'Trans, inmaterial y normativo': así será el mundo tras la muerte de SOPHIE
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"YOUR INSIDE IS YOUR BEST SIDE"

'Trans, inmaterial y normativo': así será el mundo tras la muerte de SOPHIE

Sophie Xeon pasará a la historia de la música como una de las artistas de pop de vanguardia más valientes y sinceras. Ella ya se ha ido y esto es (casi) todo lo que nos ha dejado

placeholder Foto: Sophie Xeon en el Festival de Coachella en 2019. (Getty)
Sophie Xeon en el Festival de Coachella en 2019. (Getty)

La noche del pasado 30 de enero, una joven artista de 34 años se encaramaba a lo alto de un tejado para ver la Luna del cielo de Atenas. Seguramente, miles de personas en todo el planeta estuvieran haciendo lo mismo que ella, pues era la primera luna llena de 2021. De entre toda esa caterva anónima de astrónomos entusiastas repartidos por todo el globo, fue ella, una estrella del pop de vanguardia, la que tuvo la mala fortuna de fallecer en el intento. Así es la vida. Una pandemia irrumpe en el mundo y un buen día decides salir a contemplar la belleza de la Luna y es lo último que haces. Punto final.

Como tantas estrellas del pop, SOPHIE (en mayúsculas y bien grande, como acostumbran las revistas especializadas a escribir su nombre) poseía un don que le hacía parecer que venía de otro planeta. A sus 34 años, la escocesa había conseguido lo que más quería: llevar sus composiciones musicales a millones de oyentes de todos los géneros, razas y edades.

“Su visión era íntimamente personal, pero su objetivo era comercial”

Su nombre empezó a colarse en la prensa musical en 2013 relacionado con la esfera surrealista del PC Music. Después de lanzar varios singles con los que obtuvo el respaldo de la crítica internacional, se mantuvo en la retaguardia de otros artistas afines a su estilo, como la emergente Charli XCX o el icono 'popero' por antonomasia Madonna, a quienes ayudó en la composición y producción de sus discos. Hasta que en 2018 sacó el álbum que encumbraría su carrera, 'Oil Of Every Pearl's Un-Insides', el cual fue nominado a los Premios Grammy como Mejor Álbum Dance de Música Electrónica. La última referencia musical que tenemos antes de su partida es un tema corto de apenas 2 minutos titulado "Unisil", lanzado a comienzos de este año, que sin duda hacía presagiar un nuevo álbum o, al menos, una nueva remesa de 'hits' para bailar en las discotecas cuando la pesadilla del coronavirus terminase.

Trans

SOPHIE pertenece a una generación de artistas a los que les gusta retorcer las líneas de sintetizador hasta sus últimas consecuencias. Abanderada del movimiento PC Music, el cual tuvo mucha fuerza en Inglaterra en la última década, optó por una estética chic y 'kawaii' para presentar un género musical que recogía con nostalgia las huellas del IDM, el pop noventero y el techno más machacón y ruidoso. Como si metiésemos en una batidora los 'beats' desenfrenados y matemáticamente perfectos de Autechre o Squarepusher con la calidez melódica de Madonna y la pasión desbordante de Arca.

"Su música representa la fusión transhumana con la máquina, hasta el punto de soñar con deshacerse del cuerpo físico o ser inmaterial"

La escocesa dio a luz a una serie de creaciones mutantes en las que las notas de su inseparable sintetizador Elektron Monomachine establecían continuos puntos de fuga, huyendo de sí mismas, creando un producto musicalmente agresivo pero desesperadamente tierno. De algún modo, es inevitable extender una asociación y comparación con Alejandra Guersi (más conocida como Arca, anteriormente mencionada), en donde el caos armónico es tal que lo único que puedes hacer es dejarte subyugar por toda la tormenta impredecible de 'beats' y disparos de sintetizador. Ambas personalidades artísticas llevan aquello que entendemos por 'lo trans' en vida y obra. Ghersi y SOPHIE son dos de las representantes del movimiento 'queer', el cual, sin querer entrar en espinosos debates, viene definido por el diccionario Merrian-Webster de la siguiente forma: "Que difiere de algún modo con lo que es usual o normal. Raro, extraño, excéntrico, poco convencional".

Y esa es precisamente la mejor forma de describir las canciones de SOPHIE. Pues en cada uno de los brutales estertores de sintetizador que abundan en canciones como "Ponyboy" o "Faceshopping" se advierte todos y cada uno de los golpes, tanto físicos como emocionales, que seguramente recibió de los demás desde muy joven por ser transgénero. Una curiosa serendipia es que justo tres días después de su fallecimiento el Ministerio de Igualdad de nuestro país haya presentado el borrador de la nueva Ley Trans que recoge algunas de las reivindicaciones del colectivo. Seguro que la escocesa, allá donde se encuentre ahora, se sentirá un poco más orgullosa al ver que la lucha que llevó al plano vital y artístico poco a poco da sus frutos.

Inmaterial

El estado de la música actual, pues es imposible entender la obra de SOPHIE sin enmarcarla en un contexto, viene sufriendo una carencia de ideas nuevas o alternativas de futuro. Después del apogeo de la música electrónica comercial a finales del siglo XX y su estandarización en décadas posteriores, hoy en día cualquiera puede convertirse en un gran productor musical sin salir de su habitación ni tener unas mínimas nociones de armonía o melodía. Ya no necesitas instrumentos con gran capacidad de resonancia, sino un simple teclado de ordenador que un software traduce en notas musicales. La artista escocesa, pues, es una de tantas personas entusiastas que un día se obligaron a sí mismas a no salir de su cuarto hasta que no acabaran una canción, como dejó caer en una de sus primeras entrevistas. Y como tantas otras figuras de vanguardia del pasado, vislumbró levemente aquello que está por venir en el futuro en sus textos y composiciones musicales.

"No tenía reparos en querer hacer un producto que la gente disfrutara. No quería conformarse con ser alternativa o una diva del ‘underground’”

Su álbum, ‘Oil of Every Pearl’s Un-Inside’, termina con una penúltima canción llamada ‘Inmaterial’, quizás la más pop y bailable de todo su repertorio. En su estribillo, no deja de repetir que tanto los chicos como las chicas son inmateriales con un febril optimismo. Esto, evidentemente, alude a una metáfora relativa a lo ‘queer’ que promueve un mundo en el que las barreras del género han sido (felizmente) sobrepasadas, pero también nos habla del carácter digital que ha adquirido nuestro mundo: el consumo mayoritario de música se realiza a través de las plataformas de ‘streaming’, la tecnología nos ha permitido estar con nuestros seres queridos virtualmente durante la cuarentena a pesar de no tenerles físicamente y las decisiones que pueden marcar el destino de un país pasan por inteligencias artificiales entrenadas en las artes financieras que aconsejan qué acción comprar para sacar mayor rentabilidad. Más allá del contenido puramente ‘queer’, abunda accidental o incidentalmente una intención de SOPHIE de vislumbrar un futuro en el que la tecnología ha hecho posible lo imposible, hasta el punto de convertir las relaciones y las cosas en algo carente de materia, sin presencia.

La música transhumana de SOPHIE representa la fusión completa del ser humano con la máquina, hasta el punto de soñar con deshacerse en un futuro del lastre que supone el cuerpo físico, es decir, lo material, y abrazar al robot. Unas ideas que desarrolla de una manera mucho más explícita su compañera Arca (las menciones y comparaciones a lo largo del texto no se agotan), quien a través de sus vídeos, puestas en escena y los ‘artworks’ de sus discos enseña un cuerpo al que se le han amputado montones de dispositivos electrónicos, distorsionando tanto el organismo humano hasta el punto de hacerlo irreconocible. Una de las últimas obras de la artista venezolana es un total de 100 remixes de su canción ‘Riquiquí’ efectuados por un software de inteligencia artificial llamado Bronze. Sin duda, a SOPHIE y a Arca se les recordará en los años venideros por asomarse al futuro y ser dos de los puntales artísticos de este transhumanismo incipiente que irá a más con el paso de los años.

Normativo

Una de las peculiaridades de SOPHIE y de su obra artística es que, a pesar de haber nacido en los circuitos del underground, su ambición siempre quedó relegada a lo 'mainstream'. Al margen del estruendo electrónico difícil de digerir por el oyente medio del que hace gala en muchas de sus composiciones, también existe la intención de empatizar con el público más general. En canciones como ‘It’s Okay To Cry’, hay versos como “creo que tu interior es tu mejor lado”. Esta frase es precisamente la que da título al álbum, que en un principio iba a llamarse como el último tema de cierre “Whole New World/Pretend World”. Al fin y al cabo, “Oil of Every Pearl’s Un-Inside’ es una expresión homófona de ese verso antes mencionado: “I think your inside is your best side”. Tal vez, la artista con este tema buscara reconciliarse con todas aquellas personas que la hicieron sentir diferente en su día por su condición transgénero, aludiendo a lo universal del alma humana más allá de toda superficialidad posmoderna o etiqueta.

A pesar de llevar una vida un tanto desgraciada (a juzgar por la dureza formal de sus canciones) solo buscaba su lugar en el mundo junto a los demás

SOPHIE busca desde el primer momento esa conexión íntima con el oyente para consolarle y hacerle ver que ni mucho menos está solo. “Sea lo que sea que estás sintiendo, puedo hacerte sentir mejor”, repite en ‘BIPP’, su primera canción. Su música era un bálsamo para quemar todo lo malo y hacer florecer aquello inmutable que se supone que todos tenemos a pesar de nuestras diferencias: esa emoción humana primigenia que prevalece frente a todo conflicto, artificio o adorno. De ahí que la sofisticación sea una de las obsesiones de SOPHIE a lo largo de su obra, buscando esa oposición simbólica entre lo de fuera y lo de dentro. Esta es la razón por la que sus letras están plagadas de la palabra “pretend” (“fingir”). Desde fuera podemos parecer muy distintos, especialmente una persona que ha tomado la decisión de transitar hacia otro género; pero por dentro, todos somos muy parecidos.

Su voluntad siempre fuera entrar en la escena de la música comercial. “Su visión era íntimamente personal, pero su objetivo era comercial”, asegura el periodista James Retting en un obituario de la revista ‘Stereogum’. “No tenía reparos en querer hacer un producto que la gente disfrutara. No quería conformarse con ser alternativa o una diva del ‘underground’”. A diferencia de sus coetáneos del PC Music e incluso de la música electrónica de vanguardia como por ejemplo Oneothrix Point Never o la mismísma Arca, SOPHIE buscaba normalizar lo diferente, extendiendo puentes tanto en el apartado estético como ético.

“A veces, es muy importante para las personas ‘queer’ y para cualquiera que haga música que esta se considere alternativa o inaccesible”, aseguró en una entrevista al medio ‘DJ Mag’. “Sin embargo, no se les debe hacer sentir que sus identidades no son convencionales, o marginarles por hacer un género de música ‘weird’ (“rara”) en base a categorías. Creo que es muy importante analizar esto y no sentir que porque estés haciendo una música extraña ya eres un raro. Crear esos puentes es posible, es una de las cosas más importantes que deben hacer los artistas”. Por todo ello, SOPHIE pasará a la posteridad como una de las almas más bellas que, a pesar de haber llevado una vida un tanto desgraciada (a juzgar por la dureza formal de muchos de sus temas) tan solo buscaba su lugar en el mundo en compañía de los demás, fueran distintos a ella o no, pues al final todos compartimos la misma Luna, esa que en una noche funesta intentó divisar desde su tejado antes de morir.

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