'Los años extraordinarios': el descacharrante e inesperado éxito literario del verano
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'Los años extraordinarios': el descacharrante e inesperado éxito literario del verano

El cineasta Rodrigo Cortés es una de las revelaciones de la temporada con su segunda novela, una historia muy divertida que bebe del surrealismo de principios del siglo XX

placeholder Foto: El escritor y cineasta Rodrigo Cortés (EFE)
El escritor y cineasta Rodrigo Cortés (EFE)

Ni se escribió durante el confinamiento ni obedece a ningún premeditado plan de márketing. Ni su temática tiene que ver con catástrofes, pandemias y conspiraciones ni su autor es un conocido bestseller. Y, sin embargo, la novela ‘Los años extraordinarios’, del cineasta Rodrigo Cortés (Orense, 1973), se ha convertido en el inesperado éxito literario de la temporada. Salió el pasado 3 de junio y ya se han colocado en las librerías 20.000 ejemplares, según datos de su editorial, Penguin Random House. Es una cifra abrumadora en el sector y a su autor todo esto le ha pillado de sopetón: “No lo esperaba en absoluto y no tengo una explicación. Esta novela se escribió sin atender a ninguna consideración ajena, ninguna opinión sobre lo que era vendible y sin atender a ningún estudio de mercado. Más bien si es algo es una oda a la más radical libertad creadora, que no suele ser tampoco la clave de ningún éxito”, intenta explicar Cortés a El Confidencial. Pero es obvio que el alegrón es importante: “Lo que ha sucedido ha sido extraño, es una de esas cosas que miras alrededor y te das cuenta de que están pasando, que suceden, que no eres tú. Y sólo puedes mirar alrededor y alegrarte de por una vez estar en el lado bueno de la colina”. A veces, como el viejo dicho del fútbol, la literatura es literatura.

"Se escribió sin ninguna opinión sobre lo que era vendible y sin atender a ningún estudio de mercado"

Quizá a algún lector el nombre de Cortés le suene del cine. Es el director de películas como ‘Buried’, que también tuvo un éxito imprevisto. “Parecía un éxito inevitable por su originalidad y te aseguro que una semana antes no era así. Si quieres hacer una película exitosa seguramente no eliges una que transcurra en una caja durante una hora y media. Aquello sucedió por algún motivo”, comenta. Después llegaron otras cintas como ‘Luces rojas’, en la que dirigió a Robert de Niro y Sigourney Weaver y ‘Blackwood’, con Uma Thurman. Plantel de estrellazas “con las que es más fácil trabajar porque son mejores”, afirma pese a egos y divismos. Y, mientras tanto, siguió con la pluma “porque en mi caso nunca ha habido cámaras sin pluma ni pluma sin cámara”, recalca. Surgió un libro de aforismos, una primera novela - ‘Sí importa el modo en que un hombre se hunde’-, un libro de breverías y, ahora, este pelotazo de segunda novela.

placeholder Rodrigo Cortés. (Irene Medina)
Rodrigo Cortés. (Irene Medina)

Su bagaje como cineasta, no obstante, no fue ninguna palanca para hacer llegar el manuscrito a la editorial. De hecho, desde el sello reconocen que llegó como uno de tantos y sin agente literario de por medio. El propio Cortés reconoce que prefiere trabajar así. “Hay gente a la que le gusta cerrar un contrato con una editorial de dos, tres libros y todas esas charlas previas con el editor. Yo siempre he preferido estar en la sombra y desarrollar una obra del modo en el que debe ser, aun siendo consciente de que eso puede acabar en un cajón porque no tienes garantizado un lugar donde exponerlo y nadie que quiera leerlo. Pero por algún motivo solo creo en esa manera de trabajar y solo cuando estuvo concluida empecé a sacarla al sol”, manifiesta. También confiesa que la dejó escrita mucho antes del confinamiento duro del año pasado y que en ese tiempo ni siquiera la revisó. "Es una novela pandemia free", insiste y vaticina que eso va a ser extraño en los próximos meses: “Sospecho que se ha escrito demasiado en el confinamiento. Lo sabremos en breve”.

Absurdo y surrealista

‘Los años extraordinarios’ es una historia descacharrante, surrealista y divertidísima. Cuenta la vida de Jaime Fanjul Andueza, nacido en Salamanca en 1903 y cuyo viaje culmina muchos años después, curiosamente pocas horas antes de que nazca, en la vida real, el escritor. Un juego poético del que está bastante lleno la novela. Porque desde el primer momento, Cortés juguetea con el lector y le lleva a planos impensados. Aquí no estamos ante una novela realista, sino, al caso, quizá hiperrealista. “Nací en Salamanca recién estrenado el reinado de Carlos VII, en el periodo de transición consensuada entre la IV y la V República”, escribe. Ahí ya te ha sacado del foco. Es la imaginación al poder, según destacan en la editorial, como una de las claves del éxito de este libro.

Aparecen coches impulsados por el pensamiento, un París totalmente reconstruido al otro lado del Sena, una Salamanca con mar

“Creé la novela por un impulso inconsciente de libertad creadora y no sujetarlo a ninguna regla. A priori era una fórmula que me permitía ser perezoso porque si me inventaba el mundo no tenía que documentarme. Luego la realidad fue muy distinta y supuso mucho trabajo”, reconoce Cortés, que asumió cómo, sin ningún plan, se le iban ocurriendo escenas surrealistas y absurdas como coches impulsados por el pensamiento, un París totalmente reconstruido al otro lado del Sena, un taller para estropear cosas, una Salamanca con mar, o dos capitales para el país. “Cada día le ponía a Jaime un escollo diferente y trataba de ponerme a mí mismo en el sentido de que cuando una decisión me parecía natural la obviaba y tomaba otra”, sostiene.

Sin ejemplarizar

Todas estas ideas sí tenían un propósito: no ejemplarizar. En nada. “Lo de las dos capitales simplemente me pareció bonito que estuvieran muy cercanas y que una fuera la administrativa y otra donde estuvieran los toros, la ópera y la vida”, comenta. Y en cuanto a esa alternancia entre República y Monarquía tampoco tenía ninguna intención de crear ningún debate en el lector. Ni ese ni otro sobre el devenir del país. “Es que sería inútil. Una de las razones por las que vivimos de frustración en frustración es porque nos cuesta entender que la mayoría de los problemas no tienen solución. Las cosas no tienen solución y probablemente está bien que así sea. Tan pronto como tapas un agujero se destapa otro y cuando un problema se soluciona solo es para crear otro nuevo”, admite con cristalina racionalidad.

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'Los años extraordinarios'.

Esa es también la actitud del personaje durante toda la novela. Las cosas pasan y no juzga y no se exalta y no monta un drama. “Seguramente sea la actitud más razonable ante la vida, ponerte en una posición casi neutra de no esperar nada para poder reaccionar en tiempo real a lo que sucede. Y también sería sano aplazar el juicio ante cualquier cosa que sucede, no tener prisa por tener una opinión definitiva sobre nada”, señala Cortés. Mala cosa en épocas de redes sociales, parece. “Las redes exacerban esa tendencia natural para constituirse uno mismo en el centro de todo y considerar que los demás tienen la obligación natural de satisfacer nuestras demandas”, contesta.

"Sería sano aplazar el juicio ante cualquier cosa que sucede, no tener prisa por tener una opinión definitiva"

Este categórico emporio de la Razón choca con el absurdo que destila toda la novela. No hay nada simbólico, alegórico ni con un significado concreto. Una mezcla que, sin duda, produce muchas carcajadas. Es una fórmula muy española, en realidad. Desde Gómez de la Serna, Jardiel Poncela y Mihura, como dice Cortés, a cineastas como José Luis Cuerda. Y autores más actuales como Antonio Orejudo. O los cómicos Juan Carlos Ortega y Miguel Noguera, pone el escritor como ejemplo. “El absurdo es nuestra forma de racionalidad. Es casi nuestra manera de mirar las cosas. Siendo conscientes de que el humor lo impregna todo mi principal volante no era conseguir el humor como efecto, sino que es una mirada personal de ver las cosas que lo cuestiona todo, lo plantea desde un ángulo distinto”, mantiene Cortés que retrata la novela como una “una saturnalia constante en la que los papeles se invierten y de esa paradoja surge esa risa inevitable, que en el fondo busca más la poesía como mirada que la risa como efecto”. Pero reírte, te ríes.

Homenaje a Chicho Ibáñez Serrador

Tanto en el cine como en la literatura, Cortés siempre ha buscado la libertad creativa. Esa es algo más difícil en el mundo del cine.”Una película es muy cara, involucra a muchas personas y hay una presión constante porque hay inversores que desean recuperar su dinero, por alguna razón. Fuera de eso lo de la libertad ya es otro tema. El único sinónimo posible de la libertad es la responsabilidad y siempre viene con precio”, admite, aunque también reconoce que las escrituras de los guiones siempre han sido muy libres. “Lo que ocurre es que logísticamente todo es mucho más complejo y cuando acabas el rodaje, tienes a mucha más gente deseando decirte qué podrás hacer con ella”, sostiene. Desde luego, escribir una novela tiene menos parafernalia.

Ahora, no obstante, se encuentra metido de lleno en el cine. De hecho, durante esta conversación estaba en la sala de mezclas de la posproducción de su nuevo proyecto que verá la luz en otoño: uno de los capítulos de la revisión de ‘Historias para no dormir’, de Chicho Ibáñez Serrador, que ha rodado con Eduard Fernández, Natalie Poza y Raúl Arévalo. “Es una historia en código de cine negro con el absurdo de los Coen. Entre terrible, divertida y enormemente cruel”, cuenta. En esta empresa le acompañan con otros capítulos los directores Paula Ortiz, Paco Plaza y Rodrigo Sorogoyen.

Mientras tanto, como un buen número de lectores han hecho ya, pueden echar mano de su última novela, que tiene ese poso del poema de Walt Whitman que decía “no abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario”. Eso sí, como afirma Cortes, no olvides esta premisa: “Cada vez que una frase genera una expectativa, la realidad de la novela se encarga de frustrarla”. Casi, casi, como la vida.

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