Franco, Himmler y la pureza racial de la Dama de Elche
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Franco, Himmler y la pureza racial de la Dama de Elche

El busto ibérico llegó a Madrid hace 80 años y se convirtió en protagonista de una operación de propaganda que desquició al Louvre e implicó al régimen nazi

placeholder Foto: El jefe de las SS, Heinrich Himmler, contempla la Dama de Elche en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid tras el canje de Franco con el mariscal Pétain.
El jefe de las SS, Heinrich Himmler, contempla la Dama de Elche en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid tras el canje de Franco con el mariscal Pétain.

Un total de 80 años se cumplen del regreso de la Dama de Elche a Madrid. Y 81 de la argucia con que el régimen franquista engañó a Heinrich Himmler haciéndole pensar que tenía delante de sí la obra original. Estaba a punto de llegar la escultura, cuestión de meses, pero la mano derecha de Hitler se postró ante la matriarca ibérica ignorando que se trataba de una meritoria reproducción.

Tiene interés revisar los periódicos de entonces porque casi todos ocultan el pormenor de la copia, pero sí coinciden en resaltar las opiniones de Himmler a propósito de la pureza étnica. “Hizo varias consideraciones sobre los rasgos raciales de la escultura, que considera como una expresión acertada de occidentalismo”, refleja la crónica de 'La Vanguardia'.

Impresionan las reflexiones del jerarca de las SS en la vigilia del Holocausto. Las compartió en el Museo Arqueológico y en el transcurso de una visita 'turística' cuyos detalles incluyeron la experiencia de una corrida de toros —parece ser que al genocida le horrorizó la agonía de las reses—, una excursión a Toledo y una escala mística en el monasterio de Montserrat.

Foto: El jefe de las SS, Heinrich Himmler, contempla la Dama de Elche en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid tras el canje de Franco con el mariscal Pétain.

Ya se ocupó el caudillo de atender a Himmler como merecía. De recibirlo en Hendaya. Y de aprovechar las buenas relaciones con el régimen nazi para conseguir un botín artístico-simbólico que permitiera 'asaltar' el Museo del Louvre y traer a España la 'Inmaculada' de Murillo, el archivo de Simancas, las coronas de los reyes godos... y el busto original de la Dama de Elche. Una de las claves era la neutralidad de España en la II Guerra Mundial. La otra consistía en la debilidad política del mariscal Pétain, constreñido a aceptar un intercambio patrimonial que Francia nunca habría aceptado de no haberse encontrado intervenida por Alemania.

Pureza ibérica

La victoria de Franco prolongaba la euforia de los periódicos nacionales. Por la recuperación de la Dama de Elche. Y porque el tesoro conquistado al Louvre alojaba una obra maestra de Murillo extraordinariamente propicia a la exaltación del nacional-catolicismo, más todavía tratándose de la patrona de la Infantería y ofreciéndose al juego de la propaganda. Se trataba, por un lado, de reconstruir las raíces religiosas de la nación y, por otro, de enfatizar el mito fundacional de la pureza ibérica, tal como había advertido Himmler cuando le trolearon con la reproducción.

¿Qué hacía el célebre busto íbero en la colección del Museo del Louvre?

¿Qué hacía el célebre busto íbero en la colección del Museo del Louvre? La cuestión queda despejada gracias a la audacia de Pierre Paris, reputado arqueólogo francés y protagonista de las negociaciones con la familia del propietario de los terrenos donde apareció el yacimiento en 1897. La sedujo con 4.000 francos en metálico y la abdujo insistiendo en que la Dama de Elche destacaría más en el Louvre que en ningún otro museo. O sea, que la escultura había sido legítimamente adquirida. Y la humillación de devolverla colocaba la institución parisina en la problemática de un antecedente histórico. El depredador se convertía en víctima. Y no servían de consuelo las piezas del intercambio bilateral: una copia de la 'Mariana de Austria' de Velázquez, un tapiz de Goya ('La riña') y el 'Retrato de Antonio de Covarrubias' de El Greco, expuesto entonces en Toledo. Tanto daño hizo en París la marcha de la Dama de Elche, de la 'Inmaculada' y de las coronas góticas, que el Museo del Louvre mantuvo en suspenso las relaciones institucionales con España hasta el año 1965, tal como recuerda un estupendo ensayo de Lucía Martínez y Cédric Druat ('El retorno de la Dama de Elche', Alianza Editorial).

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'El retorno de la Dama de Elche'.

Expurgando el ejemplar, queda de manifiesto la importancia que revistió el papel del pintor barcelonés José Luis Sert, cuya capacidades camaleónicas tanto le sirvieron para significarse de republicano como para aportar su audacia diplomática en la delegación franquista.

Francia había condecorado a Sert con la Legión de Honor después de la I Guerra Mundial porque hizo de intermediario con los fabricantes catalanes para abastecer de uniformes a la soldadesca transpirenaica. También fue nombrado agregado cultural en la embajada de París durante la II República, pero la destrucción de sus obras de la catedral de Vic en 1936, así como el asesinato de su amigo Jaume Serra, canónigo del mismo templo, precipitó la conversión al franquismo, no sin antes haber participado decisivamente en la operación de salvamento y de evacuación de los tesoros del Prado a Valencia y a Ginebra en plena contienda civil española.

Semejante perfil convertía a Sert en un interlocutor particularmente cualificado, aunque es cierto que Pétain también conocía de sobra a los españoles y sabía tratarlos. De hecho, el futuro mariscal-marioneta de Hitler desempeñó el papel de embajador en Madrid en 1939 y supo entonces de las pretensiones del caudillo respecto al tesoro. Franco necesitaba reconstruir y reelaborar la memoria. Organizar una gran operación de propaganda arqueológica. Y convertir la Dama de Elche en la prueba de la originalidad e idiosincrasia de los protoespañoles. Que ya éramos distintos, muy nuestros, antes de la romanización, siempre de acuerdo con las matizaciones genéticas que trasladó en Madrid el ojo clínico de Himmler.

La paradoja contemporánea consiste en que estas mismas obras recuperadas al Louvre vuelven a reclamarse. Y no porque las pretenda el museo parisino. Elche exige la Dama y Sevilla urge la devolución de la 'Inmaculada' —Napoleón la robó del Hospital de los Venerables— apelando a razones históricas, patrimoniales, identitarias y sentimentales. No va a ser sencillo contentar las expectativas. Ni parece sencillo consolarlas con una copia.

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