Isabel Coixet: "Cuando conocí Benidorm, me estalló la cabeza"
  1. Cultura
ESTRENA PELÍCULA EL 11 DE DICIEMBRE

Isabel Coixet: "Cuando conocí Benidorm, me estalló la cabeza"

La cineasta catalana ha viajado a Benidorm para rodar un 'thriller' pausado en el que retrata la España de la especulación, la corrupción y el desfase

Foto: Isabel Coixet estrena 'Nieva en Benidorm' el 11 de diciembre. (Nacho López)
Isabel Coixet estrena 'Nieva en Benidorm' el 11 de diciembre. (Nacho López)

En la primera secuencia de 'Nieva en Benidorm', la última película de Isabel Coixet, una pareja de inmigrantes bangladesís intenta razonar con el agente de un banco una prórroga de las letras de la hipoteca. La entidad los va a desahuciar después de haber pagado las letras religiosamente... hasta seis meses atrás. La pareja explica que emigraron de su país para buscar un futuro mejor. Encontraron trabajo. Se instalaron en Reino Unido. Tuvieron hijos. Esos hijos trabajaron y tuvieron otros hijos, y ahora se han quedado sin trabajo ni ingresos debido a la deslocalización de la industria y de ciertos servicios... a Bangladés. El agente del banco entiende la situación y quiere ayudarles, pero la entidad se escuda en unas reglas, en unos acuerdos, en la imposibilidad de hacer excepciones, en el "habérselo pensado usted mejor", para no revisar el caso de sus clientes. En el, a ver si les suena, "vivieron por encima de sus posibilidades".

Y, ¿qué mejor lugar que Benidorm para reflexionar sobre la especulación inmobiliaria y la corrupción financiera? Más allá del edificio In Tempo, dorado, megalómano y cuyas obras han permanecido paralizadas durante años hasta su reanudación a finales de 2019, más allá de las promociones de las que nunca hubo más que cimientos y que hoy languidecen como esqueletos putrefactos al sol, más allá de los fondos de inversión rusos que compran activos tóxicos para especular, Benidorm representa el choque de trenes entre el lujo más indecoroso y la economía de bajo coste, una burbuja vacacional turbocapitalista en la que las leyes quedan sostenidas en un limbo dependiendo de su rentabilidad. Benidorm es el epítome de la España de las rotondas y los aeropuertos, del Mr. Marshall de sangría, 'balconing' y sexo sin protección, un paraíso turbocapitalista que en invierno, ya vacío de turistas, intentan recuperar los lugareños, que a su vez viven de su propia autodestrucción.

Tráiler de 'Nieva en Benidorm'

"El origen de ‘Nieva en Benidorm’, que se estrena en salas el 11 de diciembre, está en un proyecto de documental que teníamos que hacer varios cineastas —entre ellos, uno argelino, un italiano y un griego—, un retrato coral del Mediterráneo, de cómo ha cambiado en los últimos 50 años", explica Coixet en este lunes frío y nuboso de pandemia, cuando la perspectiva de playa y verano parece ya no de otra época, sino de otra vida. "Yo nunca había estado en Benidorm, porque es el símbolo de lo que no debería hacerse. Me quería centrar en la Torre Lúgano, por todos los problemas estructurales del edificio, como símbolo y resumen de la especulación inmobiliaria. Yo no tenía un conocimiento muy profundo del tema y allí me di cuenta de que era un proyecto que me sobrepasaba, demasiado ambicioso, y que tenía que estar al menos un año dedicada en cuerpo y alma".

Allí se encontró un mundo paralelo ajeno al resto de España, habitado por 'impersonators' (imitadores) de Elvis, Meat Loaf e incluso el miembro menos conocido de Take That. Una realidad de bufé libre a seis euros, todo lo que pueda beber a 35, de tabernas de rugby y espectáculos de sexo en vivo para toda la familia. "Vi un espectáculo de una 'stripper' y, entre el público, había cuatro generaciones poniéndole dinero en la cuerda del tanga. A las 12 del mediodía he visto espectáculos de sexo en vivo y niños con cochecitos pasando por allí. Y la gente le ponía nata en la polla. Y yo pensando: 'Señora, ¡que es usted bisabuela!'. Me explotó la cabeza. Después actuó una imitadora de Dusty Springfield maravillosa. Y se vació el local. Tenía una voz realmente bonita, me puso los pelos de punta. Gente poniendo nata en el pene frente a una mujer que cantaba realmente bien. Estas cosas me hacen estallar la cabeza".

Sarita Choudhary e Isabel Coixet. (Nacho López)
Sarita Choudhary e Isabel Coixet. (Nacho López)

Entre todo este desbarre, la sensibilidad de Sylvia Plath, cuya historia se entremezcla con la película, como una muestra de la dualidad de la ciudad levantina. "Leí los diarios de Sylvia Plath y descubrí que en los años cincuenta había estado en Benidorm. Di con todos los dibujos de ella de la ciudad, leí todo lo que había escrito sobre sus momentos de plenitud en la ciudad. Benidorm es la tierra de la paradoja, donde pasas del bufé libre a seis euros a los restaurantes buenos de toda la vida que solo conocen los que son de allí. Hay algo de una belleza extraña. De repente, estaba rodando en la Torre Lúgano, que es donde vive el protagonista, y de repente se me encogía el alma".

Esa es la ciudad incoherente a la que viaja Peter Riordan (Timothy Spall), el agente bancario inglés del que hablábamos al principio de este artículo, que acaba aterrizando en Benidorm después de jubilarse. Pretende visitar a su hermano, a quien no ve desde hace años y que es, en carácter y moralidad, el reverso festivo y laxo —o tenebroso, según se mire— del apocado Peter. Pero este ha desaparecido y Peter pululará por la ciudad de los rascacielos levantina en busca de alguna pista sobre su paradero. Y, en el camino, una mujer misteriosa, bailarina de un club nocturno (Sarita Choudhury), le hará de cicerone por el Benidorm más sórdido y el Benidorm más familiar. Una trama 'neonoir' que Coixet aprovecha para hablar del Brexit, la crisis, la inmigración, la alienación, la corrupción, la mentira y más.

Spall, en un momento de 'Nieva en Benidorm'. (BTEAM)
Spall, en un momento de 'Nieva en Benidorm'. (BTEAM)

"Una de las cosas importantes de la película es una frase que odio, aquello de 'hemos vivido por encima de nuestras posibilidades", se queja Coixet. "Hay todo un sistema montado para que vivas por encima de tus posibilidades. Todo el puto rato. El Black Friday, ¿qué es? Llévate dos Roombas por una. Pero ¿para qué quieres dos? ¿Para qué quieres una? Hay todo un engranaje que te fuerza a disculparte, que te humilla y te machaca. Nos han metido en la cabeza que todo va muy mal y nos culpan de haber vivido por encima de nuestras posibilidades. Y eso es lo más perverso". La cineasta mide sus respuestas. Habitualmente, es mucho más directa y política, pero también parece consciente de que cualquier palabra que diga puede ser utilizada en su contra. Es normal protegerse en tiempos de piras.

'Nieva en Benidorm', que inauguró la Sección Oficial de la Seminci, debería haberse estrenado a mitad de noviembre, pero la pandemia ha retrasado su salida casi un mes. Sin embargo, Coixet tenía muy claro que el paso por las salas era fundamental y que no iba a optar por estrenar directamente en plataformas. "Yo he trabajado para plataformas ['Elisa y Marcela', 'Foodie Love'], y no es mejor o peor, pero lo sabes. Primero, porque existe una homogeneización que pasa gráficamente por los carteles, por las tipografías que utilizan, por todo… Es de una tristeza innecesaria", admite. "Se puede dar personalidad a una película sin tener que hacer que todo esté como formateado".

Isabel Coixet, en el rodaje de 'Nieva en Benidorm'. (Zoe Salas Coixet)
Isabel Coixet, en el rodaje de 'Nieva en Benidorm'. (Zoe Salas Coixet)

"Para mí, como cineasta, hay cosas en esta película que pensaba: ‘Esto en la tele no se ve’. Si te pierdes todo lo que nos hemos currado el sonido, los silencios… En el cine estás a lo que estás y en casa no", prosigue. "Estás al pipí, al agua, al tráeme un melocotón, Manolo. Joder, hay todo un trabajo, hasta los créditos del final. Hasta los carteles. Este lo ha hecho un tipo al que admiro mucho, Javier Mayoral, un español en Miami que es un ilustrador de la hostia que es la primera vez que hace un cartel. Y todo esto no va a existir ya. Una película es muchas cosas. Y estamos creando un mundo jibarizado, pequeño, donde todo parece igual. Aunque no sea igual. Aunque yo también vea otras cosas. Pero hay una labor artesanal de mucha gente que se pierde. Puedo adaptarme, puedo hacer cosas, pero, para mí, que vengo de una generación, que mi abuela era taquillera de un cine, es mortal".

Cine
El redactor recomienda