiguar que los Aliados iban a saltar a tierra en Grecia y en Cerdeña y no en Sicilia. Solo que William Martin no existía realmente. Si Juan Pujol 'Garbo' el espía español al servicio de Gran Bretaña tenía que engañar a los nazis sobre el desembarco en Normandía, los papeles de Martin tenían que ser entregados por los oficiales franquistas a los nazis.

Todo habría fallado si los generales de Franco no hubieran entregado a los nazis los documentos

La historia del famoso cadáver "inventado" por el espionaje británico, el mayor William Martin, el hombre que nunca existió, inspiró dos novelas y una película. Menos conocida es la participación de los agentes españoles que facilitaron realmente los falsos documentos a la Abwehr, la inteligencia militar alemana. Lo que pretendía el espionaje británico es que los agentes nazis en España hicieran copia de las cartas inadvertidamente —desde su punto de vista— y mordieran así el anzuelo. Aunque más tarde se sabría que Gran Bretaña sobornaba a una gran lista de generales franquistas —como Alfredo Kindelán, Aranda etc.—, todavía en 1943 existía una marcada tendencia pro-Eje, lo que sería crucial para la operación.

Foto: Representación por el 70 aniversario del desembarco aliado en la costa italiana. (EFE)

Todo se habría desmoronado si los altos mandos militares del régimen de Franco, no hubieran entregado lo que debía ser una importante información clasificada tan solo con leer los nombres de los destinatarios. Su papel quedó desvelado gracias a la investigación de Ben Mcintyre —'El hombre que nunca existió', (Crítica)—. Mcintyre encontró en los documentos alemanes que recuperaron los ingleses a un agente doble español al servicio de su Majestad.

El agente doble Andros

Según los archivos, "un alto oficial de la Marina en una posición excelente", cuyo nombre en clave era 'Andros', informó en todo momento a Alan Hillgarth, agregado naval de la embajada británica en Madrid, y jefe de su espionaje, de cómo transcurría la operación. Hillgarth sería de hecho el modelo de Ian Fleming para su creación de James Bond. Andros explicaría cómo se extrajeron las cartas sin romper los sellos y quiénes fueron los encargados de colaborar con el Reich.

placeholder Allan Hilgarth, agregado naval de la embajada británica.
Allan Hilgarth, agregado naval de la embajada británica.

Mientras, Ewen Montagu y Charles Choldmondeley, cerebros de la operación Carne Picada, partían de la premisa de que el ejército español colaboraba al cien por cien con los nazis. Por eso decidieron, además, lanzar el cadáver en la bahía de Huelva, por ser colindante con Portugal y a pocos kilómetros de la base británica de Gibraltar y el estrecho y, sobre todo, porque ahí operaba un conocido espía alemán, Adolf Clauss, hijo del vicecónsul. Para los oficiales británicos estaba claro que en Huelva Clauss se haría con los documentos, aunque finalmente no ocurriera así.

El juez de la Marina fue el encargado de levantar el cadáver

A menudo se ha supuesto que fue Clauss quien consiguió copiar las cartas gracias a sus contactos en Huelva pero la realidad es que a pesar de sus esfuerzos le resultó imposible, para desesperación de Montagu y Choldmondeley, que veían cómo se podía ir al traste toda la operación. El peor escenario posible para los ingleses era que las autoridades españolas mantuvieran honradamente los documentos y se los devolvieran sin mayores incidentes. Y eso es lo que estuvo a punto de ocurrir cuando la Marina, y no la Policía o la Guardia Civil, se hizo cargo del caso.

A favor de Gran Bretaña

Cuando se encontró el cuerpo del falso Martin, el juez de la Marina, Mariano Pascual del Pobil, fue el encargado de levantar el cadáver y, por tanto, de la investigación y de custodiar la cartera que contenía las cartas. Desde ese momento, quedaron al margen la Policía y la Guardia Civil, que era precisamente donde Clauss tenía numerosos infiltrados y colaboradores.

El error de cálculo, paradójicamente, frustraba a ambos bandos. Clauss, que a las pocas horas ya conocía por medio del comandante de la Guardia Civil en Huelva, Santiago Garrigós, la existencia del cadáver y el probablemente suculento correo que transportaba, se afanó inútilmente en presionar a su fuente, porque el juez naval, una vez realizada la autopsia, y enterrado el cuerpo, había traslado la valiosa cartera al capitán jefe de Huelva, Francisco Elvira, quien siguió estrictamente el canal oficial negándose a las proposiciones alemanas.

Foto: Incendio en Santa Coloma de Queralt. (EFE)

Mientras, en Madrid, Alan Hillgarth, que coordinaba en España toda la operación, sabía que mientras la cartera permaneciese en las manos de sus colegas —él era almirante— las cartas seguirían en sus sobres, justo lo contrario de lo que deseaban. Ordenó al vicecónsul en Huelva, Francis Haselden, que interpretara sutilmente el papel de un diplomático en apuros. Lo suficientemente nervioso para excitar la imaginación de la Abwehr sobre el contenido de las cartas, pero sin llegar a ejercer tan bien la presión que obligara a las autoridades españolas a devolver la cartera.

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Adolf Clauss, espía de la Abewhr alemana.

Haselden actuó a la perfección, engañando por completo a Clauss, pero la hasta ese momento honrada gestión de la Marina hacía inútil cualquier zanahoria que se pusiera delante de los ojos alemanes. Era evidente que al plato le faltaba un hervor. Hillgarth envió un telegrama por el canal ordinario a Montagu y Choldmondeley —con la intención de que fuera interceptado por los alemanes—, en el que expresaba: "El vicecónsul no tiene (repito) NO tiene posibilidad de hacerse con la cartera. Estoy intentando todo lo que puedo, pero no quiero demostrar un excesivo interés que solo conseguirá avivar la curiosidad de las autoridades oficiales, que ya se ha manifestado".

El jefe de Garbo

La chispa comenzó a prender en la embajada alemana. Wilhem Leissner y Karl Erich Kuhlenthal, al mando de la Abwehr en Madrid, —el mismo Federico que reclutó a Juan Pujol Garbo en Madrid— tomaban nota: ya no se trataba de una posible oportunidad, como les había manifestado Clauss, los ingleses estaban nerviosos. Para rematar la jugada, Hillgarth puso sobre aviso, por medio de un canal extraoficial, al mismo ministro de Marina, el almirante Salvador Moreno, a quien le unía cierta amistad. Por medio de otro oficial hizo llegar el mensaje —sin constancia escrita— de que necesitaban recuperar la valija. La petición no era en modo alguno desesperada, para no levantar sospechas, pero las formas lo decían todo. Moreno no era progermánico, pero en su posición debía informar de cualquier contingencia también a los alemanes, lo que daba un impulso al señuelo.

El ministro de Marina había transmitido la orden de que las cartas llegaran cerradas

El oficial envió a uno de sus hombres a Cádiz para obtener "cualquier información sobre la cartera y sus documentos", tal y como detallaba paso a paso Andros a Hillgarth, pero en la comandancia de Cádiz nadie se atrevió a abrir las cartas. Lo más probable, porque no supieran hacerlo sin dejar una huella, mucho más cuando el ministro de Marina había transmitido la tajante orden de que las cartas llegaran cerradas y sin manipular a Madrid. El 7 de mayo, la cartera con las tres cartas llegó hasta el despacho del almirante Moreno, quien en algún momento la trasladó al Alto Estado Mayor.

Foto: Hitler en un desfile en Polonia en octubre de 1939 (EFE)

Con Adolf Clauss fuera de juego, Kuhlenthal comenzó entonces a mover todas sus fichas. Para entonces era una prioridad absoluta. No obtuvo resultados ni en el Estado Mayor ni con el ministro del Ejército. Nadie sabía nada de los papeles. Parecía como si hubieran desaparecido de la faz de la tierra. Probó también suerte con la Gestapo, que tenía una oficina permanente en Madrid y una estrecha relación con la Dirección General de Seguridad, sin resultados. Por último, recurrió a uno de sus agentes, un capitán del Aire apellidado Groizar, que revolvió de arriba abajo todos los rincones del Ejército y la DGS. Tampoco sirvió para localizar los preciados sobres, pero acabó siendo el desencadenante que necesitaban.

placeholder Ian Fleming, creador de James Bond con la primera novela de 007 'Casino Royale'.
Ian Fleming, creador de James Bond con la primera novela de 007 'Casino Royale'.

Groizar había insistido tanto en sus pesquisas que la información llegó a oídos del secretario general de la Dirección General de Seguridad, el teniente coronel José Luis López-Barrón Cerruti. 'De facto', el jefe de la policía secreta del Régimen. Andros, que siguió la operación hasta sus últimos detalles, explicó en sus informes enviados a Hillgarth que "Groizar había tocado tantos palos, que el propio secretario general de la Dirección General de Seguridad tomó un interés personal en la cartera de William Martin". Además explicaba, aunque sin decirlo directamente, que López-Barrón Cerruti era quien podía ejercer la presión necesaria en el AEM para que definitivamente las supuestamente cruciales cartas llegaran por fin a las manos de Kuhlenthal.

Pardo no podía ser sino el teniente coronel del Alto Estado Mayor

Según los archivos alemanes recuperados por los británicos al terminar la guerra, por el mismísimo Ian Fleming —entonces oficial de la Inteligencia naval y más tarde célebre por crear al mítico James Bond— un agente del Alto Estado Mayor denominado por los alemanes Oberstleutnenant Pardo, llevó las cartas ya abiertas a la embajada alemana el 10 de mayo. Pardo se las dio en mano a Wilhem Leissner con la única advertencia de que tenían dos horas para hacer con ellas lo que quisieran antes de devolvérselas.

El correo español

El grado que utilizaron los alemanes para referirse al oficial español, Oberstleutenant, correspondía en España a un teniente coronel, Kuhlenthal, lo describía, además, como uno de sus hombres en el Estado Mayor, muy bien relacionado. Pardo no podía ser sino el teniente coronel del Alto Estado Mayor Ramón Pardo de Santayana, quien además tenía unas excelentes conexiones porque su hermano, José Manuel, era un alto cargo en el Movimiento y llegaría a ser gobernador civil de Zaragoza y Madrid.

Ramón Pardo de Santayana, que alcanzaría por su parte el grado de general de División, y que poco después de la operación Carne Picada fue asignado como agregado militar a la embajada de Portugal, actuó, sin embargo, y según los mismos documentos nazis, con conocimiento y orden de su superior, que en último grado era el jefe del Alto Estado Mayor, el general de División Fidel Dávila Arrondo.

Foto: Vivía en la mayor zona protegida de Europa (Unsplash)

La clave de la operación residía en ese momento en que los nazis pensaran que las cartas se habían extraído sin dejar ninguna huella, con los sellos intactos, o en otro caso los Aliados habrían tenido que suspender el supuesto desembarco en Cerdeña y Grecia. Los británicos pudieron reconstruir cómo los españoles abrieron las cartas dejando los sellos intactos, probablemente a cargo de los hombres de la DGS.

placeholder Operación Husky, el desembarco en Sicilia con el mariscal Montgomery.
Operación Husky, el desembarco en Sicilia con el mariscal Montgomery.

Los servicios de espionaje de las islas reconocieron que la habilidad de sus colegas en España había sido excepcional. De no formar parte de un señuelo, los ingleses no se hubieran dado cuenta, pero Montagu y Choldmondeley debían verificar si las cartas se habían abierto, o de otro modo jamás habrían estado seguros del éxito de la operación: para ello habían dejado unas minúsculas pestañas humanas en los sobres, que se desprendieron al ser las cartas abiertas. Lógicamente, los españoles no repararon en ese detalle.

No se sabe si existe alguna copia española de las cartas de la operación Carne Picada

La trampa para espías había funcionado. Pero ¿se tragarían la carne picada también en Berlín? No había modo de saberlo, aunque lo cierto es que la operación Husky, es decir, el verdadero desembarco en Sicilia, resultó un éxito. La isla fue tomada en tan solo treinta y ocho días, aunque finalmente la conquista de Italia resultara un completo fracaso. Por el contrario, de no haber triunfado en su engaño, los Aliados habrían sufrido un durísimo revés en Grecia y Cerdeña como resultado de la colaboración de agentes españoles con el Reich.

Terminada la guerra, los servicios secretos británicos analizaron los informes nazis y concluyeron que Adolf Hitler había picado. Incluso el jefe máximo de la Abwehr en Berlín, Wilhem Canaris, lo consignó en sus diarios. La comedia británica en España funcionó. No se sabe si existe alguna copia española de las cartas de la operación Carne Picada. Tampoco si el general Franco llegó a ver los documentos o si dio el visto bueno, aunque resulta del todo impensable que nadie le informara.

Segunda Guerra Mundial Guardia Civil Huelva
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