Abdalá Taia, cómo es ser un escritor gay en Marruecos: "Lo que ocurre en mi país es trágico"
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Entrevista

Abdalá Taia, cómo es ser un escritor gay en Marruecos: "Lo que ocurre en mi país es trágico"

El escritor marroquí, abiertamente gay y defensor de los derechos LGTBI, presenta en España su última novela, 'La vida lenta'

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El escritor marroquí Abdalá Taia (EFE)

Cuando Abdelá Taia (Salé, 1973) llegó a París en 1998 se tuvo que buscar la vida con cualquier trabajo. No fue fácil. Venía de Marruecos, de una familia pobre, y era gay. Precisamente las experiencias homosexuales -violaciones en muchos casos- le llevaron a este autoexilio, que no obstante aprovechó para estudiar Literatura en La Sorbonna. Entre los trabajos que encontró fue el de baby-sitter. Mientras tanto, escribía. En 2006 salió del armario, lo que le provocó enormes críticas en su país natal, donde todavía están penadas las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo. La luz comenzo a surgir a partir de 2011 cuando obtuvo el premio literario De Flore por 'El día del rey' y empezó a ser publicado regularmente. Muchas de sus novelas, casi todas publicadas en español por Cabaret Voltaire, abordan la homofobia, pero también cómo era vivir en Marruecos para los chicos de su generación. La última que ha llegado a España es 'La vida lenta', que ya está ambientada en París, y que narra la difícil convivencia entre un chico gay árabe y una anciana francesa. Y no es el primero el que está en la peor situación.

PREGUNTA: ¿Cómo se le ocurrió esta historia que comienza con ese enfrentamiento entre el hombre árabe gay y la mujer mayor?

RESPUESTA: Todas las novelas que escribo proceden de la realidad. De la vida real. Yo no puedo empezar un libro con algo que sea ficticio, con gente que no tenga nada que ver con el mundo o conmigo o con mi familia o con gente que conozco. No estoy interesado en ese tipo de literatura que no tiene nada que ver con nuestro mundo de hoy. Todos los libros que he escrito tratan de algo que me ha sucedido a mí o a alguien que conozco. Ya he desarrollado una técnica para coger determinadas historias y a partir de ellas desarrollo una novela, pero son historias que han sucedido mucho tiempo antes de que escriba el libro.

La historia de 'La vida lenta' comenzó cuando en 2011 me mudé. Justo empezaba la Primavera Árabe en Túnez. Y en enero de 2011 me mudé a las Rue du Tourenne, un aparamento extremadamente barato en el centro de París. Y en ese edificio tan barato alquilé un piso de 45 metros cuadrados y encima de mi vivía esa mujer, llamémosle Madame Marty, que, como en la novela, vivía en la última planta, en un piso de 14 metros cuadrados. Era muy mayor y, como en el libro, tampoco tenía baño dentro de la casa, sino que estaba afuera, como en los años seesenta y setenta. Como era mayor, no podía estar quieta, Las personas mayores si no se mueven, se mueren, sus músculos se quedan flácidos. Y mucha gente mayor no duerme mucho. Ella solía levantarse muy pronto y yo escuchaba todo, todos los pasos. Ella no lo hacía aposta, pero yo la escuchaba. Todo. Al principio no dije nada, quise ser justo, pero después de un tiempo, ya es que no podía ni dormir. Y como en el libro, al principio no estábamos enfadados. Fue poco a poco, el insomnio, los ruidos, intenté hablar con ella, pero ella no lo entendia. Yo veía en sus ojos que me miraba en plan: este tiene 45 metros cuadrados y yo solo 14, ¿de qué está hablando? No era racista, sino que pensaba que obviamente yo tenía una vida mejor que ella. Ella fue muy amable realmente y decidió poner otra alfombra encima para que no se escucharan los pasos. Pero un día, no sé, ella empezó a gritar. No sé, quizá tenía un mal día, y de repente, como yo no podía dormir, también empecé a gritar. Es como si tú empiezas a gritar en español, que yo me asustaría y si tú me escuchas gritar en árabe también te asustarías. Y creo que vio algo en mi cara que la asustó muchísimo.

placeholder La vida lenta
La vida lenta

P: Y, como en el libro, llamó a la policía.

R: Sí. Y entonces discutiendo, ella dijo “me voy a morir, tengo la tensión alta, tengo diabetes…” y entonces fue cuando dije la primera frase de la novela: “En París hay muchos cementerios, Madame Marty”. Y ahí fue cuando todo cambió. Y ahí es cuando empieza la novela. Y como muchos escritores, cuando veo algo que me parece interesante, sé que lo voy a poder utilizar después para una historia.

P: Y, entonces, a partir de este hecho puntual ¿qué quería descubrir de las relaciones humanas con la escritura de esta historia?

R: Lo primero que quería contar es cuántas vidas solitarias tenemos en París. Sí, tenemos libertad y derechos humanos, pero al mismo tiempo, estás rodeado de gente que vive en sus pequeñas cajas (apartamentos) y que entre unos y otros no nos intercambiamos nada. Lo único que nos intercambiamos son nuestros ruidos. Cuando estás en tu pequeña caja escuchas los ruidos de otra pequeña caja y así. Por tanto, la idea de los ruidos en la vida moderna occidental de una gran ciudad fue lo que inspiró esta novela. Y eso para mí es una metáfora de lo que pasa hoy en día políticamente. Es decir, cada uno de nosotros se expresa individualmente solo para decir, “estos son mis límites, estos son mis márgenes, mis reglas, mis identidades, mi definición de libertad” y deja fuera a los otros. Y esta pequeña historia entre esta mujer francesa mayor, a la que han excluido de la sociedad francesa, que ni siquiera tiene baño en su casa, y este joven marroquí inteligente y gay de repente refleja para mí lo que está sucediendo hoy en día.

"Quería contar cuántas vidas solitarias tenemos en París. Lo único que nos intercambiamos son los ruidos de los apartamentos"

P: Este sentimiento individualista, de estar cada uno de nosotros defendiendo lo nuestro, esta cosa identitaria, tiene muchos boletos para que haya aumentado con la pandemia, porque muchas personas han estado solas, confinadas etc.

R: Yo soy una persona con una mirada muy pesimista sobre las cosas, sobre el mundo. Sobre todo por lo que me pasó de pequeño con todas esas violaciones. Por tanto, conozco la oscuridad de la naturaleza humana, y cómo un gran grupo puede ir haciendo daño a otro poquito a poco. Yo vengo de allí. Pero esto tampoco significa que no sea una persona abierta y optimista y pueda ver la belleza. Pero desafortunadamente lo que he visto con la pandemia es que mucha gente echa muchísimo de menos la diversión, irse de vacaciones… Me parece que lo que la sociedad echa de menos es volver a consumir. Entiendo perfectamente que queramos salir sin las mascarillas, encontrarnos con gente. Eso es normal. Yo no estoy juzgando eso, pero después de vvivir eso de forma estrema lo que me parece es que se ha conformado una sociedad más alienada de lo que pensamos que estamos. Sí, durante la pandemia hemos visto cómo se ha puesto el ojo sobre asuntos como el colonialismo, la cuestión racial… y lo hemos visto mucho en los medios de comunicación. Pero al mismo tiempo no parece que sean cuestiones que hayan calado en la gente. Yo espero que después de esto que hemos pasado los seres humanos no nos convirtamos en personas más consumistas de lo que nunca hemos sido, porque para mí eso significa que no habremos aprendido nada. Y eso sería muy triste y una tragedia. Si solo salimos de esta más egoístas y pensando solo en me voy a ir de vacaciones a Grecia o Portugal… No estoy hablando de que no echemos de menos estar con otras personas, eso es lógico y es bonito. Pero es que hay mucha gente que vive en un infierno y, más que en esas vacaciones, salir, deberíamos pensar en esa cantidad de gente que realmente está luchando muy duro por salir adelante.

P: Y luego están las relaciones humanas, en general. ¿Van a salir más dañadas?

R: Pero eso ya había empezado antes de la pandemia. Toda esa soledad ya empezó con los teléfonos inteligentes. Y ya sabemos perfectamente que incrementaron la soledad. Y además mientras en gran parte del mundo es verdad que hay mayores libertades y protección para las minorías, sin embargo, las relaciones humanas a través de los móviles (las redes sociales) son mucho más rudas que antes. Se han convertido en un caos. Todo amenazas, todo rechazo, todo repulsión. Por tanto, cuál será el futuro de los seres humanos, especialmente, el de la gente joven de hoy en día si esto [móviles, internet] es la mayor experiencia humana que están viviendo. Me parece que es algo realmente preocupante.

"Con la pandemia se ha conformado una sociedad más alienada de lo que pensamos que estamos"

P: También se habla de los límites de la libertad de expresión. ¿Cree usted que son mayores ahora?

R: Como decía, creo que hay dos cosas que están pasando a la vez. Sí, es verdad que hay más libertad para las minorías, por ejemplo, ahora los transexuales en España. Está muy bien y lo necesitamos. Pero al mismo tiempo, cuando vemos los resultados de las elecciones, vemos que, aunque no ganen, el discurso de la extrema derecha está dominando. Esto no es que sea nuevo. Quizá sí esté siendo en España, pero yo llegué a Francia en 1998 ya estaba… y en las últimas elecciones en Francia compitieron Emmanuel Macron y Marine Le Pen. Por tanto, creo que son las dos cosas. Lo que decía antes, parece que vivimos en una libertad real, pero estamos metidos en estos teléfonos inteligentes. Entonces, ¿qué está pasando? Yo diría que la jungla es más tierna que lo que estamos viviendo ahora mismo. Quizá suena muy brusco, pero es lo que pienso.

P: La historia de Munir transcurre en 2015. ¿Su vida sería ahora mucho más difícil?

R: Sí, desde luego. Pero tengo que decir que Munir no es el que tiene la vida más dura en esta novela. Es Simone Marty, la mujer blanca francesa. Con ella lo que vemos es cómo las sociedad occidentales tratan a las personas mayores. Cuando llegas a los 45 años estás fuera, ya no existes sexualmente. En estas sociedades tienes que ser sexualmente atractivo para existir. Incluso las mujeres antes, con cuarenta. Y yo tengo 47, yo ya soy mayor y yo ya no existe sexualmente. No es que no seas guapo o guapa, sino que se te va arrinconando. Munir no tiene una vida tan dificíl, tiene sexo con quien quiere y no responde al modelo de inmigrante árabe gay en París. Yo no estaba interesado en escribir una historia de blancos y negros porque todo siempre es bastante ambiguo.

placeholder MD11 MADRID, 15/06/09.- El autor marroquí Abdella Taia, primer escritor que confesó su homosexualidad en su país, opción que constituye un delito castigado con la cárcel, durante una entrevista con Efe en la que habló de 'Una melancolía árabe', su último libro publicado en España y en donde narra la realidad de un joven marroquí. EFE/Chema Moya
MD11 MADRID, 15/06/09.- El autor marroquí Abdella Taia, primer escritor que confesó su homosexualidad en su país, opción que constituye un delito castigado con la cárcel, durante una entrevista con Efe en la que habló de 'Una melancolía árabe', su último libro publicado en España y en donde narra la realidad de un joven marroquí. EFE/Chema Moya

P: ¿Cuáles son las causas?

R: Es histórico. Es esa idea de que el grupo dominante el que define lo que es aceptable y lo que no lo es, y mientras te dicen lo que es aceptable están escondiendo lo que no se quiere mostrar. Pero lo que pasa es que hoy en día todo lo que no se acepta se ridiculiza, se vulgariza todo el rato en las televisiones, en las conversaciones en la mesa. Y eso es racista y asusta. Y al mismo tiempo tenemos todas estas luchas de las minorías, el colonialismo, el poscolonialismo. Y a la vez todos tenemos el sentmiento de que tenemos que seguir explicando las cosas a la gente que tiene el poder. Decirles otra vez, todo el rato, por favor, escuchennos.

P: ¿Cómo vive usted ahora como escritor marroquí en París?

R: Hasta 2011 trabajé como baby-sitter. Era la única manera que tenñia de ganar dinero. Llegué como estudiante en La Sorbonna, hice el doctorado, mi tesis… tuve varios novios… En 2003 encontré ese trabajo como baby-sitter para un niño que se llamaba Tristan. Fui su baby-sitter desde que tenía dos años y medio hasta que cumplió once. Ganaba 600 euros al mes, pero podía vivir con eso porque yo no necesito ganar mucho dinero. Incluso ahora vivo en un pequeño estudio. En 2011 gané el premio literario de Flore y las cosas cambiaron in poco, gané dinero y empecé a publicar de forma bastante regular. Y en 2012 dirigí un largometraje. Gané 40.000 euros, que parece mucho pero no lo es porque fueron fueron años de esfuerzos. Lo metí en el banco y no lo gasté.

P: ¿Pero siente el racismo en Francia?

R: El racismo no es algo que notes directamente. Es algo que está de forma microscópica. Está ahí. Pero esto es porque ahora tengo 47 años y puedo verlo más claro que antes. Cuando llegué a Francia no me gustaba pelearme con nadie en la calle, ni decirle nada… pero ahora sí lo hago, ahora sí me enfrento, ahora sí digo qué has dicho o qué has hecho. Es porque mi cuerpo no lo puede soportar ya más. En 2010 yo no podría haber escrito un libro como 'La vida lenta' y decir todo lo que digo de Francia o de Marruecos, pero ahora sí. Ahora ya no siento miedo.

"Cuando llegué a Francia no me gustaba pelearme con nadie en la calle… pero ahora sí lo hago, ahora sí me enfrento, ahora sí digo qué has dicho"

P: ¿De ahí las frases cortas de su novela? Parece que está peleando.

R: Sí, como si estuviera boxeando. Es que no quiero que mis novelas sean como una discusión intelectual o una novela de ideas. Lo que más me importa cuando escribo es adentrar al lector en un tema humano, es decir, por ejemplo, la conversación que pueden tener dos personas en un supermercado. Eso me encanta. Y esa es la razón por la que me gusta escribir.

P: Esta semana está en Madrid. Es la semana del Orgullo LGTBI. ¿Es diferente a lo que se vive en París?

R: Sí, si tuviera que comparar Madrid con París, aquí está por todas partes. Incluso en la televisión. Lo aplaudo, me encanta porque recuerdo cuando hace diez años ya había gente que decía, ya no necesitamos más fiesta del Orgullo. Es gente que alcanzó un nivel burgués y como encontraron el confort, olvidaron todo lo que se ha tenido que luchar.

P: ¿Incluso homosexuales?

R: Sí, sí, estoy hablando de gays. Pero te diré más. Tengo 47 años y finamente he entendido que me he pasado toda la vida escuchando a gente heteroseuxal, amigos heteros, sus historias de su familia, de sus hijos, que si sus bodas y finalmente me cansé, porque ellos nunca lo hicieron conmigo. Es decir, los heteros piensan que no tienen ningun problema con los gays, pero, en realdiad, es solo la superficie, porque ellos nunca nos han escuchado. Nosotros hemos tenido que luchar solos. E imagínate un chico o una chica de diez años descubriendo que va a tener que luchar solo contra todo esto… y que no haya gente hetero a su lado cogiendo su mano para apoyarles. Mis amigos heteros no han pensado en mí de forma profunda nunca. Yo he escuchado todas sus fantasías sexuales, ¿pero las mías? Ya, yo entiendo que para ellos es… oh vale, sexo homosexual, algo sucio etc. Uf, es algo que me he dado cuenta ahora y me cansa mucho. Porque incluso cuando se lo digo, no me entienden.

P: En Marruecos supongo que esto peor porque se tiene que ocultar.

R: Es horrible políticamente porque el Gobierno y los políticos mantienen a la sociedad con miedo con este tema. No aceptan a las minorías. Pero desde que yo era un niño hasta ahora han surgido un montón de asociaciones de gente joven LGTBI en Marruecos que están intentando hacer algo. Y lo que sí ha cambiado es la prensa, los periódicos. Por ejemplo, yo salí en la portada de TelQuel en 2006. Y ya no lo tratan mal. El problema para mí no es la sociedad, son los políticos porque ellos todavía mantienen la ley contra las personas LGTBI. No soy tonto, ellos saben que si eliminan esta ley, las personas van a sufrir el rechazo por parte de sus familias. Para mí todo este asunto es político. Yo no creo que la gente nazca homófoba sino que la homofobia se implementa políticamente. Eso es lo que está detrás de que seas una persona homófoba, tránsfoba, racista. Para mí la gente joven LGTBI allí son héroes.

"Ser gay en Marruecos es horrible políticamente porque el Gobierno y los políticos mantienen a la sociedad con miedo con este tema"

P: Precisamente quería preguntarle por los jóvenes marroquíes que intentaron llegar a Ceuta hace unas semanas. ¿Qué opinión tiene de esta situación?

R: En primer lugar, no todo el mundo podrá salir de Marruecos, pero incluso si ellos se van ¿cuál va a ser el futuro para ellos en España, Francia? Ellos no son tratados muy bien. En Marruecos lo que ocurre es trágico. Cuando lo veo en mi familia, mi hermana, mis primos, veo que ellos abandonan la escuela, ellos ni siquiera creen en el sistema educativo… de alguna manera, los jóvenes han perdido la esperanza en Marruecos. Es algo que a mí me afecta mucho, incluso me hace llorar. Todo lo que ocurrió en Ceuta, lo seguí todos los días por televisión, además de lo que estaba pasando políticamente entre los dos países, lo que más me sorprendió fue lo valiente que fueron estos chicos, qué llenos de vida estaban, que hermosos. Hermosos en el sentido de que estaban haciendo algo extremo y peligroso. Creo que todo el mundo necesita vivir con un rayo de esperanza y con modelos a los que seguir.

P: ¿No es usted un icono para los jóvenes homosexuales? Salió en la portada de una revista…

R: No, no, no lo soy, yo soy ya viejo para ellos. Cuando yo salí del armario, en 2005-2006, la gente que tenia 15- 16 años ahora tendrá ya 30… No, estos chicos necesitan a alguien que les diga directamente que son seres humanos, que merecen ser amados.

"Yo sé que mis libros son oscuros, pero es que yo no quiero que mis historias sean como una flor de plástico y te den una falsa esperanza"

P: Pero usted todavía puede ser ese modelo…

R: No, no, un icono es Pedro Almodóvar, no yo. O Cher. Yo vengo del Marruecos más pobre… ellos no tienen por qué seguirme pero quizá pueden ver a alguien que no viene de una familia burguesa, y ven tambén que hablo con claridad, también en mis libros. Y eso sí me hace feliz. Para mí ese es también el propósito de la literatura.

P: Piensa que los libros pueden cambiar las cosas, ayudar a alguien…

R: Sí, sí. Con el fin de dar algo de esperanza a alguien. Yo sé que mis libros son oscuros, duros, pero es que yo no quiero que mis historias sean como una flor de plástico y te den una falsa esperanza. Si vas a lo profundo puedes tener una especie de renacer. Y para eso necesitamos escuchar verdades que son duras, pero por eso también son bonitas. Necesitamos a alguien que nos remueva. Y no solo como seres humanos, también como sociedad política.

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